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viernes, 15 de mayo de 2026

The Surfer (2024)

 

        Posiblemente, una de las mayores fumadas que me he visto en bastante tiempo, ha sido “The Surfer”. Película coproducida entre Australia e Irlanda de 2024, protagonizada por Nicolas Cage, y que seguramente en una década será considerada una obra de arte, y que de haberla visto hace treinta años, quizás la hubiera visto de otra manera, pero que hoy por hoy, más allá de la rareza, me ha dicho más bien poco.

        Estrenada mundialmente en el Festival de Cannes de 2024, dentro de la sección Midnight Screenings, la película mezcla thriller psicológico, drama existencial y un humor incómodo, muy ida de olla a niveles astronómicos.


        Dirigida por Lorcan Finnegan, director que yo conozco por la película “Vivarium” (que es otra interesante ida de pinza), tiene una duración aproximada de una hora y media, que a ratos se me ha hecho un poco cuesta arriba.

        Está protagonizada por Nicolas Cage, acompañado por Julian McMahon, que falleció poco después de hacer esta película, Nicholas Cassim y Miranda Tapsell, y rodada prácticamente en un par de escenarios…

De hecho, se filmó en distintas zonas costeras de Australia Occidental, especialmente en Margaret River y Yallingup, lugares famosos por sus playas salvajes y por la cultura surfista que es todo el rollo que tiene la película como fondo de escenario.


        No he conseguido averiguar el presupuesto de la película, ya que no lo he encontrado publicado por ninguna parte, pero en algunos foros se habla de entre 5-10 millones de dólares, siendo su recaudación mundial alrededor los 2,1 millones de dólares, una cifra modesta que posiblemente se incrementará un poco más entre plataformas y cosas parecidas con el tiempo.

         Lo curioso es que The Surfer no es, ni pretende ser una película de surf en el sentido tradicional. De hecho, creo que el tema del surf es más una excusa que otra cosa. No hay largas secuencias heroicas sobre olas perfectas ni una glorificación romántica del mar ni cosas parecidas. El surf funciona aquí como metáfora, como símbolo de pertenencia a un lugar concreto, de una masculinidad tóxica y violencia pandillera, y la playa es un territorio en disputa.


        La historia sigue a un hombre, Interpretado por Cage, cuyo nombre nunca llegamos a conocer, es simplemente “El Surfista”. Regresa a la costa australiana donde pasó su infancia con la intención de comprar una casa y surfear junto a su hijo adolescente. El regreso tiene algo de nostálgico y melancólico: el protagonista quiere recuperar una parte de sí mismo que cree perdida. Sin embargo, apenas llega a la playa, es rechazado de muy malas maneras por un grupo local de surfistas viejunos llamados los “Bay Boys” liderado por Scally, el personaje interpretado por Julian McMahon. La regla del lugar es sencilla y brutal: “No vives aquí, no surfeas aquí”.

        A partir de ese momento, la película se convierte en una lenta espiral de humillación hacia nuestro protagonista, que no da pie con bolo y todo comienza a salirle mal. Lo que inicialmente parece una discusión absurda en la playa evoluciona hacia una pesadilla psicológica. El protagonista pierde dinero, dignidad, estabilidad mental y hasta el vínculo con su hijo. Los surfistas locales funcionan casi como una secta masculina que defiende el territorio mediante intimidación emocional y violencia.

        Nadie ayuda al protagonista. El único policía del lugar lo ignora, los vecinos lo observan con indiferencia y el calor sofocante parece empujarlo poco a poco hacia la locura.


Todo va degenerando por cada una de las escenas que transcurre, y el protagonista, que es un tipo muy obsesionado, es incapaz de abandonar la playa aunque todo indique que debería marcharse. Duerme en su coche, se deshidrata, vaga por estacionamientos vacíos y comienza a comportarse de manera errática, acentuando su locura. Y, todo, aderezado con una paleta de colores muy cálidos, muy claros, donde el sol es parte de la pesadilla.

Cuando parece que ya no puede rebajarse más, y que ya nada puede ir peor, los surfistas de la playa lo ponen a prueba y lo aceptan en su secta o pandilla. Algo que él aprovecha para conseguir lo que quería, surfear con su hijo, a la par que un viejuno que andaba por allí, descabeza de un tiro a Scally y pone en pies en polvorosa a la pandilla.

