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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Hernán (2019)



       Con “Hernán” (2019), me ha ocurrido una cosa muy curiosa. Con el bombo y platillo que le llevaban dando desde hace un tiempo, enseguida me metí en Amazon Prime para visionarla. Los tres primeros episodios me engancharon, a pesar de los continuos flash-backs, y, de hecho, la he visto entera en una semana y media, pero, claro, una gran coproducción como esta debería cuidar algunos detalles, que más o menos, son estos…

           La espada de Hernán Cortes parece salida de “El Señor de los Anillos”, una verdadera espada élfica, más que castellana, de esas que se cogen a dos manos, con una empuñadura que le hubiera encantado a Gandalf o a Aragorn. Las batallas, que imaginas multitudinarias, se resumen en escaramuzas de algunos actores, que hubieran podido salvar con copy-paste por un tubo, en el caso de un bando y otro. Algunos vestidos parecen más de siglos posteriores, así como cascos e higiene (los castellanos van demasiado bien vestidos), Moctezuma siempre pensé que era un tipo delgado, y aquí es increíblemente gordo.

          Cada uno de los episodios corresponde, o está realizado, desde el punto de vista de uno de los personajes: Hernán, Marina, Bernal, Moctezuma, Sandoval (uno de mis preferidos al salir la ciudad de Cáceres) … Y eso es algo que gusta, ya que te da amplitud de miras respecto a la historia. Algunas batallitas las han omitido (los castellanos aparecen luchando un tanto anárquicamente), y Alvarado (que estaba como una cabra) me ha recordado al Loco Aguirre (actores parecidos), así como Botello, que es la versión castellana de Floki, de la serie “Vikingos”, con sus mismas visiones e idas de pinza. Los continuos polvos sobran (en caso contrario, hubiera sido un material bueno para poner en la ESO…) y podrían haber dejado claro, de otra forma, las relaciones de españoles con indias, creo que había alguna bandera de los Tercios entre la tropa que también me chirrió, como la armadura (un tanto barroca para mi gusto) de Hernán Cortes…

          ¿Merece la pena la serie? Hombre, pues sí. Es difícil hacer una serie exacta a los acontecimientos históricos que se quieren narrar. Siempre se te va a colar algo. A mí me ha gustado verla, la he disfrutado un montón, y me ha parecido interesante. De hecho, la recomiendo. Siempre hay que celebrar que se hagan producciones basadas en la Historia de España, que, a mí, egoístamente, me sirven hasta en mi trabajo diario. Ya me decís que os ha parecido a vosotros. No dejéis de verla.

            P.D: El final acaba con el nacimiento de Martín Cortés.



lunes, 25 de noviembre de 2019

Contact (2019)




        Estoy acostumbrado a tragarme, (tanto por televisión, como por internet) series y películas que son un auténtico bodrio, o que no sabes muy bien a dónde quieren llegar. Con “Contact” (2019) me ha pasado eso. A través de sus seis capítulos (ignoro si habrá una segunda temporada), me he encontrado a seis tipos hablando de ovnis y de extraterrestres, investigando casos de México, Chile, Argentina y alguno de Estados Unidos, pero sin llegar más allá de la pose de caras que iban poniendo cada vez que ellos creían encontrar una evidencia de contactos en estos países.

        Caras, poses, más caras, mucho cruzamiento de brazos, pero sin llegar a conclusiones claras y sin llegar a enganchar al espectador. En “Contact” tenemos a tres equipos formados por tres parejas. Uno de ellos, un friki de los ordenadores, junto a un tipo que trabajó para la CIA en Inteligencia (quizás poniendo cafés, no lo sé con seguridad), están en San Pedro (California), investigando y comentando cosas que buscan, aburridos, en lo que parece un garaje remodelado. Durante toda la serie he estado esperando, que, por la puerta, entrara la madre de uno de ellos a decirles que la cena estaba servida. Buscaban en el Google cualquier palabreja y les salía una serie de coincidencias, vídeos y noticias. Y ellos ponían poses y filosofaban sobre el asunto.

        Los otros dos equipos, hacían turismo por el continente, fundamentalmente por Hispanoamérica, y oían cualquier historia de ovnis que los parroquianos de turno quisieran colarles, mientras abrían muchíiiisimo los ojos, anonadados, y mientras sacaban lo peor del país de turno, para que conste que no están muy desarrollados, por si acaso…

        No sé. No me ha convencido. Todos han trabajado para el Gobierno, como militares o asesores, menos una periodista, (la única mujer que sale en la serie investigando los ovnis), pero realmente parecen actores. Incluso, uno de ellos, parece el doble de acción de La Roca (The Rock) o de Dave Batista. Esperemos que la segunda temporada, si la hay, sea menos soporífera.

