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viernes, 11 de diciembre de 2020

Sara (Panini, 2020) Garth Ennis, Steve Epting, Elizabeth Breitweiser

 

         Este año 2020 que se acaba mientras escribo estas líneas, ha tenido algunos títulos, relacionados con francotiradores, bastante interesantes, como “La Muerte Blanca” que es una biografía del finlandés Simo Häyhä, el cómic “Sarajevo Pain” de Fidel Martinez (que nos sitúa en la Guerra de Yugoslavia), y si nos alejamos un poco más en el tiempo, y nos vamos a 2019, la autobiografía “La francotiradora de Stalin” de Lyudmila Pavlichenko y la propia del cinematográfico Vasili Zaitsev, “Memorias de un francotirador en Stalingrado”. 


        Así que llevamos una racha buena, los aficionados a las historias de snipers o francotiradores de élite, que se viene a rematar con el cómic “Sara” (Panini, 2020), con guion de Garth Ennis (que se ha hecho requetefamoso con su cómic y serie posterior “The Boys” en Amazon), Steve Epting a los lápices, y Elizabeth Breitweiser con los colores. 


        En “Sara”, que se divide en seis capítulos, nos encontramos una supuesta historia basada en hechos reales, durante el segundo invierno de asedio de Leningrado (1942), en un bosque cercano que se disputan nazis y soviéticos, donde las protagonistas son siete francotiradoras de élite soviéticas, que intentan frenar como pueden el avance alemán, hasta que les sale un competidor al paso, un francotirador alemán, que empieza a pararle los pies a las señoritas en cuestión. La historia, como indica el título del cómic, se centra mucho en una concreto, Sara, que comparte alguna frase de Pavlichenko, alguna pose de la película que salió hace un par de años sobre dicha francotiradora (“La Batalla por Sebastopol”, 2015), y puede ser que, incluso, algún comedero de tarro… 


        Me ha llamado la atención, en el prólogo de Marco Ricompensa, que hable de la “escrupulosa precisión histórica” de Ennis en su guion, cuando hay cosas que chirrían, y bastante, en el cómic. Y que, ojo, en mi opinión, no lo desmerecen, porque yo he ido con su lectura a pasar un rato ameno, entretenido, y lo he conseguido. 


        En primer lugar, que las francotiradoras anduviesen por ahí, sin observadores, como el que sale a cazar patos al bosque, algo que contradice las versiones de Zaitsev y de la propia Pavlichenko sobre el arte de cazar de los francotiradores soviéticos. En segundo lugar, que los nazis aparecen como soldados imperiales de Star Wars, de blanco impoluto, nuclear, hasta en los vehículos, cuando no era lo habitual dada la falta de suministros continua de la Wehrmacht, siempre carente de lo más básico. Y en tercer lugar, la propia manera de atacar de los nazis en el cómic, en oleadas, algo más propio de los soviéticos según menciona Otto Carius en su autobiografía “Tigres en el barro”. Otros detalles, los considero un tanto menores, pero estos me han llamado la atención.

 

        Tras esas observaciones, repito, el cómic merece la pena. Hay acción, tiros, explosiones, y una historia más o menos bien hilvanada, aunque tiene un final que no te esperas, o tal vez si, y se echa un poco en falta la numeración de páginas. El dibujo de Steve Epting muy bueno, ya lo conocía de algunos cómics de grapa sueltos que tengo de “Los Cuatro Fantásticos”, y remata los capítulos con láminas o portadas alternativas.

jueves, 15 de octubre de 2020

La Muerte Blanca. Simo Häyhä, el francotirador más letal de la Historia (La esfera de los libros, 2019) Tapio Saarelainen

 

        Después de haberme leído hace relativamente poco tiempo, las autobiografías de Vasili Záitsev “Memorias de un francotirador en Stalingrado” y de Liudmila Pavlichenko “La francotiradora de Stalin”, creí que ya iba siendo hora de leer la biografía  que le dedica Tapio Saarelainen, militar finlandés que ha escrito un manual sobre francotiradores y que ha entrenado a muchos de ellos en su país natal, a su compatriota Simo Häyhä al que entrevistó en múltiples ocasiones entre 1997-2002, antes de que este falleciera: “La Muerte Blanca. Simo Häyhä, el francotirador más letal de la Historia” (La esfera de los libros, 2019).

        Simo Häyhä, apodado “La Muerte Blanca” por los soviéticos que lo sufrieron, tiene el récord imbatible de 542 objetivos eliminados durante la denominada “Guerra de Invierno” que enfrentó a los Finlandeses y a la URSS y que terminó con la cesión de un 10% del territorio finlandés en manos de los soviéticos y con Häyhä moribundo después de que un soldado soviético le volara media cara con una bala explosiva, armamento por otro lado, prohibido en la Declaración de San Petersburgo (1868).

