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viernes, 8 de mayo de 2026

Llaman a la Puerta (2023)

 

         Estrenada en 2023, y dirigida por M. Night Shyamalan, la película terror, o de suspense psicológico más bien, “Llaman a la Puerta”, costó en su día 20 millones de euros, y recaudó cerca de 55 millones.

        Es verdad que en su día no la vi, y en todos estos años no he hecho absolutamente nada por verla, pero aprovechando que me ha salido en la plataforma Netflix, me he tragado su hora y veinte minutos de metraje, hace una semanita, y ahora viene algo que viene siendo habitual en mi (hacer reseñas con varios días o semanas de retraso).


        De entrada, os tengo que confesar que la película me ha parecido interesante, sin llegar tampoco a tirar cohetes en la plaza del pueblo. La presencia de Dave Batista, “La Bomba Batista”, haciendo un papel que no me hubiera imaginado en él, la de un dulce maestro de escuela ha sido lo que más me ha entrado por el ojo prácticamente desde el principio, y que la película se haya rodado también sobre casi un único escenario, quitando algunos flashbacks que nos vamos a encontrar, a modo de explicaciones entre escenas, también me ha llamado la atención por ese toque casi teatral de la historia…

        En la narrativa, tenemos a una familia compuesta por dos hombres, Eric y Andrew, y su hija adoptiva de origen asiático, Wen. Los tres están en una cabaña en mitad de un bosque, la típica cabaña enorme, con casita del árbol incluida, una biblioteca increíble, y por lo que se ve… Bastante acogedora.


        Wen está capturando una serie de bichos a pocos metros de la casa, cuando llega la Bomba Batista a darle una dulce matraca a la nena durante un rato. La nena, asustada, les cuenta a sus padres su encuentro con La Bomba Batista. Estos, mientras dudan si creer o no creer a la nena, se encuentran que llaman a la puerta de la cabaña.

        La Bomba Batista, aquí llamado Leonard, no viene solo, viene acompañado de dos mujeres, y otro hombre. Él les habla con educación, y pide entrar dentro de la cabaña, algo a lo que no acceden los ocupantes de la cabaña.

        Finalmente, los visitantes entran y reducen a la pareja, los amordazan, y les cuentan que viene el apocalipsis, que lo han visto en unas visiones, y que el mundo solo se salvará si uno de los dos: Eric o Andrew, muere.

 

        Así las cosas, la pareja está convencida de que los cuatro visitantes están locos de remate. Les intentan convencer con pruebas televisivas de diferentes hechos y catástrofes: Pandemias, terremotos y tsunamis, aviones que se caen, trenes que no andan como en Extremadura, cosas así…

        Y cada cierto tiempo, cada vez que la pareja no elige quién morirá, uno de los visitantes se suicida, y el resto ayuda a rematarlo. Esto va a ir sucediendo hasta que solo quedé la Bomba Batista Leonard, la pareja y la nena.

        En todo el proceso, Eric se ha ido convenciendo de que la profecía es real, mientras que Andrew ha permanecido completamente escéptico. Con el apocalipsis recién empezado, y con la Bomba Batista desvivido, Eric muere y solamente Andrew y Wen están para ver como acaba toda esa serie de catástrofes.


        La verdad es que impacta cada vez que uno de los visitantes se desvive, los otros lo rematan y volver a empezar. Los sacrificios y la reflexión filosófica que plantean en la película, la tesitura que exponen, todo me ha parecido interesante, hasta para debatir.

        Entre las curiosidades, os puedo contar que la película se rodó en los bosques de Nueva Jersey, que la película está basada en la novela “La Cabaña del Fin del Mundo” de Paul G. Tremblay, publicado en 2018, y en España en 2021. Aunque, al parecer, el final de la película difiere significativamente del libro, donde la que muere es Wen, y la pareja se enfrenta al supuesto Apocalipsis.


        En definitiva: Película interesante, que juega con los dilemas morales y filosóficos, más emocional y de suspense que de terror en sí. Da que pensar, y como confesaba al principio, me ha parecido interesante, pero sin llegar a ponernos estupendos. De nota le doy un 6.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Una casa llena de dinamita (2025 )

 

       “Una Casa llena de Dinamita” es un thriller político de 2025, enfocado desde diversos puntos de vista, y con tintes apocalípticos, con la fragancia de la Tercera Guerra Mundial en el aire, y que ya os adelanto que no sabemos cómo acaba después de una hora y cuarenta minutos de metraje.

