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lunes, 27 de abril de 2026

Maleantes. 2ª Temporada, (2026)

 

        Dos años han pasado desde que vi, y comenté, la Primera Temporada de “Maleantes”. Una serie alemana que me gustó, a pesar de que le diera un simple seis de nota, y que me entretuvo bastante, aunque le hubiera dado más nota de haber tenido algún episodio menos.

        Terminaba aquella reseña diciendo que Netflix no tenía prevista una Segunda Temporada, pero hace un par de meses me enteré de que teníamos continuación, y como la serie creada por Marvin Kren, como os digo, me había gustado en su conjunto general, he creído necesario que había que darle una nueva oportunidad a este thriller criminal, que es como una especie de road movie mafioso, ahora por media Europa (como pasaba en la Primera Temporada), ahora por Bangkok y Viena, y siempre como protagonistas una moneda rusa de oro muy especial, y el dúo Frederick Lau (Charly)-Christoph Krutzler (Joseph) dando botes detrás de dicha moneda, que solo trae desgracias y muertes por donde va pasando. Estrenada el pasado 14 de abril de 2026, estos nuevos seis episodios que conforman la nueva temporada repiten la formula anterior. Les funcionó entonces… ¿Funciona ahora?


        Como suele ser habitual, Netflix no ha hecho público el presupuesto de la serie, pero el bote del elenco a Tailandia, la multiplicación de personajes, subtramas y escenas de acción, han tenido que costar una buena pasta para una serie alemana al uso… Es decir, ha tenido que costar un buen puñado de euros.

        Lo bueno, y a la par, lo increíble de “Maleantes”, es que tiene un carácter narrativo itinerante. Si la primera temporada nos llevaba por Austria, Alemania, Francia e Italia, aquí mantienen el tema de ir de escenario en escenario. Otro punto a favor es la buena química que se gastan los dos actores principales. Yo, incluso, he llegado a pensar que tienen una vena cómica no explotada. Si estos dos hicieran comedia, una especie de Terence Hill y Bud Spencer a la alemana, y salvando las distancias, podrían llegar a convencer.


        Por otro lado, en esta segunda temporada de “Maleantes” se cumple una de mis viejas premisas: A casi todas las series le sobran dos o tres episodios de rigor. Les pasó en la Primera Temporada, les pasa en al Segunda, donde estiran el chicle al infinito, y llegan a aburrir.

        En cuanto a la narrativa: Joseph, nuestro grandullón vienés, ha desaparecido de escena, incluso hay gente que lo da por muerto… Pero, en realidad, se ha ido a trabajar como cocinero a Bangkok, donde ha comenzado una nueva vida clandestina.


        Charly ha intentado abandonar la vida delictiva y se centra en proteger a su familia, pero la moneda maldita, la moneda de Catalina La Grande, vuelve a aparecer en escena. La familia de Charly se envuelta otra vez en una trama compleja donde hay nuevas facciones y personajes que van tras la moneda, otros como Rio, el punk post-moderno de la Primera Temporada reaparecen, y Charly tiene que recurrir a Joseph en Bagkok, pierden la moneda (que estaba en manos de Joseph en Bangkok) allí creando una trama en la propia Tailandia, y volviendo a saltar a Viena para rescatar a la familia de Charly y enfrentarse a los clanes de mafiosos austriacos que siguen la pista tras la moneda.

        Por el camino se forjan alianzas bastante imposibles, de manera temporal, que como os decía, solo hacen alargar una narrativa demasiado densa para mi gusto.


        Cómo siempre suele pasar en este tipo de producciones. La Primera Temporada es fresca, lineal, sin tantos rollos… Y eso que le sobra metraje. Pero la Segunda ya retuerce el Universo creando muchas subtramas innecesarias, se vuelve compleja, y a ratos me ha hecho bufar.

        Como curiosidades, os puedo contar que en esta nueva temporada se hablan varios idiomas, aparte del alemán, también el inglés, el tailandés, y el ruso. Y que Netflix dejará la posible continuación, una Tercera Temporada, en manos de la aceptación que reciba por parte de los espectadores de la plataforma. De hacerse, nos iríamos previsiblemente a Brasil.


