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viernes, 19 de diciembre de 2025

Predator: Asesino de Asesinos (Disney, 2025)

 

He llegado a “Predator: Asesino de Asesinos” con varios meses de retraso, como suele ser habitual, por otra parte, en mí. Hacía mucho tiempo que no veía, ni comentaba una buena película de animación, y esta ha sido, como afirmo en la miniatura del vídeo, una animación fantástica.

Cuando en 1987, el Chuache y su equipo de machacas tropezaron con el cazador extraterrestre (comúnmente llamado Predator) en la jungla, nadie imaginó que aquel monstruo espacial y despiadado se convertiría en toda una saga que mutaría en cómics, películas, secuelas, spin offs y crossovers con otros peligrosos extraterrestres… Y, sin embargo, aquí estamos, ante una película que me ha parecido, ya os lo adelanto, una auténtica pasada dirigida por Dan Trachtenberg (que es el responsable de “Prey”, 2022) que convierte al Depredador en el punto de unión, en el nexo en común, de tres relatos encadenados que van a desembocar en una historia llena de acción, sangre por hectolitros, cortes y muertes truculentas, y con la libertad técnica que ofrece este formato, la animación… Aparte de guiños, algunos más claros que otros, y que los muy fans de la saga, estoy convencido, pillarán al vuelo…


Estrenada internacionalmente por Disney el 6 de junio, y con un presupuesto de 60 millones, “Predator: Asesino de Asesinos” tiene un metraje de poco más de una hora y veinte minutos, y una sinopsis interesante, articulada en tres historias, que confluyen en una.

Los Predators se plantean ponerse a prueba con los guerreros más fuertes del Planeta Tierras, y los elegidos son tres, de tres épocas distintas: Una vikinga, un ninja/samurái japonés, y un mecánico de cazas de la Segunda Guerra Mundial, reconvertido en piloto.

        La primera historia se titula “El escudo”, y nos lleva hasta el S.IX, en pleno apogeo vikingo por el Mar del Norte. Seguimos a Ursa, una guerrera vikinga que, con su hijo Anders, busca venganza desde hace décadas contra un jefe rival, con pinta de ruso, que le hizo asesinar a su propio padre siendo ella niña. Ursa llega a salirse con la suya, justo en el momento en que aparece un Predator y a pesar de que acaba con él, su hijo Anders cae en combate. Al final: Ursa despierta encerrada en una celda de una nace Predator con otros dos humanos (conexión con los otros relatos) que se nos vienen.


 El segundo, “La espada” (nos lleva hasta el S.XVII, a un Japón dominado por los shogunes) — Dos hermanos se entrenan y luchan por la sucesión de un señor de la guerra. Rivales desde la infancia, en la adultez, uno ha llegado a ser Señor de la Guerra, y el otro le intenta arrebatar el poder, asaltando su Castillo, aunque antes de que acabe el duelo, aparece el Predator de turno, y ambos deberán luchar contra él, quedando en pie solo uno de los hermanos, que acaba en la misma celda que Ursa y otro humano.

La tercera historia, “La bala” (nos lleva hasta Segunda Guerra Mundial). Torres, un joven estadounidense, mecánico de cazas de combate, se verá envuelto en un combate aéreo contra una nave Predator después de que caiga toda su escuadrilla, y aunque se alza con la victoria, acaba en la misma celda alienígena.


En la historia final, los tres humanos coinciden en una especie de anfiteatro que se tienen montado los Predators, y donde quieren que luchen entre sí, siendo el último superviviente el que deberá derrotar al Jefe Final, un “Predator Superior”.

Aunque al principio, Ursa parece querer seguir el juego, finalmente, colaboran entre los tres para intentar una huida, que acabará con el japonés y Torres huyendo, mientras son perseguidos por naves Predators…


Ahora bien, donde he dado el bote, ha sido en su escena final, muy parecida a la de “Indiana Jones y El Arca Perdida”, donde los Predators guardan a especímenes guerreros, criogenizados, y podemos ver a Naru, la protagonista de “Prey”. Así que, queda claro que la continuidad de la saga… Habrá que enterarse cómo acaba esa huida.

