Sobre gustos hay mucho escrito, pero poco editado.
Maullando desde 2008...
Somos el blog extremeño de entretenimiento, activo, más longevo, hasta la fecha: Con reseñas de cómics, libros, películas, series, gatos, y asuntos varios (relatos cortos y reflexiones). Con más de 4600 entradas publicadas, y 800 etiquetas de todo tipo. Bienvenid@ al Patio-Lavadero.
La carta venía a nombre de Michel IV de Gato. Con una media sonrisa me quedé un buen rato mirando el remitente, AGAA (Asociación de Gatos Alcohólicos Anónimos). Este mes hace justo un año que falleció el pobre Michel y estuve dudando si abrir el sobre o tirarlo directamente a la basura.
Micho I de Gato notó mi preocupación. Los gatos saben interpretar a la perfección el estado de ánimo de sus acompañantes. Me preguntó qué era lo que ocurría y le enseñe el sobre, y a quién iba dirigido. No dije una sola palabra, pero tras mi media sonrisa la acongoja afloraba poco a poco, por segundos. Ábrelo, me dijo Micho. Simplemente, ábrelo. Lo abrí y leí la carta dirigida a Michel. Era una campaña para evitar el alcoholismo en los gatos. Los gatos de nuestra sociedad tienden, cada vez más en una sociedad desgatizada, a buscar refugio en el alcohol. AGAA se ofrecía a ayudar a estos pobres gatos que habían caído en las terribles redes de la bebida a través de una serie de conferencias donde gatos de toda Extremadura contarían su amarga experiencia con el alcohol, como habían logrado superarlo y como habían rehecho su vida. Ahora eran gatos felices que maullaban en las noches frías, por los tejados de Badayork… …Sin poder evitarlo, abrí el mueble bar y me hinqué un buen trago de absenta mientras miraba por la ventana la avenida que una vez observara Michel IV de Gato.
P.D: Las fotos adjuntas corresponden a algunos miembros provinciales de la AGAA.
Acepté la invitación de la chica del yorkshire casi un mes después, y tras una ducha que borrara los efluvios y reminiscencias de la noche anterior, salpicada por varios Dycs y chupitos de absenta con Dionisio y Ariadna, bajé al 4ºB, al pequeño pero coqueto apartamento de Áurea a las cinco y media de la tarde. Llevaba un polo azul con el emblema del Ala-23, unos pantalones de Carrefour (7,95 euros) y mis desgastados zapatos de Springfield (39,95 euros en su día). Me había levantado a las dos y media más o menos y me almorcé media pizza precocinada mientras veía las noticias. Chávez no había mentido, al parecer, había nacionalizado una filial de un banco aspanyol. También dijeron que un tipo había intentado, o violado, a una cajera del barrio, pero no me enteré muy bien…
La tarde se pasó tranquila. Áurea escuchaba con atención, o al menos intentaba ser educada, toda mi verborrea sobre Schopenhauer y como me había influido su filosofía sobre la tragedia de la vida, así como la tragedia final de la obra de arte, en mi demacrada existencia de vida nocturna, arte neofauvista, gatos, conciertos de jazz en el Roseburg y audiciones de Terence Blanchard, resacas de absentas y visitas, cada vez más continuas a comedores sociales, o a talleres de escultores, le hablé de Fineo y de Pigmalión y de mi infructuosa búsqueda de trabajo, de cómo conocí a Orfeo y Euridice en la cola del paro, de la perdida de Michel y mi último encuentro gatuno con Missi en el Motel de Las Vegas (Las Vegas del Guadiana), de cómo esquivo a Laocoonte, el Presidente de nuestra Comunidad de Vecinos al que debo varias mensualidades y de Amparo, la Esfinge del rellano, la cual, al parecer, pasa mucho de Áurea...
Bodegón, el yorshire enano no me quitaba ojo de encima, y de vez en cuando movía la cabeza y emitía un extraño gruñido, casi en morse, que era rápidamente calmado con una caricia en la testa rematada por un lacito rojo del susodicho can, por parte de su ama. Vestía un modelito de Stradivarius (55,90 euros), que combinaba pantalón grisáceo y camiseta a juego, algo muy sencillo, pero elegante, y remataba con unos zapatos negros de origen y precio indeterminado...
La verdad es que hacía tiempo que una chica no me escuchaba. Áurea, educadamente me había servido un café y unas pastas sin azúcar, pero con fructosa, que tenían un cierto sabor a naranja, o al menos eso me pareció. Apenas interrumpía mis pensamientos que atropelladamente regurgitaba, no sé si porque pensaba que estaba loco de remate o porque realmente le interesaba lo que le estaba contando. Su cara, de vez en cuando esbozaba una sonrisa sincera, y en otras ocasiones, sobre todo cuando le detallé mi intención de construir una Iglesia Románica en un cercano descampado, mostraba un esbozo de admiración e incredulidad.
