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sábado, 1 de junio de 2019

Las Grandes Batallas Navales: Lepanto (Norma, 2019) Jean-Yves Delitte, Federico Nardo



        Si leéis la entrada anterior, no salía muy contento de la lectura de “Las Grandes Batallas Navales: Chesapeake” (Norma, 2018) de Jean-Yves Delitte. Pero, como comencé esta colección, que me encanta más por su dibujo que por su guión, el siguiente título que tenía en la recámara era este “Lepanto” (Norma, marzo 2019), que ha salido hace pocos meses.

        Miedo me daba porque Delitte es bastante hispanófobo, y al tratarse la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), como, posiblemente, el mayor acontecimiento (y victoria) naval en la que ha participado España. Pensé, antes de leer, que Delitte nos pondría a parir. No en vano, Cervantes, participante como todos sabemos, de dicha batalla, la calificó como «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros». Y, como no podía ser de otra manera, el escritor es uno de los protagonistas del cómic, junto a un timonel vestido como un caballero andante, y un arcabucero gordo y simplón, que recuerdan mucho a ciertos personajes de ficción, de cuyos nombres no quiero acordarme.

        El cómic comienza por la toma de Chipre por parte de las fuerzas otomanas, que no tienen piedad con los vencidos. Las fuerzas cristianas operativas en el Mediterráneo (Génova, Venecia, España, Santa Sede y algunos caballeros de órdenes de caballería) se organizan en la Santa Liga para contrarrestar la posición turca en el Mediterráneo. Vemos las duras condiciones de los galeotes, en las galeras otomanas, casi sin esperanzas. La Santa Inquisición (más leyenda negra española, como no podía ser de otra manera) torturando espías turcos hasta la muerte. La no participación de Francia (que, de hecho, llegó a firmar un Pacto de Alianza con los otomanos). Y la batalla final.


        Esta vez, Federico Nardo realiza el dibujo, que es increíble, y que alguna vez ya he comentado que es lo que más me gusta de la colección. Delitte se encarga del guión, cuya hispanofobia se palpa en el citado tema de la Inquisición y en las ganas de rapiñar las Américas (deseo al que también se suma el Papa). Y el lector pone el disfrute y la imaginación.

jueves, 30 de mayo de 2019

Las Grandes Batallas Navales: Chesapeake (Norma, 2018) Jean-Yves Delitte



         He llegado a la conclusión, definitiva, que Jean-Yves Delitte, autor de la colección “Las Grandes Batallas Navales”, o debe estar muy mal informado, o tiene una hispanofobia digna de manual. Delitte es pintor oficial de la marina francesa. En el blog, ya os hablé en su día de dos títulos anteriores de la colección, de la cual él es dibujante y guionista, “Trafalgar”, donde el autor sostiene la extraña teoría de que los españoles pasaban información al enemigo, que es completamente absurdo, ya que Inglaterra era nuestra enemiga, y “Jutlandia”, de la que no tengo nada que comentar.
 Lo mejor de la colección es el dibujo, que es espectacular, una maravilla.

        En esta ocasión, me he leído “Las Grandes Batallas Navales: Chesapeake” (Norma Editorial, 2018), que es otro homenaje a “mirarse el ombligo” por parte del autor y pintor francés. Ya que, una vez más, omite el importante papel que jugó España, con Bernardo de Gálvez a la cabeza, y se atribuye a Francia todo el merito de la ayuda ofrecida a los colonos americanos en busca de su independencia. Incluso hay algún error en los soldados de infantería coloniales, que visten el azul celeste en sus uniformes (que, en realidad, era el francés) en vez del azul oscuro. Chesapeake significó el fin de la presencia británica en los Estados Unidos. Estamos de acuerdo. Pero, hasta que no te lees el dossier histórico final, no aparece una breve mención a los españoles como meros saqueadores de colonias, que aprovecharon la confusión para quedarse con territorios británicos. Las miras de Delitte son estrechas, obtusas, o mal informadas.
 O sea, que España no participó con tropas y material a la independencia de los EEUU, sino que se aprovechó el desorden para ocupar posesiones inglesas. Delitte, tienes que leer más, majete.

