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jueves, 12 de marzo de 2026

Máquina de Guerra (2026)

 

Anunciada desde hace meses con bombo y platillo, “Máquina de Guerra” es otra apuesta de las plataformas de streaming, en este caso, Netflix, que saben que una producción de acción, a la que le añades ciencia ficción, suele dar un buen blockbuster para entretener al personal, y que no piensen mucho, o directamente nada, mientras ven una cinta de gran presupuesto.

Y, ojo, no es una crítica. A mi me entretienen estas producciones, y, de hecho, la vi cuando se estrenó el pasado   6 de marzo, y me hizo pasar una tarde noche… Pues eso… Para pasar el rato durante su hora y cuarenta minutos de metraje, creo recordar, u hora cuarenta y cinco, por ahí rondaba el asunto.


No se ha hecho público el presupuesto de la película, pero seguramente ha sido una millonada. Lo que si os puedo comentar es que en una semana ha superado, al parecer, y según algunos foros, los 70 millones de visualizaciones en una semana, que no es cualquier cosa, pasando a convertirse en una de las películas más vistas de lo que llevamos de año… Todo un héroe gringo, una vez más, contra las fuerzas alienígenas, eso engancha mucho.

        La película ha sido dirigida por Patrick Hughes, director y guionista australiano, que quizás te suene de irregulares películas de acción, como “El Hombre de Toronto” o “Los mercenarios 3”.


        Como protagonista principal tenemos al actor, modelo y cantante estadounidense Alan Ritchson, un tipo que bien podría protagonizar cualquier remake de Rambo o películas similares, que aquí interpreta a un militar que aspira a convertirse en ranger del ejército estadounidense después de haber sufrido la trágica perdida de su hermano en combate, y prácticamente de todos los que le rodeaban en una misión en Afganistán.

El reparto incluye también a actores reconocidos como Dennis Quaid, que sale un tal de tres minutos y medio (y quizás sea mucho), el canadiense Stephan James (que yo recuerdo de la película “Race” haciendo de Jesse Owens), el australiano Jai Courtney (del que solo lo recuerdo de salir en “El Escuadrón Suicida”), el mítico Esai Morales (que lleva más de cuarenta años en el mundo de la actuación), y del resto del elenco, lo siento, no me acuerdo.

 

La película se rodó en Australia, concretamente en el Estado de Victoria, y algunas escenas en Nueva Zelanda, en la región de Queenstown, entre septiembre y diciembre de 2024. Y los interiores, en Melbourne. Una curiosidad que os adelanto es que algunos escenarios que representan bases militares estadounidenses se recrearon en instalaciones militares australianas.

Pero… ¿De qué va “Máquina de Guerra”? Pues en nuestra narrativa tenemos a un militar experimentado, un ingeniero rebotado de un trauma de la Guerra de Afganistán que perdió a su hermano y a veinte tipos más en una emboscada talibán en medio de la nada. De hecho, ni vamos a ver al enemigo, solo a todos volar por los aires en los primeros compases de película.


El tipo, que se ha vuelto taciturno y huraño, ha decidido presentarse a los rangers del ejército gringo, y tras pasar varias semanas de pruebas duras, al final llega al entrenamiento final, como jefe de grupo, algo que, por ora parte, él no quería, ya que no ansiaba tener ningún tipo de cargo ni de responsabilidad, pero acepta a regañadientes porque en caso contrario, estaría fuera.

El último entrenamiento consiste en localizar un avión derribado, en una zona montañosa, volarlo, y posteriormente, rescatar a los pilotos de una base enemiga. Todo con armas de fogueo y controlado por los oficiales al mando.


A todo esto, durante la película dan noticias en un televisor: Extremadura sigue sin tren ni futuro, un asteroide pasa rozando la Tierra, la gasolina sube y cosas por el estilo.

De este asteroide en cuestión, se desprenden algunos elementos, y uno es una nave que mete un castañazo en la zona militar donde los aspirantes a rangers se entrenan. Estos, equivocan el avión que tienen que volar con el aparato extraterrestre, que duerme la siesta, y del bombazo que le dan, lo ponen de muy mala leche y comienza a cazarlos con un estilo que recuerda a “Depredador”.