Para mí, la tarde del domingo fue una verdadera terapia. Verdaderamente lo fue. Quizás le estaba contando demasiadas intimidades a una vecina con la que hasta hace apenas un par de meses, no me llevaba muy bien, y a la cual no conocía mucho. Pero pensé: “¡Qué Carajo, Duncan!, si eres capaz de atarte en bolas a las columnas del Ayuntamiento para protestar por La Guerra de Cuba (que fue hace ciento y pico de años), de manera artística, ¿Qué más te da contarle tu vida a una chica que no conoces de nada?, el que no tiene nada, no tiene nada que perder…”. No es lo mismo explayarte con mi confidente, la Gran Diosa Atenea, que al fin y al cabo no deja de ser una deidad inmortal, con la que vas a bodas y tomas café de vez en cuando, que con una humana tan mortal como tú.
Prometiendo que repetiríamos experiencia, Áurea se despidió de mí en el rellano de su apartamento. Yo le dije que encantado la invitaría a un café, (aunque tendría que inventarme una excusa para que dicho café no sea en casa, o pensará que tengo el Síndrome de Diógenes y cierto Horror Vacui resumido en varios cientos de libros, periódicos, revistas y recortes y escritos repartidos por toda la vivienda), mientras Bodegón desde la puerta entreabierta me dedicaba un gruñido final y una mirada de: “Te tengo calado perdedor”, pero a mí me daba igual. Tenía media pizza precocinada aún para cenar.
Eran las seis de la mañana cuando sonó el teléfono por primera vez. Hacía un par de meses con no sonaba, y menos de esa manera tan insistente. Con la resaca que tenía encima, el metálico sonido me parecía parte de un sueño pesado. A esas horas, con el fuerte dolor de cabeza, mareos y arcadas, que te provoca la absenta, pensaba que la cama caía al vacío desde el infinito de las estrellas, aunque instantes antes estaba convencido de que era Peter Sellers en “¿Teléfono Rojo?, Volamos hacia Moscú”.
La segunda vez que sonó eran las ocho y media de la mañana. Bastante ciego, opté por incorporarme. La habitación se encogía y ensanchaba a su gusto, pero ya estoy acostumbrado, desde hace años a esas sensaciones. Si logras mantenerte erguido, aunque solo sea por un par de segundos, logras ver entre brumas “El Carnaval de Arlequín” de Joan Miró que se desarrolla ante ti como un espectáculo inaudito en la estrechez de la habitación mientras te envuelve “La Danza Macabra” de Saint Saens y un hilo de baba asoma por tus comisuras.
Ataviado con una vieja camiseta de “Galiza Calidade” que utilizo para dormir y sin calzoncillos, lo único que puedes exclamar ante dicha aparición es: ¡¡Bello, Magnifico!!, pero te arriesgas a que los efectos secundarios del hada verde, te taladren la mente con fuertes y súbitos dolores y que se te olviden palabras que antes usabas habitualmente…
No sin esfuerzo, tambaleándome por un pasillo que se me antojaba oblicuo y a ratos menguante, llegué hasta el dichoso e insistente aparato, y torpemente descolgué. Sin decir palabra me lo lleve a la oreja en espera de información:
-¿Compañero Michel?, ¿Cómo estás compañero Michel IV de Gato?, ¿Aló?, dijo una característica voz, con un fuerte acento latino.
-¿Quién es?, musite mientras se me caía un poco de saliva en la camiseta.
-¿Aló?, aquí el compañero Chávez, el compañero Hugo Chávez, Presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela, ¿Esta disponible el compañero Michel IV de Gato?, le hablo en riguroso directo desde mi programa “Aló Presidente”...
… Y como pude, le explique la perdida de nuestro compañero y amigo. Chávez, al otro lado de la línea enmudeció:
“La Revolución ha perdido un gran ideólogo, una base necesaria y apreciada…”, tronó, “… Pero nunca olvidaremos al compañero Michel, y sus ideales revolucionarios de paz democrática entre los pueblos del mundo…¿Lo saben los compañeros Fidel y Evo?.”, me preguntó. “Ni idea Compañero Presidente”, le contesté llevándome la mano a las sienes que me explotaban con el solo fluir de la sangre por ellas. “…Malas noticias son las que recibo, carajo, últimamente he estado muy ocupado nacionalizando bancos españoles y habíamos perdido contacto con el compañero Michel, pero su perdida no será vana, siempre estará en nuestros corazones y en nuestras revolucionarias mentes como hito de la libertad y de la amistad y enemigo de la estúpida disidencia, que sólo sabe comer, sumisa, de la mano del Imperialismo Yanqui…”.
