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Mostrando entradas con la etiqueta Micho I de Gato. Mostrar todas las entradas
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lunes, 1 de enero de 2018

Feliz Año Nuevo 2018


        Feliz Año, Feliz 2018. Tanto Micho I de Gato, como yo, os deseamos desde el Patio-Lavadero, un Feliz y fructífero año nuevo lleno de lecturas (cómics, novelas, todo lo que caiga…), películas con cine del bueno, buenos ratos y cafés, jazz, tertulias, mucho arte y ver más deporte que practicarlo, extraterrestres en Canal Historia, Tiro con Arco en el garaje del edificio, borracheras a lo Celtic de Glasgow (con absenta) y muchas y divertidas aventuras mitológicas, menos... Son ya poco más de diez años con vosotros (aunque solo quedáis dos o tres de los treinta lectores diarios que llegamos a ser), y lo que nos queda aún por recorrer, contar y disfrutar. Miaus a repartir.

domingo, 12 de febrero de 2017

Nereo y Micho I de Gato


(Las Nereidas)

       Exponía en un pequeño garito, “La Odisea”, siete cuadritos deconstructivistas fauvistas. Micho y yo estábamos encantados. A la presentación apenas habían venido una docena de curiosos, pero la velada transcurrió tranquila. Jazz, cafés y chupitos, conversaciones sobre arte, historia, tendencias, anécdotas de películas… Y Micho, pronto, como centro de atención.

(Micho I de Gato)

        La gente iba y venía, veían los cuadros, comentaban detalles, hablaban con Micho de esto y aquello. Fue con mi cuarto chupito de absenta cuando Micho llamó mi atención. Hablaba con un señor, de larga barba grisácea, elegante traje y bastón en la mano derecha. Le que acompañaba una preciosa joven, morena, con unos bellísimos y profundos ojos marrones, que atendía a todos los comentarios de Micho con sumo interés. Querían comprar un par de mis cuadros. Les gustaban sus colores, las líneas sinuosas… Les parecía fresco y original. “Su arte, Señor De Gross, será valorado en un futuro, créame”, me comentó. “Se me da bien adivinar cosas”. Yo, personalmente, estaba más que maravillado, hacía mucho tiempo que no pasaba una jornada tan entretenida y fructífera, en todos los aspectos. Aquellos dos misteriosos admiradores se presentaron como padre e hija. El señor se llamaba Nereo, la hija, Galatea. La velada finalizó a altas horas de la noche, y, efectivamente, compraron los dos cuadros. Tanto Micho, como yo, les invitamos a que se pasaran una tarde por el Patio-Lavadero a tomar un café, para poder continuar intercambiando impresiones artísticas. A lo cual, aceptaron encantados.
 (Nereo. Altar de Pérgamo)

       Al cabo de dos semanas, Micho y yo paseábamos por la avenida. La noche caía rápidamente y las luces de neón publicitaban cosméticos y restaurantes chinos. Un chico joven, vestido con un chándal y rematado con una gorra, y acompañado de un numeroso sequito de chicas nos saludó al pasar: “Señor De Gross, Micho I de Gato…”, ¿Nos conocemos?, le pregunté sorprendido. “Oh, sí, claro que sí, soy Nereo, pero ahora no puedo pararme, las Nereidas tienen prisa, llegamos tarde al cine…”, dijo el chico jovial, y con un leve gesto, tocándose la gorra, continuó su camino por la avenida mientras las chicas reían y bromeaban… “…Ya les visitaré”, le oímos gritar desde la lejanía.
 (Nereo. Carmona, Sevilla)

           Tanto Micho, como yo, no le dimos mucha importancia al hecho, pues aquel joven no podía ser el venerable Nereo, de barba y bastón, que habíamos conocido… Hasta que, transcurrido un mes, un domingo de resaca, tocaron en la puerta del Patio-Lavadero. Era un joven apuesto, acompañado del brazo de la joven y no menos apuesta Galatea. Se identificó como Nereo, y Galatea rio ante nuestras caras de incredulidad. “Al Señor De Gross se le da bien pintar…”, comentó Galatea, “…Pero a mi padre se le da bien cambiar de aspecto”, y Micho advirtió que no habría café para todos si venían el resto de las Nereidas. Observación gatuna que reímos todos de buena gana.
(Polifemo y Galatea)

martes, 20 de septiembre de 2016

Leda y el cisne del parque de Castelar.

