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Mostrando entradas con la etiqueta Sebastian Stan. Mostrar todas las entradas
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martes, 8 de julio de 2025

Thunderbolts* (2025)

 

       Llego a “Thunderbolts” (con asterisco), con algunos meses de retraso, y deliberadamente, porque la verdad es que no hice mucho, o más bien nada, por ir a verla al cine.

        Y es que, desde hace unos años, mi interés por las películas y series de Marvel ha ido decreciendo, y eso, añadido a los precios de la entrada del cine, me han llevado a preferir otros títulos para ver en pantalla grandes y esperar a que salgan en streaming estos títulos para verlos tranquilamente en casa… No vaya a ser que lo vea en el cine, no me convenza y esté enfadado por tres días.


        ¿Por donde empezar a comentar? La película me ha parecido una película de transición, o de punto final, con respecto a los personajes, para prepararlos para la nueva fase que se viene en el Universo Marvel: Los 4 Fantásticos, El Doctor Doom, Los X-Men y todos mezclados y revueltos en un proyecto titánico que miedo me da, pero que habrá que verlo seguramente.

        Como buen boomer gruñón y cascarrabias, soy de los que dicen: Estos no son los Thunderbolts, el cómic no era así… Pero, ojo, eso no es óbice para ver una película entretenida… O así me lo ha parecido.

        Porque no hay que negarle su entretenimiento, aunque me he quedado con algunas sensaciones agridulces en sus casi dos horas de metraje.


        Pero vayamos por partes… “Thunderbolts” viene con un asterisco, que viene a significar que realmente no sería su nombre, el nombre adoptado por el grupo, sino el de “Los Nuevos Vengadores”, algo que vamos a ver en la parte final de la película. Sería la película que cerraría la Fase 5 del Universo Marvel, una transición que vamos a ver y comprobar en la última escena post-créditos de la película, donde conectaría directamente con “Los 4 Fantásticos”.

        Si los Vengadores eran héroes, a pesar de tener gente con dudosa reputación como Ojo de Halcón y La Viuda Negra, aquí directamente tenemos a los anti-héroes por excelencia, antiguos villanos, que arrastran traumas del pasado y que buscan una redención que llegará con la aparición de un nuevo villano que les viene grande, “El Vigía”, al que van a derrotar con mucha psicología en una última media hora de metraje que es donde realmente comienza la película, o esa es la sensación que me ha dado.


        La archicorrupta y malévola Valentina Allegra de Fontaine ha usado a Yelena Belova, U.S. Agente, Taskmaster y Fantasma, para operaciones encubiertas.

        Investigada muy de cerca por Bucky Barnes, ahora metido en el Congreso estadounidense, decide eliminar pruebas que la involucren en un futuro próximo y que puedan llevarla a la cárcel. Para ello, reúne las pruebas, que contienen además a una prueba humana viviente, un tipo en pijama llamado Bob, en un complejo donde envía a estos asesinos a eliminarse entre ellos, aunque descubren que han sido manipulados al enfrentarlos a unos con otros.

        En el enfrentamiento inicial que mantienen, Fantasma elimina a Taskmaster, algo que me ha dejado completamente descuadrado, porque el personaje que interpreta Olga Kurylenko siempre me ha parecido que podría dar mucho juego. Y no solo le dan un tiro en toda la frente, sino que además la incineran con el resto de las pruebas que inculpaban a Valentina.

        Bob, que aparentemente es un civil con muchas incógnitas mentales por resolver, parece conectar con Yelena desde el principio.


        Una vez en el exterior, y condenados a trabajar en equipo, Bob se sacrifica por salvarlos, revelándose que tiene ciertos poderes mentales y capacidad de volar, pero acaba siendo capturado por el equipo militar de Valentina, que lo torturará tiñéndolo de rubio, comprándole un traje amarillo, y haciendo que sea una versión más de “El Patriota” de “The Boys”, pero mucho más edulcorado, menos complejo y no siendo tan interesante como “El Vigía” de los cómics. Al equipo se une Bucky que en un principio los había detenido, y El Guardián Rojo.

        Con la versión oscura de “El Vigía” desatada, el grupo se ve incapaz de hacerle frente a un tipo que podría merendarse a todos Los Vengadores y que manda a una realidad paralela a tocarte los mocos, mientras que en este plano solo deja tu sombra. Así, los anti-héroes deberán ir a esta realidad creada por El Vigía Oscuro, y convencer a Bob, que está por allí jugando con muñecos y cubos Rubiks, para que se enfrente y venza a su versión oscura y todo vuelva a la normalidad, algo que ocurre en los últimos 30 minutos de película, llevándose el grupo el título de “Los Nuevos Vengadores”, algo que no gustará a todos.


        La primer escena post-créditos es un anuncio de cereales, pero la segunda es muy interesante, pues muestra 14 meses después que el equipo no es aceptado por el conjunto global de la sociedad, con Sam Wilson, en Nuevo Capi, a la cabeza, y la llegada de los 4 Fantásticos.

