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domingo, 7 de junio de 2020

Martha y Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra, 2018) Emmanuel Guibert



        Como cierre a la trilogía de la vida de Alan Ingram Cope, me he leído el último tomo que le ha dedicado Emmanuel Guibert a su amigo estadounidense fallecido en 1999. Supongo que Guibert tendrá mucho material grabado, de las numerosas entrevistas que le hizo a Alan en vida, aparte de fotografías, dibujos, poemas y otras cosas, pero también creo (o eso espero), que cierre ya el circulo en torno a su persona. Y no me malinterpretéis, no significa que sus tres obras no me hayan gustado, todo lo contrario, pero me da que el propio Guibert debería cerrar ya página, veinte años después del fallecimiento de su amigo.

        “Martha y Alan” (Salamandra, 2018) es un bonito recuerdo que nos lleva a los años veinte, principios de los treinta. Con un Alan pequeño, un niño, que encuentra en Martha, una compañera del coro presbiteriano de su Iglesia, la compañera de juegos ideal, entre árboles, columpios y juegos infantiles.

        Alan pierde a su madre pronto, y su madrastra le cambia los hábitos, entre ellos visitar a su amiga, que, en su ausencia, sufre la polio que le deja una cojera de por vida. A los dieciocho años, antes de ir al frente, durante la Segunda Guerra Mundial, Alan la busca, pero ella lo tratará con desdén, algo que recordaría setenta años después, vivamente. Alan, retomó la amistad epistolar con su amiga de la infancia, compartiendo recuerdos de un tiempo que ambos comienzan olvidar en su vejez.

        A diferencia de “La infancia de Alan” y “La Guerra de Alan”, donde la viñeta suele ser protagonista, con los claroscuros y el uso de pocos colores, más allá del blanco y negro y los grises, “Martha y Alan” es una poética explosión de color, acompañada de mucha melancolía, añoranza y recuerdos preciosos. Es, sin duda, un buen remate final para la maravillosa historia de Alan Ingram Cope.

La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Salamandra Editorial, 2019) Emmanuel Guibert



        Leer “La infancia de Alan” hace unos pocos meses, me ha llevado a engancharme a esta trilogía del francés Emmanuel Guibert, compuesta por el citado libro, este que os traigo hoy: “La Guerra de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope” (Salamandra Editorial, 2019) y “Martha y Alan”, que cierra la serie, y del que os escribiré una entrada en breve.

        Guibert iba un buen día por la Isla de Re (Francia), cuando se encontró con una pareja de ancianos con los que pronto trabó amistad. Ella era francesa, y él era un estadounidense que había “combatido” en la Segunda Guerra Mundial (no pegó un tiro, e iba de aquí para allá conociendo gente). A Guibert, el señor, llamado Alan, le pareció muy interesante. Tanto, que decidió grabar las conversaciones que mantenía con él, con el fin de sacar un cómic sobre su vida, basándose, igualmente, en una serie de fotografía que el propio Alan le enseñaba.

        Alan Ingram Cope no tuvo una vida interesante, a pesar de que se codeó con gente, que a su vez se codeaba con gente más importante (como Octavio Paz o Henry Miller). Con dieciocho años, es llamado a filas, tras el ataque de Pearl Harbor, sin saber ni siquiera donde estaba situada la Base Naval estadounidense.

        Tras una instrucción de años, donde ejerció hasta como profesor de códigos de radio, es mandado “al frente” francés, en febrero de 1945, con la guerra prácticamente terminada, donde formará parte de un grupo de tanquistas. La Guerra de Alan no fue nada interesante, fue anodina y sin heroicidades, pero tuvo anécdotas dignas de contar.

        Tras la guerra, fue de aquí para allá, sin encontrar su sitio en el mundo, mientras rompía compromisos matrimoniales, se casaba para divorciarse poco después, y trabajaba de lo que le iba saliendo mientras estudiaba alfarería. Cansado de la sociedad, que él define como “fundamentalista cristiana” de su país, decide instalarse definitivamente en Francia, donde se jubilará para dedicarse a su huerto. Alan no llegará a ver su vida en cómic, pues falleció (1999) pocos meses antes de que el cómic saliera a la luz.

        El cómic va variando en estructura según avanza. Seis viñetas uniformes, cuatro horizontales, grandes planos sin fondos, con un blanco y negro riguroso que se rompe en las últimas páginas de la edición, antes de pasar a un conjunto de fotografía antiguas del protagonista. Rezuma melancolía y “oportunidades perdidas” por los cuatro costados. El protagonista estaba convencido de que su vida no había sido interesante y que había perdido muchos trenes, pero al lector no le da esa sensación por mucho que ese sentimiento se repita, sobre todo después de la guerra en su deambular y en su relación con amigos, mujeres y familia.

        Me ha parecido un cómic muy interesante, y creo que la labor es titánica, ya que, una vez leídas las dos primeras partes, me imagino el trabajo para organizar la memoria de Alan, que da algunos botes en el tiempo para explicar mejor unas partes que quedan colgadas, mientras cierra círculos. Su vida, a pesar de ser algo discreta y simple, no me ha parecido aburrida, y mi interés por el cómic ha ido creciendo según leía.

domingo, 1 de marzo de 2020

La infancia de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope (Sin entido, 2012) Emmanuel Guibert



        Hace ya varios años, me leí un cómic que disfruté mucho, “Un viaje entre gitanos”. Era un trabajo realizado entre tres tipos, que mezclaban cómic y fotografías reales. El cómic me pareció muy especial, y la verdad es que, como os digo, lo disfruté mucho.

       Uno de estos tres autores, Emmanuel Guibert, es conocido en el mundo del cómic por “El fotógrafo”, un cómic sobre la Guerra de Afganistán y el papel de Médicos sin Fronteras en aquel conflicto. El nombre me sonaba cuando me encontré con este cómic, de pura casualidad, “La infancia de Alan. Según los recuerdos de Alan Ingram Cope” (Sins entido, 2012). Posteriormente, me puse a buscar, ya que el nombre del tal Alan, a su vez, me sonaba igualmente. Y me encontré con el cómic, que aún no he leído, “La guerra de Alan”, que versa sobre la vida de un excombatiente estadounidense, que narra su experiencia en la guerra, a través de Guibert.

        Decidí, que, antes que leerme “La guerra de Alan”, debía conocer su infancia. Y así ha sido como me he leído los recuerdos de este hombre, en su California natal, mientras cuenta que bello era todo, a pesar de las estrecheces y de la Depresión que siguió al Crack del 29. El cómic es muy sencillo, con viñetas muy resumidas, en un objeto o en un personaje, y su comentario. Es muy interesante leer los orígenes de Alan, las historias del abuelo que llegó a conocer, y que, luchó en la Guerra de Secesión estadounidense, o que luchó años después contra los indios.

        Da pinceladas muy buenas sobre la sociedad californiana de entreguerras, con sus rencillas, sus enormes familias y sus vidas, duras todas. Me ha parecido un cómic interesante. Y, en unas semanas, me leeré “La guerra de Alan”. Ya os contaré.