Ahora, también os digo, el aparato en cuestión, más que extraterrestre, podría ser chino por la cantidad de remaches que se gasta. No sé la tecnología que tendrán los extraterrestres, pero si es parecida a esto, tampoco van tan avanzados, ojo.

Así, a los 30 segundos, prácticamente se ha cargado a todo el grupo, que con armas de fogueo en las manos, solo pueden decirle “Piun, piun”, como si estuviesen en un patio de colegio.

El aparato alienígena los va cazando por medio bosque, y aunque parece indestructible, algo de pupa le van haciendo de vez en cuando, mientras nuestro protagonista asume, por fin, su papel de líder en todo este tinglado, logrando cargarse al cacharro extraterrestre…


Después, Dennis Quaid nos cuenta que han pasado la primera fase, pero que vienen más aparatos. Por cierto, en ningún momento le vemos el careto a los invasores siderales.

        En “Máquina de Guerra” hay, pues, cine bélico y ciencia ficción, una extraña mezcla entre “La Guerra de los Mundos” y “Depredador”, aderezado con muchas poses y muchas escenas de acción y efectos especiales bastante espectaculares. De hecho, al parecer, prácticamente todas las explosiones son reales. Ideal para echar el rato, y a otra cosa. De nota, un 5.

domingo, 8 de marzo de 2026

Lo que hay Dentro (2024)

 

“Lo que hay dentro”, película estadounidense de 2024, que gira en torno al thriller psicológico, la comedia negra y la ciencia ficción, dirigida y escrita por Greg Jardin, que además se hizo cargo del montaje, y sospecho que también llevaba los cafés al set de rodaje, algo que suele ser habitual en directores como él que están empezando, a duras penas, en este mundillo.

La literatura, y el cine contemporáneo han explorado con frecuencia la idea de la identidad y la percepción que tenemos de los demás, o como nos ven los demás, o que haríamos si fuésemos otros… La idea no es nueva, y por eso, la película “Lo que hay dentro”, no es revolucionaria en ese aspecto. Sus dos y medio millones de dólares de presupuesto, se invirtieron en dieciocho días de rodaje en Portland (estados Unidos), en una película de una hora y cuarenta minutos, que me ha llegado a perder un poco en su narrativa, no sé si por qué no sabe encajar todas las piezas del puzle que constituye al 100%, o porque quizás ya me pilla un tanto boomer, y, entre tanto cambio de cuerpo y mente, yo ya me he llegado a perder


Es un poco pesadilla psicológica, que marea por el revoltijo, pero que no sé cómo lo hace, puede llegar a entretenerte, aunque sin tirar cohetes, eso sí…

        La filmación terminó en noviembre de 2022 y se realizó en tan solo 18 días. Se estrenó en el Festival de Sundance en 2024 y ha salido directamente a las plataformas de streaming en 2026, que es donde yo la he visto. Hasta donde sé… No se llegó a estrenar en cines, por lo que espero que Greg Jardin haya hecho un buen contrato con Netflix para no perder pasta con su estreno.

¿Qué te vas a encontrar en la narrativa de “Lo que hay dentro”? La película comienza con un grupo de amigos pijos, repelentes, influencers algunos de ellos, que se reúne en una casa para celebrar una fiesta previa a una boda. Todos ellos son viejos compañeros de universidad que no se han visto durante años, y que tuvieron sus más y sus menos, en todos los sentidos, pero que se supone que han hecho borrón y cuenta nueva en todos los aspectos. La reunión parece normal hasta que aparece Forbes, un antiguo amigo que llevaba tiempo desaparecido.


        Forbes trae consigo un misterioso maletín tecnológico. El tipo, según cuenta, lleva cinco años creando lo que hay dentro, con su equipo de científicos locos e ingenieros de la Universidad de Extremadura. ¿Y qué es lo que hay en ese misterioso maletín? Lo normal en este tipo de películas hubiera sido un machete, pero dentro hay un dispositivo experimental capaz de intercambiar la conciencia entre dos personas, permitiendo que cada uno habite el cuerpo de otro. Vamos, que ni el parchís ni el Scattergories, sino todo un invento revolucionario para cambiar cuerpos y mentes.

        Al principio, el grupo lo toma como un juego. Todos aceptan participar en el experimento y comienzan a cambiar de cuerpos entre sí. Total, ¿Qué puede salir mal?