(La imagen no es mía, pero me encanta)

      Como el domingo nos levantamos temprano (alrededor de las siete de la mañana), y el día parecía prometer, le propuse a Micho I de Gato la posibilidad de salir a dar una vuelta por Badajoz. Al fin y al cabo, hace años que no salimos de casa, y menos en una aventura matutina.

      Micho me miró de soslayo, pero aceptó. Aproveché para coger una bolsa de pan duro, y con Micho en el asiento trasero nos fuimos hasta las inmediaciones del Puente Viejo. Un antiguo puente, ahora peatonal, que data de finales del S.XVI.

      El paseo fluvial estaba muy tranquilo. Había gente haciendo footing, niños en bicicleta, y un par de abueletes con sus nietos dándoles pan duro, en pequeños trocitos, a los voraces patos. Así, por encima, conté cerca del centenar en la orilla próxima, aunque solo una treintena se acercaban, curiosos, a saludar al visitante con sus graznidos.

      Micho, prudentemente, prefirió quedarse en el chiringuito que hay junto al camino del Paseo Fluvial. Se pidió un café descafeinado, de máquina, y con sus gafas progresivas, se hacía el interesante leyendo la sección de economía de El País. Estaba disfrutando del momento porque más de una persona se acercó a acariciarlo. Estaba muy gracioso sentado en la silla del velador, y no todos los días e puede ver un gato-frac con pinta de intelectual, leyendo un periódico con un café mediante.

       Yo me acerqué a los abueletes, y los saludé mientras desmigaba el pan duro que le había traído a los ánsares. El Guadiana apestaba a mierda pura. Sus aguas, negras y pestilentes, contrastaban con la estampa de la Alcazaba árabe al otro lado del río, reluciente como un castillo de Disney.

       La conversación de los abueletes se centraba en la peligrosidad de los cisnes. No de los mansos patos del Guadiana, sino de los cisnes. No en vano, recordaban, perfectamente, la historia de una chica que había sido seducida por un cisne, una tal Leda.


       Leda, al parecer, se sintió fascinada por un enorme cisne blanco, que vivía en el pequeño estanque del parque de Castelar. Su marido, empresario reputado de la ciudad, tenía una empresa de autobuses, llamada Leda (como su mujer), y solían parar cerca de ese parque para recoger a los viajeros. Leda, que solía acompañar algunos trayectos, aprovechaba los ratos libres, entre trayecto y trayecto, para visitar a aquel majestuoso cisne. A tanto llegó la cosa, que su marido llegó a prohibirle ir a ver el cisne (hoy en día motivo suficiente para llamar al 016, pero en los tiempos tiernos de estos abueletes… Vete a saber). Y Leda no volvió más a ver el cisne. Al cabo de nueve meses, tuvo cuatrillizos, dijo uno de los abuelinos, pero esa es otra historia…


jueves, 30 de junio de 2016

Leucipo.

        El día de las elecciones generales, Micho I de Gato se levantó temprano. El solato pacense ya entraba por la ventana desde las siete de la mañana. La noche había sido tranquila. Un poco de jazz, algunas velas en el Patio-Lavadero, y conversación tranquila bajo el cielo claro, con la constelación de Orión allá arriba, observándonos.

      Como Micho es un gato, y de momento no le dejan votar, y yo no estoy muy al tanto de la política nacional. La mañana discurrió entre lecturas, pizzas, vino Ribera del Guadiana (no todo va a ser absenta en esta vida), y más Jazz. Entonces sonó el timbre de casa. Un/a joven, con facciones delicadas, hermosísim@, se presentó bajo el nombre de Leucipo. Leucipo venía recogiendo firmas, aprovechando el domingo electoral, para una ley que permitiera más facilidades para el colectivo transexual de Extremadura. No sabría decir si el/la chic@ me pareció guapo o guapa. Le acompañaba su madre, que se presentó como Galatea. Y tanto Micho, como yo, estuvimos encantados de invitarlos a pasar al Patio-Lavadero, donde nos contaron la historia de rechazo que ha vivido este/a joven desde la más temprana edad, rechazad@ por un padre corto de vistas y de entendederas, un tal Lampro, carpintero de profesión, ¡Qué Atenea la de glaucos ojos, enemiga de la Lomce y el paracetamol lo confunda!, que se encuentra haciendo trámites de separación de la pobre Galatea, mujer valerosa y luchadora, que desde la más tierna infancia rechazó a Leucipo por el solo hecho de nacer chica. La desdichada tuvo que vestir como un chico desde joven, para evitar el rechazo social, y ahora está convencido que es un chico encerrado en el cuerpo de una chica. Y quiere operarse para sentirse bien con él mismo.
(Micho I de Gato)
     Con mi firma, y la de Micho en forma de pata, nos despedimos de esta madre y de esta hija, que quiere ser hijo, Leucipo, deseándoles a ambos la mayor de la suerte.


