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domingo, 23 de noviembre de 2025

The Witcher (4ª Temporada) Netflix, 2025

 

          Esta es una de esas reseñas que me da mucha pereza hacerla, porque vi hace casi un par de semanas la Cuarta Temporada de “The Witcher”, y aunque es verdad que no esperaba, en esta ocasión, mucho de la serie, después de dos años de espera, tampoco esperaba que me dejara tan frío. Así que me he ido haciendo un poco el remolón, lo he ido dejando, hasta que he tomado la iniciativa, y me he dicho: Algo que habrá que decir, aunque ya hayan pasado dos semanas desde que la viera…

        Y es que el cambio de actor principal, de Henry Cavill a Liam Hermsworth, que tiene menos chispa que el mechero de un hippie, y el rollo que se ha gastado la narrativa, que está entre una mezcolanza de “Juego de Tronos”, el “Hércules” de Kevin Sorbo, y hasta “Xena, La Princesa Guerrera”, me ha parecido bastante infumable en al menos cinco de sus ocho episodios, aunque al menos, en el último episodio acaban con una pandilla de ratas infumable, que parecían la versión “Dragones y Mazmorras” de la serie “Friends”, y cuyo tanto colorido textil, y verborrea estúpida, me mareaba a cada instante. Y, lo peor es que falta una quinta y última temporada, y tendré que verla, masoca soy.



        A ver… Henry Cavill se creía el personaje, el tipo estaba convencido de que él era Geralt de Rivia, y tú te lo creías con él. Lo malo de Liam Hermsworth es que esos caretos que pone, no sabes si es porque el tipo no se está enterando de nada de lo que sucede a su alrededor, o es que es así como él interpreta un personaje que creo que le ha venido grande.

        Estrenada el pasado 30 de octubre, lo bueno que ha tenido frente a la temporada anterior, es que no se han enredado dividiendo la temporada en partes y nos la han servido en bandeja, por lo que pude ver los ocho episodios en un par de tardes, y según veía uno tras otro, algunos episodios me daban vergüenza ajena, otros tenían un grado de pasable, pero todos en su conjunto parecían haber perdido la magia, o la chispa, que si vi en las temporadas anteriores, a pesar de que también estas eran un poco lío en su narrativa, pero al menos más coherentes y entretenidas en las adaptaciones, en mi opinión, de los libros de Sapkowski. Esta temporada adapta algunas partes de “Bautismo de Fuego” y “La Torre de la Golondrina”, y sé que es difícil adaptar un libro, pero le falta chispa.


        Los ocho capítulos tienen una variación en cuanto a metrajes, que van desde los 48 hasta los 60 minutos, siendo la más corta de todas las temporadas en cuanto a duración.

        Y ahora viene lo bueno, al parecer, y según algunas fuentes, Netflix invirtió alrededor de 221 millones de dólares en la producción de la temporada 4, lo que equivale a aproximadamente 27 millones por episodio, pero desde luego lo invertido ha servido de poco para lograr algo que enganche y que ilusione.


        En total, Netflix lleva gastados 720 millones de dólares en todo el conjunto de la serie, y aún le falta la quinta temporada, que, sin haberse estrenado, ya me está dando miedito. En esta nueva temporada, nuestros protagonistas siguen sin encontrarse. A Geralt cada vez se le junta gente más rara, aparte del bardo infumable al que nadie le da un buen tajo de una maldita vez, se le une una arquera, un par de enanos bocazas, un vampiro (Regis) filósofo, boticario, consejero y médico, prácticamente inmortal al que Cavill hubiera destripado, y un antiguo enemigo del que prefiero no hablar, y del que pensaba que iba a dar más juego.

        Yennefer está envuelta en una guerra entre brujos, hechiceros locos y hechiceras desquiciadas, magos y todo lo que esté relacionado con la magia, y se tira ocho episodios reclutando gente para defender su castillo de “Harry Potter”, o de “Montecalvo”.

        Y Ciri se une a “Las Ratas”, una pandilla multicolor, multicultural, multirracial y menos creíble que un tren extremeño. Descubre su lesbianismo, lo cual no es nada malo, ojo, pero es otra cosa que no me acabo de creer porque me parece forzado, y es que la falta de química entre todos los actores es palpable, pero con estos “ratas” más si cabe. Responden a estereotipos mil veces vistos, y acaban como tienen que acabar, que es lo único bueno.

        Por el lado bueno, destacaría: El uso de animaciones para contar la historia de Regis, por ejemplo, que hace referencia directamente al videojuego “The Witcher 3”, alguna batallita que se la han currado, y poco más.


