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lunes, 16 de marzo de 2020

La hija de la tormenta (Aleta, 2016) Víctor Santos, Sergio Córdoba



        “La hija de la tormenta” (Aleta, 2016) es un pequeño cómic que me he agenciado, de Víctor Santos (guionista de “Ragnarok”) y Sergio Córdoba (autor del fantástico “Año mil”), dentro del universo “Reyes Elfos” (del cual, desgraciadamente, no tengo nada), y que cuenta la historia de una pequeña niña elfa, que debe huir del asediado reino de su abuelo, el rey Vördar, con la protección de un guerrero, antaño servidor de los dioses nórdicos, llamado Jurgen Ulf.

        Jurgen llega a través de pasadizos justo cuando el castillo está a punto de sucumbir, con el justo tiempo para acompañar a la niña a su exilio, huyendo de los elfos Daeva, que son los que han atacado su reino, y de la Manticora que ha usado su magia para ayudar a los Daeva en sus planes de conquista. Su misión no es fácil, poner a la niña en manos de unos parientes lejanos, comerciantes, pero antes de llegar a completar su misión, el guerrero deberá hacerle frente a varios peligros.

        Interesante cómic que mezcla la mitología nórdica con los libros de “The Witcher”. De hecho, la historia me ha recordado mucho a la huida de Ciri de su reino, de igual manera. El cómic está realizado en un tricolor habitual en Sergio Córdoba (en azul, en rojo, combinado con trazos blancos, negros y grises) que le da a la historia un aspecto interesante. A mi me ha entretenido mucho, y al ser autoconclusiva, te deja con buen sabor de boca.

lunes, 12 de agosto de 2019

Año 1000: La Sangre. La Leyenda de los Siete Infantes de Lara (Aleta, 2017) Manolo Matji, Sergio Córdoba, José Luis Cuerda



        Mira por donde, he tenido la suerte de leer y disfrutar, de un cómic la mar de apasionante. Me ha encantado este “Año 1000: La Sangre” (Aleta, 2017) con guion de Manolo Matji, dibujo y color (tricolor) de Sergio Córdoba, y prólogo de José Luis Cuerda, basado en la leyenda de los siete infantes de Lara (o de Salas, según algunos filólogos).

        La leyenda de los siete infantes de Lara la leí en el instituto. Es una historia, creedme, trepidante, que tiene de todo: Amor, sexo, venganza, traición, lucha, un auténtico culebrón… En el contexto de finales del S.X, comienzos del S.XI, con una Castilla semi-independiente, y un Reino de Navarra poderoso, pero que paga tributos al Califato cordobés, temeroso de las aceifas y ataques veraniegos de saqueo al cual los tenía acostumbrados Almanzor y sus huestes corta-cabezas.

        Los Siete Infantes de Lara eran hijos del noble Gonzalo Gustioz, y de Doña Sancha Velázquez. En el cómic, Doña Sancha, pare ocho chiquillos de un chasquido, todos varones, naciendo muerto el octavo, Miguel, al cual manda enterrar con una moneda para pagar al barquero. En el poema medieval, creo recordar que los pare en seis años. El caso es que, el tío de los infantes, se echa de novia a una tal Doña Lambra, de buen ver, pero mala inquina, que ya el día de la boda, provoca a los Infantes con sus comentarios, dando como resultado un muerto, primo de Doña Lambra.

        Desde entonces, Doña Lambra hace todo lo posible por restablecer su honor buscándole las moscas a los Infantes. Su propio tío urde un maléfico plan, por el cual, envía al padre de los Infantes a Almanzor, con una carta escrita en árabe, en la cual reza: “Por favor, decapitad al portador. Gracias”, pero Almanzor, extraño en él, se apiada y lo manda a Córdoba a retozar con su hermana durante unos pocos años, dejando a la señora embarazada del que, décadas después, será un vengador: Mudarra (o Miguel, según su madrastra cristiana). A los Infantes y su ayo, los manda, a pesar de los malos augurios, a caer en una emboscada morisca, en la que perderán las cabezas, enviadas a Almanzor, gran catador de testas.

        Este, a su vez, se las enseña a su padre, presente en Córdoba, que las reconoce. Apenado Almanzor, otra extrañeza en él, lo suelta y devuelve a Castilla, pero Gonzalo le da la moneda de Miguel a su amante cordobesa, para que se lo dé cuando crezca y pueda reconocerlo como hijo suyo. En el Cantar, creo recordar que parte un anillo en dos, él se lleva una parte, y deja la otra en Córdoba, y cuando su hijo le encuentre, pasados los años, quedarán para pegarlo con Super-Glue juntos.

        Pasan los años, y Mudarra, o Miguel, sube a Castilla de turismo, y de paso pidiendo venganza por sus hermanastros muertos. Se carga a su “tiastro” en combate singular, y de paso, le dan jaque mate a Doña Lambra, decapitándola (creo que en el Cantar la echaban a los perros y la quemaban).

        Las últimas páginas del cómic son muy chulas, en mi opinión, ya que los cadáveres no reciben sepultura, sino que les echan piedras, creándose un montículo sobre los cuerpos, donde van pasando los siglos, las casetas, los fusilados… Y una carretera.

        Es, desde luego, un cómic de lo más recomendable. Lo he disfrutado muchísimo, y me ha encantado leer esta maravilla medieval en cómic. Enhorabuena a los autores.