Y así continuó durante dos horas y media más o menos, pero yo ya no le escuchaba, ni siquiera lo oía… Volvía a los brazos de Morfeo, que no paraba de susurrarme coisas al oído, tirado en el suelo con la boca abierta, junto al teléfono descolgado, mientras que en la hermana Venezuela la multitud aplaudía a rabiar las palabras de Chávez dedicadas a la memoria de Michel IV de Gato que debía estar observando desde alguna estrella no muy lejana…
Conocí a Missi en Las Vegas (Las Vegas del Guadiana). En un motel de carretera en algún punto entre Gévora y Montijo. Era la una y media de la madrugada, y me dio por conducir sin rumbo aparente. En el coche, desde un viejo Cd que funciona aún de milagro, Don Cherry y Martin Blanes me hablaban de brumas, de los ritmos solitarios de un jazz que no me canso de oír…
Estacioné en el parking delantero del motel, junto a otros vehículos, saqué mi petaca de absenta (ya sé que es una imprudencia, pero necesitaba un sorbito) y me quedé hierático, apoyado en el capo del Grajo Milenario (mi habitual vehiculo) observando, hipnótico, mi constelación, Orión, mientras echaba un trago (pequeñito).
-Son hermosas, ¿Verdad?.
-Lo son, contesté casi mecánicamente.
Observé a mi acompañante. Era una gata negra, no muy mayor, de un precioso pelaje y unos enormes ojos amarillos-verdosos que me miraba, curiosa, desde el soportal del motel.
-Los hombres no suelen venir por aquí a contemplar estrellas… Ronroneó acercándose a mí.
-Me imagino, le contesté con una media sonrisa.
-Me llamo Missi, susurró.
-Duncan. Duncan de Gross, le contesté con una media reverencia que la hizo guiñarme un ojo.
Missi me habló de ella, necesitaba que alguien la escuchase bajo aquel esplendido cielo. De sus ocho meses de existencia y la dura vida en el motel. Rodeada de gatos chulos e ignorantes que te meten una paliza porqué si. Ella hubiera ansiado otra vida mejor, quizás en la Gran Ciudad cateta y provinciana, donde hay más oportunidades para una gata guapa e inteligente. Pero no veía salida en aquella carretera comarcal, además, estaba preñada, esperaba gatitos para finales de marzo y no sabía como iba a poder tirar p´alante con aquella responsabilidad, era demasiado joven…
La animé. Era aún una gata joven y podía hacer realidad sus sueños, todos los gatos tienen un sueño, una misión en la vida. Después de aquello la invité a pasar unos días en casa. Estuvo diez días exactos conmigo, viviendo en el Patio-Lavadero, compartiendo anécdotas, copas, sueños, historias de un nostálgico pasado y esperanzas para un futuro incierto. Una mañana me pidió que la acercara de nuevo al motel de carretera. No pregunté. Missi es una gata joven, pero madura.
-Eres un buen tipo Duncan. Nadie se había portado jamás así conmigo. He sabido que es tener un amigo, una familia, por al menos diez días. Me he sentido querida. Tienes un camino que conduce a una estrella, no lo olvides.
Se dio media vuelta y se marchó. Mientras se iba, elegante, con su hermosa cola de negro y brillante pelaje erguida, le prometí volver y girándome, para que no me viera llorar, me dirigí al coche…
Hola Amigos, llegó el día en que “¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?” se convirtió en papel. A través de www.bubok.es hemos editado y publicado las 20 entradas más leídas y comentadas de este, vuestro blog, durante el año 2.008. Faltan las entradas del mes de enero y febrero de 2.009 porque el libro lleva en imprenta un mes y medio.
El librito en cuestión que nos ha quedado tiene 97 páginas, y el protagonista indiscutible, por supuesto, es Michel IV de Gato. Así que ya sabéis, si queréis adquiridlo, solo tenéis que entrar en www.bubok.es, buscáis: “¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?”, y tendréis las aventuras y desventuras de Duncan de Gross y Michel IV de Gato en libro-bolsillo. El gato que sale en la portada del libro no podía ser otro que el mismísimo Michel IV de Gato, oteando el horizonte que le ofrece la ventana del Salón, como solía hacer, en busca de nuevas y emocionantes historias, aventuras y desventuras… De hecho hay una dedicatoria final para él. Un bonito recuerdo nuestro para conservar y disfrutar.
