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jueves, 20 de febrero de 2020

Los Niños de la Resistencia: 3 Los dos gigantes (Editorial Base, 2018) Benoît Ers, Vincent Dugomier



        “Los dos gigantes” es el título del tercer tomito de la colección “Los niños de la Resistencia” (Editorial Base, 2018) de Benoît Ers y Vincent Dugomier, que sigue las aventuras de tres chicos, en su lucha contra los nazis, en la Francia ocupada en la Segunda Guerra Mundial.

        El padre de François ha sido fusilado, acusado de pertenecer a la Resistencia. Y durante su entierro, tanto él, como Eusèbe y Lisa, deciden que van a continuar la lucha contra los alemanes, aunque eso significará redoblar esfuerzos y ponerse mucho más en peligro.

         Mientras tanto, el tío de François, francés pronazi y anticomunista, se presenta en el pueblo, interesado en la herencia de su hermano, y con el anhelo de heredar la granja familiar frente a su sobrino. Pronto, un agente de la Resistencia se pone en contacto con los tres chicos, mientras los alemanes buscan cobre desesperadamente para su industria armamentística. Y, dos gigantes, antagónicos, entran en la guerra, mientras los chicos se preguntan, qué es el capitalismo, y qué es el comunismo…

          El tercer tomo de la colección mantiene el nivel de los anteriores, con un gran dibujo y una fantástica historia en el imaginario pueblo de Pontain L´Ecluse. Se lee muy rápido, y como en los demás volúmenes, añade un dossier histórico final, de varias páginas, con fotografías de la época, que añade una información extra a lo leído. Desde luego, la colección me está maravillando.

Un saco de canicas (Penguin Random House, 2019) Kris, Vincent Bailly



        Hace un mes, me visioné “Una bolsa de canicas” (2017), película francesa sobre dos nenes judíos que intentan huir al sur, a la Francia Libre, durante la ocupación nazi de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, enviados por sus padres, que deciden sabiamente, dividir a la familia para tener mayores posibilidades de supervivencia. Es cierto que primero me rondó el cómic, pero que lo primero que logré ver fue la película, que cómo podréis leer en la critica que hice en su día, me gustó.

        El cómic no podía tardar mucho en caer, y, de hecho, me lo he comprado esta semana, y me lo he leído en dos tardes, entusiasmado, porque la historia de Joseph Joffo, su autobiografía, es requetebuena, interesante, didáctica, amena, y veraz como la vida misma.

        “Un saco de canicas” (Penguin Random House, 2019), adaptación de la novela del mismo nombre, llevada a cabo por Kris (“Ha muerto un hombre”) y Vincent Bailly, sigue las directrices de la película, pero con ciertas variaciones significativas en algunas de sus tramas. Supongo que a la cinta le quisieron dar mayor suspense, y la entrada en la Francia Libre es bastante diferente, entre otras cosas. Por lo demás, tiene un dibujo muy colorido, usa mucho el silencio en la narración, y las páginas suelen estructurarse en siete u ocho viñetas.

        Creo que es un cómic, igual que la película, y me imagino que el libro (que aún no leí, y al parecer, es uno de los libros más vendidos en el país galo en los últimos cuarenta años), de esos que crees imprescindibles. Por su honestidad, y la gran historia que nos trae Joffo. La supervivencia, la amistad, y las ganas de vivir, por encima de todo.

Parásitos (2019)



        Ayer me salió en la parrilla Movistar, para alquilar, “Parásitos” (2019), oscarizada y premiada película surcoreana, hasta la saciedad, y no pude (ni quise) dejar pasar la oportunidad de alquilarla.

        La película trata de una familia. Los dos padres y sus dos hijos, chico y chica. Pasan más hambre que un perro shico. Viven en un sótano con estrecheces e incomodidades.

        Un día, un amigo del chico, Gi Woo, recibe una visita de un amigo universitario, que le regala un pedrusco (de los muchos que hay por Los Barruecos) que según su abuelo, le va a traer suerte, y que le ofrece dar clases particulares en casa de una familia acomodada, mientras él se va al extranjero.

        Gi Woo se las ingenia para ir enchufando a toda su familia en casa de los Park, la familia acomodada, que está como unas castañuelas, sobre todo la madre, e ir botando de la casa a los empleados (el ama de llaves, el chófer…). Una vez dentro, instalados en la casa, aprovechan que los Park están de viaje, para cogerse una borrachera antológica, y ese mismo día, la cosa comienza a derivar bastante… Más bien mucho… Y ya nada será igual para ellos, ni para los Park.

