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jueves, 16 de enero de 2020

Green Book (2018)



        He tardado un par de años en ver “Green Book” (2018), pero cuando me he puesto a verla, me he dicho: “Esto es lo de siempre, pero una vez más… Bien hecho”, y es que, a pesar de que la historia esté basada en un hecho real (1962, aunque la familia de ambos dicen que la película es una patraña llena de mentiras), y que los prejuicios raciales los hemos visto en muchísimas películas, si la cinta es buena y cuenta una historia como debe ser, pues funciona. Es así de sencillo.

        Es como pasear a “Miss Daisy” (1989), pero al revés. El chófer blanco, italoamericano, del Bronx, con sus propios prejuicios como buen italiano. El cliente, un virtuoso pianista de color que en plenos años sesenta, está haciendo un tour musical, junto a otros músicos, por la América profunda y racista.

        El pianista, sibarita y bien educado, un intelectual, el gran Don Shirley, un auténtico dandy. El chófer, un tipo sin muchas luces, buen estomago (obeso) y mejor derechazo, que estuvo en Alemania en los cincuenta, Tony Lip, actor y portero de discotecas neoyorkinas. El choque de intelectos está servido desde el principio de esta “road movie”. Se fueron dos, regresaron dos, pero no son los mismos. Este tipo de metamorfosis interiores, las vemos en las francesas “Intocable” y “Monsieur Chocolat”, “El cartero y Pablo Neruda” (en las misivas a casa) y como os decía ahí arriba, siempre funciona si se hace bien.

        La película toma como referencia “El libro verde de los viajeros negros” (editado entre 1936-1966), que era una guía para que los viajeros de color no tuvieran problemas al viajar por determinados sitios de los Estados Unidos. La cinta es una buena película sobre el racismo, los prejuicios, la amistad, la música, el respeto… Y, desde luego, muy recomendable, con razón tiene un saco de premios. La he disfrutado mucho, a pesar de ya haberla visto…

Armitage III (Norma, 1998) Zarae Ohtana, Tatsuya Ikegami



        “Armitage III” (Norma, 1998), fue una serie manga publicada en 1998 en España, creada, entre otros, por Zarae Ohtana y Tatsuya Ikegami en 1995 (hace 25 años, que se dice pronto). Y digo entre otros, prque fue un proyecto donde hubo otros autores.

        En Japón, el manga tuvo un éxito relativo, publicándose dos volúmenes, pero después se convirtió en un anime con cierta aceptación, que llegó a tener hasta cuatro ovas o películas.

        Después de aquello, la serie cayó en el olvido, y hasta hoy. Esta semana me he hecho con los cinco números que componían la serie de la edición española, y están bastante entretenidos.

        En la narrativa, nos encontramos la historia de “Armitage III”, un androide “tercero”, con apariencia humana, y que supera a los humanos en prácticamente todo. Los terceros fueron enviados a Marte para colonizarlo y prepararlo para la llegada human, muy en el rollo Blade Runner, uno de estos terceros se revela contra la humanidad, un tal Madner, y Armitage, una androide cyberpunk de escasa ropa y mucho erotismo acumulado, es la encargada de enfrentarse a él, aunque la cosa no es tan sencilla como aparenta…
Desconozco si el anime y el manga se parecen, porque aún no las he visto, pero las cuatro películas de “Armitage III”, las tenéis en YouTube en castellano. Ya tienen 25 años, así que creo que merecerá la pena echarle un vistazo, ya que estos animes noventeros suelen ser bastante buenos, y este manga... Como os digo, también.

miércoles, 15 de enero de 2020

Los mitos de Cthulhu (Astiberri, 2019) H.P. Lovecraft, Alberto Breccia



        Me gusta mucho Lovecraft. Tengo muchísimo material sobre el autor: Libros, publicaciones, láminas y cómics. Prueba de ellos, es que aquí ya hemos hablado de “En las montañas de la locura”, “Los mitos de Cthulhu y el Necronomicón” y “Providence” (de Alan Morre, que no me gustó mucho, la verdad sea dicha)

        Esta semana he descubierto, y me he leído con avidez, una auténtica joyita, o yo al menos la considero así: “Los mitos de Cthulhu” (Astiberri, 2019) de Lovecraft, adaptados por el gran Alberto Breccia (“El gato negro y otras historias de Edgar Allan Poe”) y Norberto Buscaglia.