        A mi me ha recordado, salvando las distancias, a la mítica película del 83, “Juegos de Guerra”, donde un Spectrum 128 k (¿O era un Commodore 32?), troleaba a todo un país, a los Estados Unidos, haciéndoles creer que los soviéticos habían soltado todo el arsenal nuclear y resulta que el ordenador en cuestión estaba de broma. Aquí, no vas a tener el placer de saber si es un troleo, quien ataca o por qué, solo vas a ser testigo de lo que ocurre en la cadena de mando desde diversos puntos de vista y como se toma cada escalón que un misil nuclear esté a punto de impactar sobre Chicago después de haber fallado las contramedidas, el misil interceptor, en una película que costó 30 minolles de dólares y una ridícula recaudación de 14 mil dólares en cines, aunque a su favor diremos que solo se estrenó en unas contadas salas, y la millonada habrá venido de Netflix.

 

        Nuestra narrativa arranca con la aparición de un misil de origen desconocido, que puede ser norcoreano o ruso, atravesando el Pacífico, en dirección a los Estados Unidos, en concreto a Chicago.

        Rápidamente, todos los estamentos políticos y militares del país se ponen en alerta, y se enfrentan a una carrera contrarreloj para decidir que hacer, averiguar quién les tira el pepinazo y cuál debería ser la respuesta a que se carguen a diez minolles en personas en un abrir y cerrar de ojos. Y todo transcurre en 18 minutos donde se deben tomar todo tipo de decisiones antes del impacto. ¿Presión? Que va, ninguna, jajajaja.


        Así, vamos a ver como la película se divide en tres partes, cada uno de ellos visto desde una perspectiva: Desde la sala de control o de mandos del Pentágono (que sería el punto de vista de unos militares que se comportan un tanto como niñatos), desde e punto de vista de la propia Casa Blanca, y desde el punto de vista del propio presidente de Estados Unidos, que es el mismísimo Idris Elba, al que no le pilan en Florida leyendo cuentos sobre cabras a nenes de guardería, pero casi casi…

        Estrenada en la Mostra de Venecia el pasado septiembre, “Una Casa llena de Dinamita” me ha parecido una película curiosa, aunque no novedosa, donde más que el impacto del misil, quién lo tira y por qué, resalta por la cantidad de decisiones que se deben tomar en esos 18 minutos que afectarán a minolles de personas, y donde la baraja se mueve entre la ética, el miedo a no saber qué va a pasar, lo apabullante de la situación y todas las cuestiones, muchas de ellas sin resolver, en torno al inicio de una Tercera Guerra Mundial.


Cambiamos de perspectivas ante un mal seguro, que es el pepinazo que se viene, pero la tensión desde luego es la misma, incluso parece crecer según cambiamos de perspectiva, cada cual lleva la procesión de una manera diferente.

Pero también os tengo que reconocer que ver la misma situación repetida, aunque sea desde estos diferentes enfoques, ha llegado a cansarme por momentos, y cuando al final se ha cerrado en negro y no me he enterado si hay o no pepinazo, me he cabreado mucho.

Sé que el objetivo del guionista, la señora directora, es la reflexión, pero esto no se hace…


En fin… Película entretenida para pasar la tarde, bien realizada, bien cosida, con una buena música que acompaña los momentos de tensión y de comerse las uñas. Igualmente, buenas interpretaciones, ahí no tengo nada que objetar, pero aparte de la reflexión ya comentada, no me añade mucho más. Incluso dudo que gran parte del personal reflexionara sobre el tema.

Como dijo alguien alguna vez: No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y con piedras. De nota le voy a dar un 6.

domingo, 21 de septiembre de 2025

Humane (2024)

 

        He llegado a “Humane”, película canadiense de 2024, tras leer brevemente una sinopsis que hablaba sobre un apocalipsis climático y una cena familiar, y me he dicho: ¿Qué puede salir mal?

        Después ya he visto el nombre de Caitlin Cronenberg, y he sentido cierto escalofrío al reconocer el nombre de la hija del mítico director, David Cronenberg, porque he pensado que como a la hija le diera por imitar al padre, la cosa podría dispararse, pero he intentado dejar ese pensamiento de lado a la hora de abordar la película, y más siendo esta la opera prima de nuestra muchacha de cuarenta tacos.

        No sé mucho de inglés, lo tengo bastante olvidado desde hace cuarenta años, pero “Humane” creo que significaba algo así como “Cuidadoso, benévolo o compasivo”, corregidme, por favor, si me equivoco.