    Desde el Patio-Lavadero vimos el sol ponerse por Portugal. Muy cerca, las luces de la vecina Elvas se encendían y, abajo, en la avenida, la vida se volvía bulliciosa.

martes, 12 de abril de 2016

Micho, y la Finca de las Hespérides.

El tema empezó con un anuncio en el periódico regional: “Se busca personal para trabajar en la Finca Las Hespérides”, y como el tema de la educación está tan regular pagado (Hacienda me retiene el 24% del sueldo mensual), y Micho, aparte de leer la prensa económica, escuchar Jazz, y discutir con la divina Atenea (la de glaucos ojos) sobre política internacional, no suele hacer mucho más por contribuir al erario lar, decidí presentarme al trabajo, a tiempo parcial.


 La dueña de la finca, una tal Hera, parecía una señora simpática. Nos citó a los aspirantes a la Oferta Laboral bien temprano, y se veía que era una señora hogareña, familiar, con una casita dentro de aquel acogedor vergel, y con un gran número de pavos reales. Ya el primer día, nos ofreció unas granadas cultivadas, con mimo, por ella misma.


 El trabajo era sencillo, recoger las manzanas doradas, de la variedad Golden, que crecen en lo que ella llamaba “su jardín” y que tenía varias hectáreas. Tenía un grupo de chicas, en prácticas, desde hace unos años, del Centro de Adultos “Atlas”, que están haciendo el Módulo de Jardinería de FP. Dichas alumnas, que se habían bautizado así mismas como “Las Hespérides” (igual que la Finca, que originales) eran becarias, y apenas trabajaban, se tiraban todo el día cantando y correteando entre los manzanos, dejando los frutos podrirse, irremediablemente, en el suelo. Aun así, optaban a una beca de la Junta de Extremadura y creían que en verano podrían cobrar el PER.

 El caso es que nos eligieron a cincuenta aspirantes para ir recogiendo las manzanas. Un producto de primera, cultivadas sin fertilizantes químicos, y con un color dorado que brillaba bajo el sol. Micho I de Gato me acompañó un par de tardes, pero pronto se aburrió de tanto pavo real, y optó por quedarse en el Patio-Lavadero leyendo. Las condiciones laborables eran buenas, contrato desde el primer día (media jornada) y descansos para comer. Hera solo nos puso una condición, en principio fácil de cumplir: “Si viene un tipo raro, un musculitos disfrazado con una piel de León y con una porra en la mano, no le deis ni los Buenos Días”, nos advirtió. Al parecer, es un indigente, poco de fiar (en palabras de Hera), bruto, y no es bienvenido en “Las Hespérides”.



El jardín estaba poco cuidado, una de las chicas del Módulo de Jardinería nos avisó que tuviéramos cuidado con las serpientes Dagón: “Debe haber más de cien”, bromeó entre risas. Una especie inofensiva, pero invasora. La gente las compra de pequeñitas,  y después las abandona en el campo extremeño, cuando ya no caben en el apartamento o en el piso de Protección Oficial de 40 m2…

miércoles, 23 de marzo de 2016

Micho y el águila de la ventana.

   Micho I de Gato llevaba un buen rato mirando por la ventana. La tarde había transcurrido leyendo la prensa económica nacional, que acabó hecha trizas por parte del gato-frac, mientras que escuchábamos a Charlie Parker.

   Al cabo de un rato, Micho alzó un poco las orejas, y sus ojos de sierpe se dilataron para escudriñar un poco más el cielo de Badayork. Había algo que le había llamado poderosamente la atención. 

   En un primer momento pensé que estaría observando a Perséfone, que de mano de su madre (la venerable Ceres), lleva unos días paseando por la avenida, viendo escaparates, conversando con amigos y conocidos, compartiendo risas, madre e hija.