Al comprarlo, de paso, ayudáis a recuperar la pasta que me he dejado en dicha publicación (que aunque os cuenten lo contrario, gratis precisamente no me ha salido, y la crisis y la falta de trabajo ya empieza a hacerme mella).
P.D.: El precio del libro en la editorial está marcado en 10,50, pero su precio final rondará los 16-17 euros, IVA y Gastos de Envío Incluidos.
…Es uno de los días más tristes de mi vida. Esta mañana se me ha muerto Michel IV de Gato, de repente, de un paro cardiaco. Hacía años que no lloraba tanto del dolor, me he quedado huérfano sin él, se me ha ido un amigo, un compañero, un gato excepcional cuando más lo necesitaba. Iba a cumplir los dos añitos en abril y tenía toda una vida gatuna por delante. Estaba su sueño de lograr la independencia del Patio-Lavadero, su alegría y su cariño, su interés por el jazz, por el arte, su xilófono de juguete, sus libros de Punset al que admiraba, sus viajes, su bandera junto al Naranjo de las Libertades Gatunas, su Arenero y su Gatera Real y la ventana del Salón donde veía historias que después me contaba y que compartíamos con vosotros.
En un suspiro mi alma se ha quebrado. No os podéis hacer ni una idea. Se me ha ido un verdadero amigo, mi dictador particular, amigo de Chávez, de Castro, de Morales. Lo que me he reído con él, que grandes momentos me ha hecho pasar, y de repente en dos segundos, su corazón, que era tan grande, se ha parado y se me ha muerto, mientras soñábamos, mientras contábamos estrellas y hablábamos risueños de un futuro común…
La vida es así de puta. Ya no habrá más Bloody Mary que comp
artir, ni más risas, y el Patio-Lavadero se ha quedado como un paraje inhóspito, desolador, sin su inquilino más reivindicativo. Pero sé, estoy convencido, que su alma reposará en los Campos Elíseos, donde hablará a todos los que le quieran oír sobre Stalin, sobre Trosky, sobre Marx, sobre la literatura del y la poesía del S.XX, sobre la unión de los pueblos del mundo y el comunismo social.
Para el 25 de febrero os teníamos reservada una sorpresa. Una ilusión que mascábamos los dos desde hacía mucho tiempo. La edición y salida a la venta de nuestro libro, de “¿Cómo Quieres Que Cuente Estrellas?”, que cuenta las aventuras y desventuras de Duncan de Gross y Michel IV de Gato durante el año 2.008 por parte de la Editorial Bubok. Ahora ya no las verá. Será una obra póstuma, pero la portada del libro es toda suya, y será todo un éxito. Mi vida ya no será la misma sin él, sin su presencia constante, sin este excepcional gato, amigo y compañero.
Teníamos muchas nuevas historias que contar, tanto que vivir… Mi diosa, la Gran Atenea, que siempre nos vela, me pide que no llore por Michel, que conociéndolo le estará echando la bronca al mismísimo Caronte, pero que ella le guiará. Me dice que Eaco, Hipnos, Radamantis, y hasta el propio Orfeo velaran por él, y que algún día, brillará con fuerza, como una estrella más, junto a la Constelación de Orión, donde lo buscaré cada vez que mire al cielo, eternamente contador de estrellas, asomado a la ventana, esperando poder seguir contándome historias al llegar a casa…
Gracias por todo amigo y compañero, has tenido una vida intensa y feliz.
Hasta Siempre Michel IV de Gato.
…Até sempre amigo, que Atenea te guie até tua estrela, nunca esquecer-te-ei…
…El caso es que el sábado pasado estábamos Michel y yo tan tranquilos (él aporreaba el xilófono con maestría) disfrutando del sol que inundaba el Patio-Lavadero, añorando la primavera y comentando la belleza de la sin par Perséfone y lo raro que es su marido y sus allegados, sobre todo Radamantis, cuando se nos ha presentado de golpe en un flash, un tipo barbado, lleno de algas y chapapote de pies a cabeza. Vestía una toga que le cubría el hombro izquierdo y, afortunadamente, sus partes pudientes. Portaba un tridente y apestaba a pescado rancio. Tras el susto, se ha dirigido a Michel IV de Gato con cavernosa voz y aliento de calamar en su tinta:
- “Oh, Michel IV de Gato, felino de mente sagaz y argucias innumerables, has de saber que estás ante el Gran Poseidón, dueño de los mares y los acantilados, de los ríos y fuentes, del agua planetaria, hermano de Zeus y terror impávido de balleneros japoneses y noruegos… Mi presencia aquí no es otra que la de ofrecerte mi protección, y para ello he decidido darte un regalo…”.