        La película es muy metafórica, muy simbólica, muy psicodélica, y te da para análisis y para debate largo y tendido, pero yo con el final me he quedado un tanto frío, y con más preguntas que con respuestas.


Como curiosidades, os puedo comentar que el rollo de surfistas violentos y territoriales es, al parecer, real. En ciertas playas australianas y yanquis, hay grupos de surfistas conocidos por expulsar violentamente a quienes consideran “forasteros”.

        Otra curiosidad, es que la película se rodó en exteriores reales bajo temperaturas extremadamente altas. Y, al parecer, Cage sufrió el calorato en sus carnes realmente.


        En definitiva: Película para los muy cafeteros, que puede llegar hacerse un poco cuesta arriba, un poco excesiva, un poco pesadilla psicodélica, como os digo, y que personalmente, a pesar del calor que muestra, me h dejado un tanto frío. Nota: Un 5,5, y la dejo a vuestra entera elección.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Devuélvemela (2025)

 

      Hace unos años, concretamente en 2022, un par de hermanos australianos, que viven entre Los Ángeles y su país natal, dieron un campanazo con una película de terror, que yo, por mucho que intenté verla, no fui capaz de encontrar ni de localizar, porque solo me salía en el Amazon de Yanquilandia para alquilar.

        Aquella película se llamaba “Talk to me” (Háblame), y con un presupuesto de 4,5 millones de dólares, recaudó 100 milloncejos. Campanada gorda.


        Estos dos hermanos, llamados Danny y Michael Philippou, que además de directores y guionistas, son youtubers y te llevan el café al set de rodaje, han vuelto a las andadas con una nueva película de terror, que si he podido ver en esta ocasión, y que, a pesar de no haber tenido el éxito de su anterior proyecto, han sacado algo de plata de un proyecto rodado en Australia por 15 millones y cuya recaudación mundial ha superado levemente los 27 “minolles”…

        Os hablo de “Devuélvemela”, película de 2025, de una hora y casi cuarenta minutos de metraje, y terror, gore, “chatanismo” y niños-adolescentes… La perfecta combo.

        Producida por A24, que suele apostar por este tipo de producciones con bastante éxito, “Devuélvemela” más que una película de terror al uso, más que asustarte con ochenta mil decibelios de violín chirriante, lo que busca es incomodar, buscar en el espectador el malestar emocional, que te remuevas en el sofá y para ello no duda en mezclar lo que parecen ser en un principio material snuff, que después van a resultar ser vídeos “chatánicos” o de una índole parecida, porque esa parte no me ha quedado clara, con maltrato físico y emocional por parte de una cuidadora a una serie de niños, horror de andar por casa, sadismo y ocultismo que van de la mano, y un dolor que traspasa lo físico, como os digo, más emocional.


        No es original en cuanto al planteamiento, y a mi me ha dejado muchas dudas sin contestar, muchas incógnitas, pero se agradece como os decía antes la carencia de sustos de violines chirriantes, “jump scares” que llaman los anglosajones, y la presencia de un gato que hace un papel que espero que acabe en algún premio cinematográfico australiano por su increíble actuación, que es digna de quitarse el sombrero, en mi caso, la boina.

        En la narrativa tenemos, en una primera escena a dos hermanastros, menores de edad: Andy el mayor, un chico responsable que ha tenido un pasado difícil y que asume un papel protector frente a Piper, su hermana de origen asiático, prácticamente ciega, que intenta hacer amigos y ser una adolescente más en un mundo que no la acepta.


        Al llegar a casa, un golpe seco les pone en alerta, su padre ha caído muerto, fulminado, en la ducha de casa. Andy quiere hacerse cargo de su hermana, pero los asuntos sociales los mandan a una casa apartada en mitad de la nada, rodeada por un círculo blanco de cal. Lo más normal del mundo, donde una trabajadora social, Laura, que se ve a la milla que está como una cabra en bicicleta, se hará cargo de ellos.

        Laura vive con Oliver, un nene retraído, mudo, rapado al uno, pecho al aire como legionario australiano, que parece estar poseído por una entidad demoniaca que no puede salir del círculo que rodea la propiedad, y que atosiga al gato a todas horas.

