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domingo, 18 de agosto de 2024

The Bikeriders: La Ley del Asfalto (2023)


 

       Aunque la serie “Hijos de la Anarquía” no fue el primer producto audiovisual en tratar el tema de las bandas de moteros en Estados Unidos, ahí tenéis películas clásicas como “Salvaje” de Marlon Brandon (1953), “Los Ángeles del Infierno sobre Ruedas” donde salía un jovencísimo Jack Nicholson (1967) o “Easy Rider” de Dennis Hopper (1969), por citar algunas… Si es verdad que la serie ha sido una catapulta para que el personal se interese más por este tipo de género, y es que bandas, motos ruidosas y llamativas, peleas y compadreo, hermanamiento entre iguales y borracheras, suelen formar un cóctel que bien removido, entra muy bien por el ojo cinematográfico.

         En esta ocasión, siguiendo la pauta, y basada en hechos reales, concretamente en el fotolibro “The Bikeriders” de Danny Lyon, publicado en 1967, y que creo que está descatalogado hasta donde sé en España, nos llega la película de 2023, “The Bikeriders: La Ley del Asfalto”, que apuntala una vez más, con su propio clavo, el género motero…


       Al parecer, Danny Lyon, estudiante universitario por aquellos tiempos, pasó cinco años de su vida, entre 1963 a 1967 acompañando, entrevistando y fotografiando al Club del Medio Oeste americano, The Outlaws (los “Fuera de la Ley”), que en la película adoptan el nombre de “Los Vándalos”, y que con sede en Chicago se ramificaron rápidamente, pasando de ser un pequeño Club a uno de los más grandes con representación, o Capítulos como lo llaman en la película, en múltiples Estados.

       En la narrativa, seguimos la historia a través de Kathy (una fantástica Jodie Comer). Una chica que inicialmente queda con una amiga en un bar motero, y que, pronto, no solo los conoce a todos, sino que acaba casada con uno de ellos, el joven Benny (Austin Butler), un tipo imprudente, con continuos problemas con la Ley, y metido en todos los caldos habidos y por haber, que parece no tenerle miedo a nada ni a nadie. El personaje, por cierto, a pesar de llevar el peso de principal protagonista se me ha quedado un tanto plano con tanta pose de por medio.

Danny, Mike en la película, entrevista a Kathy y a otros miembros del Club de “Los Vándalos”, pero el hilo conductor de la hora y cincuenta minutos de metraje es ella, y a través de ella vemos la evolución del Club, que comienza siendo de un puñado de amigos liderados por Johnny (Tom Hardy), para transformarse en un monstruo difícil de controlar que amenaza con comérselos a todos.


         Las concentraciones, las anexiones de los nuevos miembros, las desavenencias dentro del Club y la relación que tenían entre ellos, están perfectamente planteadas en una película con un regusto clásico, y un buen ritmo en una narrativa clásica, sin subtramas y lineal (Esto puede ser bueno, y/o malo, según agarres el día).

         Por el contrario, a las ya citadas poses del personaje de Benny, son Jodie Comer y Tom Hardy los que llevan la batuta del elenco, habría que sumarle que la película no te va a contar realmente nada que no hayamos visto ya en el género mil veces, y creo que en eso no engaña a nadie, si realmente sigue las vicisitudes narradas en el libro. Una de las cosas más curiosas que he visto es que los personajes de Benny y Kathy, para estar casados, ni se rozan, y no me ha parecido que hubiera realmente mucha química ahí, o se la llevó el humo de una Harley, vete a saber. En los créditos finales, por cierto, veréis las fotos de los verdaderos protagonistas, que supongo son las que vienen en el libro.

          De nota le pongo un 6, pero tengo que reconocer que es muy posible que la acabe olvidando más pronto que tarde. Esta es la típica película que gustará a fabricantes de cerveza y cigarrillos, y a vendedores de chupas de cuero, pero que no le va a hacer nada de gracia a gente que se está pensando en abandonar su Club, por lo que le pudiera pasar… Echadle un vistazo y ya me decís.

viernes, 16 de agosto de 2024

A Fondo (2024)



        ¿Te gustan las carreras de motos? Pues estás de suerte, porque “A Fondo” es una película estadounidense de 2024, que tiene el mundo del motociclismo como escenario de una historia vista mil quinientas veces, que no te va a contar absolutamente nada nuevo, y que es más predecible que un tren extremeño…

          De entrada, una de las primeras cosas que me llamó la atención fue ver en los créditos iniciales el nombre de Edward James Olmos, el mítico Teniente Castillo de “Corrupción en Miami”, que, a sus casi ochenta tacos, abandonó la soleada Florida, con sus playas y su vida nocturna, para montarse un taller mecánico de Tercera División donde nadie estuvo nunca.


        En la narrativa tenemos a Wes, un joven soldado que, apasionado por las motos, no sabe dirigir muy bien su vida. Expulsado del ejército por un incidente con motos, precisamente, y con solo algunos pavos en el bolsillo, no le queda otra opción que buscar a su padre, Dean Miller, un antiguo campeón de motociclismo que nunca quiso saber nada de él, inmaduro, borracho y broncas, que trabaja en el taller mecánico de Abel, Edward james Olmos, que tiene más paciencia que un santo con el tipo.

         Falto de oportunidades, y con una camiseta hecha jirones como estandarte, Wes le pide a su padre que le enseñe el noble arte del motociclismo. Quiere ganarse la vida con las motos, compitiendo en la Categoría Super-Sport, que podría arreglarle la vida. En un principio, su padre se niega porque cree que es más viejo que el sol, y que tendría que haber empezado desde pequeño, pero el alcohol o las incipientes cataratas pronto le convencen de lo contrario, y se decide a entrenar a Wes mientras este se echa como novia a Camila, una joven hispana, madre soltera y camarera a tiempo completo que ve también potencial en este pagafantas de cuidado…


         Resumiendo: “A Fondo” no es una película novedosa, que no te vaya a contar, como os decía anteriormente, nada que no hayáis visto ya en películas parecidas. Carece de tol originalidad y la ves venir a tres millas de distancia. Tiene tres ejes fundamentales, muy planos, que no te van a sorprender, porque los nudos son rápidamente resueltos: La relación padre e hijo: Con un padre que fuma, le da a la bebida, vive de recuerdos y no es ni sombra de lo que fue, y el empeño de Wes por sacar lo mejor de él. La relación Wes-Camila: Que fluye rápido, y cuya única sorpresa que se resuelve con un: “Parece un buen chico”, es la descendencia de ella. Y el tercer eje: Las Carreras en sí. Con unos “Malotes” poco creíbles, pero necesarios para darle un poco de vidilla al tema de las motos. Si todos los pilotos se llevan bien entre ellos, la película no sería yanqui.

       Y es que aquí tampoco es que haya malos, malos… Solo gente que está sola, o bastante sola, en el caso de los cuatro personajes principales, y están haciendo todo lo posible para salir adelante, redimirse del pasado y tirar del carro.

        Con un metraje de una hora cuarenta minutos, y rodada en 20 días, es la típica película que según te agarre el día le darías una nota u otra. Yo le doy un 4 de nota porque me ha hecho creer que soy adivino: Había una escena, y decía: Verás como ahora sucede esto… Y sucedía. Pero ese cuatro de nota no significa que sea mala, mala, solamente que es del montón, y que la olvidaré fácilmente. Quizás pueda llegar a entretenerte.