Y hete aquí, amigos y amigas de lo divino, que en ese momento, con banda sonora de John Williams incluida, hace aparición mi diosa: La hermosa y divina Palas Atenea, nacida de la cabeza de Zeus, sobrina del pescadero, armada hasta los dientes, con la parafernalia que suele acompañarla: El yelmo aqueo, el escudo con las representaciones de la Irakimaquia, la Afganomaquía y la lucha de los griegos contra las sufragistas feministas (que no femeninas), la Niké dormida en una mano, la mortífera pica en la otra, y la armadura de broncíneo metal con bajorrelieves de la Toma de Posesión de Obama, un Kalashnikov y dos granadas de mano… Y, con voz dulce, pero firme, mi virgen tejedora y suscriptora de revistas didácticas dice:
- “…Yo también te traigo un regalo, Oh Michel IV de Gato, acolito de Stalin y admirador de Eduardo Punset, y si me tienes en tu consideración, seré yo quien te ofrezca mi protección…”
A todo esto, Michel se lamía una pata, con completa indiferencia. La disputa por el Patio-Lavadero estaba servida. De repente Poseidón, enojado, alzó su tridente con fuerza e ímpetu por encima de su cabeza, y al levantar los brazos vi que tenía las axilas llenas de mejillones y moluscos varios, y que necesitaba una depilación de urgencia, y lo clavó con gran estruendo en el suelo, junto al Naranjo de las Libertades Gatunas donde Michel enarbola la bandeja tejida por Aracne, y del boquete que hizo comenzó a manar agua. Se había cargado la tubería general que viene del quinto piso y aquello era una autentica fuente.
Michel horrorizado se metió en un respingo en la Gatera Real, odia el agua como todos los felinos, y el estruendo le había asustado sobre manera. Entonces mi diosa contraatacó y se sacó de la manga un Olivo de Jaén y lo plantó en el boquete que había hecho el pescadero, taponando, momentáneamente, la salida del agua.
- “Creo que la coisa está más que clara.”, bufó Michel desde la Gatera. No lo veía tan rabioso desde que Moratinos y Ban Ki Moon rechazaron su oferta de visitarle.
Poseidón desapareció tal como había venido, y yo le ofrecí a mi divinidad un café portugués buenísimo que aceptó encantada.
Michel no nos acompañó, prefirió quedarse en el Patio-Lavadero rascando el Olivo. Mientras preparaba el café, tocaron a la puerta. Era Laocoonte, el Presidente de la Comunidad de Vecinos, que venía a quejarse del escándalo y a recordarnos que debemos 5 meses de impagos…
…Desde hace muchísimo tiempo, en las Vegas del Guadiana, entre eucaliptos plantados por algún sesudo tecnócrata en los años 50 que están dejando la hermosa tierra más árida que el desierto de Arizona, se encuentra una sucursal del Santuario de Delfos.
Esta sucursal, franquicia de la griega, es de papel cartón, la construyeron como el McDonalds, en bloques, imitando elementos clásicos, y tardaron una mañana y media. Y allí la veréis, Oh amigos y amigas de lo divino, alzarse majestuosa, esperando resolver las diferentes dudas y cuestiones de los ineptos mortales que vagan por el decrepito mundo.
Agobiados como estamos por la Crisis, el paro y la falta, cada vez mas acuciante, de dinero en metálico. Decidí gastarme los últimos cincuenta euros que me quedaban en la cartera pidiendo consejo al Oráculo Délfico. Michel me critico, en un principio, despiadadamente, asegurando que eso no iba aarreglar la situación, y que podía gastarme los 50 euros en arroz blanco y en Latas de Atún Calvo en Aceite de Oliva, y lo que sobrase, en algún Ribera del Duero o en un Marqués de Cáceres, que según dice Michel entra muy bien mientras comemos…
Michel asegura que la solución de la crisis esta en imponer un régimen democrático comunista, el capitalismo esta finiquitado, y es hora de que los pueblos del mundo se unan bajo una gran economía rural, de Gulags, donde todos seamos Estado, eliminando la propiedad privada y siguiendo los preceptos de Stalin. Él se ofrece voluntario para hacer una criba e iniciar la Revolución en Octubre de este mismo año.
Desoyendo los consejos del minino opté por acercarme hasta las Vegas del Guadiana, en busca del Santuario de Delfos, a bordo del Grajo Milenario, nuestro habitual vehiculo. Michel finalmente accedió a acompañarme a cambio de que a la vuelta le comprara el último libro de Eduardo Punset. Teclee en el Tom-Tom: “Santuario de Delfos”, y tras cuarenta: “En el próximo cruce, gire a la derecha”, llegamos a nuestro destino…
Pagamos 50 céntimos a un gorrilla en el aparcamiento que nos hacia las mismas señales que le hacen a un F-18 que se quiere posar en un portaviones. Me fije que el tipo tenía la dentadura mucho mejor que la mía, y nos contó un rollo macabeo sobre que él, de joven había sido Auriga en Delfos, el mejor de todos, pero se cerró el hipódromo y acabó en la calle... Coisas de la Crisis.