        Desde un principio, Laura la toma con Andy e intentará romper el vínculo entre los dos hermanos.


        Laura, que al parecer, perdió a una hija biológica, ha perdido la cabeza e intenta recuperarla con ritos ocultistas, mantiene el cuerpo en un congelador junto a los helados y los flashs de cola, y cree que los dos hermanos pueden ser la pieza que le falta para traer a la vida a su hija con sus rollos esotéricos.

        Y con este percal, sálvese quien pueda con la loca de Laura en casa, sus tejemanejes y Oliver con arrepios demoniacos que hacen que se autolesione con todo tipo de objetos punzantes, siendo el cuchillo de cocina su favorito para estos menesteres.


        En definitiva: La película no está mal, y, de hecho, yo la he disfrutado bastante, pero creo que adolece de un metraje excesivo para lo que te quieren contar. Su hora y casi cuarenta minutos tiene mucho relleno de situación, el ritmo es lento y lo visceral va a ser lo que haga, que, como espectador, te revuelvas un poco. Con veinte minutos menos, ganas en ritmo, te cuenta lo mismo y hasta puede ser más “trepidante”, si se me permite la palabra.

        ¿Quién es la víctima? Al final, la reflexión es que todos a su manera lo son. Eso te lo tienes que plantear tú como espectador, ellos muestran y tú sacas conclusiones. No te va a dar muchas respuestas como os decía anteriormente.


El tema sobrenatural está bien cosido con lo terrenal, la perdida de una hija, la soledad y locura de una madre que se le ha ido la chaveta.

        Y que hará todo lo que se le pase por la cabeza para recuperarla, incluyendo el “chatanismo”. “Devuélvemela” puede analizarse desde distintos enfoques en cuanto a ese respecto. Buenas interpretaciones, buena fotografía, música apenas perceptible, creo que merece la pena su visionado siempre y cuando no seas de estómago sensible, porque puedo entender que a alguno le resulte dura por momentos.

        De nota le voy a dar un 6. Ya me diréis que os pareció.

sábado, 19 de julio de 2025

Monolith (2022)

 

        No hay nada como un buen podcast. Yo debería haberme dedicado a hacer podcast, y no a hablar aquí solo. Podcast de misterios, como los que hace nuestra protagonista, en plan: ¿Por qué los trenes no funcionan en Extremadura?, ¿Por qué Cáceres y Badajoz no están conectadas por autovía, o Badajoz con Huelva?, ¿Por qué la gente joven se larga de aquí y seguimos sin tener futuro? o ¿Por qué existe el Badén de Talavera?.

        Estoy convencido de que sería un éxito, un enorme éxito, y la gente estaría siempre esperando un nuevo podcast sobre grandes misterios que solo suceden en Extremadura, mientras en otros lugares con el triple de recursos y oportunidades, con grandes infraestructuras y aeropuertos internacionales se sienten oprimidos, y cosas así…


        Pues de eso va, de un podcast, la película australiana de 2022 titulada “Monolith”, de una hora y media de metraje, rodada en quince días en Adelaida y con un presupuesto de medio millón de dólares, una recaudación ínfima y con una sola actriz en pantalla, Lily Sullivan… Ahm, y un tortugoide también, todo hay que decirlo.

        Lo primero que tengo que decir de “Monolith” es que es una película que me ha gustado, pero que tiene una trama difícil de analizar o de comprender, más en el final, que no me ha quedado muy claro, y tengo dos teorías que compartir con vosotros, y si tenéis la vuestra propia, estaría encantado que me la dijeseis para poder ver otros enfoques y puntos de vista.

        En la narrativa seguimos a una tipa que tiene un podcast de misterio en horas bajas, porque no acaba de levantar el vuelo, es una periodista que debió tener un pasado más fructífero por el tamaño de la casa que se gasta que es como la mitad de mi barrio, pero con más verde y con habitaciones que nunca ha visto.


        La señora está bastante desesperada porque la vaina tiene pinta de no remontar, pero un día recibe cierta información, un correo electrónico anónimo, que la pone en la pista de la existencia de unos bloques o ladrillos negros misteriosos que llevan años apareciendo por medio planeta, y que afectan a sus dueños o portadores, haciéndoles ver visiones inquietantes y alterando las percepciones y sentimientos de sus dueños.

