Sobre gustos hay mucho escrito, pero poco editado.
Maullando desde 2008...
Somos el blog extremeño de entretenimiento, activo, más longevo, hasta la fecha: Con reseñas de cómics, libros, películas, series, gatos, y asuntos varios (relatos cortos y reflexiones). Con más de 4600 entradas publicadas, y 800 etiquetas de todo tipo. Bienvenid@ al Patio-Lavadero.
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“España partida
en dos” (Planeta Cómic, 2026) es un cómic de tapa dura que me he comprado
recientemente (abril de 2026, me he comprado la segunda edición porque la
primera voló cuando el cómic salió en marzo), y me lo he leído en dos tardes y media.
Interesado, como siempre, por la
Historia de España, el cómic de tapa dura y 159 páginas me ha parecido una
lectura amena, aunque no me ha contado nada que no supiera, e incluso, se me ha
hecho un tanto corto. Está basado en un libro o ensayo del Historiador Julián
casanova (que no me he leído), y viene de la mano de Carles Esquembre en cuanto
a los dibujos y las ilustraciones, y Miguel Casanova en cuanto a la adaptación.
En riguroso blanco y negro, el cómic
explica brevemente los inicios de la Segunda República, para zambullirse de
lleno en la Guerra Civil a través de la conservación de una abuela anarquista
que vivió los acontecimientos, y su nieta, que grabadora en mano, la escucha y
dialoga con ella.
Como todo lo que es la Historia de
España, es un cómic recomendable, aunque a mi se me haya quedado corto (como
digo) en muchos aspectos. Por falta de tiempo, no he podido dedicarle una
reseña en el Canal de Youtube, pero no he querido dejarlo pasar por el blog,
comentado, aunque solo sea de una manera breve, para presentarlo, y que
tengáis, al menos, conocimiento del mismo.
Os dejo enlace de compra ahí arriba. Si
lo leéis y me queréis comentar cosas, sensaciones, opiniones, aquí estamos,
como siempre. Un enorme maullido.
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Es un verdadero
placer presentar, una vez más, un cómic bélico de Antonio Gil. No sé cuántas
reseñas le habré dedicado a los cómics de Antonio Gil, creo que alrededor de la
docena, quizás más… Vete a saber, perdí la cuenta, pero alguna vez he comentado
que nadie te dibuja la historia en cómic como Antonio Gil.
Dibuja aviones que quitan el hipo, y
además, es una enciclopedia viviente, algo que demuestra en cada cómic que
publica.
En esta ocasión, le ha llegado el turno
al cómic “Lydia Litvyak”, sexto tomo que nos trae Cartem Cómics, dentro de su
colección “Historias de la Guerra”, publicado en este pasado febrero de 2026, y
el tercero dentro de la colección del propio Antonio Gil.
Nuestro autor abrió la veda con los dos
primeros tomos, comentados por aquí (tanto por el blog como por el Canal), que
fueron los títulos “Richard Halsey Best”, centrado en la Guerra del Pacífico, y
“Hans-Joachim Marseille. La Estrella de África”, donde nos desplazamos al
frente del norte de África. En esta ocasión le ha tocado el turno a una piloto
soviética de la Segunda Guerra Mundial: Lydia Litvyak
La colección, ya aprovecho para decirlo,
es una verdadera gozada para aquellos, que, como a mí, nos encanta el cómic
bélico. Hay que agradecerle a Cartem Cómics que nos traiga cómics como estos,
donde se recuperan episodios, personajes y acontecimientos olvidados de la
historia bélica. Yo, personalmente, los disfruto mucho, porque te crees que
sabes todo sobre la Segunda Guerra Mundial, y estos cómics son bofetadas de realidad,
que recuperan una memoria que no debería perderse.
El cómic es un tomo autoconclusivo, como
el resto de la colección, con un formato de álbum europeo, cartoné (tapa dura),
con 56 páginas a color, donde te vas a encontrar una cuidada edición, con un
dibujo espectacular y con extra histórico final, que es una verdadera
maravilla: Por un lado, notas relacionadas con nuestra protagonista, la lista
de victorias aéreas de Lydia Litvyak, y sus condecoraciones, y un dibujo de
ella misma y su avión.
