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jueves, 6 de agosto de 2020

La Retirada. Éxodo y exilio de los republicanos españoles (El Mono Libre Editorial, 2020) Laurence García, Josep Bartoli, Georges Bartoli



        Los dibujos de Josep Bartoli los conocí, por primera vez, de pasada, en las clases de la Dr. Bartolozzi durante la carrera de Historia del Arte, allá a finales de los noventa. Un exiliado, republicano español, que había formado parte de la intelectualidad mexicana (igual que el propio familiar de la Dr. Bartolozzi) antes de pasar a Nueva York, donde fallecería.

        Posteriormente, he visto algunas fotos de él y de sus dibujos, y conocía, a grandes rasgos, su historia. Por eso, cuando este año vi que se publicaba “La Retirada. Éxodo y exilio de los republicanos españoles” (El Mono Libre Editorial, 2020), la curiosidad me pudo, y me lo he agenciado estos días atrás.

         El libro en sí es bastante interesante, aunque algo anárquico en su planteamiento (esto, ojo, no es sinónimo de que sea mal libro o que carezca de interés). Efectivamente, nos encontramos con los dibujos de Bartoli, que son increíbles, dibujados a escondidas en los diferentes campos de concentración franceses que tuvo que visitar. Son dibujos que reflejan perfectamente el momento, algunos abigarrados y llenos de fuerza, otros que muestran una increíble tristeza y la falta de libertad en el campo de concentración de turno, con alambre de púas, manos abiertas y orondos guardias franceses sonrientes y distantes. Algunos de dichos dibujos con comentarios o anotaciones. Nos encontramos con su biografía, su vida, explicada por Georges Bartoli, su sobrino, ya nacido en el exilio francés, y el relato de Laurence García. Los propios pensamientos de Georges sobre cómo afectó el exilio, aquella retirada, a su familia y a los españoles republicanos, derrotados e insultados y humillados en la Francia que los acogió y que los veía poco menos como entes peligrosos que invadían su frontera sur.

        Una serie de fotografías realizadas por el propio Georges en algunos escenarios en los que se movió Josep, unos poemas y una conversación que mantiene con su mujer y con su madre durante su viaje, además de unos hitos históricos desde la proclamación de la República, hasta la actualidad, rematan el libro.

        “La Retirada” resume bastante bien el pensamiento que tuvieron aquellos exiliados que no volvieron. Es un libro que me he leído en poco más de media hora, y ha satisfecho a medias mi interés por Bartoli, porque me hubiera gustado saber más de su trabajo como artista, sus exposiciones, sus lienzos y sus influencias, la evolución de su arte en su etapa mexicana y neoyorkina, algo que no refleja el libro, ya que se basa más en el conflicto y en el exilio, que en su vertiente artística. Aun así, como digo, me parece un libro interesante, y a tener en cuenta.

lunes, 25 de mayo de 2020

Sordo (Astiberri, 2018) Rayco Pulido, David Muñoz



          La curiosidad, tras ver la película “Sordo” (2018) hace unos meses (prácticamente con el inicio del confinamiento), me han llevado a interesarme por el cómic, que llevaba en mis estanterías meses, como comentaba cuando hice la entrada de la película, pero que no me ha dado por cogerlo y echarle un vistazo hasta ayer mismo…
           “Sordo” (2008) es un cómic de David Muñoz (guion) y Rayco Pulido (dibujo), y la edición que tengo es de Astiberri (septiembre 2018), que al parecer fue rotulada nuevamente, aparte de estrenar nueva portada y añadir algo de material extra, como fragmentos de la sinopsis, bocetos de los personajes y unas reflexiones, diez años después, de los dos autores que arrojan luz al proceso de creación narrativo.

         Como suele suceder. El cómic lo he disfrutado mucho más que la película. Tras leer el cómic, no llegas a entender porque hay tanto artificios cuando la narrativa del cómic, muy visual, es más que potente para hacer una buena historia sin añadirle nada más. De hecho, son casi dos historias diferentes.