        Lo que comienza como una experiencia divertida pronto se convierte en un caos. Se supone que el juego iría de adivinar quién es quién, pero comienzan a aflorar los viejos enamoramientos reprimidos, resentimientos del pasado, conflictos de pareja e incluso deseos de venganza, apaciguados durante años, que ahora reaparecen.

 

        La vaina se complica cuando dos de los jóvenes, se van con san Pedro al precipitarse desde una balaustrada, mientras hacen una representación de la Caída de Roma, con las camas que hay en una mansión de 53 habitaciones…  Y, ya con dos desvividos encima de la mesa, algunos dicen que se quedan con el cuerpo que tienen, y aquí te pierdes, o por lo menos en mi caso, porque no sabes bien quién es quién…

        Una de las cosas que más me ha rayado es que la película, cuando comienza el juego, se estructura en rondas, siguiendo el juego del cambio de cuerpos y mentes… Ronda uno, ronda dos, y un final. Una estructura un tanto de obra de teatro. Otra es que, y esto también lo pone un poco en relación con las obras de teatro, a pesar de que el espacio principal es el salón donde ponen el maletín, el cambio les lleva mágicamente a otras estancias que supuestamente hay en la casa, como una habitación de espejos. Lugares con extrañas mezclas de elementos y colores, pero después vuelven a aparecer todos sentados junto al maletín, menos cuando aquellos dos se desviven desde la terraza.

 

        En conclusión: La película no me ha parecido muy original en su planteamiento, confusa a ratos, pero entretenida en este tema de explorar temas universales como la identidad, los secretos y la percepción social. Invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿realmente conocemos a las personas que nos rodean, o solo la imagen que proyectan? Y con eso, me quedo. Nota: 5

viernes, 20 de febrero de 2026

La Invasión de los Hongos del Espacio (Diábolo Ediciones, 2025) Marina Shirakawa

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         Cuando vi la portada del cómic que os traigo hoy, “La Invasión de los Hongos del Espacio”, me llamaron de entrada dos cosas: Esa estética a manga de hace 50 años, y el nombre de Marina Shirakawa, que no conocía, y que yo imaginé que sería de una tipa perdida en un mar de mangakas setenteros, abriéndose paso en un mundillo lleno de dibujantes varones…

        Solo acerté en la estética setentera, porque Marina Shirakawa resultó ser un japonés medio, con más patillas que Curro Jiménez, que había adoptado ese nombre artístico por las sondas Mariner de la Nasa.


        Después, una vez adquirido, mis sorpresas han ido en aumento, siempre para bien, porque aparte de descubrir a un autor clásico manga (aún aprendo, a mi edad, que importante es no dejar de aprender), me he encontrado con un cómic que mezcla el terror, la ciencia ficción (tan en boga el tema ovni, a nivel mundial, en los sesenta, en los setenta, que ocupaba hasta páginas en los llamados periódicos y medios serios), y folklore japonés, a través de breves cuentos e historias, en viñetas. Un todo en uno, que quita el hipo en su lectura, prácticamente desde el principio.

        Originalmente publicada en Japón en 1976, “La Invasión de los Hongos del espacio”, este manga de 200 páginas (en riguroso blanco y negro), de Marina Shirakawa llega por primera vez al público español en una edición de Diábolo Ediciones, que me ha gustado mucho por la presentación, y por sus extras finales, que son reveladores, siendo además el primer manga publicado por Diábolo, editorial especializada en clásicos del cómic y géneros como el terror y la ciencia ficción, algunos de ellos comentados por nuestro blog y por el Canal de Youtube.


        En términos formales, es un manga que se inscribe dentro del género seinen, dirigido originalmente a un público adulto, donde, además de la historia principal, Shirakawa intercala fragmentos que funcionan casi como notas o interludios culturales: textos que narran leyendas tradicionales japonesas relacionadas con hongos o relatos sobre avistamientos de ovnis documentados, estando muy presente el famoso ovni de Adamsky. Estas interrupciones breves aumentan el contexto de la historia, enriquecen la lectura con elementos folclóricos y mitológicas, curiosos, relacionados con el mundo de los yokais.

        La narrativa del cómic arranca de forma relativamente tranquila. Tenemos una breve introducción sobre el tema ovni, y nuestro protagonista, Aoki, un estudiante, y su profesor el señor Sada, quedan varados juntos en una remota zona montañosa de Japón debido a un esguince que sufre el chaval. Este suceso les permitirá ser testigos del castañazo que mete un platillo volante a una distancia relativamente cercana a ellos.

