Hace ya unos pocos años,
me compré “Juego
de manos” (Astiberri, una de las mejores editoriales de este país, en mi
opinión) y conocí el estilo de Jason Lutes. En la misma entrada donde comentaba
ese excelente cómic, protagonizado por perdedores (que es una de las
características de las novelas gráficas de Lutes), hacía referencia a los dos
primeros volúmenes, que también adquirí, de la trilogía, que iba a llevar a
Jason Lutes casi quince años de vida y de trabajo.
Me leí “Berlín. Ciudad de
Piedras. Libro Uno” (Astiberri, 2013) hace cuatro años, cuando compré la sexta
edición en castellano, junto al segundo libro, del que os hablaré pronto.
Enseguida me enganché, porque Lutes tiene esa capacidad para soltar el anzuelo,
y tú picas sí o sí. No es un tipo de grandes héroes, sino de gente sencilla, que
vive para sobrevivir en una época complicada. Lo demuestra en la citada “Juego
de manos”, y lo sigue haciendo, en pequeñas viñetas, y riguroso blanco y negro,
en estos volúmenes que integran “Berlín”. El tercer libro, no lo he adquirido
hasta hace unos pocos meses, y de ahí que las entradas dedicadas a la trilogía vengan
ahora, y no hayan sido publicadas antes.
Estamos en septiembre de
1928, y la convulsa e inestable República de Weimar, nacida en Alemania tras la
Primera Guerra Mundial, hace aguas. La sociedad se ha polarizado, entre
comunistas, y nacionalsocialistas (nazis). En medio de toda esa vorágine
política, el periodista cegato Kurt Severing, conoce a la estudiante de Arte
Martha Müller, en un tren que tiene como destino Berlín.
Una primera conversación,
hace que los dos se estimen, y que se atraigan mutuamente. Posteriormente, la
vida de los dos se cruzará nuevamente en las calles de Berlín, pero, además,
hay otras subtramas y personajes, cercanos a ellos, con sus vidas, amores y
preocupaciones, que también formarán parte de la narrativa de la novelas
gráfica. Participando en la agitada historia de Alemania, que dirime sus
diferencias a palos en las calles, hasta que llegamos al Primero de mayo de
1929, que es donde finaliza este primer libro.
El cómic, o la novela
gráfica, está ciertamente muy bien. Lutes nos ofrece un enfoque desde los
pensamientos de los personajes, diverso y variado. Desde los judíos que se
sienten alemanes, hasta los alemanes que vivieron con los judíos la Primera
Guerra Mundial en las trincheras, o la lucha obrera, y la organización de los
Camisas Pardas, con el odio por bandera.
Una curiosidad es que
Lutes, en el cómic, no dibuja esvásticas. La bandera nazi, parece la japonesa,
de hecho. Y, los carteles están en inglés. Pero, solo son pequeñas
curiosidades, dentro de un gran cómic, de esos que conviene releer de vez en
cuando, y donde, los silencios, son muy importantes. La imagen, el poder de la
imagen, como transmisor, es enorme, no cabe duda, y Lutes lo sabe, y sabe
usarla.
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