        En breve, me leeré “Lepanto”, por seguir con la colección, ya tengo que avanzar que tengo miedo a lo que haya imaginado este señor en el tomo. Pavor, incluso, ya que su capacidad de inventiva no parece tener límites. Lo mejor de esta colección es, sin duda, el dibujo. Magistral, bellísimo. Lo peor, como os digo, el sesgo histórico, o la falta de información veraz. El ombliguismo es muy malo.

La divertida Historia de la Historia: La Prehistoria. (Parramón, 2019) Jordi Bayarri



        Alguna vez he comentado por aquí, en el blog, la herramienta didáctica tan poderosa que es el cómic. A mi me encanta usarlo, ya que creo que se le puede sacar mucho más jugo a una viñeta que a un texto, por lo menos en algunos niveles educativos. El valenciano Jordi Bayarri lleva algunos años publicando una colección de cómics la mar de interesantes, bajo el título “Colección Científicos”, dirigidos a todos los públicos, pero sobre todo a los más jóvenes, con un gran carácter educativo y divulgativo, y que ya han sido editados en varios idiomas. Entre ellos, hay tomos dedicados a Newton, Hipatia de Alejandría, Darwin y Galileo…

        Ahora, anda enfrascado en esta nueva colección: “La divertida Historia de la Historia”, cuyo primer título este que os presento por aquí, “La prehistoria” (Editado por Parramón, 2019), que cuenta con la característica de que, además de la historia y los personajes, que son muy amenos en sus planteamientos, explicado de una manera clara y entendible (para los más jóvenes), el descubrimiento del fuego, la rueda, o el uso de las primeras pinturas rupestres, tienen igualmente la posibilidad de ver algunos de estos personajes con una aplicación gratuita, para móviles, de Realidad Aumentada, que eso si que los vuelve locos (por lo menos a mi hija, que la ha maravillado).
 La Realidad Aumentada, con una app del móvil gratuita, hace ver a los personajes a través de la pantalla, moviéndose y gesticulando. Eso les encanta a los críos.

        La colección continuará con nuevos títulos como Egipto, Grecia, Roma y Mesopotamia. Yo la veo muy útil, y de hecho, pienso usarla, para explicar de manera didáctica y clarita, mis clases de 1º ESO. Sé que a los chavales les va a encantar.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Barcelona, 1714. El once de septiembre. (Cascaborra, 2019) Oriol Garcia Quera



         Pocas veces me encuentro con cómics que distorsionen tanto la Historia como este “Barcelona, 1714. El Once de Septiembre” (Editado en Castellano por Cascaborra Ediciones, 2019) dentro de su colección “Historia de España en viñetas”. Distorsión que viene de manipular la Historia, de inventarse cosas que no fueron, directamente, y de intentar crear un Estado catalán que nunca fue, que quizás llegue a ser, pero que, desde luego, no fue. 
 Con todos los respetos, ¿De qué Estado habla este buen hombre?

          Los hechos que refleja el cómic: Batallas, defensas de baluartes, los miles de muertos, los Decretos de Nueva Planta, la barbarie de los atacantes y la feroz defensa de los barceloneses, son indiscutibles. Los diferentes territorios que conformaban el Reino de Aragón, la corona catalano-aragonesa NO EXISTIÓ (salvo en manipulaciones posteriores), sufrieron el haber apoyado al bando austricista o austriaco del Archiduque Carlos con la prohibición de sus leyes, fueros, lengua, etc etc. Una verdadera barbaridad, eso no lo discuto. Ahora, hacer creer al lector que Cataluña tenía un Estado propio, y que fue invadido, conquistado y sometido, por los malvados españoles… Es hilar muy fino, y echarle mucho morro al tema. La Guerra de Sucesión fue una "Guerra Civil" entre dos facciones, Felipistas y Austricistas, dentro de la Monarquía Hispánica, a la que los catalanes no eran ajenos, ¿Qué aquello tenía algo de Estado Federal? Pudiera ser. Pero cuando un austriaco, un portugués o un inglés, de la época, hablaban de un “español” se referían lo mismo a un extremeño que a un vecino de Gerona.
 Yo no hablaría de "Batallones españoles", sino "Felipistas". Ya que, españoles, les guste o no admitirlo, eran todos. Unos, y otros.