        Ya en “El gato negro”, os hacía referencia hace un tiempo, a este cómic adaptado por el gran maestro argentino, apodado El viejo. Yo lo había disfrutado hace unos años (a principios de los ochenta, de hecho), lo conocía bien, pero no lo tenía en mi poder. Y, claro, hacerme con él y releerlo, ha sido un placer, todo en uno. Disfrutar de Lovecraft y sus maravillosos relatos, de terror y fantasía, y de uno de los grandes dibujantes e historietistas del cómic, de la novela gráfica (¿Cómo no recordar sus dibujos de “El eternauta”? Imposible no hacerlo).

        Astiberri ha acertado de lleno, al recuperar esta magnífica edición, con los dibujos originales de Breccia. Con esa técnica tan impactante, expresionista, con el uso de blancos, negros y grises chocantes, casi xilográficos, y usando la fotografía como un elemento más en la narración, junto a las tintas, junto al dibujo, que te retrotrae, nuevamente a mediados de los setenta y a las peculiaridades, tan características, de Breccia.

        La edición contiene los relatos: El ceremonial, La cosa en el umbral, La sombra sobre Innsmouth, La ciudad sin nombre, el horror de Dunwich, La llamada de Cthulhu, El color que cayó del cielo, El morador de las tinieblas, El que susurraba en las tinieblas, y un interesante y revelador apéndice donde se nos habla de la relación, casual en un principio, entre Lovecraft y Breccia, junto a una serie de bocetos del maestro sobre la obra. Muy recomendable.

domingo, 12 de enero de 2020

1917 (2019)


AVISO: Destripo la película, así que tú sabrás si quieres leer o no esta entrada…

        Últimamente no tenemos la oportunidad de disfrutar de grandes películas bélicas, con una historia interesante detrás. Con “1917” (2019) llevamos semanas en la que los críticos cinematográficos, (que yo me imagino barrigudos, gafas pasta y cigarrillo esporádico), la están rajando a cuento de que, si la cámara usa un primer plano, un plano seguido, un plano aburrido, un plano secuencia abusivo, un plano no sé qué… Como ya tengo experiencias con este tipo de crítico, cuñados peliculeros, me he ido a ver la producción de Sam Mendes.

        Tengo que reconocer que los quince primeros minutos de cinta, me he quedado un poco esperando a ver de qué iba realmente el tema. Dos soldados que descansan en un campo de flores, estamos en plena Primera Guerra Mundial, reciben el encargo de una misión suicida. Deben avisar a un batallón de diecisiete mil hombres, de que los alemanes les preparan una trampa. Es una carrera contrarreloj, de un punto A a un punto B, a través de trincheras abandonadas, campiñas, pueblos y ciudades, hasta llegar al objetivo, un coronel que lleva meses preparando la ofensiva. Y tú te preguntas, ¿Por qué no mandan un avión o cuatro palomas mensajeras, o telefonear directamente?

        La película a mí me ha parecido a ratos un videojuego. La polémica de la cámara, los planos, se solventa con la estética de videojuego que los críticos de cine parecen desconocer. Hasta casi un rol: Encuentras un túnel, ¿Lo investigas, tiras de la espoleta que tienes junto al camastro roído por las ratas? La música justa, bien, chivata en varias ocasiones de que se aproxima algo gordo (este artificio también lo vemos en determinados videojuegos). La ambientación, conseguida, con las trincheras, los muertos en descomposición en los campos de nadie, aunque siempre os encontraréis el doble de barro, agua putrefacta y calaveras en los cómics de Tardi sobre la Primera Guerra Mundial (“El último asalto”, “La guerra de las trincheras”). La credibilidad, a ratos: Techos que se caen encima y sales como si nada, francotiradores que fallan más que la escopeta de una feria, diálogos absurdos por mitad de una campiña cuando deberías ir con mil ojos a que no te vuelen la tarra, quince minutos nocturnos que parecen una representación de “El anillo de los nibelungos” … Pero bueno, se acepta en el conjunto global de la cinta. 

