Cuando vi la portada del cómic que os traigo hoy, “La Invasión de los Hongos del Espacio”, me llamaron de entrada dos cosas: Esa estética a manga de hace 50 años, y el nombre de Marina Shirakawa, que no conocía, y que yo imaginé que sería de una tipa perdida en un mar de mangakas setenteros, abriéndose paso en un mundillo lleno de dibujantes varones…
Solo acerté en la estética setentera,
porque Marina Shirakawa resultó ser un japonés medio, con más patillas que
Curro Jiménez, que había adoptado ese nombre artístico por las sondas Mariner
de la Nasa.
Después, una vez adquirido, mis
sorpresas han ido en aumento, siempre para bien, porque aparte de descubrir a
un autor clásico manga (aún aprendo, a mi edad, que importante es no dejar de
aprender), me he encontrado con un cómic que mezcla el terror, la ciencia
ficción (tan en boga el tema ovni, a nivel mundial, en los sesenta, en los
setenta, que ocupaba hasta páginas en los llamados periódicos y medios serios),
y folklore japonés, a través de breves cuentos e historias, en viñetas. Un todo
en uno, que quita el hipo en su lectura, prácticamente desde el principio.
Originalmente publicada en Japón en
1976, “La Invasión de los Hongos del espacio”, este manga de 200 páginas (en
riguroso blanco y negro), de Marina Shirakawa llega por primera vez al público
español en una edición de Diábolo Ediciones, que me ha gustado mucho por la
presentación, y por sus extras finales, que son reveladores, siendo además el
primer manga publicado por Diábolo, editorial especializada en clásicos del
cómic y géneros como el terror y la ciencia ficción, algunos de ellos
comentados por nuestro blog y por el Canal de Youtube.
En
términos formales, es un manga que se inscribe dentro del género seinen,
dirigido originalmente a un público adulto, donde, además de la historia
principal, Shirakawa intercala fragmentos que funcionan casi como notas o
interludios culturales: textos que narran leyendas tradicionales japonesas
relacionadas con hongos o relatos sobre avistamientos de ovnis documentados,
estando muy presente el famoso ovni de Adamsky. Estas interrupciones breves
aumentan el contexto de la historia, enriquecen la lectura con elementos
folclóricos y mitológicas, curiosos, relacionados con el mundo de los yokais.
La
narrativa del cómic arranca de forma relativamente tranquila. Tenemos una breve
introducción sobre el tema ovni, y nuestro protagonista, Aoki, un estudiante, y
su profesor el señor Sada, quedan varados juntos en una remota zona montañosa
de Japón debido a un esguince que sufre el chaval. Este suceso les permitirá
ser testigos del castañazo que mete un platillo volante a una distancia
relativamente cercana a ellos.
Ellos enseguida dan aviso del accidente,
y como testigos del suceso, son recluidos por el gobierno y el típico
científico que quiere tapar todo el suceso.
Pero pronto Aoki y el profesor Sada
consiguen averiguar la verdad. El platillo, en realidad, era una especie de
laboratorio alienígena, en cuyo interior, había unas esporas espaciales, unos
hongos parasitarios, que acabaron con la vida de sus ocupantes, y que ahora
andan sueltos, transformando a todos los seres vivos en grotescos hongos,
completamente imparables, con lo que el final del planeta es transformarse
tarde o temprano en un vergel donde la naturaleza hará olvidar a los seres
humanos y su existencia, gracias a la invasión de los hongos del espacio.
La
verdad es que la reflexión que deja el cómic al final es bastante buena. ¿Tiene
la extinción humana un lado positivo, el planeta estaría mejor sin nosotros?
Se
nota que el manga es hijo de su tiempo: Shirakawa no solo era un fanático de
los fenómenos extraterrestres, sino que incluso llegó a fotografiar un posible
OVNI en 1974, imagen que figura en el prólogo de este cómic como prueba de su
obsesión personal por el tema. De hecho, la narrativa tiene mucho de La Guerra
de los Mundos y de Invasores de Marte, mezclado, como os decía con el folclore
japonés en torno a las setas y los hongos.
El cómic tiene una parte final, extras, que se leen a la occidental, y que consta, por un lado, de un ensayo del experto en fenómenos paranormales Takeo Udagawa, que contextualiza la obra de Shirakawa dentro del movimiento ufológico japonés, fenómeno mundial en los 60-70; por otro, un texto de Ryan Holmberg, historiador del manga clásico, que repasa la carrera del autor y sitúa este título dentro de la historia del cómic nipón, presentando otros cómics del autor, obsesionado con todo lo paranormal. En definitiva: Un curioso e interesante cómic.























