1740: San Agustín (Cascaborra, 2019) Daniel Torrado.



        He disfrutado muchísimo lo último (hasta ahora) de Cascaborra, titulado “1740: San Agustín” (Cascaborra, 2019) de Daniel Torrado (dibujo, guión y color), dentro de su colección “Historia de España en viñetas”, que cuenta la historia, una parte de ella, de la fortaleza y ciudad de San Agustín, primer asentamiento español en lo que hoy es Estados Unidos.

        En pleno 1740, reinando Felipe V, la península de la Florida, parte del territorio español desde la llegada a aquellas tierras del conquistador Ponce de León, se enfrenta a la presión ejercida por los británicos desde el Norte.

        El gobernador, Manuel de Montiano, ofrece la oportunidad de ser libres a los esclavos que huyen de los británicos, y establecerse junto a los indios seminolas, en el pequeño fuerte de Santa Teresa de Mosé, (o Mosé directamente), lo cual hace que muchos de ellos huyan de Georgia, abandonando los campos de algodón y las crueldades de sus dueños, para establecerse libres, en la Florida, y de paso, engrosando las filas españolas con milicianos, que andan más bien escasas.

        Estando, así las cosas, el gobernador de Georgia, James Edward Oglethorpe, decide tomar el fuerte Mosé, y de paso romper la línea de suministros de San Agustín, pero sin esperarse que la reacción española no se iba a hacer esperar…

        El cómic está francamente bien. Es muy entretenido, y la historia se sigue, en gran parte, desde el punto de vista de Kwamba, un esclavo huido cuya única obsesión es llegar a territorio español para recobrar su libertad… Lo recomiendo, y mucho.

        P.D: De Daniel Torrado, ya hemos comentado por aquí: “1539 Castelnuovo” (2018), “1805 Trafalgar” (2017) y “Bernardo de Gálvez. Pensacola 1781” (2015-2016)

domingo, 24 de noviembre de 2019

La Familia Addams (2019)



        Hoy hemos ido a ver, antes de que la quiten definitivamente del cine, “La familia Addams” (2019), cinta de animación, basada en la archiconocida familia que nacieron en las tiras cómicas del dibujante y caricaturista Charles Addams (1912-1988), y que han sido serie, película (la del 91 es difícil de olvidar, con Raúl Juliá) y hasta dibujos animados.

        Con el tráiler de esta, me puse a temblar, pues creí, como hoy se ha confirmado, que nos enfrentábamos a un pastiche de mucho cuidado.

        La película gustará a los nenes, que no conocen a esta entrañable familia de lóbregos y oscuros seres, que habitaban en el número uno de la calle del Cementerio, pero que aquí aparecen huyendo de la Madre Patria (algún punto de Europa Central no especificado) para instalarse en el Estado tétrico de Nueva Jersey, donde tras algunos años de intranquilidad, serán molestados por una tal Margaux, decoradora y presentadora de televisión, que pretender crear el mayor complejo inmobiliario (basado en el modo de vida norteamericano) jamás visto: La Ciudad de Asimilación.

        Margaux tiene una hija, Parker, que pronto hará migas con la inquietante Miércoles, descubriendo que la decoradora es más temible de lo que aparenta… Y todo ello, coincidiendo con una gran festividad de los Addams, donde todos están invitados a una especie de rito de iniciación, la Mazurka con Sable, del joven Pugsley Addams…

        En fin. La película es excesivamente larga, sobre todo pensando en los niños, y quiere tocar muchas teclas a la vez, dejando subtramas abiertas y nada resueltas, como la vida de Miércoles en el Instituto, que se resumen en una sola clase y una movida en un pasillo con una alumna acosadora que no llega más lejos. El final es muuuuuy forzado y nada “creíble”. Pierde la chispa y el humor negro de la serie (¿Años… Sesenta o setenta?) y de la película que yo recuerdo.

        Lo mejor: La música. Lo peor: Que hay ratos en los que se te hace eterna, predecible, y llegas a mirar el reloj. Hay un final subtitulado, que tuerce el gesto al personal. Aguantas por los nenes que has llevado al cine.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Mayans (Segunda temporada, 2019)



        Hace un tiempo, “Hijos de la anarquía” fue una de esas series que me dejó anonadado, por su temática y su calidad. Disfruté cada una de sus temporadas un montón. La historia de unos moteros californianos, traficantes de armas, a veces haciendo de héroes, la mayor parte haciendo de malos, y en continua guerra civil, me pareció la leche.

