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martes, 2 de junio de 2020

Batalla por Sebastopol (2015)



        En “Batalla por Sebastopol” (2015) coproducción rusa-ucraniana (ya es raro) tenemos la historia de la mayor francotiradora de la Segunda Guerra Mundial, (no digo de la historia porque no sé si ha sido superada), Lyudmila Pavlichenko.

        La tenemos desde que, jovencita, disfrutaba de los placeres de la URSS, donde todo era armonía, buen rollo, buenos vestidos y amistad en abundancia, vida en colores y mucha camadería. En un concurso improvisado con unos colegas, con catorce años, se da cuenta de que es una tiradora nata. Las idas y venidas por el espacio-tiempo, junto a Eleanor Roosvelt, que se hizo amiga suya, son habituales. Posteriormente, la vemos como estudiante aplicada de Historia en la Universidad, pero pronto ingresa en un curso de tiradores donde destaca entre los demás.

        La declaración de guerra de los nazis, hace que se incorpore al Frente, con todos sus conocidos, (no se cita que los soviéticos habían sigo amiguitos previamente de los nazis, y que entre ambos se habían repartido Polonia, el Pacto Ribbentrop-Mólotov que suele olvidarse muy fácilmente). Allí vuelve locos a los enemigos, que caen por cientos: “Yo no mato hombres, mato nazis” suelta delante de Eleanor, a sus 25 años, y con 309 tantos en su cuenta particular, mientras se enfada con los periodistas yanquis, que están muy interesados sobre cuestiones como su maquillaje o su ropa interior (que los gringos imaginaban de seda).

        En 1942, los soviéticos tienen que huir de Sebastopol, mientras los cazas alemanes les acribillan en su huida, y allí Pavlichenko se pone la botas a matar nazis, que aquello es un no parar. Eliminando no solo a soldados y a oficiales, sino también a francotiradores enemigos, algunos con tretas como un muñeco cabezón para que el alemán saliera de su escondite. Por cierto, que el último que se carga en la película es bastante patético, con un bigotito hitleriano…

        La película… Está bastante bien, y de hecho, os la recomiendo. Quizás se echa de menos un poco más de acción, y menos rollo amoroso (y menos exaltación de lo bonita que era la URSS). Igualmente, no sé que se pretende explotando tanto la imagen de Eleanor, más allá de la admiración que pudiera tener la norteamericana por la soviética, ya que Pavlichenko tenía la simpatía de un palo, y solo se debía a su patria y al Amado Líder. Es interesante para conocer un poco de esta francotiradora ensombrecida por el archiconocido Zaitsev, que provocó menos bajas entre los alemanes que ella.

          Si os interesa saber más del tema, hay un libro publicado con sus memorias, “La francotiradora de Stalin”.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Donbass (2018)



        “Donbass” (2018) es una película ucraniana sobre el conflicto que se desarrolla allí, desde diferentes puntos de vista, como si se trataran de historias cortas, sin una conexión aparente en un principio, en la que se ve absolutamente de todo por lo que puede pasar un ser humano en ciertas situaciones extremas.

        Desde unos actores que ruedan una película, y justo en ese momento hay un ataque, hasta la agresión a un alcalde corrupto, y los milagros que hacen la gente por vivir. Una de mis favoritas ha sido la de un periodista alemán en la República separatista de Donetsk, donde, por el solo hecho de ser alemán, ya le llaman fascista (llevando ellos en el brazo la bandera confederada), reclutan a hombres que bajan de los autobuses de línea, etc.

        Otra muy dura es ver cómo viven los refugiados, los ancianos, los niños, en casas llenas de moho, con hambre y con una media de -20º grados, con un gran maltrato psicológico y físico (hay una escena, muy dura, de palos a un soldado), que difiere de algunas clases altas que se han labrado durante los últimos años.

        La película me ha parecido interesante, porque hay muchas lagunas informativas sobre lo que pasa en esa parte de Europa. Nadie sabe casi nada. La visión es ucraniana, y aquí los malos son los rusos y los de Donetsk, que no salen muy bien parados. Con estos últimos hay unas historias muy crudas: Amenazas a personas para que paguen sus movimientos políticos y militares, secuestrados en antiguos edificios gubernamentales ucranianos, o atar a personas en farolas acusadas de fascistas para escarnio del personal, que llega a situaciones surrealistas, como hacerse fotos con ellos, pegarles... Pero, lo que, sí es cierto, es que la deshumanización es total, junto al frío y las calamidades que sufren en este país roto. La fotografía muy buena, y los actores cumplen su cometido. El final, inquietante. Lo malo, como siempre, que le sobran, perfectamente, treinta minutos largos.