        En definitiva: Con un coste de 300 millones de dólares entre unas cosas y otras y una recaudación de 382 millones, “Thunderbolts” tiene un enfoque más realista que otras producciones de Marvel, curiosamente gracias al enfoque de anti-héroes que la hace más humana que tipos que se transforman o dioses con martillos, es un producto entretenido que actúa como puente, nexo o transición (como os decía) a lo que se viene. Personalmente, me ha gustado, pero no para tirar cohetes. Se echan mucha gente de menos en ese equipo. Le doy un 6 de nota.

lunes, 9 de junio de 2025

A different man (2024)

 

       Me ha sido muy fácil enganchar a “A different man”, película estadounidense de 2024 del llamado cine indie, o independiente, desde el primer minuto, porque su primera media hora, sus primeros cuarenta minutos me han parecido muy interesantes en su planteamiento, y porque he visto muchas cosas que me han recordado al Woody Allen de hace cuarenta años: Los planos, el jazz, los diálogos, la trama, las localizaciones…

Aunque también tiene una mezcla de otras vainas, como “La Bella y la Bestia”, en el tema del físico, del amor interior o verdadero por encima de todo y rollos parecidos, también hay ligeras pinceladas, algo de Lynch, algo de Cronenberg… No sé, una mezcla de todo un poco en una Nueva York con una estética setentera, que se apoya mucho en planos sucios, en los 16 mm de su película, cientos de primeros planos de Sebastian Stan, silencios, ausencias reflexivas y una historia que después de ese primer tercio, se comienza a desinflar, se lía sobre sí misma, y que me ha llegado a parecer al final un tanto caótica, con un final demasiado increíble para ser creíble…

 

La producción nunca ha reconocido el presupuesto de la película, pero en varios mentideros he leído que costó entre 5-10 millones de dólares siendo rodada prácticamente en un mes y medio, de los cuáles, tres semanas fueron dedicadas prácticamente a las localizaciones exteriores, que, como os comento, junto a la estética, esas camisas a cuadros, esos diálogos, me han parecido muy “woodylianas”.

La recaudación habría sido de un millón y medio de dólares, pero eso en teoría daría un poco igual, ya que la película ha cosechado un saco de nominaciones y premios donde Sebastian Stan salió bastante bien parado (el Oso de Plata en Berlín y el Globo de Oro en los Estados Unidos), algo que es cierto que nunca va a conseguir en Marvel, dinero si, premios cinematográficos, más bien pocos. Es el curioso mundo del cine.

Pero, ¿De qué va “A different man”? Pues hablar de su trama, de la sinopsis, me va a resultar difícil, porque me ha parecido bastante liosa en este aspecto, aunque no original, ojo… Intentaré explicaros lo mejor posible.


Nueva York. Edward Lemuel (Sebastian Stan) es un hombre de mediana edad con una gran deformidad en la cara. Ese hecho, su aspecto, lo ha convertido en un hombre tímido, temeroso, solitario, que vive en unos apartamentos rodeado igualmente de gente con problemas de soledad, de hecho, uno de ellos llega a quitarse de en medio con ayuda de una soga. Vive de hacer anuncios poco conocidos, como actor un tanto mediocre.

La gente le mira mal, le pregunta, le huye, es un auténtico desgraciado en una sociedad como la nuestra en donde prima tanto la estética, el físico… Y aguanta a diario en el Metro todo tipo de miradas, risas y susurros que lo atormentan.

Un día llega a su piso de apartamentos una chica joven, dramaturga, Ingrid, que enseguida entabla una conexión con él, no sabemos si por humanidad, verdadero interés o simplemente curiosidad. Él le habla y le enseña sus trabajos, le regala una máquina de escribir italiana, y ella quiere hacer una obra de teatro basada en él, una producción independiente, y parece que comienzan a ser complementarios, por lo menos, en el plano laboral.


Llegado un momento, unos médicos medio locos, le proponen un tratamiento experimental para cambiarle la cara, algo a lo que accede, y al mes, renace una nueva cara libre de deformidades. Ahora es atractivo, atrae a mujeres y siente por primera vez el trato correcto de la sociedad hacia él por su físico.

Decide matar, enterrar al viejo Edward y renacer como una persona nueva, Guy Moratz. Se mete a agente inmobiliario y cambia su círculo social, pero la nueva cara no acaba con los problemas e inquietudes que venía arrastrando de cuando era Edward. Se sigue sintiendo solo, no llena sus vacíos interiores, tiene ansiedad, y ve como Ingrid y el grupo teatral sigue con la representación de la obra inspirada en Edward, llegando él mismo a audicionar con una máscara de su antiguo “Yo” para conseguir el papel… Algo que me ha recordado a la anécdota, o leyenda, de Chaplin, que se presentó con un nombre falso a un concurso de imitadores de Charlot, y quedó en el puesto 27, uno de los últimos… Pues aquí, algo parecido.


A partir de aquí, la película cae bastante en picado, y de hecho, no puedo dejar pasar lo que siempre digo: Con veinte minutos menos de la segunda mitad del metraje, ganaría por goleada en ritmo.

Para más inri, aparece un personaje que tiene la misma enfermedad, la misma deformidad facial que tenía él, Oswald, un tipo que fascina a todo el mundo por ser hablador, extrovertido, fantástico, y que no solo se lleva el papel en la obra de teatro sin ser actor, sino que también se lleva a la chica, Ingrid, con la que llega a tener hijos según nos cuentan en el cierre de la película: Ricos, viajeros, triunfadores, algo drogatas y nudistas… Una paradoja que no me creo, lo siento, más allá de los cuentos de hadas.


En definitiva: Va de más a menos, pero al menos en su mensaje es honesta, brutalmente honesta. No busca la compasión del diferente, como puedes ver en otras películas por el estilo. Es una película que me hubiera encantado hace 40 años, pero ahora ya no me sorprende. Bebe de demasiadas fuentes. De nota le doy un 6, y ya me diréis.