 Pero no. Micho se estiró todo lo largo que es y preguntó casi en un murmullo:

-          ¿Cómo se llamaba aquel pastor de ovejas que solía ir con su rebaño por las orillas del Guadiana?
-          ¿El joven?, inquirí, mientras me servía un tinto de Almendralejo en la copa de plata, que la divina Atenea, la de glaucos ojos, me había obsequiado hace un par de veranos.
-          El mismo. Siseó Micho.
-         Ganimedes, le contesté brindando por él. ¿Por qué?
-         Porque lo he visto volando en garras de una enorme águila… Maulló Micho volviéndose a la ventana.


    Y, con certeza, pensé que Micho se había equivocado, y que posiblemente su vista le había jugado una mala pasada, o que, en realidad, había visto un F5 de la Base de Talavera la Real…

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz Año Contadores de Estrellas!!

 Miiiaus!!, hace mucho tiempo que no nos pasábamos por aquí, y la explicación es que estamos, tanto Micho I de Gato, como yo, muy liados, con trabajo, con lecturas, con relatos cortos, conciertos de Jazz... La verdad es que no nos podemos quejar, lo malo es que os tenemos un poco olvidados contadores de estrellas, hace tiempo que no os contamos nuestras aventuras mitológicas del Patio-Lavadero por falta de tiempo, pero esperemos que este nuevo año os podamos contar, poquito a poco, los libros que estamos leyendo, lo que hacemos y nuestra vida... Con eso le damos otra atmósfera al blog y no dejamos que muera aburrido y olvidado. 

 Tanto Micho I de Gato, como yo, os deseamos un Feliz Año Nuevo 2015, colmado de felicidad, salud y trabajo. Maullidos a repartir y que corra la absenta a raudales. Os queremos, y lo sabéis ;-)

miércoles, 20 de agosto de 2014

Yocasta y el extraviado Edipo.

Micho I de Gato dormitaba, la verdad es que estaba realmente cansado. Había estado todo el fin de semana leyendo, escuchando jazz y teorizando sobre el arte contemporáneo europeo. El Patio-Lavadero estaba patas arriba, pero me decidí por recoger el salón, que era un auténtico desastre: Tazas de café, cajas de pizzas y chupitos de absenta, periódicos viejos y discos por doquier. Llevaba en el cuerpo un ibuprofeno, o tal vez dos, cuando tocaron al timbre de la puerta.

          Una mujer, bastante nerviosa, llamada Yocasta, preguntaba si había visto a un tal Edipo. Le contesté que no. Nadie había tocado al timbre antes que ella, y yo no había oído nada fuera de lo común. Yocasta me explicó que lo había dejado hablando en el portal del edificio con una esfinge, mientras ella compraba el cupón de la ONCE (Organización Nacional de Cíclopes Españoles), y cuando volvió, Edipo ya no estaba allí. Deduje que la esfinge debía ser Amparo, la esfinge del rellano.

          Me ofrecí a ayudarla a buscar al tal Edipo, al fin y al cabo, Micho aún soñaba en el sillón del salón, y ella me lo agradeció de todo corazón, tenían que coger un autobús hacia Tebas, y no podían perder mucho más tiempo…

sábado, 19 de abril de 2014

Pastas & Té verde.

        Eran las cinco de la tarde cuando la divina Atenea, de glaucos ojos, se presentó en el Patio-Lavadero a tomar café con pastas del Lidl, previa invitación nuestra.
          Se presentó armada hasta los dientes, de vuelta de Ucrania donde había ido a dar una vuelta, a repartir hostias y sabiduría a partes iguales, con su casco dórico, su peplo jónico, un kalashnikov y dos granadas de mano. Le acompañaba la Niké de siempre, que revoloteaba por encima de los geranios, y una asfixiada (por el sol extremeño de abril) lechuza que buscaba desesperadamente la sombra.

          Micho I de Gato se desperezó de la siesta justo en el momento en que nuestra deidad invitada tomaba asiento. Pidió Pastas &Té verde. En la televisión emitían un episodio repetido de la versión americana de “Pesadilla en la Cocina”, y Micho I de Gato, entre lengüetazos al descafeinado de sobre, explicaba su opinión sobre la teoría de Olduvai, los relatos de Carver y el Jazz de la década de los cincuenta y sesenta. Los grifos volaban por un cielo limpio, alguno de ellos con un borrego entre sus garras, y la tarde se hizo amena, tranquila, y fructífera.

domingo, 12 de enero de 2014

Prometeo.

