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Es un verdadero
placer presentar, una vez más, un cómic bélico de Antonio Gil. No sé cuántas
reseñas le habré dedicado a los cómics de Antonio Gil, creo que alrededor de la
docena, quizás más… Vete a saber, perdí la cuenta, pero alguna vez he comentado
que nadie te dibuja la historia en cómic como Antonio Gil.
Dibuja aviones que quitan el hipo, y
además, es una enciclopedia viviente, algo que demuestra en cada cómic que
publica.
En esta ocasión, le ha llegado el turno
al cómic “Lydia Litvyak”, sexto tomo que nos trae Cartem Cómics, dentro de su
colección “Historias de la Guerra”, publicado en este pasado febrero de 2026, y
el tercero dentro de la colección del propio Antonio Gil.
Nuestro autor abrió la veda con los dos
primeros tomos, comentados por aquí (tanto por el blog como por el Canal), que
fueron los títulos “Richard Halsey Best”, centrado en la Guerra del Pacífico, y
“Hans-Joachim Marseille. La Estrella de África”, donde nos desplazamos al
frente del norte de África. En esta ocasión le ha tocado el turno a una piloto
soviética de la Segunda Guerra Mundial: Lydia Litvyak
La colección, ya aprovecho para decirlo,
es una verdadera gozada para aquellos, que, como a mí, nos encanta el cómic
bélico. Hay que agradecerle a Cartem Cómics que nos traiga cómics como estos,
donde se recuperan episodios, personajes y acontecimientos olvidados de la
historia bélica. Yo, personalmente, los disfruto mucho, porque te crees que
sabes todo sobre la Segunda Guerra Mundial, y estos cómics son bofetadas de realidad,
que recuperan una memoria que no debería perderse.
El cómic es un tomo autoconclusivo, como
el resto de la colección, con un formato de álbum europeo, cartoné (tapa dura),
con 56 páginas a color, donde te vas a encontrar una cuidada edición, con un
dibujo espectacular y con extra histórico final, que es una verdadera
maravilla: Por un lado, notas relacionadas con nuestra protagonista, la lista
de victorias aéreas de Lydia Litvyak, y sus condecoraciones, y un dibujo de
ella misma y su avión.
Y
por otro lado, un dosier histórico complementario, que viene de la mano, en
esta ocasión, del Doctor en Antropología e Historiador Aeronáutico, Carlos
Lázaro Ávila, que aparte de la rigurosa documentación, aporta una serie de
fotografías relacionadas con la protagonista y el contexto histórico donde nos
movemos.
En
la narrativa, vamos a conocer a Lydia Litvyak —conocida como la “Rosa Blanca de
Stalingrado”—, conocida de esta manera porque supuestamente llevaba una rosa
blanca, en otras versiones, un lirio blanco, dibujado en el fuselaje de su
avión.
La
vida de Lydia tuvo mucho de película, de folletín y de propaganda soviética, y
la historia juega con estos elementos.
Pierre,
un periodista/escritor que investiga su vida, acaba dando con una anciana rusa,
que, desde su retiro suizo, entre montañas, le corrige en los aspectos que él
está equivocado respecto a la vida de la piloto soviética de la Segunda Guerra
Mundial. Él ha caído en sus publicaciones, en tópicos y medias verdades, y la
abuela le cuenta la historia de Lydia, y como aquella joven veinteañera se hizo
un hueco en un mundo dominado por los hombres, para primero aprender a volar, y
posteriormente a combatir sobre el cielo ruso plagado de cazas y bombarderos
alemanes.
La
abuela va derrumbando mitos ante el escrito sobre la piloto, y no solo se mueve
en el terreno bélico, también en el sentimental, a través de los recuerdos de
aquella época. Vamos a conocer a otras pilotos de cazas soviéticos, y el
escenario principal se mueve en torno a Stalingrado, en lo más crudo de la
encarnizada lucha entre alemanes y soviéticos, donde morían tanto en tierra
como en el aire.
Por eso, os digo que tuvo una vida de
película. Vemos su pasión por volar, la llegada del amor en el propio frente de
guerra, la pérdida, el estrés emocional y la madurez de un personaje que acabó
encontrando la muerte tempranamente, dándose por desaparecida en combate, lo
cual llegó a crear nuevos mitos (en algunos de ellos, incluso como traidora a
la madre patria), aunque sus restos fueron encontrados a finales de los setenta,
restituyendo su historia y su memoria.
Se le atribuyeron siete derribos en
menos de un año, y su historia, que yo no conocía, me ha servido mucho para
interesarme más por el papel que tuvieron las mujeres como pilotos en el bando
soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Ya conocía algunas historias, pero
no ésta.
En definitiva: Yo tengo debilidad por los cómics bélicos de Antonio Gil, y solo puedo recomendarlo fehacientemente. Su dibujo, su historia, su enfoque, y hasta su final un tanto ambiguo, me han parecido fantástico. El remate del dosier histórico es igualmente fabuloso. Tenéis que leerlo, este y todos los de la colección. No defraudan, y encima son rabiosamente didácticos. ¿Se puede pedir más? A por ellos.






















































