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sábado, 23 de mayo de 2026

El Choque (Netflix, 2026)

  

        Hacía muchísimo tiempo, que no veía un documental. Y esta semana he tenido la oportunidad de ver uno, que además estaba entre los elementos más vistos de la plataforma Netflix en España, y me he decidido por “El Choque”, un documental que me ha parecido un tanto incómodo, por la temática que aborda, que abarca varios aspectos... 

        No estamos en Estados Unidos, y no sé si es por suerte o por desgracia, pero me da la sensación de que allí tienen problemas más graves que nosotros con los jóvenes. Y no sé cómo algunos se atreven a hacer determinadas cosas en un país donde la Justicia no es tan laxa como en España. 


       Del documental... Me quedo con el tema de la salud mental, tanto de los jóvenes como de los padres (porque hay un par de padres/madres que no los he logrado entender por mucho que he intentado usar la empatía), me quedo también con el tema de las relaciones tóxicas, que acaban siendo destructivas y eso se ve muy bien en este documental... Y me quedo con la manipulación mediática y el circo que suelen montar los gringos con estos casos, me extraña mucho que aún no hayan hecho la película.

       El documental es uno de esos que suelen dar morbo al personal. A mi me espantan. De hecho, me ha hecho sentirme a ratos incómodo. Estos documentales basados en crímenes reales, a veces, llegan a perturbarme porque no puedo creer que haya gente que esté tan loca o tan zumbada. Estás aquí de paso, y los hay que se complican la vida de una manera bastante estúpida. 


        El caso es que el documental reconstruye el caso real, y para mí completamente desconocido, de Mackenzie Shirilla, una adolescente de Ohio condenada por provocar deliberadamente un accidente automovilístico en el que murieron su novio, Dominic Russo, y un amigo de ambos, Davion Flanagan. 

        Lo que me ha parecido interesante es, no ya el tema del accidente y de los desvividos, sino la vida que llevaban estos adolescentes, y sobre todo nuestra protagonista, MacKenzie, que resulta ser el producto de unos padres totalmente permisivos con la nena desde pequeña, consentidores absolutamente de todo lo que hacía: Faltas de respeto, consumo de cosas raras y malas, amenazas... Y, en definitiva, lo que es criar a alguien como carne de cañón para que ocurra lo que ocurrió.


       Y, eso que el padre de la nena es profesor de instituto, que es lo que más me ha llegado a flipar por momentos. El documental no te aclara realmente algunas cosas. Tenemos claro, o al menos esa es la sensación que yo me he llevado, de que esto estaba estudiado o premeditado por la chica, aunque no nos quedan claros los motivos. Tenían una relación tóxica con su pareja, discutían, se decían de todo y volvían...

        Pero, ¿Por qué hacerlo con el colega también en el coche? ¿O fue un acto impulsivo realmente de una niña malcriada que no sabía cuales iban a ser los resultados reales de estrellas un coche a 150 o 160 km por hora contra una pared de ladrillos? ¿Estaba como una cabra verdaderamente la nena, o es una manipuladora de manual? A saber... 


        Me ha gustado bastante como te van presentando los hechos, cómo hablan los amigos de los finiquitados, los policías, los mensajes que se mandaban unos a otros, los vídeos de las redes sociales... Al principio no lo acababa de ver, pero a los diez minutos estaba bastante enganchado al documental, y no pude parar de verlo hasta el final.

        Y, encima, hay tantas cosas que me resultan familiares, salvando las distancias con Estados Unidos, en el tema de adolescentes que hacen gilipolleces todos los fines de semana... Y, ojo, que también he sido adolescente, hace cuarenta años, pero hay cosas que no entenderé nunca, la verdad.


        Aquí cada uno aporta su granito de arena, y tú sacas tus propias conclusiones, pero algo bastante llamativo es que Mackenzie Shirilla participa directamente en el documental, y se la ve bastante entera para ser una tipa que ya se ha tragado algunos años de cárcel, y lo que le queda, porque tiene revisión del caso y posible libertad condicional, si mal no recuerdo, para 2037... Para esa fecha, tendrá 33 tacos y se habrá pasado la mitad de su vida entre rejas. En definitiva: Como os decía, me ha resultado un documental algo incómodo de ver, pero es ideal para visionar con adolescentes... Da para comentar y para debatir con ellos, y sacar conclusiones. De nota le voy a dar un 6. Ya me diréis qué os pareció.

