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lunes, 7 de julio de 2025

La trama fenicia (2025)

 

       El director y guionista Wes Anderson no me tiene entre sus más celebrados seguidores, hay que reconocerlo. Aunque he visto al menos una media docena de sus películas, no me ha llegado nunca a enganchar nunca su estilo, excéntrico, único y muy visual, como dice la crítica profesional entre la que no me encuentro.

        Tampoco es que me desagrade sobre manera, y de hecho, hoy me he atrevido con “La Trama Fenicia” (2025) por darle una oportunidad y poder meterme de lleno en este tipo de cine que hace, que es muy visual, efectivamente, surrealista, a mi me recuerda vagamente a algunas cosas que hacía Buñuel, aunque Anderson no le llegue a los tobillos, y lleno de referencias de todo tipo, desde cinematográficas, hasta culturales y simbólicas, mezclada con una pizca de sátira, y enmarcadas en una fotografía de 35 mm en un ensayo que les llevó tres meses de rodaje en Postdam (Alemania), concretamente desde marzo hasta junio de 2024 en un mundo de papel cartón, primeros planos y estética cincuentera…

        Wes Anderson firma el guion, la dirección, y se hizo cargo de los cafés en el plató, todo muy Anderson.


        Cuando veo una película como “La trama fenicia”, me imagino a mi Yo de hace 40 años yendo a pases de cine independiente siendo apenas un crío. Estas películas me alucinaban, me enganchaban, y salía de la sala pensando que era un poco más intelectual que un par de horas antes.

        Ahora soy de los que piensan que si me gasto 15-20 euros en el cine, y veo algo de este tipo de cine, Andersoniano, el cabreo que me llevo a casa puede durarme un par de días y causarme una crisis de colon irritable. Porque ahora si veo referencias y ya estoy para pocas introspectivas cinematográficas, más que nada.

        El caso es que, ya que hablamos de dinero, la película costó 30 millones de dólares y recaudó a nivel mundial, 35, por lo que salvó los platos del puro milagro.


           Pero, ¿Qué nos vamos a encontrar en la narrativa de “La Trama Fenicia”? Pues una historia que tiene su “aquel”, que gira en torno a un excéntrico millonario, Zsa-Zsa Korda (Benicio del Toro), que ha sufrido ya seis intentos de asesinato, y que tiene cierta obsesión con su propia muerte (ahí es donde más he visto las referencias, en blanco y negro, al catolicismo surrealista de Buñuel).

           Zsa-Zsa es un magnate ricachón, mafioso en toda regla, que a lo largo de su vida se ha ganado múltiples enemigos que intentan acabar con su vida, aunque siempre sale bien, con alguna magulladura, pero vivo, pero que cree que su momento llegará más pronto que tarde, y decide que va siendo hora de pasar el relevo de sus turbios negocios a alguien de la familia.


           Tiene ocho hijos varones menores de edad, a los cuales apenas trata, y con los que no tiene casi nada de relación. Uno de ellos lo intenta quitar de en medio con una ballesta regalada por él mismo. Todo esto de la desestructuración familiar, la lejanía paterna, los malos rollos entre hermanos o el abandono, he podido comprobar que se repite en otras películas de Anderson, por lo que tiene que ser algo que realmente le obsesiona.

           Zsa-Zsa elegirá a su única hija para traspasarle sus poderes. Una joven monja novicia fumadora de pipa y con más pintura en la cara que un muñeco de circo, Liesl (Mia Threapleton, actriz de la que no había visto absolutamente nada hasta ahora, no os voy a mentir).


           Liesl no ve a su padre desde hace seis años y desconfía de él, ya que cree que él quitó de en medio en su día a su propia madre, y se suma a la iniciativa de Zsa-Zas al ver la probabilidad de averiguar ciertas tramas familiares, a la par de acercarse a sus abandonados hermanos.