Tengo previsto ver y reseñar “Predator: Badlands” próximamente, aunque, hasta donde sé, no sería una continuidad de esta película. “Predator: Asesinos de Asesinos” creo que se merece un 7 de nota. Me ha gustado mucho, he disfrutado de las historias, sobre todo las dos primeras, de la paleta de colores y de toda esa acción trepidante que solo una buena película de animación te puede proporcionar. La recomiendo.

domingo, 6 de abril de 2025

Una película de Minecraft (2025)

 

         Tener nenes en casa conlleva que tengas que ver alguna película dirigida para ellos de vez en cuando. Afortunadamente no ha sido la última de “Blancanieves”, si no “Minecraft”, que también es mala, pero no la considero tan mala como la película protagonizada por Rachel Zegler.

        La hora era las cuatro de la tarde, después de comer, hora siestera, y de hecho me he llegado a dormir un rato (al parecer, porque me despertaron) durante la proyección.


        La sala, a la mitad, todos éramos padres/madres con nenes, familias enteras, y los nenes no paraban de dar botes de alegría en los primeros compases de la película, mientras uno se santigua ya desde el primer minuto, y llega a pensar que Jack Black es una especie de friki todoterreno que no sé cómo lo hace, pero consigue estar en todas las producciones relacionadas con juegos, videojuegos o el rollo friki de turno. Es Bowser en la película de Super Mario Bros, salía en Jumanji, en Borderlands, en Kung Fu Panda, en The Mandalorian… Y si puede, te mete algo de rock, aunque sea de pasada, lo cual es de agradecer, aunque ya sea anacrónico en este final de cuarto de siglo donde los nenes te preguntan qué es el rock, o el heavy metal…

        Antes que nada, tengo que reconocer que no conozco mucho del Universo Minecraft. Me pilla muy mayor, y yo siempre he sido más de las arcades antiguas, de las recreativas como Captain Commando, Cadillacs y Dinosaurios, Street Fighter y juegos por el estilo que hace cuarenta años lo petaban…


        Entiendo que Minecraft es un juego muy creativo, con el que la nena que tengo en casa se ha tirado horas y horas, sobre todo durante la pandemia, y que es muy bueno para fomentar su imaginación. Yo he visto hacer casas, gallineros, torres, luchar contra esqueletos y escuchar a los aldeanos decir: Jummmm, o algo parecido. A lo que si jugué en su día fue al Minecraft Dungeons, que lo compramos en 2020 y me tiré media pandemia enganchado a él, aunque no me lo he llegado a pasar ni por asomo. Demasiados miles de monstruos por eliminar.

        Hay que reconocer que Mojang, los estudios creadores de Minecraft lo han petado con el juego que creo que ya ha cumplido quince años, y que tiene diferentes versiones, modos de juego y un mercadeo brutal de camisetas, llaveros, muñecos y miles de fans por todo el mundo.


        Por eso, la llegada de la película Minecraft era esperable. Lo que no esperaba es que fuese tan mala en su narrativa, por lo menos para mis ojos de Boomer, aunque los críos del cine la han disfrutado mucho y la han llegado a aplaudir al final, y también reconozco haberme reído con alguna escena y algún guiño, como os decía antes, al rock y al heavy metal, algo también esperable con Jack Black por medio, que le sale la vena “Escuela del Rock” a la superficie y no es capaz de evitarlo, y más si tienes de compañero de reparto a un Jason Momoa en plan heavy ochentero, cuadrado, barbudo y peludo, y vestido con una chaqueta de flecos rosa. Todo un ser en extinción, como las recreativas que os comentaba antes, y bastante absurdo en su concepción, como tendero de una tienda de videojuegos antigua, muy al estilo de los videoclubs que lo petaban hace algunas décadas, y campeón del 89 de un videojuego que no es más que una excusa, ya que sus supuestas habilidades de gamer no la vamos a ver realmente en la película, ni siquiera en su modo lucha, cuando le toca, que es en un par de ocasiones. Suele cobrar más que dar. A mí, como me va el rollo heavy y rock, me ha gustado la referencia, pero los nenes no lo han entendido, seguramente.