domingo, 18 de enero de 2026

El Imbécil que ganó la Guerra Fría (Harriet Ediciones, 2025) Jean-Yves Le Naour, Cédrick Le Bihan

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           En cuanto vi la portada de este cómic, supe que tenía que leérmelo. Ronald Reagan fue el primer presidente de los Estados Unidos que recuerdo, el actor que hacía de vaquero, el de las Guerras de las Galaxias, el del Rancho californiano, el que era secuestrado en el juego arcade del 88, “Bad Dudes VS Dragon Ninja”, el que le decía a Gorbachov que habría que aliarse contra los extraterrestres, y, en definitiva, “El Imbécil que ganó la Guerra Fría”.

        Con un título tan atractivo, y una portada tan icónica, para mi era imprescindible hacerme con este cómic de tapa dura y 64 páginas, publicado por Harriet Ediciones el pasado septiembre de 2025, y que viene de la mano de Jean-Yves Le Naour en cuanto al guion, autor de los dos cómics “Verdún”, que son muy recomendables y que tenemos comentados por el blog, y a los lápices, Cédrick Le Bihan, artista al que no conocía hasta la fecha.


        “El Imbécil que ganó la Guerra Fría” es un cómic que mezcla sabiamente la biografía ochentera de Reagan, con el contexto histórico (que era de aúpa), a través de un ojo satírico, mordaz, casi humorístico sino fuera porque lo que narra sucedió realmente, y se han quedado cortos…

        Para que podáis comprender el cómic en su totalidad, debéis situaros en el contexto histórico por el que nos movemos: La Guerra Fría dura desde finales de los años cuarenta, los antaño aliados contra el fascismo y el nazismo, son dos Superpotencias nucleares enfrentadas: Estados Unidos y la Unión Soviética.


        Las tensiones han sido continuas en los últimos treinta años, pero más en la última década y media, desde la crisis de los misiles de Cuba del 62, hasta la Guerra de Vietnam y la Invasión soviética de Afganistán, que, a la postre se acabó convirtiendo el particular “Vietnam soviético”, gracias en parte, a la ayuda que recibían los afganos por parte de los gringos.

En este escenario, Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos desde 1981 hasta 1989, aparece con todos sus defectos, convirtiéndose en una figura polarizadora dentro de la política exterior mundial.

Ex actor de Hollywood, narrador de chistes (algunos sin mucho gusto), orador y defensor de políticas económicas conservadoras, Reagan logró de rebote, y quizás un tanto casualmente, el final de la Guerra Fría.


Sus políticas de defensa agresivas con el Proyecto Defensivo de la Guerra de las Galaxias, su discurso anticomunista y su relación con Mijaíl Gorbachov lo convirtieron en un símbolo de la victoria occidental, vencedora frente a las políticas comunistas, que se iban irremediablemente al garete en todos los planos: Social, económico, político (con liderazgos de viejunos, uno tras otro…)

        En el cómic, ya desde el principio nos encontramos con un Reagan ranchero, que le costaba memorizar discursos, chistoso, poco serio y relajado. Un tipo que le caía muy bien al americano medio, pero que se perdía en la realidad geopolítica que le tocó vivir, y que muchas veces resolvía los temas, incluso los más espinosos, con la naturalidad que podría tener un yanqui nacido en un pueblo recóndito. Directo, seguro de sí mismo, comunicativo, y poco complicado… No sabemos si fue realmente un imbécil con muchísima suerte, o un estratega que logró disfrazar de vaquero al mismísimo Gorbachov en unos Estados Unidos que vivieron bajo su Presidencia una etapa de bienestar para el americano medio, aunque también de tensión.


        Desde luego, una vez leído el cómic, llegas a la conclusión de que todo estuvo en manos de un tipo que rozaba la idiotez en muchos sentidos, pero que supo jugar muy bien sus cartas contra un Bloque Soviético que se derrumbaba.

        No es un cómic que caiga en la simple parodia, en la comedia… Tiene momentos surrealistas, pero también viñetas en las que se masca la tensión de los acontecimientos y lo que se jugaban, no solamente Estado Unidos y la URSS, sino seguramente todo el planeta con miles de cabezas nucleares preparadas para salir volando ante cualquier situación no resuelta.


