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miércoles, 2 de abril de 2025

Solitude (2023)

 

       El cine islandés no suele estar entre las películas que más suelo visionar, pero por recomendación, me he visto una película islandesa de 2023 cuyo título es “Solitude”, y que también podéis encontrar en algunas webs españolas como “Einvera”. En realidad, es una coproducción islandesa, eslovaca y francesa… Lo sé, es como tirar tres dados y que los tres saquen un seis, pero es lo que hay.

        Más allá de su hora y diez minutos de duración, lo que más me ha llamado la atención de esta Opera Prima de la directora Ninna Palma, es que consigue darle una vuelta de tuerca a una historia que ya hemos visto mil veces en el cine, como es la relación entre un niño y un completo desconocido que llega a su vida, un adulto, ya abuelete, que viene como de otro mundo, en esta ocasión del gélido mundo rural islandés, y que se pasea por la ciudad como lo haría un marciano por el Centro de Badajoz… Bueno, a lo mejor la comparación no es muy buena, porque podría pasar perfectamente inadvertido, pero creo que vosotros entendéis lo que quiero decir.

 

        Una especie de Paco Martínez Soria, con gorra verde de la Caja Rural en vez de boina, barba y pelos de once meses, muchísimo dinero en el banco, tanto como soledad en el alma y recuerdos de mejores tiempos en la cabeza, que esperando el tiempo de descuento… Le llega un amigo de diez años a su vida.

        En la narrativa tenemos a Gunnar, un viejo granjero solitario que vive en medio de la más absoluta nada, con la única compañía de su caballo. El gobierno islandés le advierte que, por la construcción de una presa y central hidroeléctrica, sus tierras y su casa se van a inundar. Él se resiste a abandonar el terruño, pero ya obligado y con una indemnización de 150 millones de coronas en el bolsillo (poco más un millón de leuros al cambio actual), se ve mudándose a la ciudad, a Reikiavik), donde paga una casa al contado y espera no sabe bien el qué.


Carente de televisor y aficionado a la radio, ajeno a internet, desconocedor de lo que es una pizza, el personaje de Gunnar es un poco raro de creer por mucho campo que te hayas tragado en tu vida, y cae un tanto en el convencionalismo en ese aspecto.

Grandote, barbudo, solitario, coincide con el arquetipo de personaje buena gente, pero más solo que la una.


        Nada más llegar al barrio, conoce a Ari, un nene pelirrojo de diez años que reparte periódicos. Ari, hijo único, está igualmente solo. Tiene unos padres que delegan bastante el uno en el otro a la hora de cuidarlo, y no es precisamente una familia modelo que esté pendiente del chaval, que, a pesar de todo no se les ha torcido.

        Ari pronto se ve atraído por ese viejo barbudo, Gunnar, que parece venido del espacio exterior. Gunnar muestra desde el principio un choque cultural que no me creo en pleno S.XXI, un siglo demasiado globalizado para llegar a creértelo.


Habla poco, escucha mucho, y le gusta jugar al ajedrez con él, por lo que el chaval comienza a pasar más tiempo con este abuelo encontrado, y ambos suplen así sus soledades, comiendo pizzas, viendo programas en la tele recién comprada para sordomudos y siguiendo las noticias referentes a un afgano que ha entrado ilegalmente en el país que va a ser expatriado por el malvado gobierno islandés, que no lo acepta como refugiado en su gélida isla.

        En esta subtrama, Gunnar saca 50 millones del banco, medio alelado, para donarlo a la causa del afgano, un poco sin saber bien qué hace, para satisfacer a Ali, cuyo deseo es ayudar al afgano y que está dispuesto a sacrificar los pocos ahorros que tiene en la hucha para ello.


        El ritmo tranquilo y sosegado de la película acaba en los últimos veinte minutos, cuando ya crees que no va a pasar realmente nada interesante, más allá de la creación de la amistad entre el nene y el abuelete.

        Un día, hay un malentendido en casa de Gunnar, y es que el nene comienza a quedarse a dormir, y al venir a recogerlo la mamá que confía plenamente en Gunnar, que va hasta a los partidos de fútbol de Ari, se encuentra en calzoncillos al nene en el sofá montándose tremenda bola en la cabeza.

        Al interrogar a Ari en casa, esta monta más bola al no aclarar bien la situación, por lo que el padre va a casa a amenazar y golpear a Gunnar, y la relación de amistad se rompe, y Gunnar intenta volver allá donde fue feliz, con metro y medio de agua mediante.


        En definitiva: “Solitude”, película enemiga de la presunción de inocencia, “Solitude” pasaría sin pena ni gloria si no fuera por los últimos veinte minutos de metraje que presenta este conflicto, malentendido, y cuyo final no cierra bien. Nos plantea un “What if…?” (en español, un ¿Qué pasaría si…?) bastante embustero sobre lo que Gunnar, que irremediablemente vuelve a su casa en la ciudad, se encontraría si se volviera a acercar a la familia a hacer las paces. Algo que no pega en el carácter melancólico del personaje que se nos ha presentado durante toda la película. Deja muchas dudas en el aire.