        Rodada en Nueva Zelanda, por un equipo que ya había trabajado en anteriores películas y producciones (incluso los actores), con un presupuesto de 150 millones de dólares y con una recaudación de 60 millones solamente el primer fin de semana de su estreno a nivel mundial, Minecraft tiene un guiño al youtuber Technoblade, fallecido en 2022, y que era un auténtico crack del juego (sale un cerdito con corona, y dicen “Es una leyenda”)…


Aunque su narrativa, la narrativa de Minecraft, no tiene demasiado sentido en mi opinión, siendo una mezcolanza de muchas cosas a la vez que por mucho que se intente, no pega bien en la pantalla, y a veces, cuando estaba despierto, me parecía que todo era una excusa que se desarrollaba en torno a un histriónico Steve, el personaje interpretado por Jack Black, que intenta focalizar todas las miradas en sí, y del que se nota que es un fan del juego, eso seguro.

Y tras una hora y cuarenta minutos de metraje, llegas a la conclusión de que sobran prácticamente el resto de los actores. Jack Black, Steve, podría haber hecho la película él solo, y quizás en compañía de una tal Alex que solo se presenta en una escena post-créditos, al estilo de los finales de Sonic que van presentando nuevos personajes.


        Vamos al lio: Una pareja de hermanos, Henry y Natalie, llega a una ciudad perdida del Medio Oeste americano. Han perdido a su madre hace relativamente poco, y Natalie, que aparentemente acaba de salir de la adolescencia, se echa la manta a la cabeza para comenzar una nueva vida y hacerse cargo de su hermano. Al padre no lo nombran, y no sabemos nada al respecto. En la peculiar ciudad, donde todos son muy raros, destacan Garrett Garrison (Jason Momoa), heavy y antiguo campeón de un videojuego de lucha del 89, algo que es completamente irrelevante, y Dawn, una tipa que hace de todo y que es la primera persona que conocen los chicos al llegar a su nueva casa.

        Previamente, Steve (Jack Black) un tipo de la ciudad obsesionado por las minas desde pequeño que desapareció 20 años atrás, más o menos, llega a la Superficie (Minecraft) después de haber picado en una mina que hay a las afueras de la ciudad durante 20 minutos. Encuentra unos cubos de Rubik que une y voilá, en Minecraft con lobos, ovejas rosas y abejas del tamaño de un F-5, y tras algunas aventuras acaba en mano de la Reina de los Piglin, que son unos cerdos-orcos que quieren los orbes para conquistar el mundo.


        En una subtrama, uno de los aldeanos viene al mundo real y protagoniza un par de escenas románticas delirantes, sin decir más que “Juummm”, y nuestros protagonistas acaban en Minecraft después de que Garrett se haga con los cubos en la subasta de un trastero (aquí hubiera estado bien algún cameo de algún habitual de los programas, como Mary Padian, Dave Hester o Darrell Sheets).

El resto, ya os lo podéis imaginar, ya que la película es predecible y previsible como ella sola, con 5 personajes con sus 5 arcos argumentales en vez de 2 (que es lo que debería haber sido), pero con unos efectos especiales requetebuenos, muchos guiños al juego, y un final que deja abierta una nueva película, que hoy por hoy, no sabremos si saldrá…


Nota: Un 4. El ordenador no salva una película, que, a pesar de que esté dirigida para niños, no se los toma en serio, y ellos son los más exigentes. Los personajes femeninos, por cierto, está ahí de pasada. Una película con dos personajes, más fiel al juego, lo hubiera petado.

viernes, 19 de julio de 2024

El Imaginario (2023)

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         Que hartera de llorar con la película “El Imaginario”… Ay, es que a uno le pilla el momento sensible, y es un no parar. “El Imaginario” es una película de animación japonesa de 2023, que en su planteamiento, en su estructura, no llega a ser original, porque historias parecidas de perdidas, encuentros y posteriores perdidas finales, las hemos visto ya varias veces en cintas de animación…

         Pero la verdad es que no te importa que te la vuelvan a contar una vez más, en una nueva y bonita vuelta de tuerca. Es como aquella frase mítica de “Casablanca”: “Tócala otra vez, Sam”, y disfrutas desde el primer momento de la tonada, aunque ya sabes como va a acabar todo.