        Es un cómic que a mi me ha dejado finalmente con muchas preguntas, me ha resuelto otras, y al que yo hubiera añadido un dossier histórico, pero que sin duda es rabiosamente didáctico, muy recomendable, y hay que felicitar, y a agradecer, a Harriet Ediciones la publicación de “El Imbécil que ganó la Guerra Fría”. Imprescindible para los aficionados a la Historia, pocas veces tenemos el placer de disfrutar de un cómic dedicado a la Guerra Fría. 

domingo, 31 de agosto de 2025

Richard Halsey Best (Cartem Cómics, 2025) Antonio Gil


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         Quizás el nombre de Richard Halsey Best no te diga nada así de entrada, pero fue uno de los pilotos estadounidenses más destacados de la Segunda Guerra Mundial, en el escenario del Pacífico, y si eres aficionado al cómic bélico, como es mi caso, este cómic no te puede faltar entre tus lecturas y en tu estantería.

        Dentro de la Colección “Historia de la Guerra” de Cartem Cómics, “Richard Halsey Best” es (creo) el quinto tomo de la colección, y el segundo que viene de la mano de nuestro amigo Antonio Gil, un artista como la copa de un pino al que le hemos dedicado muchas reseñas tanto por el blog como por el Canal de Youtube, y las que nos queda, porque leer un cómic de Antonio Gil es disfrutar desde la primera hasta la última página, y no solo porque tengas garantizado un dibujo formidable, currado y trabajado hasta el más mínimo detalle, sino porque encima vienen con una documentación histórica que quita el hipo.

        Antonio Gil es un apasionado de la Historia, y eso se nota en su trabajo, y en la manera de enfocar la temática, y “Richard Halsey Best” cumple rigurosamente con todos los requisitos para ser una joyita a tener muy en cuenta…

 

        Publicado por Cartem Cómics este verano de 2025, es cómic es un tapa dura de 56 páginas a todo color, que incluye como extra final un dosier, con fotografías incluidas, por parte del Historiador Carlos Lázaro Ávila que es para quitarse el sombrero (en mi caso, la boina).

        ¿Qué te vas a encontrar en este cómic bélico para que yo te lo recomiende con tanta insistencia? La historial real, pero desconocida para la mayoría del personal, del piloto estadounidense Richard Halsey Best, que tras el sorpresivo bombardeo de Pearl Harbor (o quizás no tanto, ya que hoy sabemos que los altos mandos militares estadounidenses se esperaban un ataque inminente para principios de ese mes de diciembre), en el llamado Día de la Infamia (7 de diciembre de 1941), tendrá un papel destacado en varias misiones, pero sobre todo en la Batalla de Midway (4-7 de junio de 1942) donde su participación se saldó con el hundimiento de un portaviones japonés, el Akagi, además de dañar seriamente otros barcos, participar en ataques y en las sucesivas incursiones contra puntos estratégicos japoneses y atolones, sin llegar a ser derribado en toda su trayectoria, siendo un as en el bombardeo en picado.


        El cómic se estructura desde el punto de vista narrativo estupendamente, porque comienza con el ataque japonés a Pearl Harbor, en vez de irse a los comienzos de la vida del protagonista, que, en mi opinión, hubiese sido un error, y pronto lo vemos a bordo de USS Enterprise y en la Batalla de Midway, con una secuencia de viñetas espectacular, que recuerda a cualquier clásico cinematográfico de la Segunda Guerra Mundial, destacando, como os comentaba anteriormente, el realismo de los aviones, de las batallas, las ráfagas y bombardeos, las explosiones… Y aquí es donde ves claramente las tablas de Antonio Gil, un dibujo impresionante rematado por un gran uso del color. El Pacífico es sol, es arena y es mar, y el cómic recoge perfectamente ese color que nos transporta al escenario bélico que fue el Pacífico. A mi no me caben dudas al respecto. Riguroso como él mismo.

        No solo vas a ver al Richard Halsey Best que tiraba bombas en picado. Vas a ver igualmente al hombre casado que se preocupaba por su mujer, al compañero de escuadrón con pericia y tino, pero también al piloto aventajado que formaba equipo y consciente de su papel en el conflicto.