        Y eso es, precisamente, algo que no vamos a ver en la película, por lo que el guiño-guiño está garantizado a la hora de abordar una trama de una hora y media de duración, que, en su segunda mitad se me ha hecho un tanto pesada, lenta, y que se convierte poco a poco, casi en una película de terror… O directamente lo es.


        La película se rodó en apenas tres semanas, veinte días, en el castillo de Ravenscliffe en Hamilton (Ontario) (Canadá), que a mi me ha parecido bastante hortera, un pastiche neogótico pero buen escenario para narrar un relato sobre la moral, o la falta de moral más bien, de una familia que vive en un mundo donde el sistema ha colapsado, el medio ambiente ha quebrado, y aquí sobra gente por un tubo para que no se pierda todo.

        ¿Eran los lemmings aquellos bichos, según el mito, que se quitaban de en medio para que la colonia sobreviviera con los pocos recursos existentes? Creo que sí, pues por ahí van los tiros, pero no todos están dispuestos a ser tan generosos y sacrificados por el bien común de la humanidad, ¿O sí?... No, que va, ni por asomo.


        En la narrativa estamos ante un futuro cercano y distópico, o quizás no tanto, en lo de distópico me refiero, no en lo de cercano, en el que los rayos ultravioletas están por las nubes, y el cambio climático, a pesar de que esto no se cuenta realmente bien, ha hecho de las suyas y ha abocado a la humanidad a la desaparición al menos que haya una reducción de población.

        Un periodista jubilado y con mucha pasta, Charles, vive junto a su segunda esposa un retiro tranquilo. Él tiene cuatro hijos adultos, dos chicas y dos chicos, a los que reúne en una cena, a la que también acude su nieta, que no debería estar allí.


        La cena servirá para confesar que él y su esposa han decidido inscribirse en un programa gubernamental para que te quiten de en medio de manera voluntaria para reducir la población ante la catástrofe ambiental que tienen encima.

        A cambio, los hijos recibirán una cantidad millonaria, y cada uno reacciona a su manera ante la noticia. Entonces, se presentan unos señores muy simpáticos del gobierno con unas jeringas que te dejan frito en un plis-plas, y Dawn, la esposa, que es una experta cocinera, huye del lugar.


        Bob, el funcionario a cargo del asunto, y unos guardias armados, informan a los hijos, que se necesitan dos cuerpos, ya que eso es lo que se ha firmado en el contrato por parte de su padre, y al haber escurrido el bulto la esposa, uno de los cuatro, la nieta no cuenta, deberá morir para que el trámite se cumpla. Debe haber dos finiquitados si o si, y entonces empieza la guerra.

A partir de aquí, tenemos un castillo enorme, y cuatro hermanos que rompen sus lazos afectivos para sobrevivir, montándose unas alianzas y traiciones, que ríete tú de “Gran Hermano”, “La Isla de las Tentaciones” y programas por el estilo. Los cuchillos vuelan, la sangre fluye y aquí se trata de poner un muerto encima de la mesa ante nuestro villano malvado, el funcionario Bob, que no deja de ser un simple burócrata.


En definitiva: A pesar de que “Humane” no parece una película cara, no he logrado encontrar su presupuesto por ninguna parte, aunque sé que solo ha recaudado 45 mil dólares a nivel mundial.

Tiene los ingredientes suficientes para demostrar que una historia sencilla puede llegar a despertar tu interés. Hay algo en su cocción que no me ha acabado de convencer del todo. No sé por qué, a ratos, levemente y salvando las distancias, me ha recordado a “Perseguido”, quizás por el premio millonario, y a “Starship Troopers” por el rollo del sacrificio de unos para salvar a otros contra lo inevitable, bichos allí, catástrofe medioambiental aquí.


Los cuatro hermanos demuestran caracteres diferentes entre sí, bastante estereotipados y arquetípicos, cada uno tiene sus motivos para intentar quitarse de encima a uno de los hermanos. Egoístas, fríos, frágiles en algunos casos, culpables todos, y privilegiados miembros de la sociedad que no se han visto afectados por el drama mundial hasta esa misma noche, demuestran el instinto básico por la supervivencia por encima de todo, sin pestañear.