        “El Imaginario”, como os decía, es una película de animación japonesa de 2023, basada en la novela del inglés A.F. Harrold, con dibujos de Emily Gravett, que ha tenido bastante éxito entre el publico infantil, y no tan juvenil, de hecho Bayona ha llegado a decir refiriéndose al libro: “He tenido la suerte de descubrir de adulto el libro que me habría encantado leer de niño”.

          La película es la tercera en nómina de los Studios Ponoc, fundado en 2015, y que bebe en gran parte de los míticos Studios Ghibli, que es de donde proceden gran parte de sus trabajadores. Como curiosidad, la película en Japón se ha titulado “Rudger en el Ático”, y la novela original se titula: “Los Imaginarios”.


        En la narrativa tenemos a Amanda. Una nena que ha perdido a su padre, con el que tenía una fuerte vinculación. A la perdida del padre, se suma la ruina de la librería familiar, a la que la madre le está poniendo cierre inminente y acabando con los últimos stocks.

        Con ese escenario, Amanda, de desbordante imaginación, se refugia en mundos de fantasía donde vive aventuras extraordinarias junto a su amigo imaginario, Rudger, un chico rubio de su misma edad, con el que tiene establecidas tres reglas, que ya te sueltan desde los primeros minutos, y que si uno es un poco avispado, ya sabe que la narrativa se va a estructurar en ellas, y más cuando lo repiten varias veces… Te dices: esta es la estructura que se va a dinamitar, o a tambalear al menos. Dichas reglas son: Nunca desaparecer, Protegerse mutuamente y no llorar.

         Las reglas lo mismo te valen para un amigo imaginario, que para un tratado militar en el marco de la OTAN.


           Un día, por la librería, se presenta el hermano perdido del Doctor Robotnik, pero sin erizo azul a su vera. En su lugar, el Sr. Bunting, que es como se llama este personaje que recuerda a otros tantos de los Studio Ghibli, ya que la sombra de Miyazaki es alargada, va acompañado por una versión fantasmal de “Miércoles Addams”, o “Merlina Addams” como es conocida en Hispanoamérica.

         El Sr. Bunting es un devorador de imaginarios, con un olfato que dejaría en ridículo a un Fox-terrier, y que descubre en Rudger un auténtico manjar. Además tiene una boca que parece un túnel de metro, con grafitis incluidos, y un poder de succión estomacal propio de una aspiradora industrial.


        Bunting quiere devorar a Rudger, y aprovecha el estado de coma de Amanda, que sufre un accidente de tráfico al verse amenazada por el propio Bunting, para perseguirlo.

         Solo, Rudger tendrá que confiar en otros imaginarios, que viven en una biblioteca, para sobrevivir, no desaparecer, no ser devorado, y de paso, intentar recuperar a su amiga Amanda, con la que sigue sintiendo una gran vinculación, mientras sostiene una batalla épica y un tanto desigual contra Robotnik… Digo, el Sr. Bunting.


         En definitiva: “El Imaginario” es una de esas películas, que, aparte de tocarte la fibra… Yo me harto de llorar como una magdalena... Toca o va tocando a lo largo de su hora y cuarenta y cinco minutos de metraje, otras tantas cuerdas: El hacerse mayor o adulto por parte de los niños, que van perdiendo amigos imaginarios por el camino, fantasía, creatividad… La perdida de seres queridos, o incluso la muerte y desaparición no ya de un ser querido, sino de uno mismo, algo que es inexorable… Igualmente, maneras de afrontar tristeza y soledad… El papel de los libros y de la imaginación en nuestras vidas, y otras tantas lecturas que se le pueden sacar a la historia. Llama la atención que, de los amigos imaginarios, solo dos tengan forma humana, y las referencias a Beethoven y a Picasso, en cuanto al tema de la imaginación.