        En definitiva: Cómics como “Richard Halsey Best”, o cualquiera de los que te presenta la colección “Historias de la Guerra” de Cartem Cómics, te dan la oportunidad de conocer historias reales, pero poco conocidas de diversos conflictos. En esta ocasión nos ha tocado conocer a un piloto que tuvo que retirarse tempranamente de la guerra, ya que, cuando regresó al USS Enterprise, comenzó a toser sangre. Según nos explica el dosier histórico del propio cómic: “Durante el vuelo matutino había inhalado oxígeno de un tanque averiado en el que el gas se había mezclado con hidróxido de sodio (sosa caustica), lo que le provocó profundas quemaduras en su sistema respiratorio”, siendo baja de la US Navy en 1944 como Capitán de Corbeta.

        Richard Halsey Best falleció en 2001 a los 91 años, y está enterrado en el Cementero Nacional de Arlington. Y, la verdad, es que este cómic es un homenaje fantástico a su memoria, y no me queda más que recomendarlo, fehacientemente, porque sé que lo vais a disfrutar y mucho, como todo lo que firma Antonio Gil. Su precio: 20,85 euros.

jueves, 31 de julio de 2025

Wild Bill Hickok (Norma, 2024)

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       “Wild Bill Hickok” es el segundo cómic que os traigo de la colección, “La Verdadera Historia del Far West”, publicado por Norma en 2024, y que, de momento, y hasta donde yo sé, está compuesto por cuatro tomos, independientes y autoconclusivos.

        En teoría, creo que este es el primer tomo de la colección, aunque no están numerados. En una reseña anterior, ya os hablé de “Little Big Horn”, al que le tenía muchísimas ganas, protagonizado por el mítico General Custer.


        Este cómic, al igual que el anterior, se presenta como un cómic de tapa dura, 56 páginas a todo color, y que viene de la mano de Dobbs en cuanto al guion, un tipo que ha adaptado cómics requetebuenos, y que hemos comentado alguna vez por el blog, como “El Álamo”, o los dedicados a H.G. Wells como “la Máquina del Tiempo”, “La Isla del Dr. Moreau”, “El Hombre Invisible” o “La Guerra de los Mundos” (este último junto a Vicente Cifuentes), el italiano Ennio Bufi a los lápices, y el especialista en la Historia del Lejano Oeste y de los Estados Unidos del S.XIX, Farid Ameur, que presenta un didáctico dossier histórico al final del tomo.

        Aunque es una auténtica leyenda para los que somos aficionados a la Historia del Lejano Oeste, curiosamente, hay poca filmografía de un tipo interesante, y a la par problemático y contradictorio, como fue James Butler, “El Salvaje Bill”.


        El cómic resume mucho, muchísimo, la vida del protagonista, daros cuenta de que hablamos de 56 páginas, y los autores han optado por mostrarnos los hitos más importantes de Will Bill en una narrativa que da continuos botes entre el pasado y el presente, en flashbacks, y nos muestra ya a un viejo pistolero, sheriff, jugador y explorador, un tanto cansado de la intensidad de la vida que ha elegido vivir. No vamos a ver al joven Bill. Así que olvidaros de una cronología lineal clásica, porque no lo vas a ver, sino algo mucho más cosido por hechos y consecuencias a través de recuerdos, en una frontera difusa entre el mito, la leyenda, y la realidad, a través de un dibujo fantástico, de un autor que no conocía como Ennio Bufi, que creo que ha sabido captar perfectamente la esencia del personaje de principio a fin, y que juega muy bien con las viñetas, algunas de ellas con un estilo muy cinematográfico.

        Nuestro Bill nació en 1837 en una granja de Illinois, concretamente en un pueblucho llamado Homer, que hoy se conoce como Troy Grove, y que sigue siendo un lugar bastante inhóspito hasta donde sé, con un municipio de apenas mil habitantes y bastante rural aún.


        Hijo de un abolicionista, creyente y temeroso de Dios, y con cinco hermanos y hermanas de los que pronto se desentiende. El joven Bill pasaba bastante de la escuela, y solo aprendió lo básico antes de salir en busca de aventuras, peleas y broncas, borracheras y conquistas amorosas. Ligón, al parecer, era un rato.

        Antes de los 18, ya estaba claro que no iba a trabajar en la granja familiar, trabajo que despreciaba. Era hábil con el gatillo, muy bueno jugando al póquer y montando a caballo. Y su habilidad para meterse en jaleo pronto hará que ponga pies en polvorosa, dirección a Kansas, después de una disputa por una partida de cartas, que él creía que había acabado con su oponente fallecido.