     El tipo que vino a revisarnos la luz se llamaba Prometeo. Un señor de mediana edad, simpático y atento, extrovertido, de incipiente barba y pelo alborotado, que enseguida hizo migas con nosotros. Le invitamos a un café con leche y aceptó encantado, aparcando su caja de herramientas junto a la puerta del Patio-Lavadero, nos habló de la subida de precios, de las subastas de las eléctricas y del poco trabajo que había en el sector, muy competitivo y con mucho pirata suelto arreglando enchufes, y eso que él se dedicaba al negocio eléctrico desde hacía relativamente poco.


(Imagen de Prometeo buscando los fusibles del Patio-Lavadero). 

       Pronto Micho I de Gato y yo reparamos que Prometeo era un tipo listo.  A pesar de la crisis, Prometeo había trabajado casi de todo, comenzó sacrificando bueyes en el matadero de Badayork y después haciendo trabajillos de poca monta, como recoger manzanas de temporada por las fincas de las Vegas Bajas del Guadiana. 
      Finalmente, la conversación derivó en su cuñada, una joven llamada Pandora que traía a media familia de cabeza, en los problemas que le había ocasionado su hígado en los últimos meses y en el viaje que va a realizar el próximo mes al Cáucaso, con todos los gastos pagados por la empresa, para estudiar el posible mercado eléctrico en la zona. Estaba encantado con la idea de dicho viaje, pues iba a aprovechar para fotografiar  la fauna y flora de la zona, sobre todo las míticas águilas caucasianas.

               Se despidió de nosotros no sin antes pedirnos fuego para encenderse un cigarrillo, y con la promesa de volver a vernos a su regreso, agarró su caja de herramientas con firmeza, y con una sonrisa arcaica corrió escaleras abajo...

domingo, 6 de octubre de 2013

Sol de gatos.



Es oficial. Tendremos quinto librito de relatos cortos en poco más de un mes. Su título "Sol de gatos", así que ya estáis ahorrando para haceros con un ejemplar. Debemos dar las gracias a Maria Rodrigo, en primer lugar, por su paciencia, por su magnifico trabajo en el diseño de la portada y contraportada y por sus fotografías. A Carlos Reyman Güera por su fantástico prólogo y por su interés en este proyecto. A Francisco "Fran" García Fernández por su acertadísima corrección, sus valiosos comentarios y por sus enriquecedores consejos. Y a Carol por corretear, desde el primer momento, y durante tres meses, detrás de un prologuista que no quiso serlo... Lo dicho "Sol de gatos", a la venta a mediados de noviembre. Maullidos de parte de Micho.

martes, 1 de octubre de 2013

Buscando a Orión...

…Micho I de Gato miraba, con sus enormes ojos amarillos, el nuevo día amanecer desde el Patio-Lavadero. Había pasado, como buen felino, la mitad de la noche despierto, leyendo la prensa del fin de semana anterior y escuchando, bajito, la radio.

 ¿Sabes?, ronroneó, hace tiempo que no veo a Orión, el cazador, tintinear allá arriba.


 Con este tiempo, no me extraña, musité con mi café en la mano. Pero te aseguro, añadí guiñando un ojo, que está por allí arriba, avizor, pendiente a todo lo que se mueve…

sábado, 7 de septiembre de 2013

Lluvia, charcos, poemas y Duke Ellington.

     ...La primera, y posiblemente última, tormenta de verano, duró un café con leche, corto de café, en la terraza de casa. Las cuatro nubes descargaron fuerte durante cinco minutos y después dejaron paso a una llovizna, pertinaz, que daba gusto verla.
    Micho I de Gato y yo hablábamos sobre la literatura de Carver, de Monzó y de Poe. Micho recitó algún poema, melancólico, reflexivo. La gente correteaba por la avenida, allá abajo, un poco sorprendida por la lluvia. 
     Durante mucho tiempo callamos, viendo los charcos en el Patio-Lavadero, y ninguno nos dijimos lo que pensábamos. 
    Finalmente, Micho maulló, y yo puse, bajito, a Duke Ellington...

domingo, 11 de agosto de 2013

La carrera de carros.

