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sábado, 27 de diciembre de 2025

Jules (2023)

 

        He llegado a “Jules”, película de 2023, un tanto de casualidad. Al ver el trailer, pensé que me encontraba con una nueva vuelta de tuerca al género de la Ciencia Ficción, pero tras verla, y mientras lo hacía, he comprobado que iba un poco más allá… Podría decirse que dejando de lado algunos puntos que tiene, (de comedia me ha parecido más bien poco), creo que en el fondo “Jules” es un auténtico dramón… Un drama sobre la soledad del ser humano.

        Más cuando eres un viejuno, vives solo, y la memoria comienza a fallarte. Un drama, que, aun así, parece ofrecer un resquicio de esperanza, en la amistad, en la conexión humana, en la necesidad de hablar, de ser escuchado, o de escuchar, y donde el extraterrestre que mete un batacazo con el platillo volante en el jardín de atrás es un poco excusa, un poco espejo ante la situación de nuestro protagonista, o de nuestros protagonistas, ya que no está solo en la aventura que conlleva encontrarse con un alien que solo come manzanas y necesita cadáveres de gatos para hacer combustible para su Seat panda espacial.


        Con un metraje que está dentro de lo razonable, 87 minutos, no he encontrado el presupuesto oficial de la película por ninguna parte, sé que a nivel mundial recaudó en cines la modesta cifra de dos millones de dólares. Supongo que el salto a plataformas, también habrá sido beneficioso económicamente, aunque ignoro a cuanto está la visualización de Netflix en el mercado cinematográfico.

        En cuanto a la narrativa, la historia sigue a Milton Robinson (Ben Kingsley), un hombre de casi ochenta años, viudo y rutinario hasta aburrir, vive prácticamente aislado en un pequeño pueblo de Pensilvania, donde tiene una propiedad que es del tamaño de un pueblo de Extremadura. Semanalmente, asiste a reuniones del Ayuntamiento, para formular siempre las mismas quejas, que son desentendidas debidamente (en eso, me ha recordado mucho a Extremadura).


Tiene una hija de mediana edad, Denise, que es veterinaria, que procura combinar su vida laboral con el interés hacia su padre, que él percibe, a veces, como una invasión a su vida, ya que ella quiere hacerle pruebas médicas que él rechaza siempre que puede.

Una noche, mientras duerme. Un platillo volante se salta un Stop y mete un batacazo en mitad de su jardín de 400 hectáreas, cargándose las petunias, los geranios y unos brócolis que había plantado de temporada.

Milton intentará explicar a todo el mundo que tiene un extraterrestre calvo, gris, en pelotas y poco hablador en casa. Siendo estadounidense, lo raro es que no le meta tres plomazos nada más verlo, pero se lo queda en casa y le da manzanas para comer. Por supuesto, nadie le cree.


El extraterrestre no representa un peligro. Lo dejas en el sofá, y le puedes dar toda la matraca que quieras: Le cuentas la mili, o las diecisiete veces que te han rechazado por feo y te han dicho que te quieren como amigo, y el tipo ni parpadea. Por lo que se convierte en el compañero ideal de Milton. Eso sí, está obsesionado con conseguir gatos muertos, porque con los gatos y una manta, te hace un diésel que es ideal para los platillos volantes y los tractores extremeños.

Es extraterrestre, pero como dibujante un tanto pésimo, y se deja poner cualquier camiseta que le cueles.


        Pronto, dos vecinas, una más amiga que la otra de Milton, Sandy y Joyce, se enteran de la existencia del extraterrestre. Le ponen nombre y vienen a casa a ponerle la cabeza al bicho como las maracas de Machín con la verborrea, por lo que al extraterrestre le entran prisas por conseguir los gatos que le faltan. De manera paralela, el Gobierno sabe que el ovni metió un batacazo en alguna parte, y andan buscándolo, cerrando el círculo en torno a los tres viejunos cuando Jules, el extraterrestre, le vuela la cabeza de manera remota a un atracador que intentaba desvivir a Sandy.

        Una vez conseguidos los gatos, reparada la nave, in extremis los tres viejunos y Jules huyen en el platillo propulsado por gatos muertos, justo cuando llegan los del Gobierno a cobrarle impuestos al extraterrestre, y seguramente cosas peores. Sin embargo, Jules los deja tirados en Herrera del Duque, y se marcha a vete a saber dónde… El final es un tanto abierto, ambiguo, ya que vemos a un Milton solo en su casa y el platillo volviendo a por más sopa, o a dejar el vecindario sin gatos, y te quedas un poco chof por no saber cómo termina realmente.


        Como curiosidades, os puedo contar que la película no brilla precisamente por sus efectos especiales. El personaje de Jules es una actriz, interpretado a la antigua usanza. Está rodada en localizaciones de Nueva Jersey. Y, a mí me ha recordado en algunos aspectos, y salvando las distancias, a películas como “ET”, en el rollo de volver a casa y la relación con el protagonista, a la mítica “Cocoon”, una película de 1985, casi olvidada, en la que había también una relación viejunos-extraterrestres, pero con el tema del rejuvenecimiento de fondo. Y, aunque no venga a ser lo mismo, recomiendo el episodio once de la Segunda Temporada de la mítica serie, “Búscate la Vida”, titulado “Vomitón y yo”.

        En definitiva: Película de bajo presupuesto, independiente, con grandes actuaciones de los tres actores principales, y del extraterrestre que tiene más paciencia que un Santo. Ben Kingsley lo borda como Milton. Poca comedia, pero es una película reflexiva, interesante, y a mi me ha entretenido. Le doy un 6.

 

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