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viernes, 2 de febrero de 2024

La Gran Noche del Pop (Netflix, 2024)

 

Tengo 50 años, y si tuviera que decir uno de los hitos musicales de los años ochenta, posiblemente, entre los varios (o más bien muchos) que se me vendrían a la cabeza, estaría “We Are The World”, aquel hit que marcó en los primeros meses de 1985 un antes y un después en la historia de la música, no solo a nivel estadounidense, sino que yo creo que mundial.


Y es que aquella canción, que corrió a mano de Lionel Ritchie y Michael Jackson, logró reunir a 45 artistas, entre los que estaban, aparte de ellos dos: Stevie Wonder, Tina Turner, Diana Ross, Bruce Springsteen, Bob Dylan (que fue el alma de la fiesta), Ray Charles, Billy Joel, Harry Belafonte y otros tantos que tuvieron que dejar en la puerta egos y rivalidades para cantar una canción, que pusieron en pie durante una noche y que creo que será muy difícil que nadie pueda volver a igualar en muchos aspectos.


Hace unas semanas, Netflix ha estrenado en España el documental “La Gran Noche del Pop” (2024), título que creo que no es muy justo con los diferentes estilos que había allí, pues no todo era Pop en aquella reunión de artistas que se unieron para crear un himno que despertara conciencias frente al hambre en África, concretamente pensando en Etiopia, pero casi que me ha dado igual el título cuando me he puesto a ver el documental, y me ha recordado aquel 1985 donde tuvimos este hit hasta en la sopa, copando todas las listas musicales del momento. Parece que estoy oyendo al Gran Joaquín Luqui en los 40 Principales diciendo aquello de “Hola, Hola, Hola… Tú y yo lo sabíamos”, mientras daban entrada al tema en cuestión.


“La Gran Noche del Pop” comienza con una entradilla, una presentación de créditos muy ochentera, donde vemos la creación de las casetes musicales que pasan por cintas transportadoras a toda leche. Esas mismas cintas que mis alumnos hoy en día no saben usar, y que no saben que relación tenían con un bolígrafo Bic, y de las que yo aún atesoro alguna por ahí perdida en algún cajón.


Prácticamente presentado por Lionel Ritchie, vemos desde el principio el origen de la canción, cómo se produjo, con quién se contaba o se quería contar, la creación de la letra en la habitación de Michael Jackson, en la casa familiar que tenían los Jackson en Encino (California), el papel de Quincy Jones, la elección de los Estudios, así como los participantes totales en la grabación de la canción, que entre técnicos y artistas se acercaban a los sesenta y que fueron convocados bien tarde, después de una entrega de premios, donde el propio Lionel Ritchie arrasó y Prince, que no quiso participar en el proyecto, venció con su “When Doves Cry” al “Thriller” de Michael Jackson (hecho para mi desconocido, por cierto, y que me ha sorprendido).


Muchos de los participantes en aquel evento ya han fallecido, pero es verdad que me esperaba una participación más nutrida de artistas en este documental (tenemos por ahí a Cindy Lauper, Bruce Springsteen…), porque creo que el evento da para más de la hora y media de metraje, y del que no me voy a quejar como viene siendo habitual en mí. Eso sí, yo creo que casi todos los que tuvieron algo que ver con el equipo técnico, producción y realización, y que no han fallecido, tienen su hueco.


En el final, hay algunas declaraciones de Harry Belafonte que no se han doblado al español, y no me han salido en subtítulos, pero ello no me ha sido óbice para disfrutar de un buen rato, de un buen documental que me ha traído muchos y buenos recuerdos, y con un final de Lionel Ritchie, hablando desde el estudio en que toda aquella magia sucedió, muy emotivo.


Hoy tiro la casa por la ventana: De nota le doy un 6,5 y os recomiendo verlo. Si tenéis más o menos mi edad, supongo que sabréis de lo que os hablo, y si no conocisteis esta canción y este evento cuando salió, que acabó vendiendo millones de copias y recaudando millones de dólares para Etiopia, merece la pena echarle un vistazo a este pedazo de la Historia de la Música…

sábado, 30 de diciembre de 2023

Down with the King (Netflix, 2021)

 

“Down with the King” (Netflix, 2021), es una película estadounidense que me he encontrado como “Recién llegada” a la plataforma Netflix España, y que me ha llamado la atención por no haber sido traducido su título, algo que no suele ser habitual en nuestro país, y por ser el título de una canción de los RUN DMC, grupo rapero del que tuve un vinilo durante los años noventa con idéntico título. Después, cuando comienzas a ver la película, entiendes el detalle.