Y
por otro lado, un dosier histórico complementario, que viene de la mano, en
esta ocasión, del Doctor en Antropología e Historiador Aeronáutico, Carlos
Lázaro Ávila, que aparte de la rigurosa documentación, aporta una serie de
fotografías relacionadas con la protagonista y el contexto histórico donde nos
movemos.
En
la narrativa, vamos a conocer a Lydia Litvyak —conocida como la “Rosa Blanca de
Stalingrado”—, conocida de esta manera porque supuestamente llevaba una rosa
blanca, en otras versiones, un lirio blanco, dibujado en el fuselaje de su
avión.
La
vida de Lydia tuvo mucho de película, de folletín y de propaganda soviética, y
la historia juega con estos elementos.
Pierre,
un periodista/escritor que investiga su vida, acaba dando con una anciana rusa,
que, desde su retiro suizo, entre montañas, le corrige en los aspectos que él
está equivocado respecto a la vida de la piloto soviética de la Segunda Guerra
Mundial. Él ha caído en sus publicaciones, en tópicos y medias verdades, y la
abuela le cuenta la historia de Lydia, y como aquella joven veinteañera se hizo
un hueco en un mundo dominado por los hombres, para primero aprender a volar, y
posteriormente a combatir sobre el cielo ruso plagado de cazas y bombarderos
alemanes.
La
abuela va derrumbando mitos ante el escrito sobre la piloto, y no solo se mueve
en el terreno bélico, también en el sentimental, a través de los recuerdos de
aquella época. Vamos a conocer a otras pilotos de cazas soviéticos, y el
escenario principal se mueve en torno a Stalingrado, en lo más crudo de la
encarnizada lucha entre alemanes y soviéticos, donde morían tanto en tierra
como en el aire.
Por eso, os digo que tuvo una vida de
película. Vemos su pasión por volar, la llegada del amor en el propio frente de
guerra, la pérdida, el estrés emocional y la madurez de un personaje que acabó
encontrando la muerte tempranamente, dándose por desaparecida en combate, lo
cual llegó a crear nuevos mitos (en algunos de ellos, incluso como traidora a
la madre patria), aunque sus restos fueron encontrados a finales de los setenta,
restituyendo su historia y su memoria.
Se le atribuyeron siete derribos en
menos de un año, y su historia, que yo no conocía, me ha servido mucho para
interesarme más por el papel que tuvieron las mujeres como pilotos en el bando
soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Ya conocía algunas historias, pero
no ésta.
En
definitiva: Yo tengo debilidad por los cómics bélicos de Antonio Gil, y solo
puedo recomendarlo fehacientemente. Su dibujo, su historia, su enfoque, y hasta
su final un tanto ambiguo, me han parecido fantástico. El remate del dosier
histórico es igualmente fabuloso. Tenéis que leerlo, este y todos los de la
colección. No defraudan, y encima son rabiosamente didácticos. ¿Se puede pedir
más? A por ellos.
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Tengo toda la
colección de “Las Grandes Batallas Navales”, y cada vez que sale un tomo
relacionado con España, me pongo a temblar, porque el autor de esta colección,
Jean-Yves Delitte es un gran hispanófobo, y cada vez que puede, pues nos mete
alguna pulla, ya lo hizo en tomos como en “Trafalgar” donde decía que la
población española estaba compinchada con los ingleses, y donde a los mandos
españoles solo le dedicaba una triste viñeta, e igualmente lo hizo en el cómic
dedicado a la Batalla de Lepanto, donde pone a combatir a Don Quijote y Sancho
Pancha, ante la mirada de Cervantes…
Como no podía ser de otra manera, el
decimoséptimo cómic de la colección, titulado “Santiago de Cuba” nos lleva al
fatídico 1898, a la guerra hispano-estadounidense, donde nos planta en medio
del choque de escuadras que marcó el declive del Imperio Español a finales del
siglo XIX. De hecho, en Cuba nos hundieron todo lo que flotaba, y el autor toma
una iniciativa claramente proyanqui a la hora de abordar la temática, tanto en
el cómic como en el dossier histórico final…
Este tomo nº 17, el 21 en la edición
francesa —encuadernado en cartoné de tapa dura, con un tamaño de 24 × 32 cm, 56
páginas a color, se trata de una reconstrucción ilustrada, en formato cómic
europeo, de la batalla naval, paliza naval, o campaña en torno al puerto de
Santiago de Cuba en 1898.