           A lo largo de la película se van sumando, brevemente, otros miembros de la familia, socios y enemigos de esa trama fenicia que no deja de ser el gran negocio de infraestructuras (que unirían Europa y África) que Zsa-Zsa quiere montar antes de fallecer, o que lo fallezcan, teniendo a un secretario, Bjorn (Michael Cera), muy enamorado de Liesl, como espía dentro de casa.


           Entre los artistas invitados, haciendo cameos, o chupando cámara durante dos o tres minutos, tenemos a caras muy conocidas: Willem Dafoe, Tom Hanks, Scarlett Johannson, Benedict Cumberbatch, Jeffrey Wright, Rupert Friend, Bryan Cranston y otros tantos que ahora no recuerdo, que irán protagonizando escenas completamente surrealistas y delirantes en las que el peso de la narrativa lo llevan Zsa-Zsa y Liesl. A mí, personalmente, me ha gustado mucho el tratamiento que le dan a las granadas de mano.


           En definitiva: Sería que no tenía la tarde para muchas fiestas, pero a pesar de su correcto metraje de una hora y treinta y cinco minutos, “La trama fenicia” no ha llegado a convencerme del todo. Tiene un punto de obra teatral en sus primeros planos, en esas miradas al espectador, sobre todo en el personaje de Zsa-Zsa, que, si hubieran traspasado la Cuarta Pared, no me hubiera sorprendido. Muy Fellini, pero como en el caso de Buñuel, sin llegar a los tobillos.

           Esta es la típica película que en veinte años te dirán que es de culto, pero yo no le voy a dar más allá de 5 raspadete de nota. Hay que estar preparados, y a mi me ha pillado desganado o con la guardia baja. Se podría analizar en muchísima más profundidad, os lo aseguro, pero como dicen por aquí, no me vaga.

lunes, 3 de febrero de 2025

Nosferatu (2024)

 


           Estas pasadas Navidades, el 25 de diciembre de 2024 se estrenó “Norferatu”, y a pesar de traer unas premisas y un elenco de actores interesantes, me eché para atrás a la hora de verla en cines, porque pensé que se iban a cargar el clásico expresionista de Murnau, y porque sus dos horas y cinco minutos de metraje es algo que mi vejiga difícilmente podría soportar.

        Hoy, que ya la he visto, me arrepiento no haberla visto en pantalla grande, y es posiblemente, y creo que no exagero, una de las mejores películas de terror que he visto en el último año, y puedo decirlo con conocimiento de causa porque veo muchas, y reseño pocas.


        “Nosferatu” nació cuando Murnau a principios de los años veinte se le ocurrió la idea de hacer una versión cinematográfica de Drácula, pero sin que fuera Drácula, y así ahorrarse los Derechos de Autor que le hubiera tenido que apoquinar a la heredera de Bram Stoker fallecido curiosamente cinco días después del hundimiento del Titanic (en abril de 1912) … Dicha heredera era su mujer, Florence, que aun así les demandó después de estrenarse la película “Nosferatu”, y ganó, vaya que si ganó.

        En realidad, Florence se enteró de dicho estreno cuando le llegó información de manera anónima sobre la misma. Así que, aprovechando que estaba en bancarrota y viendo el cielo abierto, demandó y ganó el juicio, ya que el guionista de “Nosferatu” había copiado descaradamente la obra de su marido, Bram Stoker.


        El guionista, el britano-alemán Henrik Galeen, modificó los nombres, cambió Inglaterra por Alemania, eliminó algunos personajes y pasajes y creó a “Nosferatu” que es claramente una versión de “Drácula”, así que era imposible no ganar aquel juicio.

        En la demanda se pedía destruir todas las copias de la película, pero no lo consiguieron afortunadamente, ya que la película ya estaba ampliamente distribuida hasta por Estados Unidos, y nos hubieran dejado huérfanos de una de las grandes genialidades de Murnau. Curiosamente, lo que si permitió Florence fue la adaptación teatral de la obra de su marido. Así que “Drácula”, la obra teatral, se convirtió en un éxito.