        Ellos enseguida dan aviso del accidente, y como testigos del suceso, son recluidos por el gobierno y el típico científico que quiere tapar todo el suceso.


        Pero pronto Aoki y el profesor Sada consiguen averiguar la verdad. El platillo, en realidad, era una especie de laboratorio alienígena, en cuyo interior, había unas esporas espaciales, unos hongos parasitarios, que acabaron con la vida de sus ocupantes, y que ahora andan sueltos, transformando a todos los seres vivos en grotescos hongos, completamente imparables, con lo que el final del planeta es transformarse tarde o temprano en un vergel donde la naturaleza hará olvidar a los seres humanos y su existencia, gracias a la invasión de los hongos del espacio.

        La verdad es que la reflexión que deja el cómic al final es bastante buena. ¿Tiene la extinción humana un lado positivo, el planeta estaría mejor sin nosotros?

        Se nota que el manga es hijo de su tiempo: Shirakawa no solo era un fanático de los fenómenos extraterrestres, sino que incluso llegó a fotografiar un posible OVNI en 1974, imagen que figura en el prólogo de este cómic como prueba de su obsesión personal por el tema. De hecho, la narrativa tiene mucho de La Guerra de los Mundos y de Invasores de Marte, mezclado, como os decía con el folclore japonés en torno a las setas y los hongos.


El cómic tiene una parte final, extras, que se leen a la occidental, y que consta, por un lado, de un ensayo del experto en fenómenos paranormales Takeo Udagawa, que contextualiza la obra de Shirakawa dentro del movimiento ufológico japonés, fenómeno mundial en los 60-70; por otro, un texto de Ryan Holmberg, historiador del manga clásico, que repasa la carrera del autor y sitúa este título dentro de la historia del cómic nipón, presentando otros cómics del autor, obsesionado con todo lo paranormal. En definitiva: Un curioso e interesante cómic.

miércoles, 7 de enero de 2026

Todo a la vez en todas partes (2022)


 

        A raíz de las reseñas de “El Gran Diluvio” y “Coherence”, y hablando de realidades alternativas, salió a colación una película que vi en su día, pero a la que no hice reseña.

        Dispuesto a arreglar en entuerto, me he vuelto a ver “Todo a la vez en todas partes”, película de 2022, difícil de clasificar, que tontea con el tema de las realidades paralelas, el multiverso, pero dándole una vuelta de rosca con un toque de originalidad que puede llegar a perderte en sus dos horas y diez minutos de metraje.

        En verdad, esto de las realidades alternativas es un poco excusa para presentarnos una historia, con grandes dosis de comedia absurda, que gira en torno a la familia, las oportunidades perdidas, los sueños no realizados, y todos los dramas que pueda haber en una familia donde un matrimonio con dudas, deudas, al borde del divorcio, con una hija lesbiana y un abuelo conservador, puedan llegar a tener.


        Si a la ecuación, además de ciencia ficción, le metes acción, artes marciales, dos piedras que hablan y un mapache cocinero, tienes la combinación perfecta.

        “Todo a la vez en todas partes” es la típica película de cine independiente que te demuestra lo que se puede hacer con una docena de actores, un par de escenarios, y 25 millones de presupuesto. Sacó en su día, de recaudación 140 millones, y no solo eso, se ha convertido para algunos en una película de culto, aunque yo lo veo, personalmente, un poco exagerado. Quizás, dentro de veinte años, si sigo vivo, os digo lo contrario, vete a saber.

        En la narrativa, tenemos a Evelyn Wang, una inmigrante china que regenta una lavandería con su marido Waymond y lidia con una auditoría fiscal que le ha visto algo raro en una de sus facturas presentadas.


En plena inspección fiscal, donde la funcionaria de turno parece ir a por ellos a saco, (que, por cierto, es la mismísima Jamie Lee Curtis), se ve transportada a otra realidad alternativa donde una versión alternativa de su marido, le revela que solo ella puede detener a una amenaza, encarnada en su hija Joy, capaz de destruir la realidad. Y, no solo eso, su propio padre, encarnado por el ya mítico actor, James Hong, tendrá igualmente sus propias versiones, algunas pavorosas.

