“Amal”, película
belga de 2023, es un ejemplo de película de la cual no esperaba absolutamente
nada, y me ha quedado tan sorprendido que hay partes, hay escenas que las he
visto un par de veces porque no creía que pudiera ver una película tan
valiente, tan arriesgada, y a la par, tan necesaria, como esta, que versa sobre
la radicalización de ciertos sectores musulmanes en la supuesta Europa laica
del S.XXI, que va, en ciertos aspectos, al abismo de cabeza.
Bajo
la batuta de Jawad Rhalib, que también se encarga del guion, la historia que
nos presenta este director belga-marroquí es tan actual como problemática, y la
verdad es que invita a la reflexión desde prácticamente los primeros compases
de la película, te presenta un debate que viven la mayoría de los países
europeos, que suele resolverse mirando a otro lado, y lo que es más alucinante
es que señala sin miramientos a los culpables de la situación creada en dichos
países, como es el caso de Bélgica, pero también de Reino Unido, Alemania o
Suecia, donde se han creado estados religiosos dentro del propio estado, y
donde la sharía o tradiciones musulmanas, están por encima de lo que diga
cualquier constitución estatal…
“Amal” creo que es rabiosamente actual
en su planteamiento, en la problemática que presenta, en cuya narrativa nos
encontramos a una profesora belga (¿O es francesa? Eso no me quedó muy claro)
de literatura, Amal, musulmana que trabaja en un instituto de Bruselas, y que
da clases a una mezcolanza de alumnos de diversas procedencias y creencias,
aunque la mayoría de ellos son musulmanes como ella.
Un día, una de las alumnas comienza a
recibir insultos y amenazas por parte de sus compañeros de clase, antiguos
amigos por su condición sexual. Monia, que es como se llama la chica, que es
musulmana también, comienza a vivir un verdadero infierno dentro y fuera del
instituto, ya que es atacada hasta por las redes sociales.
La profesora, Amal, se ve muy afectada
por la situación, porque, a pesar de que es musulmana, no quiere que la
religión se inmiscuya en la educación y formación de sus alumnos, y pretende
que haya el respeto y la libertad que piden precisamente esos mismos alumnos
para su religión, sus costumbres, su manera de pensar o de vestir…
Respeto
para mí, pero no para ti. Y aquí, inevitablemente, piensas en muchas vainas tan
actuales, relacionadas con casos parecidos, que vemos en la Europa actual, en
el día a día.
Por supuesto, cuando la cosa se comienza
a ir de madre ya con amenazas a la alumna, a la propia profesora, y al entorno,
y se intenta acercar posturas, la propia Jefa de Estudios justifica, mira para
otro lado y se hace la tonta. Y dentro de la Comunidad Musulmana, manda la
interpretación exhaustiva del Corán, la sharía, el salafismo y por encima de
todo está el profesor de religión musulmana, que pretende hacer de una escuela
laica una escuela coránica, y que es un converso que hasta hace tres años comía
cerdo, y es el más radical, con diferencia, de todos ellos.
En la presentación de hechos, personajes
y situaciones, la película no se anda por las ramas. Presenta cada uno de los
puntos de vista, lo que piensa uno, lo que hace el otro, las medias tintas y
como se va imponiendo un relato de terror bajo la premisa religiosa en una
Europa cada vez más radicalizada en estos aspectos.
Y
no me vengan, por favor, con el rollo de la islamofobia, que ya es viejo y no
hay por donde pillarlo. El miedo a ofender lleva a que la sociedad belga, la
europea en general, se dé un tiro en el pie con el tema de ceder y ceder y
justificar continuamente lo que no se puede, ni se debería justificar.
La película de una hora y cincuenta
minutos me ha parecido francamente buena, hasta necesaria, para afrontar un
debate que se va dejando, se va dejando, y que ya está causando problemas, no solo
a nivel académico, sino yo creo que en otros muchos frentes sociales y
laborales.
Una película, sin duda, tan valiente
como necesaria, con unas muy buenas interpretaciones, destacando la de su
protagonista, la actriz Lubna Azabal y un final redondo. Un final que es duro,
pero completamente real, y con un silencio brutal, desolador, en los créditos
finales. Para, como digo, reflexionar ancho y tendido.
De nota le doy un 7,5 y os recomiendo fehacientemente su visionado. Es una película difícil de olvidar.