        En definitiva: Me ha gustado mucho volver a ver a estos dos personajes, pero la verdad es que el tema de la moneda ya comienza a sentarme un poco pesado. Yo le quitaría un episodio a la trama Bangkok, y otro a la trama Viena, y hubiera presentado una miniserie cerrando definitivamente la historia, y exploraría otras cosas en futuras tramas, si las hubiese. Nota: Un 5,5. Imprescindible ver la Primera Temporada.

sábado, 14 de marzo de 2026

El Flow de Kagoen (2026)

 

         Es una pena, pero desde hace un tiempo (varios años), no suelo ver muchas películas alemanas, y menos aún, series. Pero, en mi camino exploratorio por Netflix, hace un par de semanas me topé con “El Flow de Kagoen”. Una serie alemana, de este 2026, con una única temporada de nueve episodios, a la que le sobran, perfectamente tres (y con una duración media cada uno, de unos 35 minutos), que gira en torno a un humor absurdo, (alemán, claro está), que mezcla el drama de una familia un tanto peculiar, la cultura del rap en Alemania, un pato que narra la historia (rapero), y toda una serie de situaciones, algunas más delirantes que otras, que quizás sean más graciosas en alemán, o para un germano-parlante, pero que no siempre me han hecho levantar la ceja. Comedia satírica, podría definirse.

        Aún así, la he ido viendo en una semana y media, en nuestras noches de asueto, y a pesar de que ya os adelanto, le voy a dar un 5 raspado de nota, no me ha llegado a convencer del todo, aunque reconozco que te ofrece algunas reflexiones sobre la vida, los sueños que persigues, la familia, y el fracaso, en todos los sentidos, bastante a tener en cuenta, y con episodios, algunos, entretenidos.


        ¿Vale todo para conseguir superarte personalmente, o quizás debemos renunciar a nuestros sueños por, por ejemplo, un hijo? Por ahí va la moraleja de la serie, desarrollada en un pequeño y ficticio pueblo alemán, cerca del río Havel, en la zona de Brandeburgo, alejado de la civilización, de las grandes ciudades, que ayuda a remarcar las diferencias entre rurales y urbanitas en algunas ocasiones.

        Pero… ¿De qué va la trama de El flow de Kagoen? En el primer capítulo nos presentan a Toni Fleischer, un hombre de treinta y tantos años que lleva casi dos décadas intentando triunfar como rapero, sin ningún éxito. Durante años ha vivido en Berlín, donde combina su sueño artístico con su aspecto laboral, que es repartiendo pizzas.


        A pesar de su constancia y de su entusiasmo por la música, Toni nunca ha logrado alcanzar el éxito que esperaba. Sus canciones no son conocidas, tiene más años que un puente romano, y las nuevas generaciones lo van dejando atrás.

Toni, entonces, recibe una noticia inesperada: su madre ha muerto en un accidente absurdo mientras intentaba rescatar un pato. Este suceso obliga a Toni a volver a su pueblo natal, Kagoen, un lugar del que se había marchado años atrás con la esperanza de no volver nunca.


        El regreso al pueblo se convierte rápidamente en una experiencia bastante negativa para él. Se encuentra con viejos conocidos, con su familia (con la que tiene una relación bastante tensa), y se entera de que tiene un hijo adolescente llamado Charly.

        Así las cosas, Toni se enfrenta por primera vez a la responsabilidad de ser padre, algo para lo que claramente no está preparado. Charly, por su parte, ve a Toni como un extraño que aparece de repente en su vida sin haber estado presente durante su infancia, y quiere un acercamiento, pero Toni está enfocado en su carrera y en ver la película, que más le gusta de toda la historia, “Armagedón”, cada hora y media. Este tema de la película es bastante curioso, y hasta vamos a oír a hablar a Bruce Willis, al actor de doblaje, quiero decir, sobre la película. Algo que, de delirante, me gustó mucho.


        Otra cosa es la crítica social que hay: hacia la familia, hacia los trabajos, los políticos, los Estados Unidos, los alemanes… Hay cosas sutiles que me han parecido bien acertadas.

        Como curiosidades, os puedo comentar que la historia está narrada por el pato rapero Tupac, que creo que está poco explotado en la narrativa. Que el protagonista, Anton Schneider, es en realidad un rapero alemán bastante conocido por aquellos lares con el nombre de “Fatoni”. Que Sky Arndt, que interpreta a Charly, el hijo adolescente de Toni, es una chica, una actriz haciendo un papel masculino. Me parece interesante porque no suelo verlo en películas ni en series estos roles. Otro dato: Gran parte de la serie fue rodada en pueblos reales de la región de Brandeburgo.


        En definitiva: Como os decía al principio… Entretenida, le sobran tres capítulos de rigor (esto se puede contar con menos), y sospecho que en su idioma original debe ser más graciosa, o llegarte más… En fin, la dejo a vuestra elección. Le dejo ese cinco de nota que os he comentado.