Como viene siendo
habitual en mí, llego a una serie como “Primal” con varios años de retraso, a
pesar de que se me venía recomendando desde hace mucho tiempo…
En un principio, pensé en verme del
tirón las Tres Temporadas que han salido hasta la fecha, sus treinta episodios
del tirón, pero tras una semana y media liado con sus diez primeros episodios,
he llegado a la conclusión de que sería mejor dedicarle a cada temporada una
reseña… Más que nada porque la Primera Temporada me ha parecido que lo merece.
Me ha gustado mucho, ya lo voy adelantando, y las siguientes, que aún no he
visto, podrían bajar la media, o quizás subirla más… No sé, aún no me he puesto
con la Segunda Temporada.
De todas formas, la Primera merece una
reseña, y por eso estamos aquí… ¿Qué es “Primal”? Pues una serie de animación creada
por Genndy Tartakovsky, que se estrenó en 2019 en Adult Swim. Consta de 10
episodios, cada uno con una duración aproximada de 20 a 25 minutos (con media
cercana a los 22 minutos), y donde nuestros protagonistas son un cavernícola y
un dinosaurio… Si, has oído bien, ¿A qué es un buen tándem? Pues no te
equivocas.
Estamos
en un mundo prehistórico brutal, donde vemos a todo tipo de seres matarse y
comerse mutuamente todo el rato. La piedad parece no tener cabida en este mundo
donde te pueden destrozar en milésimas de segundo.
Un
cavernícola llamado Spear pierde a su familia tras el ataque de unos
dinosaurios. Os tengo que decir que no sabía realmente su nombre hasta que no
lo busqué, porque en sus primeros nueve episodios, no se va a pronunciar ni una
sola palabra. Solo gruñidos, gritos y rugidos. En el décimo, nos vamos a
encontrar a una tipa calva que habla en un extraño y desconocido idioma, con
acento de Badajoz.
Poco después, el propio cavernícola presencia
una tragedia similar cuando una hembra de tiranosaurio, Fang, ve morir a sus
crías. Tampoco sabía el nombre de la tiranosaurio. ¿Tenían nombres los
dinosaurios? Vete a saber, porque en este colorido mundo, todo es posible.
Unidos
por el dolor, la perdida, y un vínculo inaudito y altamente improbable, crean
un dúo, sin un destino concreto, y comienzan a sobrevivir juntos, cazando,
luchando y encontrándose con todo tipo de monstruos.
Lo
curioso es el grado de complicidad, en todos los sentidos, que llegan a tener
el cavernícola y la dinosaurio. Y, es gracias a conexión, que logran
enfrentarse a otros dinosaurios, primates locos, epidemias zombis, vampiros
gigantes, brujas y fenómenos paranormales y sobrenaturales de todo tipo. El
cavernícola armado con su lanza de piedra, y el dinosaurio con sus potentes
fauces conformadas por 2300 dientes, colmillos y muelas del juicio del tamaño
de un Seat Panda.
No le busques en sentido histórico,
antropológico o arqueológico a la serie. Sencillamente no lo tiene, y creo que
tampoco lo necesita para transmitir sin una sola palabra, todo lo que te
cuenta.
Lo
interesante es como sobreviven estos dos a todo tipo de peligros, vicisitudes y
escenarios imposibles. Todo es movimiento, acción, y una naturaleza tan
colorida como violenta y gore, donde no van a faltar los hectolitros de sangre,
tantos, que seguro que habrán entusiasmado a más de un japonés cuando vio la
temporada. Los episodios son conclusivos, pero si es cierto que hay un par de
ellos que siguen una continuidad.
Y, cuando no hay rugidos ni gruñidos,
está el silencio, las miradas, los gestos, que funcionan muy bien todo el
tiempo. En el último episodio, se encuentran a una mujer calva, prisionera
escapada, que intenta hablarles, contarles su historia. Es el único episodio
donde vamos a oír hablar, aunque Spear no lo hará, no contestará, no sabemos si
por incapacidad, falta de interés o vete a saber.
Como
curiosidades os puedo contar que, a pesar de que ya han pasado varios años de
su estreno, su presupuesto sigue siendo un secreto insondable. También conviene
destacar que la primera temporada se emitió en dos bloques: cinco episodios en
2019 y otros cinco en 2020, lo que generó una especie de “pausa narrativa” que
aumentó la expectación.
A
nivel técnico, la animación fue muy elogiada por su uso expresivo del color y
la violencia gráfica, poco habitual incluso en producciones adultas de
animación televisiva. La serie combina influencias del cine mudo, el cómic y la
pintura (entre expresionista y fauvista, diría yo), creando un estilo único, y
bastante original. Salvando, y mucho, las distancias, algunas cosas me han
recordado a Conan.
En definitiva: Una primera temporada que me ha quitado el hipo, y me ha tenido una semana y media enganchado desde el primero hasta el último episodio. Es de lo más recomendable, a mí me ha gustado mucho, tanto que le voy a dar un 7 de nota. Ahora vamos a por la Segunda Temporada.





















































