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viernes, 15 de septiembre de 2023

Érase una vez un asesinato (Netflix, 2023)

 

        “Érase una vez un asesinato” (Netflix, 2023) es una curiosa película japonesa, donde hacen algo que hemos visto ya mil quinientas veces, pero nunca con actores nipones, que es mezclar cuentos populares (o ya internacionales directamente), donde sus personajes protagonizan otras historias o situaciones que no esperaríamos de ellos más allá de sus papeles de cuento, y menos con Caperucita Roja haciendo de la versión femenina de Detective Pikachu, Detective Conan o La Señora Fletcher de “Se ha escrito un crimen”, mítica serie que, durante 12 años, nos traía a casa a una Angela Lansbury a la que no se le escapaba ningún caso criminal por resolver…


         En la narrativa tenemos a Caperucita roja, que va por el campo, pinchándose con todos los arbustos con espinas que hay por la zona, hasta que se encuentra a una bruja, que parece la mismísima Rita Repulsa y le empieza a dar la brasa con el rollo de cambiarle los zapatos por unos sucios. Entre unas cosas y otras, pierde los zapatos y se encuentra con La Cenicienta, y a la vez con otra Bruja que las transforma a las dos en bellas damiselas para poder asistir al baile del Príncipe, aunque antes se encontrarán el cuerpo del peluquero de palacio que ha sido asesinado.


         Caperucita, que tiene ciertos poderes de adivinación, se mete a detective para resolver el asunto del asesinato, una vez que en palacio descubren el cuerpo que ellas previamente habían descubierto… Y, lo hace bastante bien, todo hay que decirlo. Poco a poco va desgranando los hechos que han llevado al asesinato del peluquero, analizando a personajes, situaciones y recreando toda la escena con mucho tino y acierto.


          Estamos ante una película de una hora y cuarenta minutos, de la que vamos a decir que no le quitaría metraje, entretenida, romántica y diferente, que en su retorcimiento de los cuentos puede llegar a resultar inocente e infantil, pero que tiene su punto divertido, aunque sin llegar a tirar cohetes, y que no gasta mucho en efectos especiales, ni en actores destacables… Si acaso la propia Caperucita, porque el Príncipe es un soso de cuidado. Para pasar el rato. Le doy un 5 de nota.

martes, 3 de septiembre de 2019

Cuentos de humor y de horror (Anagrama, 2009) Saki



         “Apagad ese maldito cigarro”, fueron las últimas palabras que pronunció Saki, en la batalla de Beaumont-Hamel, donde servía como sargento de los Fusileros Reales, antes de que un francotirador alemán le volara la cabeza.

       Héctor Hugh Munro (1870-1916), alias Saki, está considerado uno de los mayores escritores de relatos cortos en lengua inglesa del S.XX, y quizás uno de los mayores humoristas, de humor fino y de ironía socarrona, disfrazada de un gusto victoriano, con unos cuentos maravillosos sobre el carácter humano. Su alter ego, Clovis, así lo demuestra en muchos de sus relatos. Y, eso que, tenemos relativamente pocos relatos de él, ya que su hermana destruyó muchos de ellos al enterarse de su muerte.

        Leer a Saki es una gozada para los que disfrutamos de los relatos cortos. Estos últimos días de verano, he releído “Cuentos de humor y de horror” (Anagrama, 2009), que es una verdadera delicia de historias asombrosas, todas ellas de un humor sutil: Con hombres lobo, gatos que hablan y niños vengativos… Solo Saki sabe tomarse el horror, con perfecta naturalidad, y encima glasearlo con una capa de cachondeo.

       Si no conocéis su literatura, os aseguro que Saki crea una adicción impresionante. Escritor, periodista, historiador, era un genio a la hora de contar historias. Y, a Saki, hay que volver, de vez en cuando…  

viernes, 12 de agosto de 2016

El cordel (y otros cuentos). Guy de Maupassant




        La vida del escrito francés Guy de Maupassant (1850-1893) fue, a todas luces, bastante insípida, hasta que un día, este buen hombre, comenzó a escribir. Era hijo de padres divorciados, y fue educado bajo la mirada de su madre que lo marcará de por vida. Su madre era íntima amiga de Gustave Flaubert (incluso se decía que este era su padre natural, con su verdadero padre se llevaba a matar). Se crio en Normandía, trabajó junto a Flaubert y con Émile Zola, pero sin querer vincularse a ninguna escuela o corriente literaria, prefería no tener ataduras de ningún tipo. Funcionario de varios ministerios, era un tipo misógino, bastante pesimista, enemigo acérrimo del matrimonio y, al parecer, bastante adicto al sexo (pero no al amor).



         Para el libro colectivo que preparaba Zola, “Las veladas de Médan”, publicó un pequeño cuento “Bola de sebo”, (que en este librito que os presento no viene, por cierto), que lo va a catapultar al estrellato literario.  Eso sucedió en 1880, y desde entonces comenzará a publicar libros de cuentos, de los más variopintos, junto a algunas novelas, obras de teatro, de viajes, artículos periodísticos y algunos libros de poesía. Se hizo bastante rico para la época, compró propiedades, se volvió un misántropo, y se hizo un remero respetado, pero siempre huyó de todo tipo de relaciones sociales, aunque se solía juntar con gente de reputación más bien dudosa. Incluso renunció a La Legión de Honor.

        Sus problemas psicológicos (“Miedos y pánicos heredados”), junto a una continua migraña, le hicieron meterse en el mundo de las drogas (al parecer, sobre todo, cocaína) que aceleraron sus síntomas de demencia, sus problemas nerviosos y que hicieron que intentara suicidarse con un abrecartas, al menos, en una ocasión. Murió, recluido, en un centro psiquiátrico.

         El librito que os presento (“El cordel” y otros cuentos) es un pequeño recopilatorio de este autor tan interesante. Son relatos cortos, directos y sencillos, sin nada de barroquismo, que vienen a reflejar muy bien, por una parte, la realidad de la época que le tocó vivir, y por otro lado la capacidad de Guy para conectar con el lector, a través del guiño, del cuento con moraleja, y más aún con la psicología humana. Más humano que otra cosa. Altamente recomendable.