        Pero, el final, ¡Oh!, el final me ha recordado muchísimo a “Salvar al soldado Ryan”. ¿Algún Ryan por aquí, Ryan?, ¿O era Blake? Es que tengo que hablar con él… Para acabar donde todo empezó (exactamente igual), y con un agradecimiento del director, Sam Mendes, a un tal Mendes, soldado de su graciosa Majestad, que les contó esta bella historia (lo cual ya es raro, pues los alemanes no son de retroceder normalmente y nunca leí sobre esta ofensiva).

        Ahora, a una hora de haberla visto. ¿Es una buena película? Si, lo es. ¿Es para tirar cohetes y echar espuma por la boca porque la interpretación es la leche y el drama te hace llorar? Hombre, no es eso, pero tampoco es mala. A favor diré, que solo me he puesto a mirar el reloj cuando la cosa se ponía surrealista, en la noche en un pueblo francés. Algo es algo.


Dr. Uriel (Astiberri, 2ª edición, 2018) Sento



         Hace ya unos pocos años, llegó a mí la historia del joven Dr. Uriel. Un joven médico de 22 años, Pablo Uriel, que prácticamente se enteró del inicio de la Guerra Civil estando en el Ebro con su canoa.

         Acababa de terminar Medicina, y esperaba la carta de incorporación del servicio militar sin sospechar el infierno que se le venía encima. El cómic que llegó hasta mí casi por casualidad, se titulaba “Un médico novato”. Después de su lectura, me quedé con ganas de más, pero no tuve narices de hacerme con las dos partes siguientes, “Atrapado en Belchite” y “Vencedor y Vencido”.

         Así que, cuando he logrado hacerme con este “Dr. Uriel” (Astiberri, 2ª edición, 2018), un integral de las tres ediciones anteriores, he tenido la sensación de poder cerrar un círculo que llevaba ya un tiempo abierto. Y es que el Dr. Uriel, quizás no pueda parecer que fuera una persona épica, pero lo que hizo durante la Guerra Civil se merece, como mínimo, que se conozca (fue un auténtico héroe, y mejor persona).

          Nada más iniciarse la Guerra, su hermano es fusilado. Y él pasa tres meses en la cárcel, sospechoso de tener simpatías republicanas (las tenía, pero cualquiera decía algo). Pronto es enviado al frente, donde tiene que hacerse cargo de las innumerables bajas nacionales en los diferentes frentes de Aragón, sin medicinas, analgésicos, ni gasas o alcohol siquiera, quedando atrapado en la terrible batalla de Belchite, donde los Nacionales van a huir a la desesperada, dejando detrás varios cientos de heridos y muertos.

          Prisionero de guerra. Uriel se salva de los fusilamientos republicanos de milagro, ya que los habitantes del pueblo de Belchite hablan muy bien de él. Pronto es enviado a una cárcel donde sigue con su labor, a pesar de que el Comité de Presos nacionales quieren su cabeza, buscando siempre el bienestar de los presos, hasta el final de la Guerra.
       El cómic es una joyita, con un dibujo en blanco y negro que solo utiliza el color para diferenciar banderas y poco más. Una maravilla que se completa en las páginas finales con cartas de Uriel a su familia, fotos, un mapa de su recorrido por el conflicto y un epilogo de Ian Gibson. Es muy, pero que muy recomendable.

         P.D: Una curiosidad. Sus descendientes y familiares, más de una docena, se siguen dedicando, hoy en día, a distintas facetas dentro del mundo de la medicina.

sábado, 11 de enero de 2020

Miserere (Recerca Editorial, 2005) Antonio Vázquez, El Torres



        “Miserere” (Recerca Editorial, 2005) de Antonio Vázquez (dibujos) y El Torres (guion, “El fantasma de Gaudí, “Goya. Lo sublime terrible”) es una miniserie de dos cómics, que este año cumplen quince años, ya ha llovido, y que tuve en su día, pero que perdí, y este mes me he vuelto a hacer con los dos.

