Oyes. Lees. Ves… Y en
todos los lugares te hablan de “Roma”, la película de Alfonso Cuarón. Una cinta
que ha ganado un saco de premios que no caben, seguramente, en las estanterías
del cineasta mexicano.
Te atreves a ir a verla,
y te encuentras con una fotografía excepcional, con un enfoque de la leche, una
belleza impresionante, unos recuerdos de niñez rodados en blanco y negro, desde
la óptica de las sirvientas (nativas mexicanas) de una familia media-alta del
barrio colonia Roma. En una etapa, los sesenta-setenta, convulsa
(manifestaciones, revueltas, tiros y muertos, desigualdades sociales…), y que
aún así, despierta los recuerdos de Alfonso y de la “nana” que tuvo en aquella
época. Hay cosas que nos marcan de por vida.

Hasta aquí, todo bien.
Después de dos horas largas de película, y varias visitas al W.C, te das cuenta
que has visto algo parecido a una temporada de la serie española “Cuéntame”,
pero en versión resumida, y que, al fin y al cabo, no ha ocurrido nada. Todo
muy de telenovela, pero con unos encuadres de la hostia. Solo nostalgia,
melancolía, muy bien presentada, como un bombón o un caramelo, un olor que te
llega y que te evoca algo, un recuerdo pasado, una vivencia, un ayer, la ciudad
que no para de crecer, las clases sociales… Pero… Poco más. Bueno, sí, vamos a
ser sincero. Hay algunas escenas surrealistas: La de un tipo en pelotas haciendo
malabares con un palo y hablando japonés (que tiene bastante peso en la cinta,
como se verá), y la de otro tipo que canta en mitad de un incendio una triste
canción que no viene mucho a cuento, son un ejemplo de ellas.

Sé que por esta opinión
más de un@ me va a crucificar, pero lo veo así. Es emocional, es evocadora como
ella sola, pero no transmite más que esto. Quizás se trataba de eso, de
recordar una etapa de la infancia, unos hechos, y ya está…
P.D: Lo mejor del tema es que apunta a llevarse un buen puñado de Oscars y varios premios más...