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Mostrando entradas con la etiqueta Ingmar Bergman. Mostrar todas las entradas
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sábado, 27 de mayo de 2017

Persona (1966) Ingmar Bergman


        “Persona” (1966) de Ingmar Bergman comienza con un prólogo, de casi cinco minutos, de esos que te dejan el culo torcido. Un animal destripado, una cámara que se funde, un clavo en una mano, un pene en su esplendor, paisajes de la isla de Faro (en las Gotlands) que Bergman llegó a conocer bien (murió allí, creo recordar), gente dormida o muerta, un chaval al que despierta el teléfono, el goteo de un grifo de fondo… Una sucesión de imágenes y sonidos que recuerdan al surrealismo más puro y duro de “Un perro andaluz” (1929) de Dalí y Buñuel, o incluso un experimento cinematográfico dadaísta.


         Pronto, se nos presentan los dos personajes principales. Una actriz teatral, Elizabeth Vogler (Liv Ullmann, de la que Bergman estaba enamorado hasta el tuétano, y no me extraña), que ensaya “Electra” de Euripides, de pronto se queda muda, se excusa diciendo, en un primer momento, que le iba a entrar una ataque de risa, pero posteriormente deja de hablar y es ingresada en un hospital bastante tranquilo, donde no gastan mucho en decoración. Tras una revisión médica, la doctora de turno (que fuma más que un carretero) asegura que Elizabeth está perfectamente bien, más sana que una manzana, y que su problema es psíquico y no físico, por lo que le manda reposo, y a una enfermera, Alma (Bibi Andersson) que habla como escupe balas una ametralladora Maxim. A Elizabeth no le sienta muy bien las personas quemándose a lo bonzo en Vietnam, mientras los gringos bombardean con napalm, pero es lo que suelen emitir en la televisión de la época…


       Una voz en off nos informa que se decide, supongo que desde el hospital, mandar a las dos mujeres a Faro, a la isla, a pasar una temporada donde, poco a poco, Elizabeth comenzará a salir de su mutismo, por un lado porque el aire fresco le sienta bien, y por otro porque a Alma, que no calla ni debajo del agua, hay que contestarle de vez en cuando (con gestos al principio)  o cargársela.


        Aquí os vendrá una segunda parte de imágenes aparentemente incoherentes: Escenas de cine mudo, más clavos en las manos, mi visión cuando no me pongo las gafas… Y después vemos a una Alma que se enfada con Elizabeth porque no acaba de hablar, entre las dos se ha creado una relación, a veces de voces (por parte de Alma), a veces de hostias mutuas… Y poco a poco nos vamos a enterar del motivo del mutismo de Elizabeth…


        “Persona” es una película llena de simbología que no he llegado a pillar del todo. Tiene unos planos interesantes, gran fotografía, un guion que engancha (aunque no me ha convencido del todo), juega muy bien con el blanco y negro, no es de las películas que más me gusta de Bergman pero ahí está, como una de las mejores películas de la Historia del Cine.



        P.D. El DVD trae un documental: “Imágenes desde el Recreo” (2009), que rescata al Bergman más íntimo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El manantial de la doncella. Ingmar Bergman



        Como todos los veranos, una doncella debe realizar la ofrenda de las velas en el altar de la Iglesia. Nadie las ha llevado aún, es tarde, y se va a hacer mucho más tarde. Töre, un señor con tierras (lo que en España llamaríamos un hidalgo), envía a su joven, devota y bella Karin, acompañada de Ingeri, una pagana embrutecida y embarazada que trabaja para ellos.


        Ingeri no traga a Karin. De hecho, la odia bastante, y pide al viejo dios Odin que la castigue de alguna manera. Abandonada a su suerte por Ingeri, Karin pronto cae en manos de unos pérfidos pastores, que abusan de ella y la matan. Abandonando el cuerpo en el bosque. Cuando anochece, los pastores llegan hasta las tierras y casa de Töre…

        “El manantial de la doncella” (1960), protagonizada por Max Von Sydow, Birgitta Valberg y Birgitta Pettersson, es una película de Ingmar Bergman, ganadora de algunos premios internacionales, donde destaca el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa de 1961. Basada en una antigua leyenda sueca medieval, plasma muy bien la convivencia difícil entre el paganismo y la adoración de los antiguos dioses nórdicos y la aparición incipiente del cristianismo que hace desaparecer todos los antiguos ritos ancestrales de aquellas tierras.