En la narrativa: Un rapero que está pasando una crisis existencial, vital y de falta de inspiración, de tres pares de narices, se traslada a un ambiente rural, en mitad de un bosque de Massachusetts, para lograr encontrar la inspiración que parece habérsele ido, una nueva motivación, una musa musical que le dé un aire nuevo, mientras nota que algo está cambiando dentro de él.


La situación quizás no sea muy original, porque este tipo de reinicios o nuevos comienzos vitales, ya los hemos visto en otras películas… Un rapero en una casa alquilada en mitad de un bosque, un pingüino en mi ascensor o un tuareg de turismo por Nueva York es el choque de dos elementos que en teoría no deberían cuadrar, y se juega a ese descuadre durante toda la historia. El rollo es ese.


Y quizás, para pasar por dicha situación no hace falta ser famoso, rapero o los Rolling Stones, un reinicio como el de la película lo puede necesitar cualquiera, sin necesidad de muchas explicaciones, y el espectador puede encontrar cierta conexión o empatía en ese aspecto.


La hora y cuarenta minutos de película se me hacen excesivas en un metraje donde realmente no sucede nada interesante hasta quizás el final. El protagonista descuartiza cerdos con un granjero local setentero interesado por el rap, da paseos, caza mofetas y recibe visitas de amigos, familiares y allegados que no comparten su decisión por irse a inspirar en mitad de la nada, pero sin demasiados sustos más allá que beneficiarse a una chica local que conoce en la ferretería del pueblo. Por lo que llegas a la conclusión de que mi premisa de que a toda película le sobra media hora, aquí cobra más fuerza y razón de ser que nunca.


Le sobran secuencias del lugar, de la naturaleza, planos largos donde no pasa absolutamente nada más allá de la mirada bovina ante el entorno… Ya tenemos claro cuál es el escenario como para recrearse tanto, y al final concluyes que estamos ante otra cinta independiente más, que por mucho que se haya estrenado en no sé qué festivales internacionales de cine, con algún premio incluido, puede llegar a tener el poder de dormir a las moscas en vuelo, con algunas situaciones tan teatrales, que no llegar a ser creíbles, como el uso del insulto cada dos por tres para cualquier cosa o situación, por poneros otro ejemplo: Hay una escena en la que nuestro protagonista, enamorado del bucólico mundo rural, decide dejar vía Twitter su carrera musical, y su manager se presenta en la granja, discuten y el rapero le simula una pistola con dos dedos de la mano en las sienes… No sé, cosas por el estilo, diálogos de besugos, típicos, por cierto, del género, en las que uno comienza una frase casi repitiendo la última palabra que le ha dicho su interlocutor, en situaciones casi dadaístas.


El final te deja un tanto seco. El tipo descubre que su vida no le gusta, corta en pleno concierto, y se vuelve a su bucólica casa alquilada en mitad del bosque. Total, hay un momento en que le confiesa a su manager que es asquerosamente rico. Solo, rodeado de sus cosas, pero con el único interés de cazar una mofeta, que merodea la propiedad, para después dejarla libre en mitad de la naturaleza… Debe tener un significado profundo, muy profundo, pero no seré yo quien lo analice…


Esta es la clase de películas que dejo a vuestra entera elección. Yo no le doy más de un cuatro de nota. Si la llego a ver en pantalla grande, después de haberme gastado 20 euros en la entrada, el café, las palomitas (que son mis mortales enemigas), y el refresco, os garantizo que arde el cine hasta los cimientos.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Iron Maiden. La Novela Gráfica del Rock (RedBook, 2023)

 

        Tengo que reconocer que cuando vi, en una web especializada en cómics, la portada de esta novela gráfica, o directamente cómic: “Iron Maiden. La Novela Gráfica del Rock”, con todo ese colorido y las características letras rojas de los Maiden con un Eddie tras la impresionante banda británica en pleno concierto… Di un bote de la silla, porque era algo que no me esperaba. Y no es porque los Maiden no se merezcan un cómic biográfico, todo lo contrario, debería haber más para boomer, que, como yo, vivieron la dorada etapa de los casetes pirateados de los Maiden, de los puestos de mercadillo, del intercambio en cintas vírgenes de mala calidad, y de camisetas, cadenas, y chupas de cuero.


        Los Maiden fueron, y son, parte de la Banda Sonora de mi vida, y a pesar de que no tengo todo lo que han publicado, porque sería una ruina para mí, si que atesoro algunos de sus discos como oro en paño y demuestro esa devoción por el grupo con algún pin, la camiseta típica de Eddie y la compra de algún cd que me falta en la colección en cuanto se pone a tiro.


