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martes, 10 de mayo de 2022

Gichi Gichi Kid (EDT, Ediciones Glénat, 2005) Suehiro Maruo.


         “Gichi Gichi Kid” (EDT, Glenat Ediciones, 2005) de Suehiro Maruo (guion y dibujo) podría decirse que fue la carta de presentación (internacionalmente) de este reconocido mangaka japonés, que ya acumula grandes historias y cómics a sus espaldas como “Paraíso”, “La Sonrisa del Vampiro”, “Infierno embotellado” o “La extraña Historia de la Isla Panorama”, por citaros algunas de las más destacables y conocidas.


        En “Gichi Gichi Kid”, publicada originalmente en 1996, y que vendría a ser algo así como “Niño Chirriante”, nos encontramos a un extraño chico de tercero de primaria, que viste a la china (siendo japonés), y que tiene un alto sentido de la justicia, aparte de una gran inexpresividad, que usa para ir resolviendo desaguisados con sus peculiares poderes mágicos, enfrentándose a casos de acoso escolar, mentiras, abusos y hasta secuestros e intentos de sacrificios humanos infantiles.


        La narrativa, sencilla al igual que su dibujo, tiene cierto recordatorio (lejano, pero ahí está) a estereotipos que también vemos en “Doraemon”: La chica dulce que está en peligro, el gigante que anda a la gresca, y una extraña y recurrente magia que recuerda a cierto bolsillo mágico, con la que Gichi resuelve sus asuntos.


         Cómic perturbador en ocasiones (desnudos infantiles, crueldad, lo grotesco del ser humano y la sociedad), con ciertas dosis de humor, que oculta los orígenes del personaje o el porqué de su magia (y las de otros malvados personajes que aparecen), no es una obra para niños, pero si para un lector que más o menos conozca a Maruo, y que reconocerá, igualmente, la influencia de Rampo (como en otras de sus obras), en este “Gichi Gichi Kid”. Sin tirar cohetes, es interesante leerlo, y dejará en el lector un buen saco de dudas sobre lo que acaba de terminar con su última página. Ahí lo dejo.

jueves, 1 de octubre de 2020

Kampfgruppe ZBV. Batallón de Castigo (EDT, 2012) Motofumi Kobayashi

 

        “Kampfgruppe ZBV. Batallón de Castigo” (EDT, 2012) es el tercer cómic que me leo de Motofumi Kobayashi (guion y dibujo), tras “Omega 7” y “Operación Barbarroja”, y por ahora, creo, que es el último, no porque no me haya gustado, sino porque no he encontrado, de momento, nada más editado en castellano de este mangaka japonés.

 

Hay un par de viñetas en el cómic que no están traducidas del inglés. Esta es una de ellas.

        Este es un cómic que ya tiene sus casi treinta años desde que salió en pequeños fascículos en Japón. Primero apareció en una revista de aeromodelismo, y posteriormente, durante ya entrados los noventa, en un par de revistas mangas, siguiendo el mismo formato.

 

        Motofumi no estaba muy de acuerdo con el dibujo, que a él le parecía horrible, aunque a mí me gusta, y para la reedición integral definitiva japonesa de 2003, cambió algunas partes de los dibujos. Igualmente, hubo páginas enteras originales que perdió la editorial y tuvieron que tirar de fotocopias en los últimos capítulos, modificando ostensiblemente el dibujo, justo antes de que la serie se diera por concluida, y Motofumi tuviera que cerrar el círculo antes de tiempo, ya que pensaba seguir con dos de sus personajes hasta el final de la guerra…

 

Infantería cubriendo a los Tiger... Bueno, más bien cooperando, o más bien Tiger sacando de apuros a la infantería

        En “Kampfgruppe” Motofumi parte de un hecho real, la creación de batallones de castigo alemanes (Strafbataillon), desde 1935, en el cual se metía a soldados desertores, criminales, objetores, religiosos y homosexuales, con un entrenamiento básico, armamento anticuado y uniforme de la Werhmacht sin más distinciones que un triángulo rojo identificativo. Dichos batallones eran utilizados como “carne de cañón” en el frente oriental fundamentalmente, siendo el “999” el más famoso, y por donde pasaron miles y miles de hombres bajo vigilancia de otras tropas, normalmente SS, que se encargaban de que no hubiera deserciones en estos grupos (donde, curiosamente, no las solía haber).