¿Qué te vas a encontrar en la narrativa de esta nueva versión de “Nosferatu”? Estamos en la Alemania de la preunificación, en 1838. Concretamente en la ficticia, y muy ficticia ciudad de Wisborg (curiosamente los Wisborg son nobles luxemburgueses desde hace 120 años, un dato que os doy que no viene a cuento).

El joven Thomas Hutter y su joven esposa viven alegres y felices en dicha ciudad. Thomas trabaja en la agencia inmobiliaria de la época, dirigida por Heer Knock, un viejales que es en realidad un acólito de Nosferatu, nuestro vampiro de turno.


 Ellen tiene ciertas crisis nocturnas que le impiden dormir y llevar una vida tranquila, con pesadillas recurrentes bastante chungas y terroríficas, en las que aparecen sombras oscuras, políticos que prometen cosas y uñas hechas en un Tai de barrio.

Un día, el jefe de Thomas, le dice que tiene que irse de viaje a Transilvania, a la mitad de los Montes Cárpatos, a venderle a un viejo conde una propiedad, y que, como no han inventado internet, tiene que ir él allí personalmente.


Thomas coge el Pony Express, y se hace Alemania-Rumanía en una semana, más o menos lo mismo que Madrid-Badajoz en tren. Cuando llega, se mezcla con los lugareños romaníes que le enseñan las bellas tradiciones del lugar, como montar a tipas en pelotas a caballo, exhumar cadáveres, santiguarse todo el rato y otras chanzas.

Cuando llega por fin al Castillo del Conde Orlok, que es como se llama su anfitrión, cree por un momento que es Jim Carrey haciendo de Robotnik en la Saga de Sonic, pero pronto descubre que es un malvado vampiro que le ha hecho un par de agujeros en el pescuezo y lo tiene más tieso que la mojama.


Robotnik, digo… El Conde Orlok se pilla un pasaje en un barco para ir de Rumania a Alemania. En realidad, él no está interesado en el Chalet de 2500 m2 con piscina, seis habitaciones, tres cuartos de baño y cocina americana que le ha vendido Thomas, sino que más bien va a por Ellen, ya que él es el causante de sus pesadillas, sus malestares nocturnos, sus levitaciones y su colon irritable que hace que se lo haga encima cada diez minutos.

El barco que lleva a Orlok y a sus 2500 ratas de acompañamiento, está dirigido por unos rusos, y salen del Mar Negro, saltan al Mediterráneo, al Atlántico, bajan al Indico a ver como están las cosas por allí, suben otra vez y llegan a Alemania sin tripulación al cabo de tres meses y medio. Thomas vuelve a trompicones a casa en una semana y media, justo para asistir a la Fundación del Bayern de Munich.


Una vez allí, contratan a un viejo profesor terraplanista que colecciona pipas y gatos, el Profesor Albin Eberhart Von Franz, Catedrático en Filosofía y Letras por la Universidad de Extremadura, que enseguida se da cuenta de que lo que les pasa a la pareja Hutter es que, aparte del Spam telefónico que reciben a diario en la hora de la siesta, un vampiro bisexual los acecha.

Mientras se preparan para el combate final, Nosferatu/Robotnik hace de las suyas, cargándose a la familia de un amigo suyo que no creía en vampiros, en vacunas ni cosas parecidas. Aparte que su acólito Heer Knock se vuelve loco, cierra la Inmobiliaria y monta uno de los primeros Kebabs de Alemania con las ratas de “Nosfe”.


Al final resulta que Robotnik/Nosferatu lo único que quería es hacerle a Ellen La Caídita de Roma, pero el amanecer lo fastidia todo, como un lunes de febrero en el que tienes que ir a trabajar.

En definitiva: Buenas actuaciones, buenas interpretaciones de todo el elenco. Bill Skargaard como el Conde Orlok/Nosferatu/Robotnik lo borda, y hay que agradecerle que su personaje no haga Artes Marciales. Nicholas Hoult como Thomas Hutter también fantástico, me encanta la cara de pánfilo de este hombre. Lily-Rose Deep como Ellen también muy bien, y Willem Dafoe haciendo de sí mismo, que os puedo contar…


La película tuvo un presupuesto de 50 millones y ha recaudado al mes y medio del estreno 160 millones de dólares. Rodada en gran parte en la República Checa, está dirigida por Robert Eggers, que también se encarga del guion.