El Horario del Oráculo era de 10 a 2 y de 5 a 8 de la tarde, horario de invierno, los lunes cerrado por descanso del personal. Tras pagar los cincuenta euros a dos gemelos que mascaban chicle en la taquilla, en sus identificaciones ponía Cleobis y Bitón, pasamos a una sala de espera donde por el hilo musical sonaba Luís Miguel. Las paredes estaban llenas de fotografías de familias sonrientes, paisajes griegos y garabatos en copto. Michel no decía nada, miraba todo con extrema curiosidad y no musitaba maullido. A los cinco minutos una chica muy mona, con pantalones vaqueros y chaquetilla azul oscura (todo el conjunto en Esfera, unos 89 euros aproximadamente), nos invitó a pasar a la consulta del Oráculo…
La Oráculo era una mujer de unos cuarenta, buen tipo, vestida a la griega con algo que parecía una sabana asida con una fíbula en uno de sus hombros, intuí que no gastaba ropa interior y que estaba con una cogorza impresionante, envidiable a esas horas del día.
Michel y yo nos miramos con cara de circunstancias, pero la mujer de pronto puso los ojos en blanco y comenzó a hablar entre siseos:
-“Oh, Michel IV de Gato, felino mítico, gran xilofonista, que estas llamado a llevar a tu raza a la Revolución Social Comunista, has de saber que las deidades están contigo, Stalin y Lenin te mandan saludos y te dicen que adelante hermano camarada, ten fuerza y tesón para conseguir un futuro mejor para los pueblos del mundo…”.
Michel se quedo de piedra. Yo me sentía triunfal: Había sido una buena idea venir al santuario de Delfos. Tras coger una bocanada de aire, la mujer volvió a sisear, esta vez hacia mí:
-“Duncan de Gross, nacido bajo el Signo de Orión, para ti solo tengo dos mensajes: Más vale pájaro en mano que ciento volando, y deja la absenta que te sienta muy mal…”
Tras esas escuetas palabras, la mujer pareció salir de su éxtasis alcohólico, cambió sus ojos a marrón oscuro y se quedo tal cual:
-“¿Eso es todo?”, protesté.
-“Eso es todo.”, me dijo. “Si quieres saber más, envía DELFOS al 7354, recuerda DELFOS al 7354…”
Con cincuenta euros menos en el bolsillo salí de allí desilusionado. Quise invitar a Michel a un café en Starbucks, pero habían cerrado por recesión económica…
…Hace un par de semanas que visito el Comedor Social. No es nada extraño. Después de cuatro meses en paro (sin nada a la vista) y cobrando un subsidio ridículo que se termina en marzo, el dinero nos llega para libros, pago de suscripciones a las Revistas Literarias que Michel devora con tanta ansiedad, luz y agua, botellas de absenta, lienzos y pinturas, licores varios y algún capricho menor, pero no llega para comer…
Tampoco nos preocupamos mucho. Sabemos que los desempleados somos lo nuevos apestados del Siglo XXI, pero al parecer mi médico de cabecera, Asclepio, dice que solo es un “estado de animo”, que guarde recesión en cama, y en tres o cuatro años, se me pasará, que no me queje tanto… Mientras la demagogia política siga insuflando con mentiras nuestros sueños y esperanzas, todo irá bien. No hay nada peor que un pueblo que no oye, no habla, no ve, y peor aún: No siente…
Así que desde hace un par de semanas como en el Comedor Social de la ciudad cateta y provinciana. Me siento junto a un viejo loco, ciego, que asegura que fue Rey de Tracia. La verdad es que yo nunca le llevo la contraria, si una presentadora del Telediario puede ser Reina de Aspanya, bien puede ser este tipo lo que dice que fue… Aunque yo estoy más interesado en las lentejas y sopas de diversa índole y consideración que, inexpresivamente, sirven los voluntarios sociales.
El anciano se llama Fineo, y siempre monta algún escándalo a cuenta de que hay dos tipas, a veces tres, que él despectivamente llama arpías, que le quitan la comida a diario y no le dejan comer, castigo cruel el impuesto por las féminas. Los voluntarios sociales no suelen hacerle caso alguno, tampoco los derrotados que deambulamos por allí, haciendo cola para llenar el estomago, son malos tiempos para el altruismo. La sociedad, como la vida, te quita las ganas de todo a base de recurrentes y reveladoras hostias.