       Es una lástima que, a los chavales, y chavalas de hoy en día, ya no le gusten los sonidos de la guitarra eléctrica y las canciones que te hacían jugar con la locura o imaginar la carga de la caballería ligera británica en la Guerra de Crimea, y se manifiesten más a favor de otros ritmos que no llegan, musicalmente hablando, a los tobillos del Heavy Metal…


        Centrándonos en el cómic, publicado por la Editorial RedBook en España a finales de octubre de 2023 y 92 páginas, viene de la mano de “El Toreh”, en cuanto al dibujo, que es el alias del ilustrador e historietista argentino, Elías Di Stéfano, y que nos presenta un dibujo sencillo, pero en el que se reconocen muy fácilmente a todos los miembros y personas que tuvieron algo que ver con la mítica banda británica, en un riguroso blanco y negro y con algunas páginas dobles muy chulas… Y por otro lado, del guionista y periodista catalán Borja Figuerola, que tiene sus tablas en esto del tema musical, pues ha publicado material relacionado con los Red Hot Chilli Peppers, Rolling Stones y Led Zeppelin.


        En la narrativa, un joven Steve Harris abandona, frustrado, el sueño de ser futbolista y se mete a músico, sin saber que había tomado la mejor decisión de su vida, ya que poco después estaría formando en el barrio obrero londinense de East End la banda que llevaría el Heavy Metal británico a lo más alto, Iron Maiden.


        En el cómic vemos los 25-26 primeros años de la banda, desde 1975 hasta 2001: Los miembros que pasaron por la banda, las diferencias y dificultades que tuvieron entre ellos, con el público en determinadas ocasiones, la sociedad, la Iglesia católica, la creación de Eddie, las influencias, simbología… Todo, absolutamente todo, condensado en 92 páginas llenas de puro Iron Maiden, que me ha parecido una auténtica gozada en todos los sentidos, y que he disfrutado desde la primera página, llegando a ponerlos de fondo mientras me leía el cómic… ¿El precio? 14 euros, está tirado.


        En fin, lo dejo por aquí, y ya me comentaréis que os pareció a vosotros este cómic, que espero que no sea el último, sino el primero de otros muchos dedicados a los Iron Maiden y a otras bandas míticas del Heavy Metal de todos los tiempos…

domingo, 17 de septiembre de 2023

Freestyle (Netflix, 2023)

 

       “Freestyle” (Netflix, 2023) es una película polaca que no destaca por su originalidad, porque ya hemos visto mil quinientos veces la historia del típico y tópico rapero, en esta ocasión uno llamado Diego, que para impulsar su carrera como cantante de rap, se mete en un rollo de tráfico de drogas que sale mal casi desde el principio, viviendo al límite en un camino de robos, rap, amenazas, camisetas de la NFL, gorras de mil tipos y colores, cuernos y sexo mientras suena un sintetizador de fondo… No es, por cierto, una película para nenes.


         En la narrativa, nuestro protagonista, Diego, se ve envuelto en un rollo chungo de drogas con unos eslovenos mientras intenta conseguir la pasta para lanzar su carrera musical. Lo que parecía una operación fácil, droga para allá y dinero para acá, acaba con la policía de por medio, los dueños de la droga en Modo Venganza Chunga y con Diego con pocas posibilidades para sobrevivir si no se mueve rápido…


         En lo técnico hay escenas que parecen grabadas con un móvil o una cámara en la mano, con planos a veces muy cercanos, ya que a ratos se mueve más que un “Tío Vivo”, y puedes ver los pelos de la nariz de los protagonistas. El ritmo es rápido a lo largo de su hora y veinte y dos minutos, aunque no os voy a mentir, funcionaría igual con un metraje medio de poco más de una hora, y es algo que yo haría sin pestañear, cortar aquí y allá.


         Los polacos se han especializado en los últimos años en películas que giran en torno a gánsteres, drogas y mafias variopintas, y han logrado que sus películas, como esta concretamente, lleguen a ser entretenidas, con una música pegadiza, aunque sin tirar cohetes…


          Porque la historia es previsible a kilómetros de distancia, no esconde nada nuevo y te ves venir cada una de las tramas, sin sorpresas. Pero, si te va este tipo de género, te puede llegar a convencer. A mí me ha hecho pasar el rato, y por eso le doy un 5, no más, porque no hay que ponerse estupendos, pero ahí está, ya me diréis que os pareció.