          En definitiva: Yo le doy un 6,5 de nota. Es previsible como ella sola, pero juega muy bien con el drama, y sabe tocar, como os decía anteriormente, las fibras que hay que tocar...

sábado, 8 de junio de 2024

Mi Querida Oni (2024)

 

        ¿Es oro todo lo que reluce en el mundo del anime? En mi opinión no, y a pesar de que suelo traer películas tanto al blog como al canal para recomendaros su visionado, al menos en una ocasión, con notas dispares, “Mi Querida Oni” que es una de esas novedades que nos ha traído el 2024, me temo que no es de las mejores que haya visto… 

        Del director de “Amor de Gata”, Tomotaka Shibayama, y de “Studio Colorido”, nos llega este anime de una hora y cincuenta minutos, que reconozco haber visto en familia y en dos partes, y que nos ha dejado tan fríos como los Dioses de la Nieve que pueblan sus escenas de acción, y cuyo máximo interés narrativo descansa, curiosamente, en los créditos finales y en las escenas que nos va regalando el film en su agonía final, mientras nos vamos despidiendo de los personajes…


         El problema de esta película no es su nivel técnico, ni musical, ni visual, aunque los llamados Dioses de la Nieve sean un tanto cutres… Es una narrativa donde el protagonista aburre a las moscas, la química entre chico y chica está muy forzada y parece querer contar muchas cosas en poco tiempo, y en dos partes demasiado diferenciadas.

       Con una primera parte, que parece un viaje iniciático, una "road trip", donde se van encontrando con diversos personajes con los que nuestros dos protagonistas conviven y van conociendo, para pasar a otros en su viaje y así sucesivamente en un viaje incierto a un antiguo templo… Y una segunda parte, dentro de una realidad mágica, donde los Oni han sustituido a los humanos, y asistimos a una lucha sobrenatural entre ellos y su supervivencia contra los antiguos y adorados Dioses de la Nieve que se han venido arriba y se han convertido en enemigos formidables.


       Muy resumidamente, en la narrativa: Tenemos a Hiragi, un chaval de secundaria al que le cuesta expresar sus sentimientos, del que se aprovecha hasta el más tonto de la clase y es continuamente utilizado. Un día, tras regresar de un festival, donde ha tenido que hacer de novio de una compañera de clase, conoce a Tsumugi, una Oni o demonio con un cuerno en la cabeza y colorido pelo, a la que se lleva a casa donde a las primeras de cambio son atacados por un Dios de la Nieve, una especie de gusano traslucido a la que se le ven las tripas y que porta una máscara.

       Escapan de casa ambos, Hiragi y Tsugumi, y comienzan un viaje que manteniendo las debidas distancias me ha recordado un poco al que asistimos en la película “Suzume”, con enemigos similares. Tsugumi quiere llegar hasta el lugar donde están los Onis, donde desapareció su madre e Hiragi se une a dicha aventura de auto-stop y carretera y manta, con la personalidad de un besugo, y manteniendo entre los dos una relación que yo he notado fría, distante y poco creíble… Sucediéndose toda una serie de situaciones que logran resolver sin mucha dificultad y en la que muchas veces los adultos con los que tratan, sus padres por ejemplo, se comportan como auténticos idiotas… Además de que las subtramas tampoco ayudan mucho a darle tirón.


         En definitiva: La vimos en dos partes, porque ya a los veinte minutos comentamos en casa todos que no nos estaba gustando a ninguno, pero creímos que debíamos darle la oportunidad de la que antes os hacía referencia… Craso error… No nos ha logrado enganchar, no nos ha conseguido despertar la chispa o el interés de otras producciones, no emociona y es una pena… De nota, le doy un 4, y espero vuestras opiniones y comentarios al respecto… ¿Y a vosotros, que os ha parecido… “Mi Querida Oni”?

jueves, 18 de abril de 2024

Suzume (2022)

 

       Desde luego… Qué hartera de llorar con los diez últimos minutos de “Suzume” (Netflix, 2022), película de animación japonesa, de dos horitas de duración, que me he tragado sin llegarme a enterar bien de algunas partes, todo hay que decirlo y reconocerlo…

        Hacía tiempo que no veía ni comentaba ninguna cinta de animación, y lo primero que me ha salido hoy en la plataforma ha sido esta película, que viene con guion y dirección de Makoto Shinkai, que los más sibaritas y avispados entre vosotros, relacionaréis con la exitosa película “Your Name”, que fue un auténtico bombazo allá por 2016, y que, por cierto, tenéis comentada en el blog, o de la más reciente, “El tiempo contigo” (2019).