La verdad es que yo he visto a esas malas pécoras quitarle la comida al pobre viejuno que, ciego, da mandobles a diestro y siniestro con un descuidado cayado mientras maldice en varios dialectos indo-europeos, peligrando en alguna ocasión mi integridad y la de la bolsita de comida que le llevo a Michel IV de Gato, el cual, por cierto, anda muy ocupado en el sofá del Salón teorizando sobre los fatales efectos del actual Capitalismo feroz, único responsable de la situación económica-social que atravesamos…
Hoy, sin embargo, ha ocurrido un hecho inaudito. Dos jóvenes mellizos que suelen ir un par de veces por semana,Cetes y Calais, los típicos jóvenes trotamundos que quieren comerse el mundo por los pies, en un acto de valentía social poco común, se han plantado delante de las arpías y amenazantes las han botado del Comedor Social entre algún que otro aplauso esporádico. El pobre Fineo gimoteaba, y no paraba de agradecer a los dos hermanos el detalle, mientras comía a cucharadas trompicadas algo parecido a una sopa de fideos, que era lo que nos tocaba…
Es raro, mientras haya personas como Cetes y Calais, tal vez haya aún esperanzas…Me pareció que estos dos tenían alas…
“…El principio de fin vino cuando al nazareno le dio por empezar a promulgar sus consignas por ahí…”, musitó mi divina diosa, grande y hermosa entre las deidades (incluso vestida), con un gesto melancólico mientras sorbía, ausente, un poco de café.
Michel, aparentemente, no la escuchaba, ojeaba un número atrasado de “La Revista de Occidente” con sus gafitas de ver de cerca. No le hace mucha gracia eso de codearse con divinidades griegas, aunque tengan casi tres mil años, él prefiere la grata compañía de Hugo Chávez, Evo Morales, Cayo Lara, o Raúl Castro si Fidel no está.
“…Empezó a decirles que el placer era pecado, fornicar era pecado, el amor carnal era pecado, el saber era pecado, ser feliz en este mundo terrenal era pecado, todo era transitorio, todo fugaz, que la verdadera vida estaba al otro lado, se tenían que arrepentir por casi todo, que solo había un Dios verdadero, por cierto, bastante más cruel en su Antiguo Testamento que el mismísimo Ares, que las mujeres eran las culpables de los males de la humanidad desde el principio de los tiempos, y que se esa culpa la iban a acarrear hasta el Juicio Final, y poco a poco, se fueron olvidando de nosotros… De Afrodita, de mi…Hasta de Mitra…”, casi susurraba, y sus ojos parecían estar en otro lugar.
Es realmente guapa mi diosa cuando se pone melancólica, y recuerda tiempos en que los hombre filosofaban libremente, dialogaban, sin que te albergaran un tiro en la testa o te regalaran un paquetito de explosiva moralidad en los bajos del auto. Michel seguía, sin embargo, a lo suyo, dejó “La Revista de Occidente” y pasó a “Cal y Arena”, otra revista literaria.
“…Y después vinieron sus seguidores. Que no habían entendido ni el 10% de lo que sumaestro les quiso comunicar, y crearon jerarquías, y ya no eran todos iguales, y empezaron a matar, a asesinar y a violar en nombre de aquel Dios, y la ciencia era maligna y la tierra plana y en el centro del Universo, tiempos oscuros de sectarismo, crueldades, vejaciones, guerras, hogueras, tristezas y enfermedades…”
-“¿Otro café mi deidad entre las deidades?, ¡¡Oh, Gran Atenea nacida de la cabeza de Zeus, pavor de la Logse y la Loe!!.” -, interrumpí.
-“¿Porqué no?, no tengo nada que hacer…”, me contestó apática.
-“…Y la que nos espera…”, remató Michel con un misterioso maullido…
…La verdad es que la resaca de los domingos suele ser terrible. Michel y yo dormimos casi todo el día, y no solemos mover mano, pata o cabeza hasta las siete de la tarde. Pero hoy ha sido diferente. Tras una larga noche de tertulia, que versó entre otras coisas sobre los cuadros de Francis Picabia y la influencia de los postulados de Jung en nuestros lideres actuales, aderezadas por un gran número de chupitos de absenta, licores de bellota, martinis y algunos Bloody Mary que se echó Michel, mientras oíamos lo último de Herbie Hancock, acabamos abrazados el uno al otro sobre las seis de la mañana, en un estado lamentable, pero ya rutinario…
Soñaba con los Campos Eliseos, donde Thanatos jugaba al domino con Michel II de Gato, cuando de repente un súbito ruido, un estruendo ensordecedor de timbales y tambores ha invadido la Avenida entera. Con un hilillo de baba en la comisura de los labios y con una veintena de helicópteros sobrevolando mi parieto-occipital, he conseguido levantarme del sofá, desplazando a Michel IV de Gato que dormía boca arriba y con los ojos medio abiertos.