Delitte
pasa de puntillas por el tema del hundimiento del Maine, ¿De verdad alguien se
cree que los españoles hundieron el Maine a estas alturas de la vida?, ¿Por qué
no comenta que la causa del hundimiento fue una combustión espontánea en una
carbonera que provocó la explosión de los depósitos de munición cercanos? Ay,
Delitte, hijo mío.
A
finales de enero de 1898, mientras Cuba sufre sacudidas internas entre
españoles e independentistas, Estados Unidos decide enviar un acorazado de
guerra como gesto de intimidación y supuestamente para garantizar sus intereses
económicos en la isla.
Estando
en el puerto de La Habana, el USS Maine explota matando a casi toda su
tripulación, en circunstancias que la época y los periódicos yanquis, atribuyeron
a un ataque español.
Este
incidente enciende aún más el conflicto, y pronto Estados Unidos declara la
guerra a España, alegando entre otras cosas, la política de reconcentración de
Valeriano Weyler, que se había llevado a cabo años antes. El grueso del relato
del cómic se centra en las maniobras de la flota española al mando del
almirante Cervera y su intento desesperado de romper el bloqueo de Santiago de
Cuba, Delitte recalca que los españoles no querían romper el bloqueo sino
simplemente huir.
La
batalla resultante es devastadora: Toda la flota española es hundida con un
total de más de 300 muertos, a cambio de un solo muerto yanqui. A la par,
Delitte nos muestra el mismo resultado en Filipinas, mientras vemos los puntos
de vista de la prensa amarilla de Hearst que tanto influyó en que se declarara
el conflicto, y algunos personajes como Roosevelt (un tipo que mató españoles
por la espalda), y algunos soldados anónimos de ambos bandos que ofrecen sus
tibios puntos de vista y enfoques.
No solo se fueron Cuba y Puerto Rico,
sino igualmente Filipinas y Guam, y posteriormente, malvendidas, Las Carolinas
y Las Palaos.
Aparte de la hispanofobia, a Jean-Yves
Delitte le reconozco ser un gran dibujante de barcos y escenarios (no en vano
es pintor oficial de la Marina francesa o belga, según la web que consultes), aunque
dibuja siempre los mismos personajes, indiferentemente del bando en qué estén,
y como guionista lleva 17 cómics haciendo la misma técnica y estructura narrativa,
quien se los haya leído, los 17, no me lo negará. Al color, Douchka Delitte, cómo
es habitual, que hace un gran trabajo.
En
definitiva: Cómic muy visual, como el resto de la colección, que aporta un
dossier histórico final. Al ser cómics autoconclusivos, da igual el número de
la colección que te compres, aunque en cuanto te leas tres o cuatro, te darás
cuenta de lo que te cuento en esta reseña en lo referente a personajes y
caretos repetidos, y estructuras narrativas. Me hubiera gustado que Delitte
hubiera añadido que los cubanos, desde aquel entonces, gozaron de la libertad
ofrecida por los yanquis, pero ya sabemos que no fue así… En fin, a ver si un
día se anima y nos hace un cómic sobre Leopoldo II y el Congo Belga, por
cambiar el tema marítimo.
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Dentro de la Guerra de Independencia contra las
tropas imperiales napoleónicas, posiblemente Extremadura se llevó una de las peores
partes en cuanto a pérdidas humanas y materiales, batallas y asedios.
Badajoz, Medellín, La Albuera, Gévora… Son nombres
que resuenan aún hoy en día, como hitos dentro de este periodo de la Historia
de España.
Y, desde hace unos pocos años, se ha empezado a
recuperar a través de recreaciones históricas, exposiciones y conferencias,
algunos de estos hechos históricos, por muchos olvidados, poco estudiados (no
desde luego en colegios, ni institutos, y sospecho que tampoco en muchas
Universidades), pero que tenemos la suerte de conocer gracias a cómics como
“Menacho. Triunfar o Morir”, que viene de la mano de la Editorial Cascaborra,
dentro de su magnífica colección “Historia de España en viñetas”, donde ocupa
el número 77.
Tapa dura, a todo color, “Menacho. Triunfar o
Morir” recupera uno de esos episodios olvidados de nuestra historia, rindiendo
un sentido y sincero homenaje a todo un héroe nacional: El general gaditano
Rafael Menacho.
