Estrenada en
2023, y dirigida por M. Night Shyamalan, la película terror, o de suspense
psicológico más bien, “Llaman a la Puerta”, costó en su día 20 millones de
euros, y recaudó cerca de 55 millones.
Es verdad que en su día no la vi, y en
todos estos años no he hecho absolutamente nada por verla, pero aprovechando
que me ha salido en la plataforma Netflix, me he tragado su hora y veinte
minutos de metraje, hace una semanita, y ahora viene algo que viene siendo
habitual en mi (hacer reseñas con varios días o semanas de retraso).
De entrada, os tengo que confesar que la
película me ha parecido interesante, sin llegar tampoco a tirar cohetes en la
plaza del pueblo. La presencia de Dave Batista, “La Bomba Batista”, haciendo un
papel que no me hubiera imaginado en él, la de un dulce maestro de escuela ha
sido lo que más me ha entrado por el ojo prácticamente desde el principio, y
que la película se haya rodado también sobre casi un único escenario, quitando algunos
flashbacks que nos vamos a encontrar, a modo de explicaciones entre escenas,
también me ha llamado la atención por ese toque casi teatral de la historia…
En la narrativa, tenemos a una familia
compuesta por dos hombres, Eric y Andrew, y su hija adoptiva de origen
asiático, Wen. Los tres están en una cabaña en mitad de un bosque, la típica
cabaña enorme, con casita del árbol incluida, una biblioteca increíble, y por
lo que se ve… Bastante acogedora.
Wen está capturando una serie de bichos
a pocos metros de la casa, cuando llega la Bomba Batista a darle una dulce
matraca a la nena durante un rato. La nena, asustada, les cuenta a sus padres
su encuentro con La Bomba Batista. Estos, mientras dudan si creer o no creer a
la nena, se encuentran que llaman a la puerta de la cabaña.
La Bomba Batista, aquí llamado Leonard,
no viene solo, viene acompañado de dos mujeres, y otro hombre. Él les habla con
educación, y pide entrar dentro de la cabaña, algo a lo que no acceden los
ocupantes de la cabaña.
Finalmente, los visitantes entran y
reducen a la pareja, los amordazan, y les cuentan que viene el apocalipsis, que
lo han visto en unas visiones, y que el mundo solo se salvará si uno de los
dos: Eric o Andrew, muere.
Así las cosas, la pareja está convencida
de que los cuatro visitantes están locos de remate. Les intentan convencer con
pruebas televisivas de diferentes hechos y catástrofes: Pandemias, terremotos y
tsunamis, aviones que se caen, trenes que no andan como en Extremadura, cosas
así…
Y cada cierto tiempo, cada vez que la
pareja no elige quién morirá, uno de los visitantes se suicida, y el resto
ayuda a rematarlo. Esto va a ir sucediendo hasta que solo quedé la Bomba
Batista Leonard, la pareja y la nena.
En todo el proceso, Eric se ha ido
convenciendo de que la profecía es real, mientras que Andrew ha permanecido
completamente escéptico. Con el apocalipsis recién empezado, y con la Bomba
Batista desvivido, Eric muere y solamente Andrew y Wen están para ver como
acaba toda esa serie de catástrofes.
La verdad es que impacta cada vez que
uno de los visitantes se desvive, los otros lo rematan y volver a empezar. Los
sacrificios y la reflexión filosófica que plantean en la película, la tesitura
que exponen, todo me ha parecido interesante, hasta para debatir.
Entre las curiosidades, os puedo contar
que la película se rodó en los bosques de Nueva Jersey, que la película está
basada en la novela “La Cabaña del Fin del Mundo” de Paul G. Tremblay,
publicado en 2018, y en España en 2021. Aunque, al parecer, el final de la
película difiere significativamente del libro, donde la que muere es Wen, y la
pareja se enfrenta al supuesto Apocalipsis.
En definitiva: Película interesante, que juega con los dilemas morales y filosóficos, más emocional y de suspense que de terror en sí. Da que pensar, y como confesaba al principio, me ha parecido interesante, pero sin llegar a ponernos estupendos. De nota le doy un 6.










