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domingo, 25 de junio de 2023

El Guardaespaldas de Masud (Cartem Cómics, 2023) Jean-Pierre Pécau, Renato Arlem, Thiago Rocha.

 

       “El Guardaespaldas de Masud” (Cartem Cómics, 2023) es el primer título de una colección (a fecha de hoy desconozco cuántos títulos van a ser), que, bajo el epígrafe, “Historias de la Guerra” nos narra (en este primer tomo), la vida de Nikolai Bystrov, un soldado soviético, que, con 19 años es capturado por los grupos rebeldes afganos en la guerra que enfrentó a la URSS a Afganistán (1979-1989), y que, a la postre, acabaría convirtiéndose en su particular Vietnam.


       Bystrov, convertido al Islam, sobrevivirá toda la década de los ochenta y parte de los noventa convertido en el guardaespaldas de Masud, un Señor de la Guerra afgano, con el que va a llegar a emparentar al casarse con una pariente lejana de este.


       Cómic de tapa dura, de apenas 56 páginas, rematado por un fantástico dosier final, que, a modo de remate, nos añade información sobre la historia de Bystrov, incluyendo un contexto histórico, información de los personajes y situación, y fotografías del propio Bystrov de esta etapa de su vida.


        Con dibujo de Renato Arlem, color de Thiago Rocha y guion de Jean-Pierre Pécau (“Tiembla Roma”, “Esta máquina mata fascistas”, “La maldición del petróleo”), estamos ante un cómic fantástico en cuanto a la temática, su carácter didáctico, y lo bien documentado que se presenta. Sin duda, una buena opción para leer.

sábado, 1 de agosto de 2020

Ghosts of war (2020)



        “Ghosts of war” es una película que aúna dos de mis temas favoritos: El terror y la Segunda Guerra Mundial.  Parte de una idea original, que es precisamente esa, unir fenómenos paranormales a un pequeño grupo de soldados que se mueven por la Francia ocupada de 1944, aunque al final se va de madre, y mucho (aunque eso no lo voy a contar).

        Sin embargo, pronto comienza a fallar en algunos planteamientos, y esto pasa por no tener un asesor histórico, como por ejemplo (y no los voy a poner todos): Los soldados estadounidenses demuestran una brutalidad un tanto inusitada cuando se encuentran con un pequeño grupo de oficiales nazis (comandados por el “malo de Titanic”), a los cuales asesinan cruelmente a pesar de estar heridos y despojan de todo lo que llevan de valor (muelas incluidas). Esas acciones comenzaron a ser algo generalizadas tras la Batalla de las Ardenas (por Malmedy), pero antes, no se les ocurriría matar a un Mayor a sangre fría, por lo que yo sé (y algo, os aseguro, que sé).

        Posteriormente, se encuentran a unos judíos huyendo con el característico pijama de rayas por la mitad de la campiña francesa, algo bastante inaudito, cuando el único campo de referencia fue Struthof-Natzweiler (en Drancy eran agrupados y deportados, y el resto no llegó a ser liberados hasta prácticamente diciembre del 44 o final de la guerra), y el francotirador del grupo que se les acerca) viste una casaca alemana, algo también impensable, pues te montaban un Consejo de Guerra o un Juicio Militar por vestir el uniforme del bando contrario (que se lo digan a Skorzeny, que fue juzgado por ello en Nuremberg). Una cosa es que le robaras calcetines o botas a un muerto, pero de ahí a ponerse casacas, uniformes o chaquetas militares del bando contrario… Hay un paso.

        Más tarde, nos enteramos que la misión de los soldados es llegar a una vieja mansión, que fue Cuartel General Nazi hasta que la 82º Aerotransportada los echó de allí. Curiosamente, los soldados que relevan no les dicen que la Mansión está encantada (los fantasmas se comunican en morse y en inglés), y no solo eso, los nazis (cuyas insignias están mal presentadas) no se llevaron ni una sola obra de arte del S.XIX, no cuela.

        Después de todo esto, ya se les va la pinza a los guionistas en los últimos veinte minutos, y todas tus sesudas reflexiones se van por el retrete al ver por dónde van los tiros. No os quiero explicar por qué ni como, ya que mi intención es que veáis la película, aunque a mí, su final me dejó un tanto chooooffff, y creo que esta película podría haber dado más de sí, perfectamente.

miércoles, 29 de julio de 2020

The Outpost (2020)



        Hoy en día es muy difícil ver una buena película de cine bélico, y por ello quizás, no sea un género que se prodigue mucho en el blog. Por eso, cuando he visto “The Outpost” (2020), me he quedado bastante helado por un par de motivos.

        El primero de ellos, es que la película está basada en un hecho real, concretamente en “La batalla de Kamesh” que se desarrolló dentro de la Guerra de Afganistán. Un grupo de entre 300-400 insurgentes talibanes atacó un puesto avanzado estadounidense, colocado en mitad de un pequeño valle rodeado de montañas. El puesto estaba defendido por un grupo de 53 soldados estadounidenses y un puñado de soldados afganos de apoyo, que hacían equilibrios sociales para llevarse bien con una población civil que era claramente pro-talibán.

        El segundo de ellos, es que uno de los protagonistas de aquella batalla, hace de él mismo durante la película, y han sido parte de los supervivientes los que han ayudado a explicar de primera mano lo que fue aquel infierno del puesto de Keating.

        Con una duración de dos horas, la primera se basa más en explicarnos quienes eran los soldados ubicados en dicha base. Para ello, en la película salen subtítulos con el nombre y rango de ellos, aparte de que se va dividiendo en capítulos con el nombre de un oficial de la base. Durante esta primera hora, las escenas nocturnas son bastante abundantes y hay momentos en que no te enteras bien de la acción. Pero, el punto de inflexión, lo causa el amanecer del día de la batalla en sí. La narración se vuelve trepidante, veloz, brutal, y hay miles de disparos y explosiones realizados por un enemigo que les acosa desde las alturas, desde una posición ventajosa, y que es casi invisible. La locura se desata en esta segunda parte.

        Lo que no hay que perderse son los créditos finales. El primer lugar, aparece el actor y el personaje real. Y posteriormente, después de unos minutos, aparecen los propios soldados contando sus experiencias. Basada en un libro titulado “Pelotón Rojo” (Jack Tapper), desde luego, como os decía al principio, merece la pena.

miércoles, 22 de julio de 2020

Father Soldier Son (2020)



        En Netflix me encuentro este documental, “Father Soldier Son” (2020), que ha sido rodado durante diez años, en torno a la vida del sargento de los Estados Unidos, Brian Eisch, y sus dos hijos Isaac y Joey.

        Brian es un padre divorciado, que tiene la custodia de sus dos hijos, ya que su madre no quiere saber nada de ellos. Vuelve de una misión en Afganistán con una pierna chafada después de una emboscada por parte de los talibanes, y la vida de la familia cambia completamente. Brian encuentra a una nueva pareja, María, que junto a su hijo menor, se va a vivir con él y con Isaac y Joey. La amputación final de la pierna de Brian, hará que la familia pase por una crisis familiar, unida a la perdida de uno de los chicos Eisch, concretamente Joey, en un accidente.

        Es un documental duro, y lo interesante es ver cómo crecen los chicos, como Brian pasa de ser un tipo atlético y de carácter alegre, a un señor obeso con muchos traumas y dudas en su vida. Lo recomiendo.