        En fin, es el cómic que menos me ha gustado de Cascaborra, que no oscurece lo publicado hasta ahora. Solo os quería comentar este tema, como profesor de Historia, y como lector y apasionado de la Historia de España.

Yo, loco (Norma editorial, 2018) Antonio Altarriba, Keko



        En una entrada anterior, “El perdón y la Furia” (2017) de Antonio Altarriba y Keko, os comentaba, que, junto al cómic, me había comprado “Yo, loco” (Norma Editorial, 2018) de los mismos autores, y, en teoría, segundo volumen de la ”Trilogía egoísta”, que acabará con la próxima publicación de “Yo, mentiroso”. Lo de “en teoría” lo comentaba porque “El perdón y la Furia” se cuela por ahí, como un spin-off de la trilogía, entre los dos primeros volúmenes.

        En “Yo, loco”, tenemos a Ángel Molinos, un dramaturgo fallido, metido a Doctor en Psicología, que sufrió abusos sexuales por parte de su padre siendo un crío, causándole una aversión total a cualquier tipo de relación. Trabaja en Otrament, un observatorio de trastornos mentales, que pertenece a la farmacéutica Pfizin, conocida por usar a humanos en sus experimentos y en inventar enfermedades, y los medicamentos para las mismas, para seguir vendiendo. Ángel no está pasando un buen momento, ya que tiene pesadillas que posteriormente describe en un diario, sus padres se han quedado en la calle, y un compañero de trabajo le ha confesado que va a denunciar a la empresa por las malas prácticas que allí se desarrollan, para poco después, desaparecer.

        La relación con “Yo, asesino” es palpable, las dos historias están entrelazadas, y en esta vemos que la narrativa mete unos giros y hace unas volteretas tan inquietantes, como inesperadas, dejando al lector maravillado, ya que no tiene nada que envidiar el cómic a las mejores novelas negras policiacas. La evolución del personaje es magistral. Los hechos y circunstancias que le rodean, los tejemanejes de las farmacéuticas, todo… Está tan bien narrado que te quedas con ganas de saber cómo acaba la trilogía. El mal casi se puede tocar, junto a la locura. Ahora esperaremos a “Yo, mentiroso”. Grandes, magníficos, Altarriba y Keko.

martes, 28 de mayo de 2019

El perdón y la Furia (Museo Nacional del Prado, 2017) Antonio Altarriba, Keko



          Hace unos años, me leí “Yo, asesino” (Norma, 2014) de Antonio Altarriba (“El ala rota”) y Keko, aunque no llegué a escribir nada sobre el tema en el blog. El cómic me encantó, como todo lo que he leído de Altarriba, cuyo “El arte de volar” me dejó anonadado de lo requetebueno que es.

        En “Yo, asesino”, Enrique Rodríguez, un tipo de 53 años, profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco, que se encuentra en la cima de su carrera, aunque con bastantes piques profesionales, se dedica a hacer del asesinato un verdadero arte, dejando un camino de cadáveres allá por donde va.

          Ahora, me he hecho de “El perdón y la Furia” (Editado por el Museo Nacional del Prado, 2017), con guión de Altarriba, con el dibujo expresionista de Keko a cargo. Blanco, negro y rojo marcan este peculiar cómic, donde, otro profesor de Historia del Arte, Osvaldo de la Universidad de Salamanca, ha perdido la chaveta completamente, y busca emular, ser, el propio José de Ribera “El españoleto” en la senda de encontrar lo místico, lo cruel, el tormento en su obra… Estudiando su vida, su pasado y su arte, completamente en pelotas, y no parando ante nada…

         El cómic es muy entretenido, en la línea de “Yo, asesino”, incluso en una de las viñetas, he reconocido a Enrique Rodríguez, por lo que hay cierta vinculación entre ambas historias. Con este, me he comprado, igualmente “Yo, loco” (Norma Editorial, 2018), que es la segunda parte de lo que los autores han dado en llamar “La trilogía egoísta”, que acabará con la aparición de “Yo, mentiroso” (“El perdón y la furia” sería una especie de spin-off en este entramado). Con “Yo, loco” me pondré en breve, pero, desde luego, el tándem Altarriba-Keko es de lo mejor que os vais a encontrar. Arte, sangre, asesinatos, crueldad, locura… Y todo en cómic. No se puede pedir mucho más. Lectura imprescindible, no lo dudes.