...Los carros pasaron tan rápidos que apenas nos dio tiempo, a Micho y a mí, de dar un salto atrás, justo cuando nos disponíamos a cruzar por el paso de peatones, la concurrida avenida.
       Uno de los que conducía velozmente, adelantando a todos los demás vehículos como un loco, lo conocíamos de vista del barrio. Se trataba del orgulloso Pélope, que conducía un Poseidón Alado del 99, amarillo chillón para más señas, y con doble motor en V. El carro que le seguía de cerca, con la velocidad del rayo y poniendo en peligro a medio barrio, era el Ares Coupe, negro metalizado, de otro tipo del barrio, el arrogante Enómao, dueño de la pizzería Pisa&Olimpia.      
        Aunque, a decir verdad, el que conducía era Mírtilo, un tipo que tenía un taller mecánico dos calles más abajo y que había sido profesor de autoescuela.
       Los vecinos vociferaban y amenazaban con los puños a tan estúpidos amos del volante, y algunos no dudaron el telefonear a la policía mientras los dos vehículos se perdían por el final de la avenida mientras realizaban adelantamientos imposibles.
       Una bella y sofisticada joven exclamó, a nuestro lado: ¡¡Vuela Pélope, marfileño hombro!! Y Micho ronroneó: Duncan, ¿Tú entiendes algo de todo esto? Absolutamente nada, le contesté al albinegro felino.



 P.D: Al día siguiente nos enteramos por la prensa local que aquella carrera de carros había acabado, como era de esperar, en accidente mortal. El Ares Coupe de Mírtilo y Enómao volcó poco antes de llegar al Templo Corintio, octástilo, de Nuestro Señor de Poseidón de los Mares, Lagunas y Charcas (muy venerado a este lado del Guadiana), falleciendo Enómao en el siniestro… 

martes, 30 de abril de 2013

Ferretería Hefestos.


            Volvía de comprar el pan y la prensa económica de Micho I de Gato cuando vi una enorme algarabía en la avenida. Bajo un enorme rotulo que rezaba “Ferretería Hefestos”, se abría un nuevo negocio en el barrio, y la gente, curiosa, se apiñaba en sus escaparates en el día inaugural.

             Intrigado ante tanta expectación, no pude resistirme a la tentación de acercarme. El negocio ofrecía todo tipo de artículos de ferretería: Tornillería, cuerdas, cadenas, bombillas, maquinaria de todo tipo… Y no solo eso, sino que también productos artesanales que los propios ferreteros fabricaban en una forja en la trastienda: Anclajes, armaduras decorativas, cinturones y hebillas…Hasta castañuelas…

            …Por lo que pude oír, mientras visitaba maravillado el local, el negocio es familiar. Lo rige una pareja un tanto peculiar. Él, un tal Hefestos, es un tipo bastante feo, con pinta de lisiado y con una cojera muy visible. Ella, Afrodita, una bella joven que quita el hipo a cualquier mortal y que el día de la inauguración mostraba un generoso escote y un sublime cinturón, obra al parecer, de la forja de su marido.

            La gente en el barrio estaba encantada, y deseaban a la pareja el mejor de los éxitos. Algo que es difícil, porque la competencia en precio, no en calidad, de los chinos, la van a notar enseguida.

            Los empleados, gente joven, iban y venían por los pasillos, serviciales, atendiendo cualquier duda de la clientela. Cedalión, Alcón, Eurimedón… Rezaban sus camisas relucientes, y yo aproveché mi estancia para hacer una copia de llave y comprar un pegamento. En la puerta también compré un cupón de la ONCE (Organización Nacional de Cíclopes Españoles) a un cíclope, y vi como un tal Ares, un camorrista del barrio se enzarzaba a hostias con unos chicos en la esquina cercana bajo la atenta mirada de Afrodita que salió a la puerta a ver cuál era la causa de tanto alboroto…

            …Cuando llegué a casa, Micho I de Gato debatía con mi divina Atenea, la del peplo jónico y glaucos ojos, nacida de un dolor de tarra de su padre, la participación de Portugal en la Primera Guerra Mundial mientras tomaban un café con leche. “¿Hefestos?”, inquirió mi deidad con una ceja alzada. “Si yo te contara…”, bufó la Partenos justo en el mismo momento en que su búho se cagaba sobre mi taza recién servida…

lunes, 22 de abril de 2013

Cloris


…Perséfone paseó su minifalda, su exuberante cabellera  y su sonrisa por la avenida y dejó de llover. Pasamos del frío y la lluvia a los treinta grados y a las korés en tanga en apenas un par de días. Los Grifos llegaron y anidaron en los eucaliptos del vetusto Guadiana mientras que los estornudos alérgicos poblaban las calles de Badayork y los lotófagos trapicheaban con sus flores, recién llegadas de la isla de Yerba, que hacen olvidar a los que la consumen la crisis económica, los problemas familiares y hasta el nombre propio de cada cual…
… Yo corregía exámenes en los cuales se afirmaba “…Hernan Cortes fue un tipo que se alió con el Che Guevara  para luchar contra la dictadura déspota de Bill Gates…”, y  Micho I de Gato escuchaba Jazz en el Patio-Lavadero mientras leía un artículo periodístico sobre la situación económica en Tanzania y tomaba apuntes para un futuro libro sobre “Economía y Gatos en el África actual”, cuando sonó el timbre de la puerta.

