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jueves, 1 de agosto de 2019

La vida en rojo: El albergue púrpura (Dibbuks, 2005) Clément Baloup y Domas



         “La vida en rojo: El albergue púrpura” (Dibbuks, 2005) de Clément Baloup y Domas, es un cómic francés, protagonizado por animales antropomórficos (una gata, una cebra, una gallina y un mono), que bebe mucho de “La matanza de Texas”, y de los “road movie” americanos de carreteras secundarias, fondas siniestras y asesinatos a mansalva, con sexo e intestinos a raudales.

      Cuatro chicos, que, en busca de un quinto compañero (verano, carreteras, rollo hippie…) acaban en una siniestra pensión, donde nada es lo que parece. Solo una cosa es segura: Hay que sobrevivir como sea.

       Es un cómic que se lee en diez minutos. Entretenido, bien dibujado, pero que no aporta nada nuevo al género de terror… Pero, bueno, ahí está.

jueves, 11 de abril de 2019

El gabinete chino (Dibbuks, 2005) Nancy Peña



        “El gabinete chino” (Dibbuks, 2005) de Nancy Peña, es un cómic ciertamente extraño. Tiene una mezcla entre La Bella y La Bestia, Alicia en el País de las Maravillas, y cualquier otra historia donde haya un tipo que busque el secreto de la piedra filosofal.

        Magritte y Cornell son una pareja de jóvenes holandeses. Viven en la Holanda del S.XVII, él es un inquieto estudiante, autodidacta. Ella una joven que cree que Cornell puede acabar siendo acusado de hereje cualquier día. Un día reciben una extraña invitación para una casa, “El gabinete chino”, por separado, regida por un personaje con cara de sapo, al que acompaña un embozado y misterioso empleado. Él podrá experimentar e intentar desentrañar los secretos de la naturaleza, en compañía de una joven que se tapa la cara con un velo. Ella, al dueño de la casa le recuerda a cierta joven china que conoció, y cuyo amor no consiguió, y cuya historia puede visionar en las paredes del gabinete.

        La casa está plagada de innumerables habitaciones y pasillos, parece viva, parece mutar con los días, en horas, y parece que es, ciertamente difícil, salir de ella…

sábado, 16 de febrero de 2019

Los buenos vecinos (dibbuks, 2011) Holly Black, Ted Naifeh



       A Holly Black la conozco, porque hace unos años, bastantes de hecho, se hizo muy famosa con “Las crónicas de Spiderwick”, y todos los chicos hablaban del libro, y de la posterior película. A mi no me llegó a llamar la atención, pero lo poco que sabía, y que sé de ella, es que lo suyo es el género fantástico. Del dibujante Ted Naifeh, creo que, hasta el momento, no conocía nada de su obra.
 
¿DesGGGdichada?

        “Los buenos vecinos” (editado por Dibbuks, 2011) es un cómic que me agencié hace unas semanas porque lo vi muy rebajado de precio. De los 24 euros que marcaba la portada, yo lo compré por mucho menos, casi a un precio ridículo.


         El caso es que me ha parecido un cómic entretenido, aunque extremadamente largo, y con muchos tintes de novela barata. Muy “Teen”, para entendernos. Muy dirigido a un público, o a un lector muy concreto dentro del espectro de personas que pueden llegar a leerlo. Con amores juveniles, giros amorosos y narrativos, pero, como digo, entretenido…


           La historia gira en torno a una chica adolescente llamada Rue Silver. Un buen día, su madre desaparece, y todas las miradas recaen en su padre. Pero pronto, Rue descubre, que, en realidad, su madre es un hada, que se enamoró de un mortal (su padre), y que se debate entre volver al mundo de los duendes y hadas (no salen ni Ben ni Holly, lástima) o quedarse en el mundo de los humanos, donde aparte de tener un marido que engorda y envejece, encima le pone los cuernos con un amor platónico de juventud… Esa misma duda la atormenta a ella, que se debate entre los dos mundos, con sus ventajas y desventajas. Y, muy pronto, duendes y hadas, y humanos, verán sus mundos enlazados por una serie de acontecimientos.

         A la chica le pasa de todo. Durante el cómic, personajes que te parecen buenos, se vuelven unos capullos, y viceversa. La historia da botes de un lado para otro. Los duendes piden crear una ciudad-estado independiente. Los humanos nos roban, y todas esas movidas. Hay revoluciones. Pandillas de adolescentes que son devoradas, asesinadas y enamoradas… No por ese orden, pero más o menos, y, finalmente, un epílogo que explica alguna que otra cosa… En fin, para los que gusten...

lunes, 6 de agosto de 2018

Goya. Lo sublime terrible (2018) El Torres, Fran Galán




         Los Historiadores del Arte conocemos bien la obra y vida de Goya, que es, ciertamente, apasionante. Ya, en la carrera, te avisan de que, hasta que sufre su enfermedad, 1792, esa desconocida enfermedad que le dejará sordo para el resto de su vida (¿Sífilis, saturnismo…?), Goya no deja de ser un pintor de su tiempo, y que será después de su sordera cuando algo parece emerger en su interés, algo desgarrador, que le hace ver y reflejar, perfectamente, a través de sus pinceles, la hipocresía, la ignorancia, la mentira y la maldad, los defectos de aquella sociedad de finales del XVIII, que le rodea…

       Con “Goya. Lo sublime terrible”, El Torres (guion) y Fran Galán, le dan una nueva vuelta de tuerca a aquel hecho tan crucial en la vida de Goya. Aquella terrible enfermedad que casi se lo lleva al otro barrio, que cogió a un hombre y soltó a otro, completamente diferente.

        En tres actos, tenemos al Goya de poco antes de su enfermedad, el amigo del también pintor Asensi Julià (que nunca firmaba sus obras, y al que se le atribuye desde hace unos años, el cuadro “El Coloso”. La primera aparición de sus demonios interiores, que lo atormentan. La relación con su mujer, con sus mujeres, con la duquesa de Osuna, la duquesa de Alba (que también es perseguida por una prole de demonios, miedos e inquietudes) … Y la senectud, donde se enfrenta continuamente a sus demonios a través de sus pinceles, al destierro y a la recta final de su vida.

       Este es uno de esos cómics imprescindibles. De El Torres, ya os hablé cuando comenté hace unos años “El fantasma de Gaudí” (2016), y es requeteconocido, de sobra, en el mundo del cómic (es un guionista fantástico), y, Fran Galán, es para mi un descubrimiento, que me ha parecido una maravilla. Ambos firman, como os digo, un trabajo impresionante.

       “Aun aprendo”, decía en una de las láminas más celebradas de Goya. Yo también, suelo musitar.