¿Nota? Pues de nota le voy a dar un 7. Me ha gustado mucho, se me ha pasado volando las dos horas de metraje y creo que merece (y mucho) la pena su visionado.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Kinds of Kindness (2024)


 

       Con un metraje de dos horas y cuarenta minutos, y con mucha tela que cortar de por medio, he tardado dos días, dos tardes, en ver la película irlandesa “Kinds of Kindness”, que en España no hemos traducido, y hemos mantenido en su título original, y ya es raro, porque solemos ser dados a las traducciones, y esta hubiera tenido un título tan sencillo como “Tipos de Bondad”.

        “Kinds of Kindness” nos presenta durante todo su recorrido tres relatos, tres historias, tres películas en una, a cual más surrealista, ida de pinza u onírica, según te pille el día, protagonizadas las tres por un cuarteto de lujo, que han debido tomarse este metraje, supongo, como un ensayo teatral, y como una especie de superación en plan “Yo puedo hacer esta ñorda, claro que puedo, carajo”.


        Nuestros héroes son: El primo perdido de Matt Damon, Jesse Plemons. Emma Stone, Willem Dafoe, Margaret Qualley, y entre los secundarios reseñables: Hong Chau y Mamoudou Athie.

         “Kinds of Kindness” es lo que llamamos “Cine de Autor”, y como suele suceder con este tipo de cine, y con el Independiente ocurre algo parecido, es que o lo enganchas tempranamente y te lleva en volandas o te pones a buscarle un sentido y no lo encuentras, y si la ves en pantalla grande, te sientes tan estafado, que cuando sales, te llevas un toallero o la tapa de un WC del Cine, para compensar las perdidas económicas, o el dolor de cabeza…


         Como os decía, la película está conformada por tres relatos. Las tres tienen en común a R.M.F, un tipo gordete, calvete, que no dice ni pio en toda la película, pero que es el hilo conductor de las tres narrativas., junto a un piano que es aporreado a ratos por las patas de una zarigüeya, y a ratos por alguien que ha equivocado las infusiones de estramonio con las de manzanilla.

        La primera historia, que es la que más me ha gustado de las tres, y lo de gustado ponerlo entre comillas, se titula “La Muerte de RMF”: en esta historia, un bigotudo Plemons estrella su coche contra el pobre RMF para hacerle la pelota a su jefe, Willem Dafoe, con el que mantiene relaciones chenchuales esporádicas, mientras Dafoe le da medicamentos a la mujer de Plemons para que no tenga hijos. Plemons es obligado por Dafoe a tener accidentes porque su obsesión es cargarse a alguien, y eso los pone a todos chenchualmente muy nerviosos, y excitados, como en la película del 96, “Crash”, pero como Plemons falla en sus intentos, le viene de todo encima hasta que lo logra… Surrealismo puro, ida de pinza brutal, diálogos escritos por un mono puesto de anfetas hasta el culo.


         En la segunda historia, “RMF está volando”, Plemons es un policía al que mentalmente le supera una cabra en bicicleta. Su mujer, que había desaparecido en un naufragio, vuelve muy cambiada y él sospecha que no es ella, por su manera de hablar, comportarse y porque está más salida que el pico de una mesa.

        Para comer, ella se corta un dedo y se lo da de comer. Y fallece cuando le pide que le cocine su hígado, algo a lo que ella accede, y se hace un harakiri antológico para sacarse el órgano, pero la crack no había medido que si te sacas tu propio hígado sin anestesia, es posible que te quedes en el sitio, algo que le ocurre mientras que Plemons recibe a su verdadera mujer que ha llegado a la puerta sin dar mayores explicaciones. Aquí el director, nos mete algo de escenas chenchuales, que junto al gore y la violencia, conforman un relato que te deja con el culo torcido y diciendo: ¿Qué carajo acabó de ver? Mención especial para un gato negro, que es lo único auténtico e interesante que vas a ver.