       Con una narrativa sencilla, esta es una historia de pureza y venganza, del Bien y el Mal, de paganismo y cristianismo, que entremezclan sus rituales.

 Simple y llanamente, un peliculón, de los de visionado obligatorio.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El séptimo sello. Ingmar Bergman



        Suecia, mediados del S.XIV. La Peste Negra sola toda Europa. Tras diez años luchando en las Cruzadas, en Tierra Santa, el caballero sueco Antonius Blovk (Max Von Sydow) y su escudero regresan a casa. Nada más llegar, al caballero se le presenta la Muerte (que es un monje de hábitos negros), que quiere llevárselo, pero el Caballero le propone una partida de ajedrez. El espíritu está preparado, pero la carne es débil. La Muerte juega con Negras, claro está.

        La conversación del Caballero, con sus dudas y sus debilidades, con la Muerte. La dicha de la familia de cómicos y juglares, pobres, pero felices. La verdad, clara, del pintor de frescos (románico, pero debería ser gótico). La cinta es un camino, yo así lo he visto, lleno de reflexiones sobre la vida, la muerte, Dios, el ser humano y su destino, el alma, el amor y el sexo, la lealtad, las dudas de los que se creen creyentes (No grites: Ni Dios ni los hombres te oirán, dice el ladrón), la levedad del ser y los placeres.

        Hay una escena buenísima en que los comediantes (llamados José y María, y que tienen un niño) tienen que callar, sus alegres melodías, ante la llegada funesta de los canticos de los monjes, con su memento mori, el incienso y el Cristo a cuestas, los latigazos de los penitentes, el fervor del pueblo… El miedo… Los tres estados bien representados en su papel.

        Una de las partidas de ajedrez más interesantes que jamás haya visto. La danza de la Muerte. Por supuesto, “El séptimo sello” es una obra maestra. Imprescindible.


sábado, 17 de diciembre de 2016

Pasión. Ingmar Bergman




      “Pasión” (1969), película de Ingmar Bergman que venía en el mismo pack que “La vergüenza” y que hasta hoy no he podido visionar. Viene con un puñado de premios internacionales a las espaldas y no es para menos.

       La he tenido que ver en sueco, subtitulado al castellano, e ignoro si alguna vez llegó a doblarse al castellano. Si no lo hicieron, ya dudo que lo hagan, y es mejor así.

      Andreas Winkleman (Max Von Sydow) es un tipo huraño, reservado y algo ermitaño. Se ha separado de su mujer (o mejor dicho, su mujer se ha separado de él, esa es la versión oficial) y se ha ido a vivir a una pequeña isla del Báltico, Farö, donde vive como granjero y fuma más pipas que Tolkien. Un día, una hermosa joven, Anna (Liv Ullmann), le pide realizar una llamada de teléfono. Anna lleva una muleta, ha perdido a su marido y a su hijo en un accidente. Igualmente, Andreas conoce a Elis y Eva, una pareja de artistas que están pasando por un momento raro en su relación, van bastante mal de hecho. Eva fue la amante del marido de Anna, también llamado Andreas, y tiene un desliz con el nuevo Andreas… Y Anna, a su vez, inicia una truculenta relación con el propio Andreas… Y como telón de fondo tenemos que en la isla comienzan a cometerse atrocidades contra los animales de los alrededores.

       Lo interesante de esta película, y que para mí la hace muy original, es que cada cierto tiempo, la película se interrumpe y los propios actores hablan, y opinan, sobre sus personajes, aportando nuevos puntos de vista a los que ya uno se está construyendo. Aparte que, el personaje de Anna tiene un sueño que casi conecta con la trágica realidad que se vivía en “La vergüenza”, ¿Un guiño de Bergman?, me gusta creer que sí.


