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lunes, 23 de marzo de 2020

La sombra del águila (Galland Books, 2012) Rubén del Rincón


        Me leí “La sombra del águila” de Arturo Pérez Reverte hace más de veinte años, y fue un libro que me gustó mucho en su día. Lo disfruté desde las primeras páginas, como un genial libro de aventuras, donde los hechos reales (hubo cuatro batallones de españoles luchando bajo bandera francesa en Rusia) se conjuga, magistralmente, con los personajes y algunos hechos ficticios.

        Las peripecias de un grupo de prisioneros españoles, por parte de las tropas napoleónicas, que, se enrolan en el ejército francés pensando dar el bote a España tarde o temprano. En la batalla de Sbodonovo, en 1812, arremeten contra las líneas rusas, concretamente contra la artillería que los vapulea, en un acto, que Napoleón, que los está viendo, cree de heroísmo, pero que en realidad oculta un intento de deserción por parte de todo el batallón 326 de infantería francés integrado por los españoles.

        Ante este hecho, Napoleón ordena a Murat una carga de caballería que acaba con la victoria francesa, que arrasa con los rusos, con los españoles en vanguardia. Y, a partir de ahí, las calamidades, el frío, y las cargas cosacas, son compartidas por los españoles, dentro del ejército francés, que siguen en su empeño por volver a España, mientras van cayendo por el camino…

        Cuando vi el cómic de Rubén del Rincón (ya hablamos de él, en “Max: Los años 20”, otra adaptación al cómic de un libro de Pérez Reverte), “La sombra del águila” (Galland Books, 2012), no pude resistirme a leerlo, poniéndoles cara a los diversos personajes y rememorando aquella novela corta de Reverte, que me bebí prácticamente, hace más de veinte años.


         El cómic es francamente entretenido, muy bien adaptado y narrado, y se lee en poco tiempo. A mi por lo menos, con él en las manos, el tiempo se me ha pasado volando, y he disfrutado muchísimo de una gran aventura de un puñado de españoles en el gélido frente ruso de 1812. Lo recomiendo.

martes, 1 de octubre de 2019

Max: Los años 20 (Planeta, 2019) Salva Rubio, Rubén del Rincón



        No me he leído “El tango de la guardia vieja” (2012) de Arturo Pérez-Reverte, pero al leer, por encima sobre “Max. Los años veinte” (Planeta, 2019), de Salva Rubio (guión, el cual conocemos a través de su cómic “Monet”, o “El fotógrafo de Mauthausen”, de los cuales ya hemos comentado cosas por aquí), Rubén del Rincón (Dibujo) y color de Amelie&Lerolle, cómic spin-off, del libro, me pareció ciertamente curioso, y decidí comprarme esta semana el volumen.


        Tengo que reconocer que el cómic me ha parecido muy interesante, al igual que el personaje, que es bastante “Pérez-Revertiano” en muchos aspectos. A Pérez-Reverte le va el rollo de barrios chungos, gente chunga, pero con cierto grado de honor, o nobleza entre ellos, lo vi al leer “Alatriste”, y lo leo en muchos de sus artículos. Tiene cierto idealismo sobre algunas épocas, y personajes, y ese es un sello muy suyo. Con personajes entrañables, a pesar de las circunstancias, que sabes que van a acabar fatal (aquí hay un caso, de un oficial ruso, que me lo olí desde la primera viñeta). Y a mí, me gusta, aunque reconozco que no lo leo tanto como me gustaría. Suelo leer más a Eslava, con su permiso.

        En “Max: Los años veinte” (Planeta, 2019), nos encontramos a Max Costa, un personaje creado por Pérez-Reverte, al parecer, para el libro que antes os hacía mención. Estamos en Barcelona, en 1921, ciudad letal, ya que está habitada por gente bastante chunga, desde navajeros, hasta ladrones, asesinos, anarquistas… De todo lo mejor de cada casa. Max es un joven bailarín que sueña con el triunfo, con ciertas habilidades casi de tortuga-ninja. Un mal golpe lo llevará a huir al norte de África, a alistarse en el Tercio de Extranjeros (después conocido como La Legión), y meterse de lleno en aquella matanza que fue Annual, en mitad de la Guerra del Rif (¿Hubo legionarios en Annual?, yo creo recordar que era ejército regular, pero quizás puedas aclarármelo, ya que es una de las dudas que tengo… Bueno, en realidad no la tengo, no hubo y menos con ese uniforme), será testigo de las cargas inútiles del Regimiento Alcántara, y finalmente, llegará más muerto que vivo a Melilla.
 No, un fusil no se coge así. El uniforme tampoco está bien para la época de la que hablamos.

        La vuelta a Barcelona, le traerá viejos y amargos recuerdos, así como enemigos y cuentas pendientes. En Marsella se propondrá cambiar su vida, en compañía de una joven misteriosa que le salva la vida, y en París, tocar la gloria con la punta de los dedos, antes de volver a la capital catalana…
                        Legionarios en Annual, va a ser que no...

        El cómic está francamente bien. Hay cosas que me han rayado un poco, como la presencia de legionarios en Annual, o la manera en la que Rubén del Rincón ha dibujado a los soldados manejando sus fusiles, entre otras cosas. El personaje, a ratos, me recuerda a Corto Maltés, o a un James Bond hispánico, con su elegancia, su porte y su éxito entre las féminas. Los personajes que rodean a Max, desde la gitana sevillana, hasta Boris el ruso, pasando por Boske (la chica gato) ayudan mucho a afianzarlo, a lo largo de las viñetas.
        Esta escena, no sé bien por qué, me recordó a Corto Maltés...

        En las páginas finales, se añade una última historia corta, y hay un interesante anexo donde se recrean, y se explican, las situaciones y lugares por donde pasa Max, dando una mayor coherencia a todo lo leído con anterioridad.

        No sé, sinceramente, si Max acabará sus aventuras aquí, pero, personalmente, me gustaría seguir leyendo sus aventuras y desventuras en próximas ediciones. Ojalá sea así, Max se lo merece.