 “Abre Duncan”, susurró con un breve maullido sin levantar la cabeza del texto y moviendo brevemente el rabo.
 Me levanté tras poner un 7,8 al examen que tenía en la mano, (había que reconocer que era de los mejores…), y abrí la puerta con fatigoso trabajo. Aún tenía que corregir cincuenta y tres exámenes más.

 “Buenos Días, caballero”, me sonrió una hermosa chica en el umbral mientras me extendía una mano con una tarjeta. Llevaba un ramillete de flores de diversos colores, el pelo recogido en una diadema de lirios y pensamientos, un sugerente escote y una nívea y amplia sonrisa que me alegró el alma casi tanto cuando se me aparece mi querida diosa, Atenea, tras tres absentas los sábados por la noche o mi musa, Clío, cuando me caigo escaleras abajo…

Tomé la tarjeta y leí: “Cloris y Céfiro. El Imperio de las Flores. Especialistas en todo tipo de Flores. Badayork”.  “Somos nuevos en la ciudad”, informó la chica mientras señalaba la tarjeta. “Yo soy Cloris”, dijo y volvió a sonreír.”Tenemos todo tipo de arreglos florales, todo lo que necesite: Bodas, Entierros…”.

 “Me gusta el Marketing de ir puerta por puerta”, le contesté. Y Cloris sonrió nuevamente. Me ofreció una Flor de Jara que acepté encantado y se despidió con un risueño guiño.

 “Una chica emprendedora, me gusta.”, maulló Micho, y yo no pude estar más de acuerdo con el gato-frac…

lunes, 1 de abril de 2013

"Hormigas negras de tamaño inusual, voladoras y torponas"



... Afuera llovía tímidamente y Micho I de Gato y yo mirábamos por la ventana del salón como la gente iba y venía por la Avenida, algunos cubiertos con paraguas de llamativos colores y muchos sin ese consuelo, pero inmunes a la lluvia primaveral. Algún fugaz Grifo cruzaba veloz el cielo, por entre las antenas de televisión y las parabólicas, buscando algún campanario donde anidar, y nosotros escuchábamos un solo de saxo muy bajito, imaginando un concierto de los que hacen época. Polifemo vendía sus cupones en el quiosco de la ONCE (Organización Nacional de Cíclopes Españoles) mientras suponíamos que escuchaba, ufano, la tertulia matutina radiofónica.
            En un escaparate donde anunciaban los inminentes Misterios Eleusinos, junto a su madre, Démeter (Profesora en la Facultad de I.T.A, Ingenieros Técnicos Agrícolas), la vimos. Sus desnudos brazos blancos y aquella melena difícilmente podrían haber engañado a nuestros sentidos. Se trataba de la bella Persefone, cuyo nombre nunca he pronunciado en voz alta, por miedo a que tanta belleza degenere en caos y destrucción. No sé veía por ninguna parte a su marido, el umbrío juez, ni a todo el sequito de siniestros abogados y fiscales que suelen acompañarle en comitiva en sus escasos paseos a la luz de Helios, liderados por Hipnos y Tánatos.
            En segundos, las nubes que cubrían el cielo y que amenazaban con redoblar su intensidad de aguacero, se disiparon. Desde la quinta planta, la pudimos ver sonreír al iniciar de nuevo el paseo de mano de su madre. Algún viandante se paró a observar el hermoso Arco Iris que nacía en el cielo, como un enorme arco del triunfo, y Micho I de Gato y yo comentamos que lo próximo que nos quedaba por ver es el regreso de esas hormigas negras de tamaño inusual, voladoras y torponas, que inundan la calle, las ventanas y los campos, cuando llega abril…

jueves, 28 de marzo de 2013

Lío en Leuctra.


