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lunes, 4 de marzo de 2024

Me llamo Loh Kiwan (Netflix, 2024)

 

Me llamo Loh Kiwan” (Netflix, 2024) es una película surcoreana, basada en un libro del mismo título, al parecer, de 2011, que no me he leído, y no creo que lo haga, y a la vez, en un artículo publicado en el año 2000 sobre los refugiados norcoreanos en Bélgica, que la autora de la novela leyó ejerciendo de profesora en Polonia… Aunque, por lo visto, el libro no está basado en hechos reales, ni en nadie en concreto…

Me he decidido por esta película, estrenada hace tres o cuatro días en Netflix España, porque el tema de Corea del Norte siempre es interesante: Un país hermético, donde la gente no tiene libertad de ningún tipo, una dictadura comunista hereditaria, que algunos en Occidente admiran (lo que me resulta, como mínimo, curioso), junto al blanqueo que de vez en cuando me encuentro respecto a este régimen… Y que haya norcoreanos que llegan hasta Bélgica, buscando un refugio, una nueva oportunidad, un comienzo y una nueva vida, no deja de ser, igualmente, algo que me llama poderosamente la atención, por lo complicado y rocambolesco que debe ser llegar hasta allí… O directamente hacía cualquier otro país que no se la aliada China.


En la narrativa tenemos a Loh Kiwan, un joven que huye de Corea del Norte, tras tener un serio problema en la que su madre se verá afectada, a China. Y de allí, con pasaporte falso y un fajo de dólares, a Bélgica.

Una vez en Bélgica, sin conocer el idioma ni las costumbres, comienza a vivir en la calle mientras se arregla su situación en el país.

Ciertamente, las pasa canutas en sus inicios, pasando hambre, frío y mil calamidades más, que incluyen palizas callejeras a manos de malvados belgas. De estas, se lleva un par.


A la vez, los recuerdos de su pasado, de su vida y huida de Corea del Norte, de su madre y de su trágica muerte en un accidente de tráfico mientras huía de la policía norcoreana, le atosigan y le persiguen continuamente. Su madre quería que él reiniciara la vida en un nuevo país, que empezara de cero, y ese es el objetivo que le ayuda a continuar en la brecha.

Un día, tras recibir una paliza en la calle, a manos de unos niñatos belgas, y estando inconsciente, una belga-coreana llamada Marie, que en un principio parece escapada del Fatal Fury, le roba la cartera y el fajo de dólares que tenía para sobrevivir… El dinero es importante, pero la cartera más, porque era de su madre y es el único vínculo material que le queda de ella.

Marie está pasando una fase destructiva en su vida. Llegó al país siendo una niña, es bilingüe, pero perdió a su madre y ese hecho aun no lo ha superado. Tiene un adre que le saca de todos los líos en donde se mete, y podría llevar una vida tranquila, pero va a ser que no… Prácticamente de Tiro Olímpico con pistola, se junta con lo peorcito de la ciudad, y en su curriculum habría que añadir, aparte de ladrona, visos de mafiosa y drogata vocacional.


A partir de aquí, del hecho de conocerse en comisaria, inician una extraña relación que a mi me ha costado horrores creer. Él sale de las calles, encuentra trabajo y conoce a otros coreanos, y poco a poco parece ir saliendo del pozo, aunque la suerte no siempre le acompaña, y las autoridades lo quieren botar del país porque no se creen que sea norcoreano… Y ella, parece que tiene todas las papeletas para quedarse en el fondo de ese pozo, precisamente…

Y hasta aquí os voy a narrar, ya que este 2024 tenemos un 50% menos de spoilers, tanto por el blog como por el canal de Youtube, y habrá que respetarlo.

En definitiva: Película de dos horas y cinco minutos, a la que le sobra su media hora de rigor, media hora de relleno en el metraje, en mi opinión, y te contaría exactamente lo mismo.


El final, no me preguntéis el por qué, me lo veía venir, no soy adivino, pero me ha dado en la nariz que a este chaval, con las ganas que tenía de tirar del carro, le iba a ir bien en el capitalismo belga, mejor que en el paraíso norcoreano, y más o menos me imaginaba este final. La moraleja fnl: El derecho a salir de un país, es lo que más me ha llegado a la patata.

La pareja protagonista no parece destilar demasiada química, y creo que con esa media hora menos que antes os comentaba, ganaría en ritmo… Aún así, me ha gustado este dramón, romance coreano, creo que se deja ver y yo le doy un 5,5, pero sin tirar cohetes en la plaza del pueblo, oiga.

martes, 14 de mayo de 2019

El Cumpleaños de Kim Jong-il (Astiberri, 2017) Aurélien Ducoudray, Mélanie Allag



        A lo largo de mi vida he conocido a gente que le encanta el régimen dictatorial de la República Popular “Democrática” de Corea del Norte. Ven en ese país, un ejemplo de sociedad igualitaria, socialista y bla bla bla, (¡¡Oh, Amado Líder!!), donde yo solo veo una cruel dictadura, llevada por un loco sanguinario, cuyo pueblo pasa hambre y pobreza desde hace más de setenta años.

        “El cumpleaños de Kim Jong-il” (Astiberri, 2017) de Aurélien Ducoudray y Mélanie Allag, es de los pocos cómics que he leído dedicado a Corea del Norte. Siempre recuerdo “Pyongang” (Astiberri, 2005) de Guy Delisle, que me leí hace unos años, pero al que no llegué a dedicar una entrada en el blog, donde me llamó la atención el hermetismo del régimen, y la ley marcial que se vive allí, la incoherencia y la deshumanización existentes en ese país desde hace décadas, y que, como os digo, tanto admiran algunas personas que he conocido (todos con licenciaturas superiores, por cierto), y que el lector sobrelleva porque el absurdo, finalmente, a través de Guy Delisle, lleva al humor.

        En este, el absurdo lleva al horror. Se trata de la historia de Jun Sang, un nene norcoreano de ocho años, orgulloso porque cumple años el 16 de febrero, el mismo día que el bienamado dirigente Kim Jong-il. El nene, como el resto de la sociedad norcoreana, tiene el cerebro sorbido desde bien pequeño, y solo cree en el régimen norcoreano, a pies juntillas, sin llevar a plantearse nada más en ningún momento: Canciones patrióticas, mentiras repetidas mil veces, los enemigos títeres del sur y los perros americanos, son el pan nuestro de cada día.

        La corrupción, el hambre y el miedo a ser denunciado y acabar en un gulag o centro de reeducación (unos buenos pocos de años), también suele ser común en la vida de un norcoreano. La vida de Jun cambiará cuando sus padres decidan, tras una hambruna brutal, que el régimen siempre trata de ocultar al exterior, huir a China, siendo arrestados por ello. Solo entonces, la mirada y la inocencia de Jun comenzarán a cambiar, a forjarse, y a ver a su Corea del Norte natal, con otros ojos: Los de la desesperación, el miedo y la desesperanza.

        El cómic es impresionante. Brutal. Necesario. Imprescindible. Este cómic es de los que abren mentes, y, es una pena, que, haya hoy en día, en Occidente, personas que defiendan este régimen que consideran “democrático”. Por favor, cuanto enfermo mental. No dejes de leerlo.