        Después, cuando llegó “Mayans”, tengo que reconocer que tuve miedo de que se bajara mucho el nivel de la serie original. Afortunadamente, no fue así. No tenía el mismo sentido, o la calidad que “Hijos de la anarquía”, pero se posicionó como una serie interesante, digna sucesora de “Hijos de la anarquía”, donde, además, salían de vez en cuando algunos de sus miembros, de sus personajes, dándoles a los fans de “Hijos” una sucesión de continuas alegrías.

        La segunda temporada, basada en las andanzas de “Ez”, un novato que quiere entrar en el club motero de los Mayans, con una memoria fotográfica, y que investiga la muerte de su madre (asesinada a sangre fría), ha vuelto con diez nuevos y trepidantes episodios.

        Ez y su hermano Ángel, se unen y se involucran en la investigación del asesinato de su madre, mientras trabajan para un cartel mexicano desde el club motero, ven como otros clubs intentan ganarse el territorio de los Mayans, y las corruptelas van y vienen: Desde tráfico de personas hasta el de armas. Los Olvidados, pequeño grupo revolucionario mexicano, jugará también un papel importante en la trama, junto al agente Potter, un estirado y loco agente de fronteras estadounidense, que parece escapado del Séptimo de Caballería.

        La serie, en mi opinión, ha mejorado mucho. A mi me ha enganchado durante una semana y media, a lo largo de sus diez episodios. El final es la LECHE. A pesar de que Kurt Sutter, productor y creador de la serie, ha decidido dejar el proyecto por distintas desavenencias con el equipo y con el elenco de la serie, al parecer, estaremos de enhorabuena. Y tendremos nueva temporada para octubre de 2020, si el tema no se tuerce.

        P.D: Ya me he acostumbrado al acento de los actores de doblaje castellano, al principio me chirriaban mucho, pero…

domingo, 17 de noviembre de 2019

Me llamo Barro (Edicions de Ponent, 2010) Pedro F. Navarro, Miguel Ángel Díez



        Leer “Me llamo Barro” (Edicions de Ponent, 2010) de Pedro F. Navarro (guión) y Miguel Ángel Díez (ilustraciones) es una delicia de libro ilustrado, que cuenta, desde el punto de vista de un viejo y achacoso Vicente Alexandre, la vida del gran poeta Miguel Hernández (1910-1942).

        Vicente Alexandre recuerda su vida, desde su Orihuela natal, como pastor. La incomprensión de su padre ante el interés por los libros de su hijo, sus primeros poemas, su amistad con Ramón Sijé, su marcha a Madrid y su encuentro con poetas y escritores de la época, como Pablo Neruda (con el que tendrá una gran amistad), o con Lorca (que no lo tragaba) o el propio Alexandre…

        Para pasar a la Guerra Civil, el deterioro físico, la prisión, la muerte de su primer hijo… El nacimiento del segundo, y su calvario, de cárcel en cárcel, mientras que los poetas y escritores afines a la República, comenzaban su exilio, de mano de Rafael Alberti (menudo tipo) dejando en la estacada a Miguel Hernández…

        El libro es una conversación de Alexandre con la memoria de su amigo, lleno de complicidad, emotivo hasta el final, y muy, pero que muy recomendable. Lo he disfrutado mucho, como no podía ser de otra manera.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Angry Birds 2 (2019)



        Como hace tres años fuimos a ver “Angry Birds” (2016), que nos gustó bastante, y que disfrutamos gracias a sus continuos guiños y al tándem Mota-Segura en el doblaje (sin olvidarnos a Alex de la Iglesia, que también repite por estos lares del doblaje), pues nos hemos animado a ver la segunda parte.

        No siempre es así, pero cuando una productora apuesta por una película basada en un videojuego, suele acertar con la taquilla (de hecho, llevan recaudados más del doble de lo que costó la cinta, a fecha de hoy). “Angry Birds” no tiene el tirón de hace unos años (aunque ha sido una de las app más descargadas de todos los tiempos), en que Rovio (los creadores) lo petaron con la docena y media de juegos que sacaron de los pájaros del tirachinas (cada uno con una habilidad distinta), empeñados en vengarse de los cerdos verdes que les roban los huevos, pero hubiera sido absurdo no volver a intentar una apuesta con ellos, y han acertado.

        En esta ocasión, “Angry Birds 2” (2019) nos centra en la aparición de unos nuevos personajes en la trama. Isla Cerdito ha sido reconstruida después de los últimos acontecimientos, narrados en la primera película, y está siendo bombardeada por bolas de hielo, al igual que Isla Pájaro, desde Isla Águila, donde su líder, el águila azul Zeta (que está como una cabra) pretende invadir las islas y evacuar el paraje helado donde ellas habitan.