Según explora múltiples versiones de sí misma en universos alternativos —incluyendo uno donde es una famosa chef y otro donde tiene dedos alargados y es lesbiana, siendo su pareja la funcionaria de Hacienda—, Evelyn se enfrenta a sus inseguridades y al conflicto con su hija Joy, desgrana todos sus miedos, traumas y problemas que arrastra desde que estaba en China.


Joy, que encarna a la maléfica entidad Jobu Tupaki, revela que Jobu solo busca escapar del dolor existencial, y Evelyn encuentra sentido a todo lo que le pasa, a través de la compasión y el amor hacia su familia, y opta por regresar a la realidad a la que pertenece y reconstruir, empezar de cero, con su marido, su hija y sobre todo con ella misma.

        ¿Parece sencillo de comprender? No lo es, créeme. La narrativa comienza ligerita, pero después vienen las curvas, demasiados saltos entre realidades a la vez, y puedes llegar a liarte entre las realidades de Evelyn, los diversos enfoques.

        A mí, que es la segunda vez que la he visto, se me ha hecho en esta ocasión un tanto cuesta arriba y creo que le quitaría 30 minutos al metraje sin pestañear.


Entre las curiosidades que os puedo contar sobre la película, os diré que originalmente, la película estaba pensada para ser protagonizada por Jackie Chan, algo que acabaron descartando, y es una pena, porque hubiera sido un hito dentro de la carrera de Chan, aunque conociéndolo, creo que lo hubiera rechazado.

        La película se rodó en 40 días, y con un gasto bastante mínimo en efectos especiales, casi que los hicieron ellos mismos. Los directores, The Daniels (los dos Daniels, Daniel Kwan y Daniel Scheinert), aparecen en un breve cameo, y la película se rodó en inglés y chino.


        Tuvo 11 nominaciones al Oscar, y se llevó siete estatuillas siendo la primera película de ciencia ficción en ganar el Oscar a Mejor Película, y la tercera en la historia en ganar tres premios de actuación en una misma edición.

        A mí, cuando la vi hace tres años, me gustó mucho, y no sé por qué no le hice la reseña en su momento. Esta segunda vez, no me ha entusiasmado tanto, se me ha hecho un tanto pesada, y por eso le voy a dar un escaso 6,5 de nota. Hace tres años, le hubiera dado un punto más… Pero es lo que hay.

sábado, 3 de enero de 2026

Stranger Things. 5ª Temporada (2025)

 

         Cómo bien sabéis, “Stranger Things”, ha llegado a su fin, tras cinco temporadas y nueve años desde que comenzara a emitirse en el verano de 2016.

        Y, guste o no guste, hay que reconocer que se ha convertido en todo un fenómeno, ha pasado a la historia como una de las series más vistas y doblada a tropecientos idiomas, que, por otra parte, Netflix ha sabido explotar hasta la saciedad, y yo… Como siempre, con bastante retraso respecto al resto del personal, me he enfrentado a su quinta y última temporada.


        Terror, nostalgia, Dragones y Mazmorras, una pandilla arquetípica, tópica y típica, que gustaría a Steven Spielberg, y que se llevaría bien con “Los Goonies”, y unos años ochenta un tanto diferentes a los que yo recuerdo, sin ser yo gringo, con un discurso ideológico más actual que de hace 40 años, han hecho que “Stranger Things” nos haya tenido pegados a la pantalla hasta el último instante.

        Había que cerrar el círculo, de una vez por todas. Tirar el dado de veinte caras, y ver como acababan las cosas para los chicos de Hawkins, y el Mundo del Revés, que en algunos aspectos me ha recordado a mi Extremadura.

        Cómo no podía ser de otra manera, el final de fiesta prometía traca, y esta quinta temporada ha sido el culmen en cuanto a presupuesto. Han tirado la casa por la ventana. Cada uno de los episodios ha costado entre 50 y 60 millones de dólares, llevando el coste total de la temporada a una cifra aproximada entre 400 y 480 millones de dólares.