Siempre he
defendido que el cómic es una herramienta didáctica de primer orden, y nada
mejor que acercarnos a la figura de Rafael Menacho que el cómic.
Quizás en el resto de España, su nombre no os diga
nada, pero en Badajoz, Menacho tiene calle, cuartel, Memoria en forma de
aparcamiento, tenía unos cines con su nombre, un Centro Comercial Abierto, y
una escultura relativamente cerca de donde encontró la muerte en la defensa de
la ciudad de Badajoz ante las tropas francesas que la asediaban.
El cómic viene de la mano de Juan Luis Iglesias en
cuanto al guion, que ha hecho una grandísima labor de documentación, una
adaptación fantástica, donde la narrativa fluye de la mano de un antiguo
compañero de armas de Menacho, Giral, que recuerda los acontecimientos desde
una taberna de Barbastro, ya en mayo de 1814, y a los lápices tenemos a Juanfer
Briones, que hace un trabajo requetebueno, con un dibujo detallista, donde
predomina la viñeta pequeña, de dos o tres personajes, colorida, y que desde
luego, a los que conocemos Badajoz, nos va a resultar muy cercana, y fácilmente
reconocible.
España está en guerra contra el invasor francés
desde mayo de 1808. En septiembre de 1810, Rafael Menacho es nombrado Mariscal
de Campo y Gobernador de Badajoz. Es un militar con experiencia, que se ha ido
curtiendo en una docena de batallas, tanto en victorias como en derrotas. El
año es 1811, enero de 1811, y pronto Badajoz comienza a ser cercada por miles
de soldados franceses al mando del Mariscal Soult, que convencido de su
superioridad numérica y militar, envía ofertas de rendición a la ciudad de Badajoz,
que Menacho rechaza una y otra vez, organizando una defensa heroica, y donde
vemos la personalidad de nuestro protagonista: Valiente, decidido, orgulloso y
consciente de la responsabilidad que tiene sobre sus hombros, luchando junto a
sus hombres en las murallas, en primera línea, donde es herido, pero no
rendido, ya que su resolución le hace levantarse nuevamente para estar en
primera línea.
El cómic, perfectamente documentado, nos llevará a
las salidas de los cercados en su intento por eliminar los cañones franceses, a
las escaramuzas al pie de los baluartes, de las murallas.
Y a la
desastrosa batalla de Gévora, que intentó levantar en vano el asedio, y que
costó a los españoles miles de bajas, entre muertos, heridos y prisioneros, y
que los nombres de Badajoz y Gévora se encuentren grabados en el Arco del
Triunfo de París.
Como cierre al cómic, en sus páginas finales
encontraremos un breve dossier extra: Dos cuadros, un busto y una pequeña
distinción pertenecientes a Menacho, y un epílogo que viene firmado por Eduardo
García-Menacho y Osset —descendiente del mariscal Menacho y miembro de la
Academia de las Ciencias y las Artes Militares—, que como os digo cierra un
tomo increíble, sobre uno de esos héroes olvidados de nuestra Guerra de Independencia,
y donde narra su vida, que no estuvo exenta, como os decía, de batallas,
aventuras y heroísmo.
Un cómic, como todos los la Editorial Cascaborra,
de lo más recomendable, con un alto valor didáctico, y donde resalta el buen
trabajo de sus dos autores, a los que hay que agradecerles un cómic que era
necesario desde hace ya mucho tiempo, y que rinde un justo homenaje a Rafael
Menacho.
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A pesar de que “Frente de Leningrado” se publicó en
junio de este 2025, me ha costado horrores hacerme con el cómic, y, de hecho,
no lo he conseguido hasta hace unas pocas semanas.
Paco Asenjo, su autor, que se encarga tanto del
dibujo como del guion, es un viejo conocido de estos lares, amigo al que le
hemos dedicado algunas otras reseñas como las dos dedicadas a su obra “Infierno
Azul”, que comparten con “Frente de Leningrado” la temática, como es la
presencia y actuación de soldados españoles luchando en el Frente Oriental
durante la Segunda Guerra Mundial, encuadrados en el ejército alemán.