Egon Schiele. Vivir y Morir (Norma Editorial, 2014)



        Lo de este cómic ha sido un flechazo a primera vista. Tengo que reconocerlo. Nombrar a Egon Schiele (1890-1918), produce en mí, algo parecido a cuando digo “Modigliani”. Los dos, salvando las distancias, y diferencias, tuvieron unas vidas trágicas, pasionales, demasiado cortas, y los dos eran unos artistas, y unos dandis de los pies a la cabeza. Les gustaban las mujeres, el buen gusto, y eran unos incomprendidos.

        De Xavier Coste (1989), autor francés, no había visto, ni leído nada. Pero me dio igual al ver la portada del cómic. “Egon Schiele. Vivir y Morir” (Norma editorial, 2014), con el nombre enmarcado en ese rectángulo tan característico. Desde el principio del cómic, una currada biografía, te das cuenta de que el autor ha sabido captar, perfectamente, la personalidad de Egon Schiele, desde su relación mala con los académicos, hasta su amistad ambigua con Gustav Klimt, maestro al que quiere superar. Sus problemas con las mujeres, Wally y Edith, sus dos amores. La Guerra Mundial, la búsqueda de un estilo y su interés por los desnudos femeninos que no se vendían en la Viena recatada de la década de los diez, del S. XX. Igualmente, la denuncia por pintar niñas desnudas (llegó a pintar a su hermana desnuda, aunque esto no aparece en el cómic, en varias ocasiones), y, finalmente, la búsqueda de una estabilidad económica y emocional, truncada por la llegada de la terrible Gripe Española que tantos millones de vidas sesgó.

        El cómic, como ya habréis adivinado, me ha encantado. Me ha gustado mucho el dibujo (su trazo es fantástico), la narrativa, los silencios de algunas de sus viñetas, y un acertado uso del color, que va cambiando según avanza la historia. Egon fue un genio, a mi parecer, uno de los grandes artistas del S.XX, quizás no lo suficientemente reconocido y valorado, con un expresionismo único, y el cómic es una buena dedicatoria a su vida, y a su obra.

lunes, 27 de mayo de 2019

Tengamos el sexo en paz (1995) Franca Rame, Jacopo Fo, Dario Fo



       Estaba yo en el Cpr de Badajoz, cuando, no sé a cuento de qué, me he puesto a hablar de teatro y de libros con una compañera. Me comentaba que, se había leído “Tengamos el sexo en paz” (1995, edición española), de Franca Rame (1929-2013), Jacopo (1955) y Darío Fo (1926-2016), y que se había hartado a reír durante horas, a carcajadas limpias.
Franca Rame

        Mi desconocimiento sobre el libro (obra teatral), que es, en realidad, un monologo teatral, o un conjunto de monólogos independientes (habla del Sida, de la frigidez…) me hizo adquirir el libro, lleno de curiosidad, e investigar sobre él antes de su lectura. Leí que había estado censurado, que levantó bastante revuelo su publicación y puesta en escena, y que es una especie de manual de sexología, basado en un libro de Jacopo Fo, titulado “El Zen o el arte de follar”, que, escrito a modo de “reflexiones” sobre el sexo, se vendió como rosquillas, y que la gente llegó, incluso, a fotocopiar para tener un ejemplar.
Dario Fo

        Después, comprado el libro, constato que son 76 páginas. Y me pongo a leerlo, aunque pronto, salvo algún rictus de sonrisa esporádico, veo que es una obrita ingenua, respetuosa, que habla con mucha metáfora, y que no dice ni “polla”, ni “coño”, ni “coito”, ni “felación” en todo su contexto. Vamos, un manual inocente, lejos de toda polémica, que no enseñará nada, sin ser un experto en la materia, al lector. En la Italia de Berlusconi, hace casi treinta años, que una mujer reflexionara sobre estos temas en el escenario, posiblemente puso nervioso a más de uno… Pero, hoy por hoy, lo veo más como una curiosidad bibliográfica, más que otra cosa…