      Por supuesto, muy recomendable.

jueves, 8 de diciembre de 2016

La vergüenza. Ingmar Bergman


        La verdad es que llevo una buena racha de adquisición de películas interesantes. Por cinco leuros me he hecho con “La Vergüenza” y “Pasión” de Ingmar Bergman. Dos señores peliculones. Los dos protagonizados por Liv Ullmann (¡Ay!, qué guapa Ullmann) y Max Von Sydow.

       “La vergüenza” (1968) es la primera que ha caído. Una película que había visto en mi etapa de instituto, pero que, en aquel entonces no logré ver en todo su calado y significado. Con un saco de premios a sus espaldas. “La vergüenza” es una de esas cintas que refleja muy bien la naturaleza humana.

       Jan y Eva Rosenberg son dos músicos. Viven una idílica vida en una apartada isla, donde huyeron años atrás, intentando quitarse de en medio la terrible guerra civil que vive el país. Todo es muy bucólico y muy bonito, criando gallinas y cultivando arándanos, hasta que el frente llega a la puerta de casa. Entonces aflorarán los verdaderos sentimientos de la pareja, contradictorios, y una pelea brutal por sobrevivir, entre ejecuciones, cambios de frentes bélicos y torturas de todo tipo. La aparición de un antiguo amigo, Jacobi, obsesionado con Eva, no hará más que empeorar la situación, y el humanismo de ambos irá desapareciendo, irremediablemente.


       Pocas películas muestran lo atroz que debe ser una guerra como esta. Aquí, la verdad, es que apenas vemos combates, pero si muchos muertos por el napalm que cae del cielo, y los caídos en las cunetas. La desevolución que sufre la pareja a lo largo de la cinta es impresionante. La fotografía espectacular. Los primeros planos hablan más que los propios personajes, pero lo más impactante, para mí, el mensaje final, claro alegato contra la guerra, y lo absurdo de la misma. Obligado visionado.

lunes, 17 de octubre de 2016

El huevo de la serpiente



        La primera frase de la película es demoledora: “Un paquete de cigarros cuesta 40 billones de marcos”. Estamos en la Alemania de Entreguerras. La Primera Guerra Mundial ha dejado a una Alemania empobrecida, con un altísimo índice de inflación y con una población desesperada. Es la Alemania de la República de Weimar, la Alemania que devolvió Alsacia y Lorena a Francia, la Alemania que se ve sin ejército de la noche a la mañana, y la que ve el Ruhr ocupado por fuerzas francesas, y la de un tal Hitler que planea un golpe de estado mientras las fábricas se llenan de bolcheviques... También es la Alemania de los Expresionistas y del Cabaret, la Alemania humillada, deseperanzada…

        En este marco histórico incomparable, nos encontramos a Abel (David Carradine), un judío norteamericano trapecista (lo tiene todo) que ha dejado el circo y se dedica al noble oficio nocturno, y bohemio, de la bebida. Un día, cuando llega a la habitación alquilada que comparte con su hermano (Max), se encuentra el cadáver de éste: Se ha suicidado.

        A raíz de ese suceso, Abel inicia una relación un tanto especial con Manuela, su cuñada, que también se dedica al mundo del espectáculo, y que tiene ciertos delirios. Pronto, alrededor de Abel, se suceden una serie de asesinatos, y la policía se fija en él (como no, judío y borracho) como principal sospechoso… “El huevo de la serpiente” es el nacimiento del nazismo, incipiente, que tanto poderío tomará desde esta época, estamos en 1.923, es Berlín, y el comienzo de la intolerancia se respira (el ataque nazi al Cabaret es brutal), la tensión de los partidos extremistas, los experimentos con humanos…

       No es lo mejor de Ingmar Bergman, o eso dicen, aunque yo no estoy de acuerdo con tal afirmación, para mí no deja de ser una película muy interesante, sobre todo desde un punto de vista Histórico, no tenemos muchas películas que desarrollen su trama en esta etapa de Alemania tan interesante, y David Carradine hace un buen papel, lo borda, de hecho. En su conjunto, es ideal para deprimirse, poética en su decadencia, con media hora menos sería la repanocha, pero es… Recomendable.