         Nos encontramos en 1942, en un punto inconcreto del Norte de España, y un grupo de soldados republicanos infiltrados, intenta volar un puente. La operación sale mal, y Anselmo, uno de los guerrilleros, se queda completamente sordo, y solo, tras la explosión. Desde ese momento, la lucha de Anselmo ya no es contra el Franquismo, sino por su propia supervivencia, en un territorio que le es hostil, y con el obstáculo mayúsculo de su sordera. Recurre a conocidos, y se refugia en el monte, donde lucha hasta con la climatología, mientras los recuerdos, el pasado, lo asedian continuamente, en sus sueños, en su mente…

          En riguroso blanco y negro, “Sordo” es uno de esos ejemplos del gran poder de la imagen para transmitir hechos, sentimientos, y contar de paso una buena historia…


martes, 17 de marzo de 2020

Sordo (2018)



        Hoy he visto “Sordo” (2018), película de Netflix, que bien podría haber firmado Quentin Tarantino, porque el estilo lo tiene, con aires de western, y con mucha ficción. Basada en un cómic de Rayco Pulido, del mismo nombre, que tengo en la estantería de lecturas pendientes desde hace mucho tiempo.

        Estamos en 1944, en plena posguerra, y un millar de republicanos inicia la “Operación Reconquista”, infiltrándose por los Pirineos, con el fin de conseguir la desestabilización del régimen franquista. Pronto comienzan los tiros con los soldados nacionales, y el pequeño grupo en el que se fija la narración, es diezmado, en gran parte, por un error propio a la hora de volar un puente. De dicha explosión, un guerrillero republicano, Anselmo, queda sordo completamente, y parece adquirir los poderes de Daredevil (pero en versión sorda), ya que sobrevive en su huida, cargándose de paso a medio regimiento, a una francotiradora, y un cuarto y mitad de pueblo.

        La película comienza muy bien, la primera media hora me ha tenido enganchado sin pestañear, pero después comienza a abrir tramas, subtramas e historias que no vienen muy bien a cuento, y ya me he comenzado a perder y a mirar el reloj, mientras pensaba que el protagonista es, sin duda, un mutante. En mi opinión, con una media hora menos, estaría mejor. Después hay historias recurrentes que recuerdan a “Enemigo ante las puertas” (2001), espejos y francotiradores no se llevan bien.

        Hay cosas de “Sordo” que me han dejado descolocado, como historiador mediocre que soy. Primero, las barbas no estaban permitidas en el ejército franquista desde 1943, y la película se desarrolla durante la operación “Reconquista” de 1944. Además, en la película los maquis iban armados con subfusiles sterns británicos y alguno de tambor (¿Un suomi?), algo que dudo que llegaran a tener en su lucha. Igualmente, ver a un capitán español (requetemalvado, por cierto) con un wínchester de repetición, telita. Y gente, muy, pero que muy bien vestida, para ser una época en la que no había para comer, imagina para vestir. Tipas tuertas mercenarias francotiradoras, en la URSS si, aquí... Gññññññ. Pero buen, después he pensado… Es una distopia, o una historia ficción, y me he ido a comerme un bocata de nocilla.

jueves, 5 de marzo de 2020

La trinchera infinita (2019)



        “La trinchera infinita” (2019) me ha dejado con el estómago revuelto. Aborda un tema, que es el de los topos, que para mí es ciertamente conocido, ya que de pequeño me contaron historias de personas, que, en Extremadura, iniciada la Guerra Civil, se ocultaron durante años y años, en cubículos, en auténticas madrigueras, para sobrevivir, para no ser fusilados, por haber sido concejales de izquierdas, simpatizantes políticos, y cosas parecidas.

        En esta película, Antonio de la Torre y Belén Cuesta, lo bordan. Hacen un papel impresionante, que a mí me ha emocionado en algunos casos. Higinio y Rosa viven en un pueblo de Andalucía, llevan pocos años casados, él está en sintonía plena con los ideales de la República. Cuando estalla la guerra civil, es uno de los detenidos, denunciado por un vecino que le culpa de la muerte de su hermano.

