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Mostrando entradas con la etiqueta Estudios Ghibli. Mostrar todas las entradas
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domingo, 28 de mayo de 2023

Puedo escuchar el Mar (Japón, 1993)

 

        “Puedo escuchar el Mar” (Studio Ghibli, 1993), es una película creada por los míticos estudios de animación japonesa para la televisión, la única al parecer, con un metraje de 70 minutos, y con un triángulo amoroso en la narrativa, clásico, y sin nada de fantasía, alejándose de lo que nos tienen acostumbrados la gente de Ghibli habitualmente.


        Basada en una novela, e inédita en España hasta 2008, esta película no me sonaba absolutamente de nada hasta que la he visto en Netflix, y la verdad es que me ha gustado, aunque yo la hubiera titulado: “Historia de un pagafantas de Manual”, y hubiera quedado mejor que el onírico título que blande y defiende.


        En la narrativa: Rikako está sufriendo la separación de sus padres. El padre se queda con la casa familiar y mete a otra mejor en ella. La madre se traslada a Kochi, una ciudad costera alejada de la capital.


        Desde el primer momento en que llega, Rikako llama la atención entre los chavales del instituto, y más concretamente, son dos amigos los que se fijan en ella: Taku (nuestro pagafantas de manual), y Yutaka, que verá como la relación de amistad de ambos se tambalea por ella.


        Rikako desde el primer momento se aprovecha de Taku. Sabe que él se siente atraído, y le pide dinero prestado aludiendo que ha perdido el suyo (en un viaje), se lo lleva a todas partes y comparte sus mierdas con él, que tiene que tragar de todo, a cambio de despecho, malos rollos y palabras… Y no comerse un colín…


        Él finalmente hace su vida, como el resto de los personajes, y al cabo de unos buenos pocos años, tras una reunión escolar (a la que ella no se presenta), la vuelve a encontrar…


          Personalmente, me ha gustado la película. Antigua, tópica y típica, pero se puede ver y es bastante recomendable… Echadle un vistazo y me decís.

domingo, 21 de mayo de 2023

Pompoko (Netflix, 1994)

 

        “Pompoko” (Netflix, 1994), película japonesa de animación, con treinta años a cuestas y que no conocía, y con la que me he llevado una grata sorpresa (para bien), por el mensaje que transmite, por el humor que se gasta, y por quitarse ciertos complejos de encima, algo que en pleno 2023 no podrían hacer sin que se les tiraran encima varios colectivos…


        En la narrativa, tenemos a un grupo de mapaches japoneses (Tanukis de la mitología nipona), que luchan por mantener su hábitat y sus zonas territoriales, arrebatadas poco a poco por los seres humanos que comienzan a expandirse y urbanizar prácticamente todos los rincones de Japón. Para ello, usan el poder de la transformación, un poco olvidado al principio, para contraatacar a los humanos haya donde haga falta, con desigual resultado (causante hasta muertos), y creando, a su paso, toda una serie de situaciones cómicas (aunque lo triste es que se vayan cargando los bosques por doquier...)


        La película tiene un par de subtramas (en las que prefiero no meterme para no irme mucho por las ramas), y dos horas de duración a la que no le quitaría metraje (a pesar de que hay ratos en los que se me hizo larga).


         En definitiva: Me ha gustado mucho, y la he disfrutado como un enano (por cierto, en España no está recomendada para menores de 16 años). Por todo ello, creo que deberías echarle un vistazo. Muy recomendable.

domingo, 5 de marzo de 2023

La Colina de las Amapolas (Netflix, 2011)

 

      “La Colina de las Amapolas” (Japón, 2011) es una película de animación japonesa, de los míticos Studio Ghibli, que no había visto antes, a pesar de conocerla, porque las referencias que me habían dado no eran muy halagüeñas…


       Me equivoqué, una vez más, al hacerle caso a dichas referencias… Ya que he podido ver la película con trece años de retraso, y me ha encantado.