A veces falla en el ritmo, pero su metraje se ajusta bien y se puede ver, aunque sin tirar cohetes. Puede llevarte a la reflexión, pero también al olvido más pronto que tarde. De Nota le doy un 5.

lunes, 27 de enero de 2025

Azrael (2024)

 

         “Azrael” es una película de terror estadounidense, estrenada en 2024, rodada en Estonia y con un presupuesto de doce millones de dólares. Viene de la mano de un director experto en este tipo de filmografías, E.L Katz, y de un guionista que también pertenece al gremio, Simon Barrett, del que tanto por el blog como por el canal hemos hablado, indirectamente, al hacerlo de la película “VHS”, de la cual es uno de sus responsables.

        Interpretada magistralmente por la actriz australiana Samara Weaving, que quizás os suene de películas como “Snake Eyes” (2021) de la saga “GIJOE”, donde hacía de Scarlett, “Azrael” es en realidad… Una película muda. Tal cual, muda, ya que no vas a encontrar ni un solo diálogo en la misma, aunque eso no es óbice para pasar su hora y veinte minutos de metraje donde encontrarás acción, hectolitros de sangre, sectas de zumbados, fanáticos satánicos, terror y un niño-cabra que vino al mundo gracias a la Seguridad Social, en un mundo post-apocalíptico donde la gente no habla por considerarse un pecado mortal, se rinde culto al viento y se realizan sacrificios humanos con todo hijo de vecino… Eso es “Azrael”.


        La verdad es que el principio de la película no nos adelanta mucho. Ha habido un Apocalipsis, o algo parecido, llamado “El Rapto”, tras el cual, los supervivientes decidieron hacerse una traqueotomía casera y se organizaron en cultos raros, donde comparten espacio con unos humanoides antropomórficos llamados “Los Quemados”, que les gusta más un sacrificio humano que a un guiri un tinto de verano.

        Azrael, nuestra Samara Weaving, huye del culto junto a su amor, Kenan, con el que forma una bonita pareja interracial, aunque él tiene menos luces que un callejón de Badajoz (les persiguen y se pone a hacer fogatas en mitad de un bosque, para que se presenten los del Seprona). Capturados por el Culto, su destino es el sacrificio, pero Azrael huye justo cuando se presenta un quemado que acaba comiéndose a un lerendo del Culto y planea una venganza contra todos ellos.

 

        Esta sociedad post-apocalíptica del Culto son muy beatos, y practican una religión deformada del cristianismo, donde adoran a una abertura, un agujero que hay en una pared de una iglesia donde creen que por ahí se comunica la divinidad con ellos. También siente predilección por el Ecce Homo de Borja en su versión Virgen María.

        Llegados a la mitad del metraje la película se vuelve oscura, porque es de noche más que otra cosa, y aparece el único tipo que habla, pero no se le entiende nada: Un cualquiera que va en una camioneta por mitad del bosque, recoge a Azrael, conduce sin mirar la carretera durante minutos y minutos, y se lo cargan de un tiro certero.


        Esta escena es, quizás, la más rara, porque me ha llegado a recordar la película de “El Bosque”, por la posibilidad de que, en realidad, todos sean una pandilla de zumbados perdidos en algún lugar y que hay una sociedad organizada que habla, escucha música y conduce coches en algún lugar no muy lejano. Pero pronto la narrativa huye de este enfoque, y hubiera sido más difícil de explicar muchas cosas.

        Dispuesta a acabar con la líder del Culto, se dirige al Campamento que tienen en mitad del bosque. Azrael descubre que está embarazada, y al dudar es capturada, aunque antes le araña la barriga, algo que posteriormente le va a salvar la vida, ya que es encerrada en una tumba o habitáculo que tiene un pasillo por donde uno de los Quemados llega, la olfatea, huele las uñas y la deja.


        Huida de nuevo de sus captores, Azrael comienza a cargarse el Campamento, matando uno a uno a los miembros del Culto, hasta llegar a la “Final Boss”, que es la embarazada satánica y su lugarteniente, con las que mantiene una lucha épica, y justo cuando las vence, nace el niño-cabra, que ha salido igualito que su padre.

La líder se corta el pescuezo nada más verlo. Nunca vi a una recién parida ponerse en pie con tanta facilidad. La película concluye con los Quemados adorando al niño-cabra, que Azrael sostiene en brazos.