         En la narrativa de “Suzume”, seguimos los pasos de una joven de 17 años, Suzume, que vive con su tía desde que perdiera a su madre en un tsunami con cuatro años. Un día, se encuentra a un guaperas, melena al viento, por el que siente una atracción desde el minuto uno. El tipo viene preguntando por unas ruinas y una puerta, lo más normal del mundo, y la chica más o menos le indica. Curiosamente, a ella le da tiempo a ir a clases, comprar en el Mercadona y hacer mil cosas más cuando decide ir a donde había mandado a Souta, que es el chico en cuestión, encontrando rápidamente una puerta en mitad de lo que antiguamente fueron una termas. Junto a la puerta hay la estatua de un gato, algo que enseguida va a rapiñar, decisión, por cierto, que también hubiera tomado yo.

          Al sacar al gato de su sitio, este toma vida y se escabulle, y entra en escena un peculiar enemigo en forma de gusano, que hay que encerrar según le cuenta el recién llegado Souta, que había llegado al lugar haciendo una parada en Albacete. El gusano es el causante de los terremotos que se suceden a lo largo y ancho del país. En la lucha contra los elementos, Souta es herido en un brazo, y Suzume se lo lleva a casa para curarlo con el kit de la Señorita Pepis. En ese momento, el dios-gato, llamado Daijin, se les aparece en la ventana, y tras darle de comer una lata de sardinas en escabeche, transforma a Souta en una silla de guardería a la que le falta una pata y huye.


       Suzume, que se ha dado cuenta de que está enamorada de aquella silla, inicia una road movie por todo Japón, persiguiendo al dios gato que aparece cada vez que se abre una nueva puerta con el consiguiente gusano, y silla a cuestas, va conociendo a gente en su nueva misión de cerrar portales, mientras demuestra su amor por la silla que se pasa media vida durmiendo, y su pasado y la perdida de su madre le atosiga… En muy resumidas cuentas.

        Tiene la curiosidad, “Suzume”, que es una película en la que los protagonistas van visitando lugares que realmente han sufrido desgracias naturales, como Tokyo, Kobe o la radioactiva Fukusima, cerrando dichos portales que van surgiendo allí, un guiño en toda regla al espíritu de lucha del pueblo japonés ante las desgracias, aparte de algún guiño en forma de caja de recuerdos a la película “Viaje a Agartha” (2010) del mismo director, que en Hispanoamérica se conoció en su día con el poético título de “Los niños que buscan voces perdidas”…


       Es una película, hasta donde he logrado entender, cuya moraleja, o al menos una de ellas, es que hay que cerrar puertas, y dejarlas bien cerradas, para que no salgan cosas que puedan provocar terremotos. Si a ello le añadimos gatos, mitología nipona y una chica enamorada de una silla, tenemos el cóctel perfecto.

        En definitiva: A pesar de que hay momentos en que cae el ritmo, tiene momentos en los que te toca la fibra, sobre todo aquellos en los que en las ruinas la gente del pasado cobra vida y vuelven a estar allí. Emocionantes últimos diez minutos, y muy buena banda sonora, que incluye algún tema de jazz pegadizo, y que me ha recordado a aquellos míticos grupos japoneses de los 80-90, no me preguntéis nombres, que solían tener en las portadas de sus discos coches deportivos al estilo “Out Run”, o simples utilitarios, y que uno de los secundarios, pone en un momento determinado en su flamante descapotable. Esta es la típica película que gustará a gatunos, carpinteros y cerrajeros, y que no podrán soportar gusanos mitológicos, pupitres y sillas de guardería.


          Personalmente, le doy un 6,5 de nota porque la narrativa es un tanto caótica a ratos, pero os recomiendo su visionado, quizás en una segunda vez, podría subirle la nota, pero… Eso nunca lo sabremos, ¿O si?