        Ciertamente, no es una película para tirar cohetes viniendo de donde viene. Los Studio Ghibli tienen las mejores, o de las mejores películas de animación que se han hecho de la Historia del Cine, aunque también tienen muchas cagadas. Esta es una película menor, pero no carente de interés, ya que plantea dos tramas principales muy interesantes encima de un escenario, el Japón de los sesenta (concretamente 1963) del que se puede hablar mucho y que no deja de ser un periodo a destacar, ya que vemos como el país, trece años después de las bombas atómicas, despega económica y socialmente, sin pudor, y con mucha fuerza, con un futuro prometedor para las nuevas generaciones de ciudadanos japoneses que comienzan a romper con su pasado y defienden otros ideales entre ,los que están la democracia, la libertad de expresión, la filosofía… O el amor y la amistad.


         Las dos tramas principales giran en torno a un posible amor entre dos chicos, compañeros de instituto. Umi es una chica que vive en una colina donde hay una pensión, es trabajadora y servicial. Su madre es profesora universitaria, y ella iza todas las mañanas unas banderas marítimas esperando que su padre, muerto en la Guerra de Corea, regrese algún día… Shun, por su parte, es un chico activo y político, está en el club de periodismo del instituto. Ambos se gustan, pero cabe la posibilidad de que, en realidad, sean hermanastros.


        Por otra parte, el lugar de reunión de las distintas asociaciones de estudiantes, es el llamado “Barrio Latino”, una enorme casa colonial venida a menos, donde los estudiantes resisten la demolición de la misma, y que tratan de salvar como lugar de trabajo, estudio, reflexión y reunión… Creando, de paso, un nuevo pensamiento y una nueva cultura en contraposición al Japón de no hace mucho…


         En definitiva: Una buena película, con ciertos elementos que hay que pillar al vuelo, no de primera fila, no a lo que nos tiene acostumbrados la productora japonesa, pero muy digna y a tener en cuenta. Recomendable.

domingo, 15 de enero de 2017

La tortuga roja (2016)



           Pocas veces veo alguna película de animación que no me guste. He de reconocer que son una de mis debilidades, porque con la animación aún podemos contar y sentir cosas a las que el cine convencional no llega. Los japoneses de los estudios Ghibli lo saben bien, suyos son algunas de las mejores películas que se han hecho “Mi vecino Totoro”, “Castillo ambulante” o “Porco Rosso” son ejemplo de ello, y casi nadie desconoce el mítico nombre de Hayao Miyazaki, grandes éxitos del cine en poco más de treinta años de existencia de los estudios.

           Más allá del legado de Miyazaki, ya retirado, o semiretirado, que ha dejado el listón muy alto, de vez en cuando nos llegan joyitas como “La tortuga roja” (2016), una coproducción franco-japonesa, con estética de Hergé en sus personajes (esos ojos pequeñitos negros, esas facciones angulares, casi geométricas que conozco tan bien de Tintín).

            La particularidad de esta cinta es que es muda. Aquí no hay palabras. Solo gestos, algo de música y mucho mensaje visual (ecologismo por un tubo, la naturaleza es un personaje más, soledad, esperanza y desesperanza, el gran peso de la familia…) El espectador pone el resto.

            Un pescador naufraga en una isla desierta. Solo hay un bosque de bambú y un pequeño lago de agua dulce. Los espejismos son sus acompañantes diarios. Sus intentos por salir de la isla son vanos, porque una enorme tortuga roja le impide salir de ella. Una y otra vez vuelve a naufragar en la orilla de la isla, y pronto inicia una extraña, y mágica, relación con la tortuga, que no es lo que aparenta…


             Quizás esté lejos de lo que Ghibli nos tiene acostumbrados, quizás el peso de la película se lo debamos más a su director, el holandés Michael Dudok de Wit (el responsable del delicioso corto “Padre e hija” (2000) que podéis encontrar por YouTube), pero creo que es cine de animación mayúsculo, para reflexionar y perderse un rato en él… Eso sí, no me parece dirigido a un público muy joven, o tan siquiera joven.