En definitiva: Lo mejor de la película es, sin duda, Samara Weaving, que sin decir ni mu, se come la pantalla. Buena fotografía. La trama tiene acción, terror, aunque se echa en falta más contexto. ¿Nota? Un 5.

sábado, 30 de noviembre de 2024

El Último Recreo (Astiberri, 2017) Horacio Altuna, Carlos Trillo

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       Hablar de Horacio Altuna y de Carlos Trillo es hablar de dos grandes dentro del Mundo del Cómic, argentinos universales, que llevaron el cómic a lo más alto, y que marcaron una etapa brutal, con historias como esta que os traigo hoy, “El Último Recreo”, que aparecida originalmente en 1982, en forma de historias autónomas, independientes, trece en total, en la revista española de cómics de Ciencia Ficción y fantasía, “1984”. Revista, por cierto, que se convirtió en una revista de culto, y que casi cincuenta años después de su aparición, los coleccionistas buscan con ahínco sus números perdidos, y que no estaría mal que fuese recuperada en un integral para nostálgicos, que yo sin duda adquiriría…

        Aquellos trece capítulos, que en un principio, parecían no tener una confluencia entre sí más allá que la de compartir un Universo común, pos-apocalíptico y protagonizado por jóvenes preadolescentes, niños, y algún eunuco loco de atar, venían de la mano de dos autores ya reconocidos no solo en Argentina, si no también en España, y me atrevo a decir (sin tapujos, y sin miedo) que en medio mundo, presentándonos Carlos Trillo una Historia conmovedora, de la que ponen los pelos de escarpia, en la que el Sueño de Peter Pan, se convertía en la pesadilla de “El Señor de las Moscas” de William Golding, teniendo como escenario un Nueva York muy ochentero, que Horacio Altuna a los lápices, supo plasmar perfectamente en este tomo de tapa dura, que nos presenta la Editorial Astiberri en un magnífico integral de 124 páginas, y riguroso blanco y negro, que yo he logrado pillar en su segunda edición, que espero que no sea la última…


       “El Último Recreo” es hijo de su tiempo en gran medida. Los que vivimos los Ochenta recordamos la época de Reagan, la tensión de la Guerra Fría, las películas sobre Terceras Guerras Mundiales en los videoclubs, misiles intercontinentales que apuntaban de aquí para allá, y la gente que huía del paraíso soviético dejándose muchos de ellos la vida en el intento en aquel muro físico, económico y social, que separaba Europa, y gran parte del Mundo, aquel Telón de Acero que bautizara Churchill poco después de concluir la Segunda Guerra Mundial, en dos bloques muy definidos: Capitalista y Comunista… Los países no alienados poco contaban entonces…

        El cómic nos presenta la caída de una bomba. No sabemos quién ha tirado dicha bomba, si el país o medio planeta están en guerra o no. Esos datos no se nos dan por parte de los protagonistas, más allá de que una bomba ha caído y sus efectos lejos de ser la devastación y la destrucción física de las ciudades, las infraestructuras o los edificios gubernamentales o militares, han sido, si cabe, más terroríficos: La desaparición de los adultos, y poco tiempo después la muerte repentina de aquellos jóvenes que comienzan a tener pulsiones o deseos sexuales, al abandonar la niñez y entrar directamente en una adolescencia más madura.


         Este hecho nos presenta una nueva sociedad donde pronto, los más pequeños, los bebés, y los niños que están solos, fallecen ante la soledad y la imposibilidad de sobrevivir en un mundo terriblemente hostil donde se crean bandas, y el robo y la violencia campan a sus anchas.

        Las historias cortas, de apenas unas páginas, pronto se van entrelazando entre sí, y somos testigos de la supervivencia de unos pocos, que conviven con el hambre, los abusos de todo tipo, el miedo y el terror a un mundo o una sociedad completamente nuevo, y a la certeza de que el despertar sexual puede acabar contigo en apenas unos segundos por el efecto secundario y mortífero de la bomba.


       Con un prólogo excelente, de quitarse el sombrero, de Antoni Guiral, que hizo para la Primera Edición del cómic, “El Último Recreo” es uno de esos cómics clásicos, que pronto cumplirá cincuenta años, y que se ha convertido en todo un clásico, en todo un referente del cómic internacional, una auténtica joyita que te recomiendo que leas, y al ser posible, que tengas y que atesores porque en cada lectura, y en cada revisión que le dediques, sacarás nuevas lecturas y puntos de vista, disfrutando del dibujo de un grandísimo Maestro como el de Horacio Altuna, y una historia de película, del maravilloso, siempre presente, Carlos Trillo. Su precio ronda los 16 euros, que no es dinero para lo que vas a disfrutar. ¿Recomendable? No, recomendable no es… Es imprescindible. Lo dejo por aquí.