        Leonard, líder de los Cerditos, convence al pájaro Red (que no está en su mejor momento anímico) para hacer una alianza contra un enemigo común, creando un equipo mixto de aves y cerdos, que, infiltrados en la base enemiga, acaben con los malvados planes de Zeta. Paralelamente, hay una historia en que tres pollitos (una de ellos, la hija de Terence), deberán rescatar tres huevos (hermanos suyos) que han quedado a la deriva en alta mar.

        La película es muy simple en su guión, pero entretenida. Está cargada de guiños, que entenderán más los padres cuarentones de los nenes, que los propios nenes, ya que hay bastante referencias ochenteras (al breakdance, al grupo Europe…), pero es dinámica, y no tienes mucho tiempo a bostezar. Aciertan con el doblaje en castellano al repetir nuevamente, como decía al principio, a la misma gente, y cierran el circulo, así que no sé si habrá tercera parte, pero… No me extrañaría.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Emisarios del engaño (Reediciones Anómalas, 2017) Jacques Vallée



        Jacques Vallée (Francia, 1939) es un referente en el mundo de la ufología. Su “Pasaporte a Magonia” (1969) es un clasicazo, difícil de conseguir hoy en día (ojalá lo reediten a un precio asequible). Así que, cuando vi que la editorial Reediciones Anómalas (de la cual: Compré, leí y revendí el libro “Comunión”), había reeditado su libro “Emisarios del engaño” (1979), no me lo pensé mucho para hacerme de él.

        El libro tiene un nuevo prólogo del propio Vallée de 2008, y es, en parte, un contrapunto a todo lo escrito por el investigador francés hasta aquella época. Si, en un primer momento, Vallée digamos, se cree todo lo que está relacionado con el fenómeno Ovni, en 1979 ya se hacía preguntas, e incluso jocosas, sobre sectas y contactados que proliferaban como setas, no solo en EEUU (que es donde más locos había), sino también en Francia y en España (El movimiento UMMO, que fue un fraude, o el curioso caso de Jacques Bordas, se citan en el libro) y que profetizaban, que, el fin del mundo, y la llegada de los extraterrestres, era cuestión de meses.

        Vallée hace un estudio de diversas sectas, contactados de todo tipo, las famosas mutilaciones de animales (tan prolíficas en los setenta en los EEUU), conferencias y reuniones de todo tipo, hasta llegar a un dossier que Vallée, junto a otros investigadores, realizó para la ONU sobre el caso Ovni.

        El libro es interesante. Lo malo… Que lo que cuenta quedó ya en la prehistoria de la Ufología (UMMO, los Raelianos, los diferentes movimientos Melquisedec…), y son ya batallitas del “abuelo Cebolleta”, pero ello no es óbice para leerlo, y disfrutarlo.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Abducidos (Taken, 2019)



        Durante una semana y media, me he tragado una mini-serie, de diez capítulos, algo antigua, que yo no conocía: “Abducidos” (2002), que viene con la firma de Steven Spielberg, y con la dirección de algunos directores, demasiados en mi opinión.

        “Abducidos” tiene mucho de dramón, y de serial de las cuatro de la tarde. Música Spielberiana, guiños al propio Spielberg con alusiones a ET, Encuentros en la Tercera Fase y nenes con bicicletas, nos encontramos ante el caso de tres familias: Keys, Crawford y Clarke, que, desde los años cuarenta, hasta ayer por la noche, sufren una serie de abducciones, relacionados con el Caso Roswell, en el que los militares se hacen con una nave extraterrestre.

        Los extraterrestres experimentan con ellos, los putean, les hacen ver TeleCinco (Sálvame y Gran Hermano), aunque se supone que no quieren hacerles daño. En diez capítulos, de una hora veinticinco minutos cada uno de ellos, se nos muestra a los extraterrestres como los típicos Grises, que solo abducen a ciudadanos norteamericanos, ya que desconocen (los extraterrestres) que haya más países más allá de los USA, y esto lo remedian abduciendo a algunos por ahí sueltos, pero no muchos, que para eso no son de Wisconsin.

        Una voz en off, la de Allie, que va narrando la historia, se hace insufrible. Allie es el experimento final de los Grises, el culmen de sus experimentos, por el que los militares y medio planeta, suspiran. Los efectos especiales son regulares, y “Abducidos” es, a grandes rasgos, un culebrón de mucho cuidado. No todos los episodios muestran el mismo interés, en eso se nota la dirección de cada uno de los mil directores que están por ahí, pero está entretenida.

        P.D: ¿Sabéis eso que os digo que a casi todas las películas le sobran treinta minutos de media? A esta serie le sobran cinco capítulos, o que dividieran la serie en dos temporadas.