        Tras 26 operaciones, en las que le tuvieron que reconstruir la mandíbula con hueso de la cadera y hacerle dientes postizos. Simo se licenció y se dedicó a cazar bastantes cientos de animales, junto a su fiel perro Kille, un spitz finlandés (como no podía ser de otra forma): Zorros, alces, conejos… Mientras recibía condecoraciones civiles y militares y daba algunas clases y consejos a las nuevas generaciones del ejército finlandés.

        En cuanto al libro, comentar que en ocasiones me ha parecido repetitivo y aburrido, y otras ameno e interesante. El autor Tapio Saarelainen le echa al asunto narrativo cierto nacionalismo finlandés y resquemor ante los antiguos enemigos, por eso de “quítame de allí aquellas lindes”, que es prácticamente todo el territorio de Carelia (que sigue en manos rusas, y lo que te rondaré morena), aderezado con una admiración sincera, profunda, pero exagerada en múltiples ocasiones, a la figura del francotirador Simo Häyhä.

        

        En el libro se nos cuenta su vida, su infancia y adolescencia, su ingreso en la Guardia Civil finlandesa (no especifica si allí llevan tricornio) y su alistamiento para ir a combatir al frente y solamente un par de “batallitas” dignas de mención. Así que, si el lector va buscando acción, como en los libros de Záitsev y Pavlichenko, aquí no la va a encontrar, ya que el autor y el protagonista son parcos y escuetos en estos detalles.

        Eso sí, en una segunda parte, se nos habla del tipo de fúsil que usó, los tipos que había en esa época (así como su historia, origen y evolución), cómo usarlos, tácticas de francotiradores, tablas de distancias y medidas, consejos, etc.

        Igualmente, el libro tiene cerca de una treintena de fotografías, planos, mapas, tablas… Que hacen más grata su lectura, para terminar con una bibliografía y los agradecimientos.

martes, 1 de septiembre de 2020

La francotiradora de Stalin (Planeta, 2019) Liudmila Pavlichenko



        Después de haber leído hace relativamente poco las memorias de Záitsev, y ver la película ruso-ucraniana (por segunda vez, pues la dediqué una primera entrada hace unos años) “Batalla por Sebastopol” , no podía dejar de pasar la oportunidad este verano que se acaba, de leer las memorias de la archifamosa francotiradora Liudmila Pavlichenko, que entre Odessa y Sebastopol, se cargó a 309 oficiales y soldados nazis, en su cargo de francotiradora, superando a Záitsev por unas cuantas docenas.
         Esta parte me pareció curiosa, porque la autora obvia que la URSS y la Alemania nazi, eran aliados a través del Tratado Ribbentrop-Molotov, y que los dos países invadieron Polonia para repartírsela alegremente. De hecho, Polonia estuvo en la órbita soviética casi cincuenta años.

        “La francotiradora de Stalin” (Planeta, 2019) es la autobiografía de la protagonista, escritas entre Moscú y Sebastopol, entre 1967 y 1972 (poco antes de fallecer en 1974), y en las que narra su experiencia en la guerra, cómo comenzó a disparar y a interesarse por las armas, sus tácticas de combate y la experiencia en el frente, donde fue herida varias veces, y donde murió su segundo marido, Alekséi Kitsenko (y posiblemente también el primero, al que apenas le dedica pocas palabras). El libro es muy interesante, ya que Pavlichenko no se ahorra las curiosidades, sus opiniones y los trofeos de guerra que consiguió y cómo, aunque las cien últimas páginas se vuelven algo más aburridas, al ser retirada del frente y enviada en una misión diplomática por Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. En esta última parte habla más de lo que le pareció la familia Roosvelt, Charlie Chaplin o Churchill, y es evidente el choque cultural en sus escritos. Es curioso que narra la venida con muchos detalles, pero no el viaje que la llevó de la URSS a los Estados Unidos.
          En las memorias de Záitsev, tanto el prologuista, como el propio Záitsev, niegan que esto fuera real (el que un soldado cogiera el fusil de un compañero caído), y de hecho, se dice que fue una mención del director de "Enemigo ante las puertas". Sin embargo, Pavlichenko lo da por hecho.

        El libro, dividido en diecinueve capítulos, se acompaña de una veintena de fotos y un anexo final explicativo de algunas de las notas que hay a lo largo del libro, que ofrece una información adicional a la historia de Liudmila.
        Pavlichenko odia a los rumanos, y los tacha de "gitanos" en varias ocasiones de manera despectiva. Los nazis, eso sí, eran harina de otro costal.

        Es, desde luego, más denso que el de Záitsev (al cual nombra en sus páginas finales en un par de ocasiones), que al fin y al cabo, no tenía los estudios universitarios de Pavlichenko, que acabó siendo Doctora en Historia por la Universidad de Kiev, pero igual de fascinante. Es muy curioso, como igual que Záitsev, repite casi las mismas consignas y chacras que aquel respecto al estalinismo del país, lo cual no deja de ser curioso. Te gustará, seguro, si te va la Segunda Guerra Mundial.

