Era enero de 1987, y mis padres, concretamente mi madre, se hizo del
Círculo de Lectores. Vosotros sois muy jóvenes, y quizás no sepáis que era eso
del Círculo de Lectores, pero aquello era como un inmenso club de lectura
nacional, fundado en 1962 y finiquitado en 2019.
No es mi intención hablaros
del tema, porque la reseña va por otro lado, pero yo tenía doce años, y cada
dos meses, aproximadamente, se suponía que venía un agente a casa, te dejaba la
revista del Círculo de Lectores, y después al cabo de un par de días, se pasaba
de nuevo por casa para apuntar los libros que te habían interesado, y que,
según mi madre, eran bastantes caros, o por lo menos para la economía que
manejábamos por entonces…
Se suponía, que, si no
comprabas ninguno, en teoría no pasaba nada porque no estabas obligado a
comprar. Pero aquel tipo, que era un vecino del barrio al que le perdimos la
pista al cabo de muy pocos años, comenzó a pasarse cada mes, y posteriormente
cada dos semanas y con muy malas maneras, exigiendo en cada visita, una compra,
y aquella simpatía que inicialmente nos despertaba, se transformó en abierta
hostilidad…
Esta entrada es,
simplemente, para darme pie para comentaros que la primera compra que le
hicimos al Círculo de Lectores fue “Nacida en domingo” de Gudrun Mebs, con la
que conocí mi primera depresión, y “El Hobbit”, una edición de 1985, que
literalmente me abrió la cabeza.
Me bebí aquel libro en una
semana. Yo que venía de las lecturas de la EGB, del Senda 3 y poco más, vi
frente a mi una aventura impresionante, la Historia de una Ida y una Vuelta,
una aventura impresionante que posteriormente volví a leer varias más, y, de
hecho, aún guardo esa edición como el dragón Smaug guardaba el tesoro de los
enanos como propio.
Así que, cuando por casualidad,
me encontré con la cuarta edición de “El Hobbit” en cómic, me pregunté cómo era
posible que yo no tuviera ese cómic. Y, como aquella primera vez que me leí el
libro con avidez, el cómic, que viene de la mano de Chuck Dixon en su
adaptación, y David Wenzel al dibujo, ha caído en una tarde, dejándome buenas
sensaciones, entendiendo la complejidad de adaptar la obra de Tolkien a este
formato. Al menos, no lo han distorsionado como si hicieron las películas.
Al contrario de lo que
suelo hacer, porque mis reseñas siempre son más o menos iguales, no voy a
hablaros de la trama del libro, ni del cómic, porque doy por hecho que os
habéis leído el libro, ¿O no? En caso contrario, no sé qué esperáis para
hacerlo.
Y, en cuanto al cómic, os puedo contar algunas cosas… Esta adaptación
apareció por primera vez en Estados Unidos en 1989, bajo el sello de Eclipse
Comics en tres tomos, que después se convirtió en una, tanto en el mercado
gringo como en el internacional, que incluía al español.
El cómic se ha reeditado
varias veces, como os digo, yo tengo la cuarta edición, donde nuestro hobbit
Bilbo Bolsón se ve envuelto en una aventura con el mago Gandalf, y un grupo de
enanos liderados por Thorin Escudo de Roble (enanos que parecen los de
Blancanieves, más que los rudos y feroces que los que yo llegué a imaginar
hacha en mano) en una narración fantástica realizada por Chuck Dixon, que es
todo un referente en el mundo del cómic, y que aquí hizo una gran adaptación,
ya que toca los principales hitos del libro: Rivendel, los trolls, los trasgos,
Gollum con sus acertijos y el anillo, Beorn, el Bosque Negro, Smaug…
Todo, vamos, toca todos los
puntos importantes del libro, combinando perfectamente el diálogo con las
cartelas en las viñetas, y te los resume en un cómic de tapa dura y 136
páginas, donde tenemos el mapa de las aventuras narradas en el interior de
portada y contraportada, y bajo la batuta visual de David Wenzel, ilustrador
más relacionado con los cuentos y narraciones infantiles que con el mundo del
cómic en sí, al contrario de Chuck Dixon, y que presenta un dibujo, que sin
caer en lo infantil salvo por algún detalle como el comentado de los enanos,
tiene un estilo quizás más fiel a la idea original del libro, con una técnica a
la acuarela, que hace que haya viñetas que parezcan auténticos cuadros. Los
personajes, muchas veces, rompen el cuadro, y lejos de encorsetarse en dichos
marcos, se cargan la viñeta directamente, se hacen más vivos, más grandes, y
más fascinantes si cabe.
En definitiva: Otra de esas
joyas imprescindibles, un tesoro (nunca mejor dicho), que deberías leer, tener,
releer y disfrutar como lo he hecho yo, como un enano, o un hobbit con una pipa
en la mano. Su precio: 15 euros.
P.D: Estuvimos apuntados al Círculo de Lectores algunos años, a pesar del palpable desagrado que nos daba aquel agente comercial. Gracias al Círculo, me hice con otros libros de Tolkien y de literatura fantástica tan de moda a finales de los ochenta y principios de los los noventa, los libros de Dragones y Mazmorras de Timun Más, los libro-juegos de viajes en el tiempo, La Iliada y la Odisea (que me leí con 15 o 16 años), y otros tantos títulos que ya no recuerdo, y que se perdieron en traslados de domicilio o vete a saber…