Al incorporarme, el cuerpo borracho de Michel (si le hubiera prendido fuego en ese momento, hubiera ardido como una tea tres días con sus tres noches como una pira funeraria) ha caído a saco al suelo pegajoso habitado por libros, revistas, vasos de chupitos y un sinfín de restos más que debemos limpiar un día de estos. Quién os diga que los gatos siempre caen de pie, nunca han visto a un gato con resaca, porque Michel apenas se ha podido incorporar mientras juraba en arameo y se acercaba, a mi vera, a la ventana del Salón en busca del origen de semejante ruido atroz, terrible y dominguero que ha osado sacarnos de nuestro merecido sopor…
Al asomarnos por la ventana hemos podido contemplar todo un desfile de colores, larguísimos y vistosos dragones de papel y músicos orientales que con forzadas sonrisas portaban una pancarta en la se podía leer: “Feliz Año, Feliz 4.707, Feliz Año del Buey”, y unos garabatos más, ininteligibles, escritos por algún médico, seguramente chino. Las personas que asistían a tan escandaloso desfile parecían estar pasándolo bien, aplaudían y movían al viento banderas de la democrática y envidiable China…
Estupefactos, nos hemos vuelto a echar en el sofá, huyendo de tanto jubilo que lo único que hacía era taladrarnos la cabeza e invitarnos a visitar el W.C o el Arenero real instalado en el Patio-Lavadero, según la raza del necesitado, y no sé cuanto tiempo hemos estado así, los dos en silencio, con fatal sabor de boca y combatiendo los efectos secundarios de las tertulias nocturnas, hasta que Michel ha ronroneado: “…Feliz 4.707…¿Cuánto tiempo hemos dormido?”, y yo me he levantado a prepararle un café bien cargado…
…La cola del Paro puede hacer extrañas amistades. El INEM es, con frecuencia, antesala de psicólogos y matasanos. Suelo ir casi todos los días a ver si hay algún trabajo, de lo que sea, para poder ir tirando para adelante mientras dejo aparcado mi sueño de dar clases de Historia, de Arte… Nunca hay nada, solo la desesperación de los días que pasan, y las caras de aquellos que comparten destino en la cruel y atroz fila, que como almas en pena, con un número en la mano, ven pasar las horas entre susurros y lamentables murmullos, hasta que el funcionario gris de turno les reclama a su vera, como un tétrico Juez del Averno al que contarle las penas y desdichas que el inexpresivo tipo teclea en su Macintosh…
Allí la esperanza tiene vedada la entrada. Euridice es una de las fijas en la cola. Todos los días la veo, como una sombra que vaga por las calles, aguardando su turno para contarle su currículo al mismísimo Hades que sale a desayunar una hora y media, cosas de funcionarios y sindicatos, mientras los impíos mortales, inactivos, mantienen el tipo como pueden y le dejan. El Infierno solo te atiende desde las 10 hasta las 14 horas.
A Euridice le picó una culebra de las muchas que pululan, tan anchas y panchas, por las Vegas del Guadiana. Su pareja de hecho, Orfeo, es un fabuloso músico que la crisis económica metió a pastor de ovejas y cabras, toca la lira como nadie. Cuando Euridice cumplió el mes de baja que el médico, un tal Asclepio, le había impuesto, se encontró con que su empresa la ponía de patitas en la calle: “Reducción de Personal”, le dijeron.
Y así, la pobre Euridice se vio como un alma en pena, junto a tres millones casi y medio de parados más, haciendo cola, traspasando esa inhóspita frontera que es la puerta del INEM, del inframundo que tanto debe a Dante, a Saint Saens y a Gustave Doré. Orfeo, conmovido por la tristeza de su chica, tan insoportable que rompe el corazón a cualquiera, le prometió que le encontraría un trabajo, y sin mirarla a los ojos, asiendo con fuerza su mano la apartó de aquellos desempleados condenados al fuego eterno de Hades, al infierno helado de Cocito, ese río macabro de pecadores, justo en el momento en el que le llegaba el turno a la joven y bella Euridice.
Pero el pobre Orfeo no se creía ni lo que decía, nadie encuentra trabajo en este país derrumbado, y al volverse y al mirarla a los ojos, a aquellos tiernos ojos grises, melancólicos y a punto de desbordarse por las lágrimas, supo que la había perdido, quizás para siempre…