        Pavlichenko, al igual que Záitsev, tuvo su pez gordo. Esta es, para mí, una de las mejores partes del libro.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Memorias de un francotirador en Stalingrado (Planeta, 2019) Vasili Záitsev



        Desde hace unos años, tenía unas ganas horribles de leerme este libro. “Memoria de un francotirador en Stalingrado” (Planeta, 2019) de Vasili Záitsev, archiconocido francotirador gracias a la película de Arnaud, “Enemigo ante las puertas” (2001). Ni que decir tiene que el libro, las memorias de Záitsev son muy diferentes de la historia que se nos cuenta en la película.

        Max Hardberger (escritor esporádico y aventurero, podían haber elegido a alguien mejor, con todos los respetos, para hacer este cometido) lo recalca en el prólogo, en el que se nota que no le cae bien Arnaud ni su película, a la que tacha de anti-comunista, incluso niega que la famosa escena en la que la NKVD y los comisarios políticos ametrallaban a los que huían del frente fuera real, ya que el propio Záitsev no lo mencionaba en sus memorias. Pero, es curioso, como en la última página del presente libro, que contiene dos anexos o apéndices (el primero es un artículo publicado para una revista militar soviética, donde se aportan datos y hechos no narrados en sus memorias; El segundo es la Orden 227 del 28 de julio de 1942, en la que Stalin habla de la defensa de la URSS y cita una serie de instrucciones a llevar a cabo) se habla precisamente de ejecutar estos actos, en caso de que la soldadesca u oficiales flojeen en el cumplimiento de su deber, que era defender la URSS. Lo que si es cierto, es que, al contrario que en la película, Záitsev se nota que amaba el sistema político-económico de su país, estaba orgulloso de la URSS, y en el frente se movía como pez en el agua.
El prólogo de Max Herderberger es prácticamente atacar la película de Arnaud (que estamos de acuerdo, se toma muchas licencias), y que se contradice con lo que publica Stalin en su Orden 227, publicada al final del libro.

        La narración de Záitsev comienza en los Urales, donde se cría prácticamente en un bosque, matando lobos y todo lo que se movía en compañía de un primo miope con el que se partía la cara cuando se aburría. El abuelo, su maestro, era un pagano que practicaba ritos antiguos, y su abuela una beata ortodoxa de la que se reía el abuelete cuando hablaba de “la segunda vida”.
Falta el primer punto de la Orden, pero esto viene a contradecir al prólogo del propio libro. Esta Orden 227 venía a decir que se despidiera de esta existencia quien diera un paso atrás.

          Posteriormente, nos lo encontramos en Vladivostok, en la Flota del Pacífico, pero pronto salta con sus compañeros marineros a defender Stalingrado de los alemanes. Allí verá morir a muchos amigos, y se convierte en francotirador al abatir a tres enemigos que estaban donde Cristo dio las tres voces de lejos, con tres balas. A raíz de ahí, le salen un par de ligues enfermeras, pero como vienen se van. Y él solo tiene en la cabeza su rutina de matar sus cuatro o cinco nazis diarios antes de irse al catre, que solía ser un par de cajas de municiones vacías y alguna manta que pasaba por allí. En el frente comienza a formar a francotiradores, llegó a tener hasta una treintena de alumnos.

        El libro está muy bien porque Záitsev narra su día a día, sus esperas de horas antes de abatir al enemigo, los errores más comunes que tiene el enemigo, o el propio francotirador que puede pasar de cazador a presa con mucha facilidad. Llegó a eliminar a 242 enemigos, incluyendo a diez francotiradores durante la batalla de Stalingrado, hasta que un mortero lo retiró herido. Perdió la vista durante un tiempo, pero recuperado, fue condecorado, ascendido, escribió el presente libro, y volvió al frente a acabar la guerra, aunque no en primera línea (esto ya no se cuenta en el libro, que acaba con el tema de las condecoraciones).

        Las memorias de Záitsev no me han defraudado. Son muy interesantes, fáciles de leer, ya que va al grano, y tienen algunas fotografías centrales, aunque pocas en mi opinión.

        Al final del libro, están los dos apéndices a los que hacía referencia. El primero, añade más de información a sus andanzas, y el segundo (el de Stalin) muestra el coraje y predisposición del Partido por defender el país y echar a los nazis de la URSS cueste lo que cueste. Decididamente, es un libro muy didáctico y ameno. Záitsev no fue el mejor de los francotiradores, pero si, quizás, uno de los más mediáticos, y leer sus memorias merece la pena.

 Tras finalizar el conflicto, volvió a la vida civil como ingeniero. Záitsev falleció diez días antes del colapso y desaparición de la URSS. Está enterrado en aquella colina que con tanta saña defendió.