Jacopo Fo

Fellini en Roma (Astiberri, 2017) Tyto Alba



        Federico Fellini (1920-1993), el gran cineasta italiano, es un anciano que pasea por las calles de Roma en “Fellini en Roma” (Astiberri, 2017) de Tyto Alba (Balthus y el conde de Rola, La vida). Un Fellini que no puede dormir, duerme unas tres horas y media al día, de media, y después, sale a andar, rodeado de los fantasmas que han formado parte de su vida, por las calles de Roma, en un insomnio perpetuo, que le van recordando partes, trazos, de lo que ha vivido…


        A veces, sueña, y entonces dibuja lo que ha soñado, tal como le recomendó su psiquiatra, y da vida y color a sus peculiares espectros: Balthus, Dalí, Ingrid Bergman, su hijo Federico que solo vivió quince días…

        Sus paseos son un recorrido por estos recuerdos. Sus amigos se le van uniendo, poco a poco, recordándole anécdotas: Aldo Fabrizi, su esposa Giulietta, el psiquiatra y filósofo Jung, el circo y los payasos, los estudios de cine… Le acompañan hasta el final de sus días, a una playa…

        Tyto Alba hace un melancólico, triste, surrealista, pero tierno final de los días del gran cineasta italiano. Un resumen muy bonito, íntimo, mientras Fellini pasea por la Plaza de España… Como todo lo que he leído hasta la fecha, de Tyto Alba, lo recomiendo.

domingo, 26 de mayo de 2019

The old man and the gun (2018)



        “The old man and the gun” (2018) pretende ser el adiós definitivo de Robert Redford del cine. Yo espero, sinceramente, que no sea así. Forrest Tucker era un viejuno cuando lo detuvieron, pero llevaba desde los quince años haciendo de las suyas. Se fugó de la cárcel hasta en 18 ocasiones, y en otras 12 lo pillaron.

        Atracaba bancos con una pistola de atrezo, cuando no la simulaba con dos de sus dedos, y vestía como un dandy, impecable, con trajes y zapatos impolutos, y siempre con una amable sonrisa en la cara. Y, en este biopic del personaje, Redford está que se sale como jefe de una banda de viejales, dedicados a atracar bancos sin dar un solo tiro.

        La ambientación (setentera), la música (un buen jazz), la narrativa… Lo tiene todo para engancharte y quedarte la hora y media pegado a la pantalla. La película no merece más comentario, porque prefiero que la veáis. No en vano, Forrest Tucker, fue, desde luego, todo un personaje. Si realmente Redford se retira, con esta cinta, creo que pone un buen broche a una carrera cinematográfica envidiable.

Los niños de humo (Editorial Pez de Plata, 2018) Aitana Castaño, Alfonso Zapico



        La verdad es que, al poco de comenzar a leer “Los niños de humo” (Editorial Pez de Plata, 2018) de Aitana Castaño y Alfonso Zapico (El otro mar, La balada del norte 1, La balada del norte 2…), me ha ido recordando, en la temática, en el estilo y en la narrativa, a lo que hace mi admirado Manuel Ávila (Al relente, Trazos de papel, Recovecos), que ya os comentado alguna vez, es, para mí, a fecha de hoy, uno de los ocho o nueve mejores escritores que tenemos, actualmente, en el panorama extremeño, sin dudarlo.

        Con la diferencia, vital, que “Los niños de humo” se desarrolla, fundamentalmente en la cuenca, o en las cuencas, mineras asturianas, y los libros de Manuel Ávila, aunque recogen toda la forma de pensar, y de ser, de una región como la extremeña, se centran en esa Aldehuela mágica que él ha creado, y que es un universo en expansión, increíble y arrebatador.