        Una vez en Kansas, trabajando como conductor de diligencias y enfrentándose a esclavistas, indios y todo lo que se mueva,comenzando a ser temido y admirado a la par.

        Aquí conoce al futuro Buffalo Bill, William F. Cody, que era nueve años menor que él, y durante este trabajo, es atacado por un oso, que es por donde comienza nuestro cómic. Se carga al oso a cuchilladas, pero el oso lo dejó gravemente herido.


Pronto comienzan a escribirse artículos sobre su habilidad con el revolver, sus hazañas, muchas de ellas exageradas e inventadas, y publicadas en novelas de bolsillo, teniendo su primer hito en el duelo de Rock Creek de 1861, donde acabó con varios hombres a tiros, el terrateniente David McCanles y dos de sus hombres concretamente, unos dicen que por un pago no realizado (en otras versiones líos con mujeres), alegando defensa propia. Los testigos así lo afirman. Y el Jurado Popular lo declara inocente de todos los cargos, haciendo las delicias de la prensa que lo perseguía y veía en él a un auténtico filón de vender periódicos.

Aquí ya todos los tabloides del momento ya lo conocen como “Wild Bill”, el tipo que derrota a ejércitos enteros de hombres armado solo con sus dos colts que lleva del revés, con la empuñadura hacia adelante.


        Ese mismo año, que comienza la Guerra de Secesión Americana, por los valores dados por su padre, abolicionista convencido, se enrola en el ejército yanqui, donde destaca como explorador, con alguna hazaña a destacar como espía e infiltrado en líneas enemigas, que lo llevará a final de la guerra a ser contratado como alguacil, como marshal en algunas ciudades de Kansas, donde lo mismo se ponía serio y profesional como la Ley que representaba, que se metía en líos, borracheras, partidas de póker y tiros.

        De hecho, en el cómic, vamos a ver el duelo que mantiene con un tipo llamado Davis Tutt, por un reloj que aseguraba que era de su madre y que había perdido en el juego, y que acabó en un nuevo juicio y una nueva absolución al alegar defensa propia.

        Enrolado nuevamente en el ejército como explorador, conocerá al General Sherman y al malogrado Custer, se sigue metiendo en disputas (mata a tres tramperos borrachos en Nebraska), y consigue huir de una emboscada cheyene salvando a su asediado destacamento al lograr traspasar las filas indias con un lanzazo en un muslo.

 

        Entre 1870-71, mito viviente, vuelve a hacer labores de sheriff, aunque va dejando un reguero de muertos por donde pasa y llega a matar, por error, a su ayudante, Mike Williams. Este hecho le marcará, deja el trabajo y vaga nuevamente metiéndose en jaleos (peleas, mujeres, alcohol), hasta que en agosto del 72 participa en un show en las cataratas del Niágara, y en 1873 participa en una gira teatral con Buffalo Bill y Texas Jack de ocho meses por los Estados del Este.

        Mal actor, metido en peleas, se sale del espectáculo y vuelve hacía el Oeste. En 1876 se casa con una actriz de circo, llegando a Deadwood, ciudad minera en la Colinas Negras, en Dakota, ciudad sin ley a la que llega en compañía de la también célebre Juanita Calamidad. Sigue con las peleas, borracheras y en la tarde del 2 de agosto, jugando al póker, sentado de espaldas a la entrada principal del Saloon Nº10, algo que nunca había hecho hasta entonces, un tipo llamado Jack McCall se le acerca por detrás y lo mata de un disparo a bocajarro en la nuca. Wild Bill cae fulminado, y muestra sus cartas: Pareja de ases, pareja de ochos, y un nueve: la conocida como “Mano del Muerto”.


        La verdad es que, a pesar de haberme parecido un cómic muy corto, muy resumido, lo he disfrutado muchísimo. Es uno de esos cómics didácticos que me han contado cosas que sabía, que no sabía, que he buscado en internet después de haberlo leído para querer saber más, y con un magnífico final en forma de dossier con fotografías, grabados y láminas de la época que compensa bastante la escasez de un cómic que podría haber tenido perfectamente el doble de páginas sobre este gran icono del “Far West”, como fue “Will Bill”.

        Aun así, como el de “Little Big Horn”, creo que es de lo más recomendable, un tesoro didáctico a tener en cuenta, y mucho más si te gustan las viejas Historias del Oeste como es mi caso. Su precio, por cierto, ronda los 19 euros.