        La película se divide en dos partes claras. La primera parece beber del mismísimo Lazarillo de Tormes, y de toda la picaresca española del Siglo de Oro. La segunda se dispara, y parece que la narrativa se nos escapa, cayendo en escenas surrealistas en muchos casos, donde el exceso es palpable, en muchos sentidos.

        Buena película. A la que le sobra, sin dudarlo, treinta minutos del metraje de la segunda hora de cinta, ya que cae en reiteraciones. Buen uso de la música, de la cámara, y del egoísmo y la vanidades humanas. La recomiendo, pero no me parece la increíble obra maestra que dicen los medios de comunicación.

        P.D: De este director, Joon-ho, ya comentamos hace ya un tiempo otra película, que ciertamente disfruté, “Crónica de un asesino en serie”.

martes, 18 de febrero de 2020

Día de lluvia en Nueva York (2019)



        “Día de lluvia en Nueva York” (2019) tiene todos los ingredientes de una película de Woody Allen. Y, es la típica película de Allen, que… O te gusta, o no te gusta. A mí, personalmente, me encanta el cine de Allen, y esta la he disfrutado mucho.

        Tiene jazz, tiene museos, culturetas, cine, gente forrada hasta las cejas, snobs raros, diálogos locos, aunque reflexivos, y Nueva York de fondo. Un buen enredo.

        Gatsby y Ashley son dos universitarios, una pareja muy peculiar que lleva meses saliendo. Un día, a ella le sale una entrevista (en Nueva York) con un famoso director de cine que está pasando por una crisis creativa, y de la entrevista, irá conociendo a gente del mundillo. Él, mientras la espera, sufre una serie de situaciones curiosas, encontrándose con viejos conocidos y la hermana de una antigua novia… Mientras, en Nueva York no para de llover.

        Debes ser muy seguidor, muy fan, de las pelis de Woody Allen para que te guste esta cinta. La verdad es que a mí me ha encantado.

Fortunoso, mi segundo funko.



        ¿Quién me diría, que, tres días después de comprarme mi primer funko, me iba a llegar un segundo personaje? Pues sí. Así ha sido. Cuando vi el funko de The Mandalorian, y me hice con él, pensé que sería mi primer y último funko. Pero ahora me he hecho, por un extraño rebote, con mi segundo funko, que viene de Alemania, que ha costado ocho leuros, y que, al parecer, es uno de los funkos menos conocidos, tanto es así, que está prácticamente descatalogado, y yo la lo he visto en eBay por treinta napos. Se trata de “Fortunoso” de la serie ochentera, “Los osos amorosos”.

        La serie, que era muy pastelera, la veía siendo un crío. Y he de decir que este oso verde era mi preferido, por su trébol en la barriga, y porque iba a su bola, saliendo en muy pocos capítulos, de hecho. Con este funko, ya tengo tres figuras de dicho personaje, las otras son un oso de peluche, y un pequeño muñeco que nos tocó hace varios años en una bola de plástico.

        Lo relaciono, por su color y el trébol, muchas veces con el Celtic de Glasgow, pero no tiene nada que ver, aunque si el simbolismo del verde, la suerte de los tréboles y esas creencias irlandesas (y escocesas). En fin, otro funko, que no he sacado de la caja, a la estantería de coleccionables. Está chulo este Fortunoso, no me digáis que no… Al menos, no es tan cabezón como otros.

Los niños de la Resistencia. 2 Primeras represiones (Editorial Base, 2018) Benoît Ers, Vincent Dugomier


        Sigo con la estupenda lectura de “Los niños de la Resistencia”, esta serie de cómics fantásticos, basados en la Segunda Guerra Mundial, y en el papel que tuvieron los pequeños durante el conflicto, colaborando en pequeñas acciones contra el invasor nazi.

        En este segundo volumen de la colección: “Los niños de la Resistencia. 2 Primeras represiones” (Editorial Base, 2018) de Benoît Ers y Vincent Dugomier, el pequeño grupo formado por Lisa, Eusèbe y François siguen con sus pequeños sabotajes. Después que los nazis descubrieran que alguien había saboteado las comunicaciones por los canales de agua, y que hicieran que todo el pueblo de Pontain L´Ecluse trabajara en sus reparaciones, niños incluidos, comienzan a recibir visitas de soldados franceses huidos de los campos de prisioneros realizados, aprisa y corriendo, por las fuerzas de ocupación.