        Este correo le pone en la pista de uno de ellos, en el que una antigua empleada de hogar tuvo una experiencia aterradora con uno de ellos mientras servía en una casa de la que fue despedida de muy malas maneras.

        Aquel ladrillo fue vendido, lo que llevará a la periodista a seguir la pista de un tratante de arte, mientras va manipulando y narrando en su podcast los audios que va tomando en sus entrevistas, que se van haciendo cada vez más interesantes y que hace que su podcast tenga miles y miles de oyentes, transformándose gradualmente en un éxito.


        Según va investigando más, su mente comienza a afectarse, tortugoide, que hace una gran interpretación, deja de comer, y la historia se complica al ser ella parte de la historia de los ladrillos negros, porque averigua que ella era la niña de la familia que botó a la calle a aquella mujer poseedora del primer ladrillo, que fue vendido al tratante de arte por parte de su padre, tratante que también pierde la chaveta completamente, y que todo lo que hemos visto está relacionado al final con ella, su pasado, remordimientos, sentimientos de culpa y un pasado para olvidar.

        ¿Habéis visto alguna vez algún gato echar una bola de pelo? Seguro que sí, es un espectáculo digno de ver. Pues hay una escena en la que nuestra protagonista escupe un ladrillo que tenía ubicado en el esófago de vete a saber cuándo, de ahí la importancia de hacerse de vez en cuando una radiografía, no vaya a ser que en una pierna tengas una moto de 500 CC o en un brazo una réplica de la Estatua de la Libertad.


Le mete un martillazo al ladrillo, y de ahí surge su doble, como cuando Atenea nació de la cabeza de Zeus después de un martillazo de Hefestos, igual. Su doble no está para conversaciones, es muy seria, muy fuerte, y la persigue hasta la orilla de un lago donde la estrangula hasta matarla, después le llena el cuerpo de pedruscos y se supone que la mete en el agua.

El doble llega a casa, tortugoide vuelve a comer y a mi se me queda cara de póker, porque no sé si he visto un rollo extraterrestre o es una complicada metáfora sobre la culpabilidad del pasado, una metáfora sobre el renacer del ser o su abuela en bicicleta. ¿Vosotros que pensáis?

 

        En definitiva: Más allá de este final raro, del que no me he enterado bien, la película no me ha parecido mala. Está bien planteada, con un solo personaje en escena, una casa que se ha tenido que chupar el presupuesto de la película en alquiler, y la sublime interpretación de la tortuga.

        A pesar de que su metraje pueda parecer corto, en algunas partes de su narrativa se te puede hacer cuesta arriba. Da para muchos debates filosóficos, pero ese ladrillo lo pasé hace algunas décadas, así que las reflexiones filosóficas las dejo a vuestro parecer.

        De nota le voy a dar un 5,5. Si la veis, ya me comentaréis que os pareció a vosotros “Monolith”, si os gustó u os pareció un ladrillo.

viernes, 14 de marzo de 2025

Héroes al Amanecer (2024)

 

        Que se estrene de vez en cuando una película de la Primera Guerra Mundial, es algo que los amantes del cine histórico debemos celebrar, ya que no suelen ser muy habituales, al igual que otros periodos interesantes de la Historia, más del S.XX, como la Revolución Rusa, La Gran Depresión o la Guerra Fría.

        “Héroes al Amanecer” es una película sobre la Primera Guerra Mundial, con la particularidad de estar basada en hechos reales, basada en la vida y experiencia del joven soldado australiano Jim Collins, que pasó de cuidar ovejas con su padre a tirarse dos años y medio en el Frente Occidental europeo, viendo y sufriendo casi de todo.


        Esta producción australiana de 2024, que tuvo un presupuesto de cinco millones y medio de euros y que recaudó 200 mil euros en taquillas de medio planeta, tiene un metraje de una hora y media, y a pesar de sus buenas intenciones, peca de excesivamente lenta, y, quizás, de poco creíble, ya que los paisajes australianos no me rememoran a lo que debió ser la Francia gruyere de la guerra de trincheras, aunque sus interpretaciones son bastante buenas… Todo hay que decirlo.

        A Australia, la Primera Guerra Mundial le costó 60 mil fallecidos, y varios miles de heridos y mutilados.


