“Lo
que hay dentro”, película estadounidense de 2024, que gira en torno al thriller
psicológico, la comedia negra y la ciencia ficción, dirigida y escrita por Greg
Jardin, que además se hizo cargo del montaje, y sospecho que también llevaba
los cafés al set de rodaje, algo que suele ser habitual en directores como él
que están empezando, a duras penas, en este mundillo.
La
literatura, y el cine contemporáneo han explorado con frecuencia la idea de la
identidad y la percepción que tenemos de los demás, o como nos ven los demás, o
que haríamos si fuésemos otros… La idea no es nueva, y por eso, la película “Lo
que hay dentro”, no es revolucionaria en ese aspecto. Sus dos y medio millones
de dólares de presupuesto, se invirtieron en dieciocho días de rodaje en
Portland (estados Unidos), en una película de una hora y cuarenta minutos, que
me ha llegado a perder un poco en su narrativa, no sé si por qué no sabe
encajar todas las piezas del puzle que constituye al 100%, o porque quizás ya
me pilla un tanto boomer, y, entre tanto cambio de cuerpo y mente, yo ya me he
llegado a perder…
Es
un poco pesadilla psicológica, que marea por el revoltijo, pero que no sé cómo
lo hace, puede llegar a entretenerte, aunque sin tirar cohetes, eso sí…
La
filmación terminó en noviembre de 2022 y se realizó en tan solo 18
días. Se estrenó en el Festival de Sundance en 2024 y ha salido
directamente a las plataformas de streaming en 2026, que es donde yo la he
visto. Hasta donde sé… No se llegó a estrenar en cines, por lo que espero que
Greg Jardin haya hecho un buen contrato con Netflix para no perder pasta con su
estreno.
¿Qué
te vas a encontrar en la narrativa de “Lo que hay dentro”? La película comienza
con un grupo de amigos pijos, repelentes, influencers algunos de ellos, que se
reúne en una casa para celebrar una fiesta previa a una boda. Todos ellos son viejos
compañeros de universidad que no se han visto durante años, y que tuvieron sus
más y sus menos, en todos los sentidos, pero que se supone que han hecho borrón
y cuenta nueva en todos los aspectos. La reunión parece normal hasta que
aparece Forbes, un antiguo amigo que llevaba tiempo desaparecido.
Forbes
trae consigo un misterioso maletín tecnológico. El tipo, según cuenta,
lleva cinco años creando lo que hay dentro, con su equipo de científicos locos
e ingenieros de la Universidad de Extremadura. ¿Y qué es lo que hay en ese
misterioso maletín? Lo normal en este tipo de películas hubiera sido un
machete, pero dentro hay un dispositivo experimental capaz de intercambiar
la conciencia entre dos personas, permitiendo que cada uno habite el cuerpo
de otro. Vamos, que ni el parchís ni el Scattergories, sino todo un invento
revolucionario para cambiar cuerpos y mentes.
Al
principio, el grupo lo toma como un juego. Todos aceptan participar en el
experimento y comienzan a cambiar de cuerpos entre sí. Total, ¿Qué puede salir
mal?
Lo
que comienza como una experiencia divertida pronto se convierte en un caos. Se
supone que el juego iría de adivinar quién es quién, pero comienzan a aflorar
los viejos enamoramientos reprimidos, resentimientos del pasado, conflictos de
pareja e incluso deseos de venganza, apaciguados durante años, que ahora
reaparecen.
La
vaina se complica cuando dos de los jóvenes, se van con san Pedro al
precipitarse desde una balaustrada, mientras hacen una representación de la
Caída de Roma, con las camas que hay en una mansión de 53 habitaciones… Y, ya con dos desvividos encima de la mesa,
algunos dicen que se quedan con el cuerpo que tienen, y aquí te pierdes, o por
lo menos en mi caso, porque no sabes bien quién es quién…
Una de las cosas que más me ha rayado es
que la película, cuando comienza el juego, se estructura en rondas, siguiendo
el juego del cambio de cuerpos y mentes… Ronda uno, ronda dos, y un final. Una
estructura un tanto de obra de teatro. Otra es que, y esto también lo pone un
poco en relación con las obras de teatro, a pesar de que el espacio principal
es el salón donde ponen el maletín, el cambio les lleva mágicamente a otras
estancias que supuestamente hay en la casa, como una habitación de espejos.
Lugares con extrañas mezclas de elementos y colores, pero después vuelven a
aparecer todos sentados junto al maletín, menos cuando aquellos dos se desviven
desde la terraza.
En conclusión: La película no me ha parecido muy original en su planteamiento, confusa a ratos, pero entretenida en este tema de explorar temas universales como la identidad, los secretos y la percepción social. Invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿realmente conocemos a las personas que nos rodean, o solo la imagen que proyectan? Y con eso, me quedo. Nota: 5
























