        En definitiva: Tengo entendido que la Quinta Temporada se rodó junto a la Cuarta, y que la están limando en postproducción. Algunas webs españolas hablan de septiembre de 2026 para su estreno. Mucho tiene que cambiar la cosa para remontar el vuelo, pero yo me barrunto tremendo batacazo. Aparte del cambio de actor principal, creo que el detalle os lo he dado antes: Falta química, falta chispa, puede legar a entretenerte en algún episodio concreto, pero no me la creo como las anteriores temporadas, sobre todo las dos primeras, y veo muchos intentos por tomar referencias de otras franquicias, más allá de las adaptaciones de los libros. No sé, ojalá me equivoque. A esta temporada le voy a dar un 4, y a otra cosa.

miércoles, 28 de agosto de 2024

Misión Hostil (2024)

 

        “Misión Hostil”, película estadounidense de acción de 2024, te trae una historia de rescates, tiros, explosiones y mucha acción, con un Russell Crowe que hace un poco de florero en la mesita de noche, un cebo para el que ya lo conoce, y un Liam Hemsworth destacable en un papel que le viene como anillo al dedo, y a cualquiera de su familia en esto de repartir leches y soltar ráfagas de ametralladora… De hecho, no es el único Hemsworth que actúa, también tenemos por ahí a Luke que dura más bien poco, pero que no deja de tener su papel…

           “Misión Hostil” cumple con los cánones de película realizada para un público muy concreto, aquel al que le guste desconectar durante una hora y cuarenta y cinco minutos de todo, del mundanal ruido, y no pensar más allá que ver una película de acción con todos sus alicientes.


          No es una película impredecible, más bien todo lo contrario, y que tira de todos los estereotipos del género, te ofrece un producto que no es muy original, y que llevamos viendo desde bien temprano, desde los ochenta, los noventa y que continúa en nuestros días con todas esas reminiscencias de cine bélico de los últimos tiempos: Misiones imposibles, casi suicidas, heroicidades increíbles y unos malos que suelen caer como moscas y que aparecen por cientos y por todos lados, liderados por un icónico jefe que además de malévolo, diabólico y maléfico, te da la brasa con su discurso de turno mientras te tortura o te hace la vida un poco difícil...

          En la narrativa tenemos al Capitán Reaper, nuestro Russell Crowe de toda la vida, que está en contra de lo vegano y a favor de jincarse él solito una pizza familiar con todos los extras que pongan a su disposición. Lleva un equipo de drones que operan en el sur de Las Filipinas, auténtico avispero de terroristas, y traficantes de armas, que se mueven por sus selvas como pez en el agua.


        Los traficantes de armas han secuestrado a un agente de la CIA, y por ello, se le encomienda la misión de rescatarlo a un equipo Delta Force, añadiendo a un sargento que no es de élite, el Sargento Kinney (Liam Hemsworth), que hace de enlace entre el grupo y el dron que maneja Reaper desde la Base.

          La Base es como un episodio de la mítica serie “MASH”, donde cada uno va un poco a lo suyo, te descuelgan el teléfono y ven baloncesto en pantalla grande, mientras pasan absolutamente de todo y parece que están allí de vacaciones, demostrando que son unos incompetentes, el propio personaje de Russell incluido, que está siempre pendiente de quien le roba las capsulas de café.


         Lo que parecía una misión sencilla se complica cuando aparecen terroristas armados hasta los dientes, se cargan a los traficantes de armas y el equipo de rescate cambia sus prioridades metiéndose de lleno en una trifulca donde, por número y armamento, tienen todas las de perder sobre el terreno por mucho apoyo aéreo que tengan. Aquí me ha parecido curioso un aspecto, y es que el agente de la CIA, directamente, desaparece de la trama.

          Con el equipo diezmado, y con el Sargento Kinney, alias Playboy, huyendo por la selva, Russell Crowe lo intenta guiar a lugares donde pueda ser rescatado, aunque los malos le ponen las cosas complicadas…


         Y, como no os quiero contar más de la trama, vamos a por la “Definitiva”… Pues en definitiva… Película de una hora y cuarenta y cinco minutos a la que le quitaría perfectamente quince minutos de la segunda hora. Hay dos subtramas que no suman mucho, o prácticamente nada: Las conversaciones sobre bodas con una compañera de Crowe, y una parte en la que el propio Crowe está pendiente del nacimiento de su hijo cada quince minutos, aparte del rollo queso vegano que se marcan, que supongo que será una crítica velada pero que no viene mucho al caso en una película bélica.

        Técnicamente está bastante bien desarrollada, se le notan las tablas al director, William Eubank, que además es el guionista y sospecho que hasta el chico de los helados en el set, y que sabe sacarle hasta en ciertos momentos el jugo videojuego a la historia del sargento perdido en la selva, y más en el uso de las cuentas atrás en el último tercio de la película con una serie de tres cuentas que nos informan de los bombardeos que se vienen… El equipo falla, muere, pero también es verdad que a cada minuto que pasa, son más “Rambos”.

        Rodada en Australia en un mes y medio, no sé por qué, no me hagáis mucho caso, me ha parecido “la Jungla de Cristal” versión selvática. Lástima de final donde no llegan a juntarse. Mi nota: Su riguroso 5,5.