        El pueblo comienza a colaborar en acoger a dichos prisioneros, darles ropa civil, papeles, e intentar que pasen a la Francia Libre. Algunos, como los tiradores senegaleses, son liquidados a sangre fría por los alemanes, que odian a las tropas coloniales francesas.

        Los críos, en su red de resistencia, involucran a los adultos en sus tejemanejes, y por ello, comienzan las primeras represiones, con los primeros y tristes fusilamientos de vecinos…


        El cómic está, como os decía en el anterior volumen francamente bien. Se lee con rapidez, y al igual que en el primer tomito, al final, tenemos un pequeño dossier con reflexiones y comentarios sobre temas tocados en el álbum, no es un dossier histórico en sí, pero arroja luz a la narrativa, y se acompaña de interesantes fotografías.

domingo, 16 de febrero de 2020

Los niños de la Resistencia. 1 Primeras acciones (Editorial Base, 2017) Benoît Ers, Vincent Dugomier



         Hace poco, me he encontrado con esta colección de cinco cómics editados en castellano: “Los niños de la Resistencia”, basados en un pequeño grupo de niños, que, desde su pequeño y ficticio pueblo francés, intentan hacer lo que pueden, con sus medios, para fastidiar al invasor nazi.

        François y su amigo Eusèbe, tienen trece años en 1940. El diez de mayo, Francia entra en guerra, y apenas cinco semanas después, Francia tiene que firmar un vergonzoso armisticio con la Alemania nazi de Adolf Hitler. Por el pequeño (y como digo, ficticio) pueblo de Pontain L´Écluse, comienzan a pasar refugiados huyendo de la guerra, de los ataques aéreos de los stukas que acribillan las largas columnas de civiles en los caminos y carreteras… Una de esas refugiadas, es la pequeña Lisa, una niña rubia, belga de habla alemana, que ha perdido a sus padres en un ataque, y que no sabe donde ir. Pronto, los niños del pueblo idean formas de poder luchar contra el nazismo a su manera, con pequeñas acciones.

        En “Los niños de la Resistencia. 1 Primeras acciones” (Editorial Base, 2017) de Benoît Ers (dibujo y color) y Vincent Dugomier (guion), hacen, basándose en muchos testimonios orales, un gran cómic sobre pequeñas luchas, no sobre grandes batallas, pero que también ayudaron (y de qué manera) a ganar una Guerra Mundial.

        Los personajes están muy bien gestados, el dibujo está muy bien conseguido, y el cómic se lee en un rato, con la avidez del que sabe que el cómic es bueno y entretenido. Al final, hay una serie de datos, reflexiones y comentarios, que hacen las veces de pequeño dossier histórico, y que aportan más información al álbum. Me ha gustado mucho, y comentaré, próximamente, los siguientes números.

The Mandalorian, mi primer funko.



        La verdad es que los funkos nunca me han llamado la atención. No conozco bien su historia. Sé que tienen más cuarenta años, pero que siempre han sido muñecos para un público que los buscaba fuera de España, ya que aquí no tienen mercado hasta hace ocho o nueve años, como mucho…

        No me han llamado nunca la atención por su enorme cabezón balanceante, y porque creo que no son como el resto de muñecos que te puedes comprar en tiendas o webs de mercadeo, donde lo que importa es que sean fieles al original.

        Pero, en fin, como a todos nos llega la hora. Ayer viendo un escaparate de una tienda (donde me compré una camiseta de Harley Quinn y otra de Wonder Woman, como si fuesen dos calaveras mexicanas, con la cara muy decorada), vi el funko de The Mandalorian. Y, como la serie me ha gustado una barbaridad, he decidido hacerme de él. Mi primer funko. Mi primer cabezón, es… The Mandalorian.