Publicado por Cartem Cómics, en tapa dura, y con
132 páginas, este cómic, como los anteriores de nuestro autor, huye de
ideologías que puedan provocar suspicacias en algunos lectores. Asenjo se
centra en el rigor histórico a través de los testimonios recogidos por los
últimos supervivientes del conflicto, narrando con una fidelidad extrema los
hechos, que, además, se apoyan en fotografías de nuestros protagonistas, lo
cual refuerza en mi opinión, la veracidad de lo narrado en el cómic…
Si en “Infierno Azul” se nos mostró la crudeza del
invierno ruso, aquí el frío vuelve a ser uno de los protagonistas, en un
episodio que yo desconocía completamente (a pesar de que muchas veces presumo,
malamente, de saber mucho sobre la Segunda Guerra Mundial). Cómics como este me
bajan al suelo, y me enseñan datos, hechos, que me ponen en mi sitio. Aun
aprendo, afortunadamente.
En “Frente de Leningrado” nos trasladamos la defensa
de los Altos de Sinyavino durante el invierno de 1942–43, concretamente
diciembre y enero. En diciembre de 1942 la División Azul recibió la orden de
abandonar el Frente del Vóljov para participar supuestamente en el asalto a la
ciudad de Leningrado. Un asalto decisivo, prácticamente suicida, que se va a
topar con la más cruda realidad como es la contraofensiva soviética compuesta
por efectivos que los superan en número, en hombres, en artillería, y que va a
suponer una resistencia a la desesperada por parte de los españoles que
perderán al 95% de los efectivos, y cuya lucha, a falta de munición, se
centrará en sus compases finales en cargas con bayoneta.
De los 550 hombres que conformaban el II Batallón
269, sobrevivieron 30. Completamente aislados en los Altos de Sinyavino,
abandonados a su suerte por los alemanes; Los continuos ataques en masa de los
soviéticos, la escasez de munición, el frío extremo con temperaturas de -45º
grados y las bajas continuas, harán que solo ocho hombres defiendan la posición
hasta su retirada a un puesto de socorro alemán después de casi dos meses de
luchas diarias.
“Frente de Leningrado” es un cómic, que, a pesar de
no ser una continuación de los dos tomos de “Infierno Azul” (2023), casi podría
considerarse como la parte de un díptico que nos faltaba para completar el
puzle. Tiene un enfoque documental y didáctico muy bueno, un dibujo muy
reconocible, con un buen trazo, y un gran uso del color que refuerza esa visión
del invierno crudo que me mezcla con los combates, la guerra.
En cuanto a la narración, Asenjo huye de las
idealizaciones, te muestra los hechos tal y como se lo narraron los testigos, y
no cae en subtramas ni cosas parecidas. No cae en sentimentalismos, no
justifica (y hace muy bien), y el realismo se palpa, se siente.
En definitiva: Como gran fan de todo lo que esté
relacionado con la Segunda Guerra Mundial, y del trabajo de Paco Asenjo, no lo
voy a negar, “Frente de Leningrado” me ha parecido un cómic muy interesante y
didáctico, en el que no vas a encontrar propagandas ni políticas de ningún
tipo, solo Historia. Tiene un prólogo de Carlos Caballero Jurado que nos pone
en antecedentes antes de la lectura, y la narrativa fluye con sus dosis de
acción, la presentación de personajes, los hechos… Es un cómic para aquellos
que disfruten de las narrativas de la Segunda Guerra Mundial, como es mi caso, que
explora una temática a través del cómic, un tanto inhóspita aun, y que estoy
convencido de que se puede explorar aún más. Y encima con una edición por parte
de Cartem Cómics, muy buena, muy cuidada. En definitiva, pues… Muy
recomendable.
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Las dos cosas que me ha
llamado la atención del cómic “Ostfront/Westfront” (Frente Oriental/Frente
Occidental), y que han hecho que me lo compre, han sido:
Primero
ver el nombre de Fabrice Le Henánff ahí arriba, que es un dibujante y guionista
francés al que conozco por dos cómics que ya comenté en el blog hace unos pocos
años: “Modigliani” y “Wannsee”.
Y segundo, la originalidad del diseño del mismo.
Estamos acostumbrados a que un libro, o en este caso un cómic, tenga su portada
y su contraportada, pero aquí hay dos portadas, enfrentadas por el hecho de que
una de ellas, la que tú quieras, la que tú elijas, está bocabajo respecto a la
otra.