        “Solitude” invita a la reflexión en este aspecto, aunque no es original en ello, ya que ya hemos visto temáticas parecidas en otras películas, pero no deja de ser algo a tener en cuenta.

        De nota, le voy a dar un 6. Y os recomiendo su visionado, me gustaría saber vuestra opinión sobre la trama y el personaje de Gunnar, que, por cierto, está muy bien interpretado. Lo dejo aquí.

miércoles, 7 de agosto de 2024

MayDay Club (2023)

 

       Atraído por las palabras Islandia y Comedia, he caído en la trampa mortal de ver una película islandesa de 2023, que no es que suela hacerlo, lo de ver películas islandesas digo… De hecho, creo que veo una cada diez o doce años, titulada “MayDay Club”.

          Y la verdad es que de Islandia poco, y de comedia menos, a pesar de que la idea podría haber dado para mucho con otro guion, en otras manos, y supongo que en otra realidad paralela…


       Rodada en tres semanas y media prácticamente, y con media docena de actores, “MayDay Club” peca de no saber presentar bien el producto que quiere vender, y menos saberlo vender adecuadamente.

       Un grupo peculiar, estereotipado y lleno de clichés de personas con aerofobia, miedo a volar, hace un curso para intentar superar esos miedos. La premisa te puede resultar atractiva en los primeros minutos, incluso parece que el tema va encaminado cuando en un avión falso, dos monitores dan claves y sermonean a los alumnos del curso, presentando lo que parece un grupo curioso del que se puede sacar mucho juego.


         Pero pronto, el grupo se ve reducido a un monitor y a cuatro alumnos, casi sin dar mayores explicaciones que la huida de parte del elenco, los alumnos, y dando explicaciones difusas sobre el vacío que deja uno de los personajes que prometía, que era una pizpireta y simpática monitora.

        Los personajes que nos quedan son una influencer que se gana la vida fotografiándose el trasero en sus viajes, su compañero que es un creador digital al que le tocó la lotería y lo invirtió todo en una app, y los dos personajes principales, mejor esbozados, pero tampoco sin pasarse ni tirar cohetes, que son, Sarah: Una promotora inmobiliaria que miente a su familia, que sabe de su miedo a volar, y les hace creer que pilla vuelos ya sin ningún tipo de problemas… Y Edward, un veterano de la Guerra de las Malvinas, que, interpretado por el veterano actor Timothy Spall, remonta el vuelo de la narrativa a ratos, pero que no puede hacer milagros él solito, por mucho que lo intente. Esbozados, pero sin tirar cohetes, ojo.


        Se supone que para superar el miedo a volar, harán un viaje a Islandia, esa “roca helada en el Atlántico Norte”, como más o menos la definen en la película. Ya antes de embarcar, como os decía anteriormente, se raja la mitad del elenco. Y posteriormente el vuelo y llegada a Islandia es un auténtico desastre, iniciando una pequeña “road movie”, donde les pasa de todo, aunque en forma de gags poco creíbles que enlazan unos con otros, y con una fotografía oscura, que aprovecha poco los paisajes de Islandia, y que no ayuda a que la supuesta comedia que es “MayDay Club” remonte el vuelo, nunca mejor dicho…

        La música, que alterna entre un Jazz ligero con un toque caótico de caerse y música clásica libre de derechos de autor, tampoco ayuda en darle ritmo, interés o velocidad a la narrativa… Si acaso, todo lo contrario, te pondrá nervioso en lo que se cree una comedia.


       Al final acabas pidiendo la hora, y los últimos minutos, dedicados a una sonriente Sarah que está con su familia, cierran en falso y mal una película de la que creo que puedes prescindir perfectamente. Con veinte minutos menos… No, ni con eso lo arreglamos, creo.

       De nota le pongo un 4,5, y creo que me estoy pasando tres pueblos islandeses. Esta es la típica película que gustará a gente que conoce a gente amorosa en saunas y extremeños que pasan agosto en Extremadura, pero que no le va a hacer ni pizca de gracia a gente a la que le da miedo volar, precisamente.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Oro Blanco (2019)

 

               “Oro Blanco” (2019), película islandesa, donde se repite la historia de David contra Goliat, en versión agraria islandesa. Inga, lleva en el norte del país una granja ganadera (crían vacas) con su esposo. Es un trabajo realmente duro, pero es su vida. 


              El marido se mata en un accidente de tráfico bastante raro, y rechaza irse con sus hijos al sur y dejar la granja. Esta decisión hace que se busque enemigos, sobre todo en la poderosa Cooperativa local, que, prácticamente, busca el monopolio económico. Todo pasa por la Cooperativa. Se les compra y se les vende todo, y si no pasas por ahí, tus días como granjero están contados. La historia, pues, es más vieja que el sol. 


            Su cabezonería y sus denuncias continuas, le granjean muchos enemigos, y el rechazo de gran parte de su comunidad, por lo que decide vender su “Oro Blanco” (la leche de sus vacas) a gente que no pertenezca a la Cooperativa, intentando sabotear el monopolio creado… 


            Película interesante, que como os digo, no nos cuenta una historia nueva y/u original, pero que no está mal, a modo de denuncia social, y con una buena fotografía, ya de paso. Su actriz principal lo borda.