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lunes, 18 de marzo de 2019

Todo un buen hombre (1998). Tom Wolfe




        La letra, Arial 8 y a un solo espacio. Cuando vi “Todo un hombre” (Ediciones B, 1998) de Tom Wolfe (1930-2018), pensé: “En menudo embrollo te estás metiendo”, pero después, poco a poco, vas conociendo a los cerca de doscientos personajes que conforman el libro, y algunos de ellos llegan a engancharte tanto, que quieres seguir leyendo.

        La narrativa se desarrolla en Atlanta, en torno a Charlie Croker, un antiguo jugador de rugby, metido a empresario, que se ha hecho con el mayor imperio inmobiliario de la ciudad al usar, perfectamente bien, los conflictos sociales que laten, aun, desde la Guerra de Secesión, hasta los noventa en los que se desarrolla el libro. El tipo tiene sesenta años recién cumplidos, una segunda esposa bellísima, un cuadro que adora de Jim Bowie en su lecho de muerte (en El Álamo), varios aviones y coches, varios cientos de empleados y una finca donde caza codornices. Charlie, sin embargo, está en la ruina, y el banco piensa en quitarle todo, absolutamente todo, y desplumarle, dejándolo sin blanca, arruinado y solo.

        Sin embargo, y sin entrar en detalles del resto de personajes. Para mí, el más interesante es Conrad Hensley, un joven trabajador, que es despedido de una de las empresas de Croker, y que acaba en la cárcel por una multa, una confusión, y un mal día. Conrad descubre el estoicismo en la cárcel, y a través de Epicteto, aprende a sobrevivir en un ambiente hostil. Las lecciones filosóficas, los consejos que sigue, les harán ser otra persona, otra versión de si mismo, mejorada y con las ideas más claras…

        El libro se conforma de más de 750 páginas, y es mucho más. Hay historias secundarias, y un lenguaje propio de la zona que al traductor le costaría horrores enfocarlo al castellano. He de reconocer que, hasta la mitad del libro, no sabía adónde quería llegar el autor, Después ya lo vi más claro y realmente me ha enganchado. Me he tirado con él un mes largo, pero ha merecido la pena. El rollo estoico me ha gustado mucho, y el epílogo nos deja una buena moraleja.

martes, 25 de diciembre de 2018

Pregúntale al polvo (1939) John Fante. Edición de Anagrama. Prólogo de Charles Bukowski



      Los tres o cuatro que nos sois fieles a las entradas publicadas en el Patio-Lavadero, sabréis de sobra lo que nos gusta leer a John Fante (1909-1983). Son muchas las referencias que hemos hecho de él en los últimos diez años, y no es raro que pongamos, de vez en cuando, alguna referencia a sus libros. De hecho, yo, personalmente, me he leído varias veces el mismo.

        Uno de los que más me ha llegado, siempre ha sido así, ha sido “Pregúntale al polvo” (1939), que se publicó en Nueva York, justo en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Es un libro impactante, que siempre me deja un nudo en la garganta, sobre todo en sus ocho o diez páginas finales, que son tristes y demoledoras.

        Mucha gente conoce a John Fante gracias a Bukowski, que fue su mayor altavoz, más en los cuatro o cinco últimos años de la vida de Fante, cuando llegó a conocer al que “creía que era Dios”. Este libro fue una revelación para el propio Bukowski, que en mitad de la nada, de libros insulsos e insípidos, se encontró con un puñetazo literario de realidad, y, posiblemente, de honestidad.


        En “Pregúntale al polvo”, el alter ego de Fante, Arturo Bandini, se busca la vida como escritor en Los Ángeles. Una ciudad que intenta quitarse de encima el sopor de la Gran Depresión. La pobreza, la soledad y la desesperación rondan por la ciudad, y Fante es uno de esos soñadores perdidos por las tascas y pensiones de mala muerte. Nadie le entiende, pero él tiene un sueño que va a cumplir, algún día, ser un gran escritor, un reconocido escritor.

        En su deambular por las calles, se fija en una joven de origen mexicano, Camila López. Una camarera que pronto le hechiza. Bandini tiene sentimientos contradictorios hacia ella. Le atrae, pero no parece ser su tipo, fantasea con ella, sufre impotencia en su presencia, se pelean y se reconcilian, en una ciudad en la que la inmensa mayoría de la gente está completamente sola. Igualmente, mantiene una lucha entre el ateísmo (debido a su propio raciocinio) y su creencia religiosa, heredada de una madre creyente.

       El libro es demoledor. Es trágico y es maravilloso. Fante sabía contar historias. Ya lo había leído. Su primera edición en castellano fue en 2001, pero a fecha de hoy, creo que va por la novena o décima, y no me extraña lo más mínimo. Volver a Fante, es volver a la literatura de primera.

      P.D: Sé que sobre el libro hay una película, pero nunca he tenido ocasión de verla.