        No es que les tuviera especial cariño, pero si me parecieron interesantes en su día, al basarse en un episodio concreto de la Historia de España, y por mezclar Historia con magia, hechiceros, ángeles y demonios y algún ogro en la Castilla del S.XIV…

        Estamos en 1368. La Guerra de los Cien Años se traslada a la península, ingleses y franceses apoyan a un bando o a otro. La Casa de Borgoña, con Pedro I el Cruel, enfrentada a la Casa de Trastámara de su hermano Enrique (el futuro Enrique “el de las mercedes”). Samuel Levi, banquero judío (y brujo) de Pedro I, busca a un prisionero perdido con las mesnadas reales, pero dicho prisionero (mudo completamente) es tan importante, que su vida depende no solo de los hombres, sino de seres celestiales que han venido a Castilla para seguir con la lucha que mantienen desde el principio de los tiempos: Ángeles contra demonios.

        Son un par de cómics interesantes, que beben bastante de las “Crónicas de la Dragonlance”, “The Witcher” y “El Señor de los Anillos”, con un dibujo un tanto oscuro, tétrico, pero que añade veracidad a su narrativa. Quince años los contemplan, pero a mí me han seguido pareciendo entretenidos y originales.

Historia Hoy (Número 5, enero 2020)




        La verdad es que este número de “Historia Hoy” (Número 5, enero 2020) lo he disfrutado mucho. Sobre todo, los artículos relacionados con Artemisia Gentileschi, que fue una gran pintora del barroco italiano, prácticamente desconocida hasta hace cien años, y que tuvo una vida difícil, y que superó con creces a muchos pintores de su época.

        Igualmente, me ha encantado el artículo de Rafael de España sobre la hispanidad en el cine extranjero, poniendo como ejemplo fundamental, “El Cid”, épica película de mi niñez, ya superada por los tiempos y los historiadores, y que está magistralmente analizada, con sus errores históricos y sus manipulaciones varias.

        Y el artículo “Sobre ruedas”, relativo a la importancia que tuvo la bicicleta en las guerras, desde finales del S.XIX con la Guerra de los Bóers y con las dos Guerras Mundiales, más con la Primera, donde había batallones formados por miles de hombres, que, con la bicicleta a cuestas, lo mismo hacían de mensajeros que de vanguardia en los ataques. La guerra de trincheras acabó con ellas, pero su testimonio ahí quedó.

Hesher (2010)



        Extraña película “Hesher” (2010). TJ y su padre han perdido a su madre y esposa respectivamente. TJ tiene 13 años, no tiene amigos y en el instituto es acosado continuamente, y está obsesionado con recuperar el viejo coche de su madre. Su padre entra en una depresión, está todo el día en el sofá y va en pijama y bastante desarreglado.

        Los dos deciden irse a vivir a casa de la abuela. Un día, Hesher, un trash-metalero de pelo largo y tatuajes, sin ningún tipo de moral ni de empatía, aparece en la vida de TJ, y, de hecho, se va a vivir de okupa a casa de la abuela, como si tal cosa, sin que nadie se lo plantee lo más mínimo. Lo más normal del mundo.

        Hesher es un impresentable, que vende en muchos más líos a TJ, que a su vez ha conocido a una tímida cajera de supermercado, que está muy sola en la vida. Habrá gente que piense que el tipo es “guay”, pero nada más lejos de la realidad.

        Es una película de cine independiente, bastante absurda en mi opinión, con muchos improperios para hacerla interesante, y putadas a doquier, en ningún momento nadie hace nada serio para echar al tal Hesher de sus vidas. Lo aceptan y ahí se queda, puteando a unos y a otros, aunque se salvan un par de diálogos y el final, cuyos últimos cuatro minutos se salvan. En fin… No sé si recomendarla siquiera, pero la media hora le sobra, claro que sí, perfectamente.

                                             P.D: La tenéis en Amazon Prime.