… Es cierto, con Micho I de Gato no suelo alternar tanto como lo hacía con mi querido Michel IV de Gato, que desde hace algunos años ya está discutiendo en los Campos Eliseos sobre Revoluciones Sociales con algún pobre Olímpico, pero cada vez que salimos una de esas noches oscuras y frías, de garitos filosóficos y bombilla de veinticinco watios, nos encontramos a estos dos metidos en algún lío…
            …El pasado sábado fuimos a un local en la Avenida, refugio de solitarios y amargados, llamado “Leuctra”. Micho I de Gato conversaba con un tipo que teníamos junto a la nosotros sobre la Agricultura de Subsistencia en Kenya y yo saboreaba mi tercera hada verde mientras Bessie Smith me hablaba de mundos rotos con su blues casi olvidado. Entonces, sobre la dos y media de la mañana, entraron aquellos dos, y supe que la noche se iba a torcer. Una era rubio, flaco y fibroso, de ojos azules, y el otro un poco más alto, regordete y con barba. A pesar de su parecido, no eran Terence Hill  (mítica Mano Derecha del Diablo) y Bud Spencer, sino Epaminondas y su marcial colega Pelópidas. A los dos le di clase en su pueblo natal, Nueva Tebas del Guadiana, hace muchos años y los conozco bien, y por los rollos de los pueblos de la Vetusta Extremadura, de esos de quítame de allí aquellas lindes, se suelen llevar a matar con los habitantes de la Rivera de Esparta, otro pueblo de colonos cercano a Badayork…
            No sé como comenzó todo, pero el caso es que cuando me servía mi cuarta enmienda, el tipo con el que hablaba Micho, fue a aterrizar encima de mi mesa hecho un ovillo. El propio Micho, ágilmente, saltó a mi lado evitando una botella voladora y bufando al tiempo. Aquellos dos liantes no compartían la opinión generalizada que había en la sala, de mayoría espartana y espartista, sobre la Agricultura de Rozas y su relación con la Ganadería de Subsistencia de ciertos países africanos, y aquellos fue el detonante de una verdadera batalla campal a la que asistimos Micho y yo agazapados debajo de la mesa, en la que volaron vasos, botellas, guantazos y patadas y que fue conocida como la Batalla de Leuctra, con varios heridos, contusionados y un artículo de 150 palabras en la esquina de la página 17 del periodicucho local.
            Tras media hora de una coreografía de hostias bien repartidas, Epaminondas y Pelópidas salieron por la puerta mientras decían algo de ir a otro local llamado “Mantinea”, que al parecer está muy bien, y que Micho y yo memorizamos para no ir por allí ni aunque nos lo pidiese la mismísima Atenea, con su peplo jónico…

domingo, 13 de enero de 2013

Admeto y Alcestis


   … El ruido de la calle, provocado por el rugido de leones y el gruñido de los tercos jabalíes, era culpa del nuevo carro tuneado del nuestro admirable Admeto, que participó junto a Micho y a mí en nuestra aventura en busca del Guarrino de Oro (fue unos de los Bellotonautas. Ved entradas anteriores del blog).
Apagamos la voz de Billie Hollidays y dejamos la pertinaz lectura para observar, desde la ventana del salón, el revuelo levantado en la calle con el flamante carro adquirido con la nueva subvención del gobierno para la adquisición de vehículos nuevos y semi-nuevos, así como de “kilómetro 0”.
Admeto venía a buscar a su inminente esposa (ya que se casan este próximo fin de semana en el Templo Dórico hexástilo de Nuestra Señora de Artemisa), Alcestis, la hija de Pelias, el director de la famosa empresa Yolcos International, que vive en el tercero derecha.
Tanto el padre como la chica quedaron francamente admirados ante la presencia de Admeto al que deseamos todo lo mejor, y que venía acompañado del altivo Apolo, compañero mío en el club de Tiro con Arco (tiene y practica con un arco olímpico) y que me cae francamente regular al contrario de su hermana, Diana, que practica el Long Bow…
Les saludamos desde la ventana antes de partir avenida arriba mientras manejaban aquel admirable transporte, y Micho reparó, que en el níveo rostro de Apolo una sombra de preocupación se cernía, quizás relacionada con la joven pareja amiga que rezuma el amor y creemos que llevan la bendición de Artemisa consigo…

domingo, 9 de diciembre de 2012

Rutina...


...Y mi diosa, Atenea, bebiendo café en el salón con el buho, la niké y el peplo dórico, discutiendo con Micho sobre Stendhal. Y yo, con la bufanda puesta, me meso la barba mientras los oigo debatir y busco a Orión, con la mirada, tras la ventana que me ofrece los neones de la avenida...Jazz bajito, café, bufanda, agradable compañía. ¿Cómo quieres que cuente estrellas?.