        Cuando los niños de las cuencas salían del pueblo. Todos sabían de dónde venían. Sus ropas olían, inevitablemente al humo de las locomotoras, de las chimeneas y de los tubos de escape. Estaban marcados desde antes de que hablaran, no había necesidad. Las historias de este libro, relatos cortos y microrrelatos (alguno con algún premio) pretenden ser memoria de aquellos años, ya pasados, ya que ni Alfonso ni Aitana pertenecen ya a una generación de la mina, sino que son los primeros entre los suyos, que se dedicaron a otros menesteres. Pero, la memoria no hay que perderla, hay que recordar de donde viene uno, recordar aquellas maravillosas historias, entrelazadas, a aquellos mineros, con sus penas y sus alegrías, sus gozos y sus tristezas, que quedaron marcados por las cuencas y la dura vida que allí se desarrollaba.

        “Los niños de humo” es un librito corto, apenas cien páginas. Se lee rápido, adornado por los dibujos de Zapico, enseguida te encariñas con los personajes y las historias que cuentan. El libro viene acompañado con una lámina, por lo menos en mi edición, titulada “La línea del ojo”, que ha sido uno de los relatos que más me han gustado. Igualmente trae, al final del libro, un pequeño diccionario de palabras en bable, o en asturiano, por si uno se pierde. En mi caso, me ha parecido curioso destacar, que, el castúo (el del norte de Cáceres, el de Gabriel y Galán, no el de Chamizo) y el asturiano son similares en palabras y expresiones.

        En fin. Un librito entretenido, tierno incluso, una memoria viva de recuerdos, que, espero, no se pierdan en el humo de la desmemoria… Que en pocos meses de su publicación vayan por la Tercera Edición, creo que no es baladí.

sábado, 25 de mayo de 2019

Acusada (2018)



        En “Acusada” (2018), tenemos a Dolores, una joven estudiante que tiene una vida normal y corriente, dentro de la alta sociedad argentina, chica bien y chica guapa (dicho sea de paso). Un día es acusada del crimen de su mejor amiga, que ha sido brutalmente asesinada en una multitudinaria fiesta casera, donde abunda el alcohol y las drogas. El país está conmovido, todo el mundo tiene una opinión sobre un caso que se ha convertido en mediático, aparece en la televisión, en las revistas, en todos los medios… La familia busca los mejores abogados, se hipotecan, comienzan a perder dinero. Se trata de salvar el honor, el apellido, tratar de que todo termine favorablemente, mientras Dolores comienza una relación con un chico (que no sé qué aporta a la narrativa) y un puma anda suelto por el barrio...

        La película da vueltas y vueltas en el tiempo. Atrás, y al presente. Pasan dos años, desde la muerte de Camila hasta el juicio, el presente. Los testigos desfilan, la gente opina, el juicio se desarrolla (por cierto, de lo mejor de la película, tanto el abogado defensor como el fiscal) y se van descubriendo oscuros secretos, desvelos familiares (la madre no tiene nada que envidiar a un Caminante Blanco de Juego de Tronos) y encubrimientos…

        En fin. Es una cinta que dejo “a vontade”. Entretiene, no tiene mayores aspiraciones, y en mi opinión, le sobra perfectamente media hora larga de metraje para contar exactamente lo mismo. El final, a gusto del consumidor. 

Yo fuí a EGB (Penguin Random House, 2013) Javier Ikaz, Jorge Díaz



        “Yo fui a EGB” (Penguin Random House, 2013) de Javier Ikaz y Jorge Díaz, es una página web, un perfil de Facebook y una colección de cuatro libros (ignoro si hay más publicados, yo tengo cuatro) sobre aquellos maravillosos años de nuestra infancia: Setenta, Ochenta, y un poquito de los Noventa.

        Los programas de televisión, las chuches, los juegos callejeros, el material escolar, los coches, los cromos, los veranos en el pueblo o en el camping, los grupos musicales, la forma de hablar, las pesetas… Todo tiene cabida en estos fantásticos libros que son un recorrido para los que vivimos, y disfrutamos, aquellos años. Una gran recopilación de recuerdos. 

        Tanto en Facebook, como en Twitter, como en el blog, tienen casi un millón de seguidores. Igualmente, han recogido varios premios, y realizan exposiciones por medio país (aunque Extremadura, no entra, de momento, en estas giras), y, para mí, hacen las delicias de los que tienen más de cuarenta años, con sus recuerdos, sus comentarios y anécdotas… Si no conocéis la web, os la recomiendo, y los libros, pues eso… Son “Dabuten”.