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martes, 28 de mayo de 2019

El perdón y la Furia (Museo Nacional del Prado, 2017) Antonio Altarriba, Keko



          Hace unos años, me leí “Yo, asesino” (Norma, 2014) de Antonio Altarriba (“El ala rota”) y Keko, aunque no llegué a escribir nada sobre el tema en el blog. El cómic me encantó, como todo lo que he leído de Altarriba, cuyo “El arte de volar” me dejó anonadado de lo requetebueno que es.

        En “Yo, asesino”, Enrique Rodríguez, un tipo de 53 años, profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco, que se encuentra en la cima de su carrera, aunque con bastantes piques profesionales, se dedica a hacer del asesinato un verdadero arte, dejando un camino de cadáveres allá por donde va.

          Ahora, me he hecho de “El perdón y la Furia” (Editado por el Museo Nacional del Prado, 2017), con guión de Altarriba, con el dibujo expresionista de Keko a cargo. Blanco, negro y rojo marcan este peculiar cómic, donde, otro profesor de Historia del Arte, Osvaldo de la Universidad de Salamanca, ha perdido la chaveta completamente, y busca emular, ser, el propio José de Ribera “El españoleto” en la senda de encontrar lo místico, lo cruel, el tormento en su obra… Estudiando su vida, su pasado y su arte, completamente en pelotas, y no parando ante nada…

         El cómic es muy entretenido, en la línea de “Yo, asesino”, incluso en una de las viñetas, he reconocido a Enrique Rodríguez, por lo que hay cierta vinculación entre ambas historias. Con este, me he comprado, igualmente “Yo, loco” (Norma Editorial, 2018), que es la segunda parte de lo que los autores han dado en llamar “La trilogía egoísta”, que acabará con la aparición de “Yo, mentiroso” (“El perdón y la furia” sería una especie de spin-off en este entramado). Con “Yo, loco” me pondré en breve, pero, desde luego, el tándem Altarriba-Keko es de lo mejor que os vais a encontrar. Arte, sangre, asesinatos, crueldad, locura… Y todo en cómic. No se puede pedir mucho más. Lectura imprescindible, no lo dudes.

jueves, 18 de abril de 2019

El tríptico de los encantados Una pantomima bosquiana) Museo Nacional del Prado, 2016. Max



        La obra de Jheronimus van Aken, conocido por estos lares como El Bosco (1450-1516), ya ha cumplido los quinientos años largos, y parece que es de ayer. De alguna tendencia artística medio loca de principios del S. XX, o de la imaginación de alguien que tiene un “Horror vacui” del copón, pero que vive en Nueva York. Fue, y sigue siendo, transgresora, inquietante y original.

        Quizás por eso, porque se atrevió a pintar al hombre, tal cual es, por dentro, y no por fuera, como hacían los demás (según Fray José de Sigüenza), El Bosco pasó a formar parte de uno de los iconos más fascinantes de la Historia del Arte Universal. Si hubiera hecho lo mismo que se hacía a finales del S. XV, tal vez, hubiera sido, y digo tal vez (¡Ojo!) uno más entre un catálogo de pintores.

        Pero no. No fue ese su camino, y nos legó un extraño mundo de seres fantásticos, inimaginables y extraños para cualquier imaginación media, en situaciones muchas veces incomprensibles, adelantándose a los surrealistas y a su interés por el mundo y las incoherencias de los sueños.

        En “El tríptico de los encantados” (Museo del Prado, 2016), una pantomima bosquiana de Max, nos encontramos con tres temas pictóricos muy conocidos de El Bosco: “La extracción de la piedra de la locura”, “El jardín de las delicias” y “Las tentaciones de San Antonio Abad”, en cómic, y cargados sus personajes de mucho humor, cobrando vitalidad y mostrándose como en un gran teatro de lo absurdo y de lo irreal.

        Es un cómic que se tarda cuatro minutos en leer, pero, como la obra de El Bosco, una eternidad en comprender. A mi me ha gustado mucho.