Mis Redes Sociales

Mis Redes Sociales.
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok  Sígueme en Twitter
Mostrando entradas con la etiqueta Dalí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dalí. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de julio de 2019

Dalí y yo. Una historia surreal (Ediciones B, 2008) Stan Lauryssens



        Dos veces me salió la bola, en las oposiciones, “Picasso, Dalí y Miró”, y dos veces aprobé dichas oposiciones (pero sin plaza, en aquella ocasión). Los tres artistas siempre me han interesado mucho, y tengo varios libros sobre ellos en mis estanterías. El pasado verano me arrepentí de no haber comprado, en el tenderete de libros de segunda mano de Matalascañas, la biografía de Llongueras y Dalí, por 2,50 leuros.

        Pero, este verano, he comprado (por un precio similar), un libro que hace unos años fue polémico, pero que no me interesó en su momento: “Dalí y yo. Una historia surreal” (Ediciones B, 2008), del escritor belga Stan (“Están”) Lauryssens.

        El autor, que él mismo reconoce ser un mentiroso y un estafador, nos habla de situaciones y anécdotas del último Dalí, muchas de ellas ya conocidas, ya que le sucedieron a otras personas, y no precisamente a él.

        Con 22 años comenzó en el negocio de la falsificación de cuadros y grabados de Dalí, hasta los 45 en los que acabó recluido en varias cárceles españolas. Durante ese tiempo, presumía de ser solo vendedor de cuadros y obras dalinianas, aunque no había visto, ni hablado nunca con el pintor surrealista (solo lo vio una vez, ya anciano, en silla de ruedas). Pasó de hacer agujeros en los quesos (que era su profesión) a coger aviones transoceánicos como el que bebe café. Inmensamente rico, supo rodearse de los nuevos millonarios de los años ochenta, y sacarle los cuartos (dinero negro a mansalva), algo que lo llevaría, finalmente (como digo), a la cárcel. 
        Según "Están", hay miles de falsificaciones de "El barco", por todo el mundo... No me extrañaría.

         Escritor, periodista, falsificador… El libro es interesante, pero no para tirar muchos cohetes, se lee en un rato, y para mí, lo más interesante, ha sido la reproducción de algunos diálogos dalinianos, y la confesión de que casi toda la producción de los últimos años de la vida del artista, pertenecía, en realidad, a la mano de los pintores Isidoro Bea, y de Pujol Baladas (conocido como el Joven Dalí, se fue a México en los ochenta, y creo que no ha vuelto), junto a otros dos “negros” artísticos (un francés y un norteamericano)… Sus excesos onanistas, sus fiestas sexuales, sus rarezas y su amor por el dinero, ya son hartos conocidas. Era una máquina de hacer, y de gastar, dinero, solo superada por Gala, que era una brutal manipuladora. Ya me contaréis, si llegáis a leerlo.

sábado, 21 de julio de 2018

El sueño de Dalí. Carlos Hernández (2018)



        Dali es inmortal. Han pasado treinta años de su muerte, pero sigue estando muy presente en nuestras vidas. En reportajes, en medios de comunicación, en exposiciones y libros…

         El cómic no se puede quedar atrás en cuanto a biografías. No es que sea el primer cómic que tiene al genial pintor catalán como protagonista. Hay algunos más que ahora no se me vienen a la memoria sus títulos. Uno en que coprotagonizaba una aventura detectivesca en compañía de Lorca y de Buñuel, resultado de un proyecto de crowfunding o patrocinio por mecenas, otro de mi admirado Paco Roca, “El juego lúgubre”, que leí hace ya algunos años, y que no llegué a escribir una crítica en el blog, (y es una pena, porque el cómic está francamente bien, y muy original, dicho sea de paso), y posiblemente alguno que se me escapa, como el de Baudoin, que también tiene unos años y muy buenas referencias…

        En este, de Carlos Hernández, que he disfrutado muchísimo. Tenemos a un Dalí agonizante, que, desde su cama, poco antes de expirar, hace un repaso por su vida y por su arte. “Esto ya lo he visto yo antes”, musita, obsesionado por la Ciencia, la superación de la muerte, y el Deja-Vú.
Es un cómic que, prácticamente, me lo he bebido. Primero, porque me encanta la vida, obra y arte dalinianos. Y, segundo, por la alta calidad que tiene la obra de Carlos Hernández, que te engancha, te engancha… Y no puedes dejar de disfrutar ni un solo instante.