Y, por variar, hemos tenido que ir viendo los episodios en fascículos coleccionables, por entregas. Sus ocho capítulos, se han dividido en tres partes o “volúmenes”:

  • Volumen 1: Episodios 1–4, estrenados el 26 de noviembre de 2025. Con un metraje que ha rondado entre los 54-83 minutos, más largos que los del resto de temporada.
  • Volumen 2: Episodios 5–7, lanzados el 25 de diciembre de 2025.
  • Volumen 3/ Final: Episodio 8, estrenado el 31 de diciembre de 2025. Con un metraje de dos horas y ocho minutos, y con el epílogo más largo que yo recuerde de una serie, que ha llegado a ser de una media hora perfectamente.

En la narrativa, que no quiero examinar muy exhaustivamente, os podéis imaginar, tenemos el enfrentamiento final contra Vecna. El Mundo del Revés está a punto de colapsar, y nos dirigimos a la destrucción total con la colisión de las dos realidades, siendo clave el protagonismo de Eleven en el enfrentamiento final contra Vecna, y descubriéndose a Will como un tipo también más poderoso de lo que aparentaba.

De hecho, os tengo que reconocer que la estrategia que toman los chicos, y algunas de sus decisiones, se me han presentado como un tanto confusas a lo largo de esta temporada. No sé si es por qué ya me pilla un tanto boomer, o por los lingotazos de algidol que me he estado tomando para combatir el catarro de fin de año mientras veía la temporada.


De hecho, y a pesar de que me ha gustado mucho en su conjunto final la temporada, y a pesar igualmente de que soy de los pocos que cree que el final es bastante bueno, también creo que hay tres episodios concretos que son de puro relleno más que otra cosa, y que hay callejones que no llevan a ningún sitio, pero que el final logra arreglarlo.

        Sin duda, y cómo no puede ser de otra manera, el octavo y último episodio es el mejor, con una batalla épica contra un Final Boss, que de ser un arcade de los años ochenta, yo hubiera necesitado 500 pesetas para pasármelo. Que no hubiera demogorgons molestando, también ha sido clave para el final feliz.


Me ha encantado la referencia a los Iron Maiden y su “The Trooper” en la música de la graduación. Por cierto, yo hace veinte años, conocí a un tipo que hizo algo parecido que el Sr. Henderson en una Graduación, y al final no se graduó, por la falta de respeto. Así que, si pensáis hacerlo, cercioraros que la Sesión de Evaluación está cerrada y bien cerrada y que el acto no os traerá consecuencias serias.

    Ahora, hasta el último minuto, esperé la vuelta milagrosa, de una manera u otra de Eddie Munson, que para mi es el personaje más profundamente ochentero de la serie, y que podría haber dado mucho más juego. Mi favorito, sin duda… Pero, no hubo milagro.


Aún así, insisto, aunque no sea una opinión muy popular. El final me ha gustado y creo que ha cerrado muy bien todas las tramas.

Como curiosidades sobre el rodaje y la quinta temporada, os puedo contar que la grabación se extendió por más de un año, con más de 650 horas de metraje filmado.

El episodio 8 no solo se estrenó en Netflix, sino también en salas de cine seleccionadas en Estados Unidos, una estrategia muy poco común para una serie de streaming, y que ha sido un éxito, al parecer, porque las salas lo petaron. Y, lejos de la recaudación a Netflix le interesaba esta publicidad.

Ha habido medios, y fans, que hablan de un cierre o una conclusión apresurada. Si el epílogo más largo e la historia de las series, te parece apresurado, háztelo ver. Lo que si coincido es que algunos diálogos, discursos, están metidos con calzador, como la representación de la identidad personal, sexual, que he visto un tanto forzados narrativamente hablando.

Y, para 2026 y 2027, se viene material adicional en forma de cómics, libros y la serie animada “Stranger Things: Tales from ‘85”, que vendrá a resolver algún agujero narrativo, a y estirar un poco más el interés por la serie.


        En definitiva: Se acabó la serie. En un principio, la quinta y última temporada no me estaba convenciendo, pero en mi opinión, remonta, y cierra esta aventura de nueve años que ha combinado aventura, terror, acción y el crecimiento de todos los personajes. La colocación de los libros de cada personaje en la estantería, tras jugar a Dragones y Mazmorras, tiene más importancia de lo que parece, cierra un ciclo emocional y vital. Han dado un paso más y no hay vuelta atrás. ¿Podría haber tenido un mejor final? Es posible, pero es lo que hay y me la quedo así.

        Una serie que ya podemos calificar de histórica, y ahora a esperar ese material extra… De nota, le doy a esta quinta temporada un 7.