“Ostfront” está dedicado a la Batalla de Stalingrado
desde el punto de vista de los alemanes, y por cronología, es la que deberías
leer antes, también porque hay algunas conexiones históricas que se crean ahora
y que van a tener continuación en la segunda mitad del cómic, “Westfront”, donde
asistimos a la toma de Berlín por parte de los soviéticos, desde diferentes
puntos de vista: Alemán, soviético, yanqui y el de algunos franceses…
“Ostfront/Westfront” es un
cómic de tapa dura, publicado en España por Cartem Cómics en una edición
espectacular de 132 páginas que nos lleva una vez más a la 2ª Guerra Mundial, a
los frentes europeos, con toda la crudeza de la guerra en estas dos historias,
que, a pesar de ser independientes, son complementarias, y que se entienden
mucho mejor, ambas, en las páginas finales de cada una de ellas, cuando se te
explica el destino de los personajes principales que hemos ido conociendo.
Es una historia, podría
decirse, de perdedores, porque el punto de vista principal que arrastra la
trama es el de los soldados alemanes que lejos de los días iniciales
victoriosos de la guerra, se enfrentan en Stalingrado al frío, a la escasez, a
los continuos ataques de oleadas de soviéticos que les hacen perder posiciones,
la vida y la cabeza (muchas veces, literalmente), y en Berlín al
descabezamiento y desmoronamiento de toda la cúpula militar, a la huida,
ejecuciones e intentos desesperados e infructuosos por defender la capital del
arrollador empuje de los “Ivanes”, que los superan en número, en armamento, y
en moral.
El
estilo de Fabrice Le Henánff además, es muy peculiar, recuerda al pastel, con
un trazo definido, xilografías realizadas en madera posteriormente retocadas
digitalmente, donde usa a la perfección las sombras, los difuminados y las
luces, y donde los soldados son los principales protagonistas, por encima de
los vehículos o los paisajes. Henánff domina el periodo histórico y eso se
nota.
En Ostfront, pasaremos un año en
Stalingrado, entre 1942-43, siguiendo a tres personajes principales:
Kurt Steiner, un soldado insubordinado.
Tomas von Vilshofen, un teniente enamorado que no sabe si saldrá
vivo de allí para ver a su enamorada y casarse con ella.
Y Max Dinger, un veterano que se entera en Stalingrado que su mujer
se la está pegando con un francés.
Todos, o así lo da a entender el cómic,
personajes “supuestamente” reales de la guerra, con una breve biografía final
que nos habla de sus destinos posteriores al hecho. Nada de héroes, sino tipos
que colapsan o han colapsado en todos los sentidos y se han deshumanizado.
En
el segundo volumen, Westfront, estamos en mayo de 1945. Berlín está
siendo arrasada por el ejército soviético y todo se desmorona. Aquí, el arco
narrativo se abre un poco más, y seguimos a François Morliguen, un joven bretón
enrolado en las Waffen-SS, que representa la figura del colaborador, el traidor
y el superviviente.
Un oficial estadounidense que es clavadito al actor
Lee Marvin, lo interroga (también sale un soldado soviético que es el primo
perdido de Charles Bronson), y la narración rompe esa linealidad que vemos en
la primera parte, hay más visiones y puntos de vista. E igualmente vemos el
pavor de las mujeres berlinesas ante la llegada de los soviéticos, los
estertores del régimen, y el ataque suicida en muchas ocasiones de los restos
del ejército que no pueden evitar lo inevitable, huyendo de tema de “buenos y
malos” y ofreciendo una visión más cruda, más ambigua entre la supervivencia y
el horror de lo cotidiano en el hambre, los cadáveres y las ejecuciones.
Tiene un estilo muy cinematográfico, y el estilo
artístico que usa, crea auténticas fotografías dentro de las viñetas, lo cual crea
un cómic muy atractivo visualmente.
En definitiva: Aunque la
temática ya la he visto y disfrutado en otros cómics, siempre es interesante
acercarse a la Segunda Guerra Mundial desde otros puntos de vista, desde otros
enfoques. Y Fabrice Le Henánff demuestra conocer los hechos, el contexto bélico
al que hace referencia y plantea un debate ético interesante sobre el bien y el
mal, circunstancias, ideologías, supervivencia pura, al que no da respuestas,
porque eso se lo deja al lector, y encima con un estilo fantástico.
Por cierto, su precio: 30
euros. Es una buena recomendación para amantes de la Segunda Guerra Mundial en
cómic.