        “No lo saques de la caja, o pierden su valor”, me ha dicho un amigo. Ya lo sé, pero vamos, que su valor ahora mismo es de 14,90 leuros, y no creo que me den por él mucho más en los próximos trescientos años. No es de los más buscados ni cotizados. Al parecer, Baby Yoda, está agotado hasta mayo, por lo que me ha dicho la chica de la tienda. Yo lo he sacado de la caja, he guardado la misma a buen recaudo, y me he puesto a mirarlo, como balancea la cabeza. Me ha recordado a una figura del Fary que llevé muchos años en el frontal del coche, y que aún conservo.

       No está mal, he pensado. Aunque siguen sin entusiasmarme… O no al menos, para volverme un loco de los funkos, y la verdad es que no veo que la gente los compre compulsivamente. Después he leído que hay más de diecisiete mil funkos diferentes, y que la peña paga millonadas por los más cotizados, los más antiguos, los más difíciles de encontrar… Coleccionismo, al fin y al cabo, no es extraño.

        ¿Y tú, tienes funkos?, ¿Qué te parecen estos cabezones?, ¿Merecen la pena, o están sobrevalorados? Ya me dirás qué opinas sobre ellos…

Sonic, la película (2020)



        El entrañable Sonic, el erizo azul que alcanza velocidades impresionantes, y que coge anillos de oro en los videojuegos para que no le quiten la última vida, cumple treinta años en 2021. Y no hay mejor manera de celebrar que este personaje sigue siendo muy popular, entre cuarentones y nuevas generaciones, que hacerle una película, que, por cierto, me ha sorprendido gratamente, por sus aventuras, sus gracietas y algún pullazo a la competencia: “No me gustan los champiñones” … Ay, este Sonic, si Toad de Super Mario Bros te escuchara… En fin. Sesión matinal, y la sala hasta arriba salvo las cinco primeras filas. Pandillas, niños, padres, gente rara… De todo.

         La película nos cuenta la historia de Sonic, que en su planeta natal es el protegido de una búho, que sabe que sus poderes levantan pasiones, y no precisamente buenas: “Tener un gran poder conlleva tener muchos enemigos”, o algo parecido. En un ataque a Sonic, la búho (cuyo nombre no recuerdo) le da unos anillos de oro con los que puede cambiar de mundo cuando sea atacado, y Sonic acaba usando el primer anillo, en Green Hills (Montana), donde comenzara a espiar a la gente del pueblo, y en especial al sheriff (Tom) y a su señora.

        Un buen día, en un arrebato, provoca un corte de luz que afecta a toda la costa oeste del país, y eso traerá el interés del gobierno, y de un científico muy especial, Robotnik (un histriónico Jim Carrey), que intentará cazarlo por todos los medios mientras demuestra su falta de empatía con el personal, como buen científico loco…

        Es una película donde los nenes pequeños se han reído bastante, incluso han aplaudido. Es entretenida, divertida, se deja ver, y tiene una escena post-créditos muy especial, que hará las delicias de los que conocen el videojuego, y que augura nueva entrega pronto…

viernes, 14 de febrero de 2020

Mientras dure la guerra (2019)



        Hace unos meses, cuando salió en el cine “Mientras dure la guerra” (2019) de Amenábar, no me llamó la atención ir a verla, porque imaginé que se iba a basar simplemente en el hecho “anecdótico”, por el cual Millán Astray (fundador de la Legión) se enzarzó con Unamuno, con aquel “Venceréis, pero no convenceréis”, que unos dicen que fue verdad, otros mentira…

        Hoy, viendo que ya la tenía en la parrilla de Movistar, me he decidido a verla, y tengo que decir que me ha gustado, a pesar de que es cierto que he visto algún error histórico, que me ha chirriado, pero al que no le he dado mayor importancia (como el fusilamiento del arabista Salvador Vila, que fue en Granada y no en Salamanca, o el cambio de bandera republicana por la rojigualda, que creo que la decisión se tomó desde Burgos, por Cabanellas, justo después de la Toma de Badajoz e izada en Sevilla, no en Cáceres, o que no salgan los hijos varones de Unamuno…).

        Me ha gustado desde el principio, con una bandera en blanco y negro que va cogiendo color (y finaliza con otra bandera) por sus interpretaciones, por sus personajes bien labrados y bien presentados, por el desarrollo de los acontecimientos: La caída de Extremadura, el puente aéreo gracias a los Heinkel de los nazis, los paseos y ejecuciones…

        Es una película interesante, pensaba, de verdad, que sería un muermo, pero me ha mantenido absorto durante un buen rato… Personalmente, la recomiendo.