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viernes, 16 de julio de 2021

Vacaciones... Ya he vuelto.

        Hola amigos del Patio-Lavadero. He estado ausente casi una semanita porque me he ido de vacaciones a uno de mis lugares favoritos: La playa de Matalascañas (Huelva).

        Han sido unos días que me han venido genial para desconectar, descansar, pasear y disfrutar, pero ya he regresado, y pronto me pondré con nuevas lecturas, series y películas para comentar en el blog, y espero que en pocos días podáis volver a leer cosas nuevas por aquí... 

        Espero que estéis teniendo un feliz verano 2021. Cuidaros mucho. Un maullido enorme.

sábado, 29 de junio de 2019

Nos vamos unos días de vacaciones...



        Hola “Contadores de Estrellas”: Desde hace una semana, en el “Patio-Lavadero estamos de vacaciones. Se acabó el curso, un curso lectivo maravilloso, donde hemos conocido a nuevos amigos (alumnos, padres, profesores...), recogimos nuestras pertenencias (los mapas, los libros, los esquemas y las tizas…), y por unos días nos vamos a ir a la playa, a relajarnos, a sentir el mar, y a desconectar un poco de la calurosa (y querida) Extremadura. Nos vamos hasta el 15 de julio. A partir del 15, si Atenea quiere, volveremos con nuevas críticas y opiniones, de series, películas, cómics, libros, y lo que se tercie.

        Os deseamos, igualmente, un Feliz Verano, y unas vacaciones estupendas y merecidas. Leed mucho. Salid y vivid, disfrutad todo lo que podáis, y más. Lo dicho, cerramos unos días, pero volvemos prontito. Não fiquem com saudade. Un enorme maullido de parte de nuestros gatos: Micho, Wally y Lili.

domingo, 17 de febrero de 2019

Mi rodilla derecha




         El pasado año (julio de 2018) celebraba el fin de mis Oposiciones (las últimas, por suerte, de mi vida) en Matalascañas. Normalmente, desde que llego a la playa, desde el primer día, siempre llevo mis gafas puestas, y no soy amigo de usar lentillas en zonas de mar. Pero, una noche, me dio por ponerme unas para salir después de cenar por Caño Guerrero, y, al día siguiente, tenía uno de los ojos con un picor, un escozor y un lagrimeo que no era normal.
       Sospeché que aquello podía ser una conjuntivitis del santo copón. Y, desde el hotel, me fui a la farmacia más cercana. Era un día de mucho sol, con mucha luz, y aquello me ponía el ojo muchísimo peor. Al subir una cuesta, tropecé con un banco de piedra que no vi. Tal fue el impacto, que el cuerpo se me volteó hacia la izquierda, y caí, con un dolor insoportable, de espaldas sobre la acera.
        La rodilla derecha me sangraba profusamente, y creo que el banco lo desplacé del rodillazo un par de metros. Por allí no pasaba nadie. Eran cerca de la una de la tarde. Con el ojo a la virulé, y la rodilla sin parar de sangrar, llegué hasta la farmacia, donde me compré un colirio, unas gasas, mecromina, tiritas… Llegué a manchar el suelo del local, para consternación de las farmacéuticas, pero ninguna se ofreció a curarme allí mismo, ni a interesarse lo más mínimo por mi estado. Así que, por mi parte, se jodan, y mucho.
        Una vez en el hotel, me curaron, y me recomendaron que, a pesar de lo que se suele decir, no me mojara la herida con agua de mar. Que eso es una puta locura, y que más de uno ha tenido unas infecciones temibles por mojarse con agua de mar las heridas. Alguien me insinuó que necesitaría puntos, incluso que podía tener un hueso roto, pero yo, bruto como una cabra, estuve sangrando tres días, y cojeando una semana. Hasta cerca de diciembre, no me desaparecieron las postillas de aquella herida, y, a fecha de hoy, me ha quedado una cicatriz bien fea.
        Pero, lo curioso de toda esta historia, y por eso la cuento, es que, a raíz de aquel terrible golpe, la maldita rodilla derecha se me ha convertido en una especie de barómetro, y, cada vez que bajan las temperaturas, o va a llover, me comienza a doler como si alguien me la estuviera machacando con un martillo una y otra vez. Es un dolor de la hostia.                  Cuando se lo cuento al personal, no se lo creen, y piensan que me invento el tema, pero… Es así. Un auxiliar de enfermería me ha comentado que ha conocido a gente, que se ha roto huesos, que sienten lo mismo que yo, así que, posiblemente, algo se rompió, realmente, aquel día que me di de bruces en una acera de Matalascañas.



P.D: Esto, a pesar de tener la etiqueta de relato corto, es verídico.