        Escapa del fusilamiento, y de la posterior persecución, de puro milagro, y una vez de vuelta en casa, se esconde en un agujero, donde ve la vida pasar, mientras le siguen buscando para ajusticiarlo. Treinta años se tira el tipo viendo la vida a través de rendijas, hasta la amnistía de 1969, mientras su mujer tiene que hacer vida de “viuda”, e intentar, por todos los medios, no ser descubiertos.

        Tiene momentos dramáticos, de tensión, y el miedo y la angustia se palpa en muchas ocasiones. Me ha parecido una grandísima cinta. La recomiendo.

viernes, 3 de enero de 2020

Esclavos de Franco (GP Ediciones, 2019) Chesus Calvo



        Tenemos a un soldado republicano, Julián, intentando huir por los Pirineos. La guerra ha acabado, y los más rezagados, como él, intentan huir hacia Francia. De repente, un tiro cercano a la cabeza, lo derriba, pierde el conocimiento.

        Cuando despierta, está en un campo de prisioneros, donde se le ofrece trabajar reconstruyendo el país, a cambio de reducir su condena, en los trabajos y condiciones más duras. Inconsciente, ha sido juzgado y condenado por tener un padre republicano, y le han caído veinte años. Es lo que se llamó “El Patronato Central de redención de penas”.

        En el campo pasan frío, hambre, sed, trabajan de sol a sol haciendo una carretera. Ven fusilamientos un día si y otro también, y los presos mueren por todo tipo de enfermedades. Julián se refugia en su pasado, para huir de la cruda realidad, recuerda a Paquita (su novia), la buena relación que tenía con el cura de su pueblo y el día que comenzó la guerra y lo reclutaron…

        “Esclavos de Franco” (GP Ediciones, 2019) del guionista y dibujante Chesus Calvo, es un cómic sobre un tema poco conocido de nuestra posguerra: Los campos de prisioneros y concentración, y las condiciones de vida que allí se dieron. Es difícil no inquietarse con lo que vivieron aquellos hombres en los años posteriores a la finalización de la guerra, y sin entrar en ideologías (yo no las tengo, tengo biblioteca) ni en rencores, creo que es un cómic necesario, bien conseguido y muy interesante.

Tibirís (Trilita, 2017) Arnau Sanz Martínez



        “Tibirís” (Trilita Ediciones, 2017) de Arnau Sanz Martínez es memoria viva. Dice: “Tibirís era el tío de mi abuela. Se cocinaba en un fogoncillo en su habitación. Era homosexual en la posguerra…”, y los recuerdos de sus abuelos, de noventa años, vuelven a un pasado de hambre, frío y represión.

        La abuela dice que es tonta, que no estudió, que solo sirve para hacer las cosas de la casa, y una vez perdido el miedo, tanto ella como el abuelo, van recordando cosas del pasado, desde su primera regla, hasta la relación que tenían con una Iglesia agobiante y mezquina, que coartaba la libertad. Y, de vez en cuando, vuelven a hablar de Tibirís, que se cuela para contarnos como era, lo que hacía, la tranquilidad de un hombre que tenía que vivir como estigmatizado, y encima la “tenía pequeña” (pero, eso es cosa de la familia) …

        Esta memoria viva, que ya se va apagando poco a poco, es fundamental no olvidarla, aunque sea en sus más nimios detalles. Los olores infantiles, los conejos, la hierba, los sonidos de las bombas cayendo… Y todo se va convirtiendo en algo íntimo, pero compartido, entre comidas, recordando un pasado lejano, pero aún presente.

        Dibujado con un azul siempre presente, de distintas tonalidades, y un trazo sencillo. “Tibirís” es la conversación que algunos mantuvimos con nuestros abuelos, para saber, para conocer, para no olvidar algunas cosas, pequeños detalles, sin entrar en hechos históricos ni grandes averiguaciones, solos en la intimidad de las palabras y los recuerdos familiares, sin llegar más allá. A veces, los silencios también nos comunicaban, y nos daban a entender el pasado. Tibirís era Luís. Le llamaban marica, violeta, sarasa. Era homosexual, y cocinaba en un fogoncillo en su habitación…