Mis Redes Sociales

Mis Redes Sociales.
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok  Sígueme en Twitter
Mostrando entradas con la etiqueta Guy de Maupassant. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guy de Maupassant. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de marzo de 2017

Bola de Sebo (y otros relatos). Guy de Maupassant


            Hace ya varios meses (agosto 16), os hacía referencia a los relatos cortos de Guy de Maupassant, un clásico del XIX francés, que a mí me interesa (y mucho) especialmente por sus relatos cortos.

         En aquella ocasión os hablaba de “El cordel” (aquí enlace: http://duncandegross.blogspot.com.es/search?q=cordel ) y otros relatos cortos que me había agenciado, pero me quedé con las ganas de leer más de este escritor, de prosa sencilla y directa, afectado por la guerra de 1870, adicto a la cocaína, y que acabó muriendo en un psiquiátrico.

           Este “Bola de sebo” que os presento hoy es, dicen, uno de sus mejores relatos cortos. El relato que lo lanzó a la fama, al denunciar la hipocresía de la burguesía, el clero y la aristocracia del momento. A mí, desde luego, me ha encantado. Tanto por el marco histórico donde se desarrolla la acción (Plena guerra franco-prusiana, 1870), como por su desarrollo narrativo, su historia, que realmente hace gala de un poder de observación impresionante.

         “Bola de sebo” es el apelativo que recibe la joven Élisabeth Rousset, una prostituta entrada en carnes y que, a la llegada de las tropas prusianas a Ruan, huye de la población en un carro. En dicho carro, le acompañan un conde y varios burgueses, acompañados por sus respectivas esposas, y un par de monjas. Todos sienten repugnancia y asco por la joven, y la ignoran mientras hablan de sus cosas, de sus negocios y la guerra. Hasta que llega la hora de comer, después de varios días de penurias, y la única que tiene un cesto con comida (y encima para compartir) es… Adivinad quién.

          Parados por un capitán prusiano en una posada. Este no les dejará pasar, al menos que “Bola de sebo” pase una noche con él. Todos en el carruaje la instaran a que acceda, incluyendo las monjas. Al día siguiente, los pasajeros, provistos de viandas de todo tipo, volverán a ignorarla, a condenarla al ostracismo, mientras que “Bola de sebo” llora su suerte…

          El relato, por sí mismo, ya merece la pena. Es de imprescindible lectura. A mí me ha parecido que “Bola de sebo” es el pueblo francés que se sacrifica frente al prusiano, mientras Clero, Nobleza y Burguesía, bien falsos, huyen y miran para sus intereses. Quizás Maupassant solo quería reflejar la hipocresía de las clases sociales, y no ir más allá… Ni idea.

         El librito, de 118 páginas, se completa con otros relatos también interesantes, de apenas algunas páginas, como “La cabellera” un relato ciertamente fetichista, “La mano”, muy en la línea de Edgar Allan Poe, pero sin los remilgos y los barroquismos de aquel (este relato ya lo conocía), “Arrepentimiento” sobre los amores perdidos, o lo que pudo ser y por no lanzarse no fue… “¡Camarero, una caña!”, sobre como un hecho trágico puede influir en la vida de una persona, en su destino, en su forma de ser, en su futuro… Y “Minué”, un melancólico relato sobre tiempos pasados, bailes y personajes (que parecen duendes) de otra época ya pasada, y olvidada (y que también conocía, pues era uno de los relatos de “El Cordel”).


          En fin, resumiendo: ¿Guy de Maupassant? Por supuesto, recomendable, imprescindible, impresionante.

viernes, 12 de agosto de 2016

El cordel (y otros cuentos). Guy de Maupassant




        La vida del escrito francés Guy de Maupassant (1850-1893) fue, a todas luces, bastante insípida, hasta que un día, este buen hombre, comenzó a escribir. Era hijo de padres divorciados, y fue educado bajo la mirada de su madre que lo marcará de por vida. Su madre era íntima amiga de Gustave Flaubert (incluso se decía que este era su padre natural, con su verdadero padre se llevaba a matar). Se crio en Normandía, trabajó junto a Flaubert y con Émile Zola, pero sin querer vincularse a ninguna escuela o corriente literaria, prefería no tener ataduras de ningún tipo. Funcionario de varios ministerios, era un tipo misógino, bastante pesimista, enemigo acérrimo del matrimonio y, al parecer, bastante adicto al sexo (pero no al amor).



         Para el libro colectivo que preparaba Zola, “Las veladas de Médan”, publicó un pequeño cuento “Bola de sebo”, (que en este librito que os presento no viene, por cierto), que lo va a catapultar al estrellato literario.  Eso sucedió en 1880, y desde entonces comenzará a publicar libros de cuentos, de los más variopintos, junto a algunas novelas, obras de teatro, de viajes, artículos periodísticos y algunos libros de poesía. Se hizo bastante rico para la época, compró propiedades, se volvió un misántropo, y se hizo un remero respetado, pero siempre huyó de todo tipo de relaciones sociales, aunque se solía juntar con gente de reputación más bien dudosa. Incluso renunció a La Legión de Honor.

        Sus problemas psicológicos (“Miedos y pánicos heredados”), junto a una continua migraña, le hicieron meterse en el mundo de las drogas (al parecer, sobre todo, cocaína) que aceleraron sus síntomas de demencia, sus problemas nerviosos y que hicieron que intentara suicidarse con un abrecartas, al menos, en una ocasión. Murió, recluido, en un centro psiquiátrico.

         El librito que os presento (“El cordel” y otros cuentos) es un pequeño recopilatorio de este autor tan interesante. Son relatos cortos, directos y sencillos, sin nada de barroquismo, que vienen a reflejar muy bien, por una parte, la realidad de la época que le tocó vivir, y por otro lado la capacidad de Guy para conectar con el lector, a través del guiño, del cuento con moraleja, y más aún con la psicología humana. Más humano que otra cosa. Altamente recomendable.