          Aquí corté, me fui a comprar orfidal a granel, y dejé la tercera historia para el día siguiente, titulada: “RMF come un sandwich”.


           En esta historia, Plemons tiene menos protagonismo, y va como disfrazado de alguien que no terminó la EGB ni a tiros. Emma Stone y Plemons buscan a una persona que sea capaz de resucitar a los muertos. Pertenecen a una secta dirigida por Willem Dafoe que se trinca todo lo que se mueve, vive a tutti plein y castiga al personal paseándose con un bañador naranja que debería ser delito federal. De manera muy parecida a la primera historia, el personaje de Stone pierde el favor del Amado Líder, y ve necesario encontrar a esa persona que busca la secta desesperadamente, encontrándola en una clínica veterinaria, siendo testigo de como resucita a RMF que estaba muerto.

Entonces, la droga, la secuestra y cuando la lleva camino de la Secta, tiene un accidente y la veterinaria rompe la luna del coche muriendo en el acto. Reconozco que aquí me desternillé de risa, junto a una escena donde la veterinaria, Margaret Qualley, se tira a una piscina vacía para demostrar sus diabólicos poderes de resurrección.

          En los créditos finales, vemos a RMF manchándose la camisa con Ketchup mientras se come un perrito, no un sándwich.


           En definitiva: Película para los muy cafeteros, entre los que no me encuentro actualmente. Hace 35 años hubiera flipado con esta película, pero hoy por hoy la veo tremendamente absurda, larga y un tanto bodrio. Técnicamente abusa del picado bajo, pareciendo que está rodada por un cámara de rodillas o directamente sentado en el suelo. Tiene un par de puntos, que, de absurdos, me han hecho soltar una carcajada. De nota le doy un 4, y la dejo a vuestra entera elección, puedo entender que esta película pueda gustar a cierto publico, pero conmigo no ha funcionado… La dejo por aquí.

martes, 17 de agosto de 2021

El Faro (Amazon, 2019)

 

        Guiado por las buenas críticas, y por la presencia de Willem Dafoe, todo hay que decirlo, me he metido de cabeza en “El Faro” (Amazon, 2019). Spoilers a cascoporro, como debe ser.


        Para comenzar, lo primero que llama la atención es que la película está rodada en blanco y negro, con un formato poco habitual 1:19.1, que parece meterte en una atmósfera un tanto asfixiante, ya de entrada.


        En la narrativa, tenemos a dos fareros que llegan de relevo a una pequeña isla perdida de la mano de Dios. Pronto, ya desde el inicio, las malas relaciones entre ambos les llevan a situaciones surrealistas, protagonizadas por visiones de gaviotas tuertas, masturbaciones, sirenas (tal cual, Freud se pondría las botas con esta película) y malos tratos por parte del jefe respecto al chico, que debe hacerse cargo absolutamente de todos los trabajos duros.

        La bebida, las borracheras, comienzan a ser habituales y cuando parece que van a ir a por ellos para el relevo, no aparece nadie, lo cual les lleva a volverse más locos si cabe, donde las supersticiones comienzan a cobrar vida.

        La película dentro del género del terror psicológico no es para ponerse a temblar, pero reconozco que harías las delicias de Poe, Hitchcock, o siendo más patrios, a Ibáñez Serrador.

         Los primeros planos, de frente, en picado, las referencias bíblicas y marineras están muy bien durante una hora, pero las dos horas largas de la cinta hacen que comiences a mirar el reloj cada treinta segundos. Me imagino a cualquier crítico cinematográfico, en la puerta del cine, con cincuenta kilos de más y cigarro en la mano diciéndote que estamos ante una obra maestra, pero a pesar de buena, no es así. Colecciona una docena de premios de todo tipo, y el ahorro en actores (3) es de agradecer, pero aparte de rayarte, puede llegar a aburrirte por momentos, y la media hora… Pues claro que le sobra media hora larga, perfectamente.