Al igual que sucedió en muchos otros países, el inicio de la Primera Guerra Mundial se tomó en Australia con gran alegría y alborozo. Sé que es algo que hoy en día nos choca, pero los australianos enseguida se organizaron a los neozelandeses en la llamada ANZAC, que vendrían a ser las siglas de “Cuerpo del Ejército de Australia y Nueva Zelanda”. En los primeros compases de la guerra, 32 mil voluntarios se alistaron alegremente para ir al frente.

        La primera acción de guerra la llevaron contra la Nueva Guinea Alemana en septiembre de 1914, que tomaron rápidamente acabando con la presencia alemana en esa parte remota del planeta, donde España también había estado presente hasta 1899, aunque ya desde 1885 la propia España había comenzado a ceder, a vender, parte de sus territorios, como las Islas Marshall a la propia Alemania por 4,5 millones de dólares. Alemania perdería todas sus colonias, africanas y asiáticas, tras el final de la Primera Guerra Mundial.

 

        Posteriormente, australianos y neozelandeses saltaran a Egipto para garantizar el Canal de Suez para finales de 1914, y en prácticamente todo 1915 nos los encontramos dándose el batacazo militar, junto a franceses y británicos, en Gallipoli, frente a los otomanos, futuros turcos, aliados de los Imperios Centrales, un auténtico descalabro…

Por cierto, tenéis una película de 1981, con Mel Gibson de protagonista, del mismo título (“Gallipoli”) que merece la pena ver (de hecho, a mí me parece muy buena), y otra de 2015 de idéntico título donde también actúa el actor Travis Jeffery, que también trabaja en esta “Héroes al Amanecer”.


Para 1916, los australianos ya estaban en el Frente Occidental, que es donde se desarrolla la historia de “Héroes al Amanecer”, con un personaje ficticio como protagonista, porque la película te dice que está basada en hechos reales, pero Jim Collins no existió, o al menos yo no lo he encontrado en archivos de guerra australianos. Dos soldados de nombre parecido existieron, pero distintos destinos, eso sí, y ni parecida vida a la de nuestro Jim Collins.

Con un presupuesto bastante escaso, recrear el Somme, las trincheras y toda la ambientación bélica de la Gran Guerra tiene que ser muy difícil. En la narrativa Jim es un joven ganadero, que vive en su rancho australiano con su familia, y que, por seguirle el juego a dos amigos, se va a la guerra como el que se va de fiesta. 900 días se tira entre cadáveres, tiros y ataques alemanes contados, ya que las escenas de acción no se prodigan mucho, y a veces, todo parece demasiado nuevo, y en los planos generales, más allá, simplemente no hay nada.


Los continuos avances y retrocesos narrativos nos llevan a su pasado ovejero, al día tal o al día cual, de tal año, que se nos va narrando. Allá donde hay un hito en los acontecimientos, allí nos lleva el guion, donde Jim demuestra ser un tipo con honor, con fondo, que lo mismo deja irse a un soldado alemán por pena, que te rescata a un moribundo de las alambradas mientras a su alrededor caen sus amigos y compañeros como moscas, y ellos van de un lugar a otro al compás de un oficial bigotudo, al que a ratos llaman sargento y a ratos capitán (posible error del doblaje).

Todo regado con bastantes tópicos de la guerra donde me ha chirriado ver a soldados con bigote, decoración facial que juraría solo estaba reservado para oficiales, y como os comentaba anteriormente, trincheras demasiado nuevas, afeitados de primera, ausencia de barbas, ratas y un sol que no considero francés ni a la de tres. Aviones, ni uno, o al menos nombrarlos.


Desgraciadamente, “Héroes al Amanecer” no te va a aportar nada nuevo a la temática, y su narrativa, que está un poco perdida, y muy falta de emoción, te puede llegar a aburrir. La ves venir a tres pueblos, y sabes de antemano, sin ser nigromante ni nada parecido, quién las va a pinchar y cómo acabará.

De nota yo le pondría un 4 sin pestañear, pero me vais a dejar que haga trampas y la apruebe con 5 raspado, a pesar de que no es ni de lejos una buena película de la Primera Guerra Mundial. ¿Por qué ese 5 raspado?, por el enfoque australiano, las ganas y la falta de experiencia del director. Suspendería, sí, pero vamos a dejarla pasar… Venga. La dejo por aquí.