 

La gran cagada de Motofumi en el cómic es esta viñeta: ¿Radares en los tanques?

        El cómic se basa en un grupo ficticio, en el que Motofumi se toma muchas licencias, ya que los arma con Tiger y buen armamento (algo imposible), y mucho coraje, para hacer frente a oleadas de tropas soviéticas en misiones suicidas a través de siete episodios llenos de acción a raudales, indisciplina y muchos cañonazos.

 

          En el apartado “malo”, diría que no es el dibujo lo que más chirría de la historia, a pesar de que Motofumi así lo vea, sino una narrativa caótica que se pierde en sus viñetas, confundiendo al lector continuamente, y es que la historia en sí, es difícil de seguir en muchas ocasiones. Aun así, lo he disfrutado, y espero que no pase mucho tiempo antes de que vuelva a caer un cómic de Motofumi Kobayashi en mis manos.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Omega 7 (EDT, 2006) Motofumi Kobayashi

 

        Hace relativamente poco tiempo, me leí “Operación Barbarroja” de Motofumi Kobayashi, descubriendo a un autor de cómics manga bélico que no conocía hasta la fecha. Su lectura me animó a hacerme con más títulos del autor, y esta misma semana me he hecho con “Omega 7” (EDT, 2006), un cómic publicado por Glenat en 2006 originalmente, pero cuya edición japonesa es de 2002.

 

        Motofumi hablaba en el epilogo de que en 1992 estuvo en América Latina, y al regresar, se enteró de que el grupo Sendero Luminoso había ejecutado a unos civiles japoneses, sin que el Gobierno de Japón reaccionara de ninguna manera. Preguntándose qué harían otros gobiernos, como el de Estados Unidos, creó este “Omega 7”, donde un comando japonés, al estilo de los Delta estadounidense, harían operaciones encubiertas de alto riesgo, las denominadas “Black Ops”.

         Los protagonistas no son más de media docena, y a pesar de sus vínculos como comandos, tienen sus propias diferencias, problemas económicos y familiares, siendo realmente Uno cuando están en misiones por diversos países (Camboya, Rusia, Colombia…)

 

         Es un cómic muy ameno, de poco más de doscientas páginas, que se lee prácticamente en un rato, dibujado en blanco y negro y trazos seguros. Tiene la estética de los cómics bélicos de antaño, con pequeñas viñetas llenas de acción, basándose en un tiempo indeterminado, pero que creo que serían los finales de la década de los noventa fundamentalmente. 

         Son aventuras autoconclusivas, y el final es abierto, pero ignoro si Motofumi llegó a sacar más aventuras de este comando. Lo que tengo claro es que intentaré hacerme con más material en español de este autor.

viernes, 21 de agosto de 2020

Operación Barbarroja (EDT, 2012) Motofumi Kobayashi



        “Operación Barbarroja” (EDT, 2012) es el primer cómic que me leo de Motofumi Kobayashi, y os tengo que decir que me ha parecido una auténtica gozada. Para los aficionados a la Segunda Guerra Mundial, es un cómic que os va a encantar por muchos aspectos.

       En primer lugar, porque tiene ese aire clásico de las hazañas bélicas de los setenta, principios de los ochenta, en sus personajes y en su desarrollo. Utiliza la imagen y los silencios magistralmente. En segundo lugar, por la información detallada que da, con pequeñas biografías (de apenas líneas) de personajes relevantes, y acciones a destacar.

        El cómic no llega a las doscientas páginas, y se lee prácticamente en una hora, con un formato un poco mayor que el libro de bolsillo. Además, y esta es la sorpresa que se guarda al final, adjunta mapas, planos, la cadena de mando alemana en el Frente Oriental explicada, la organización de la Wehrmacht en un organigrama que incluye a la intendencia y el Alto Mando (entre 1938-1941), y los vehículos y compañías que conformaban la 7ª División Panzer en 1940.

       Después de leerlo, te quedas con ganas de más. Así que lo más seguro es que me compre algo más de este autor, que explica muy bien, y con un gran dibujo, episodios de la Segunda Guerra Mundial.


         En las páginas finales vais a encontrar muchísima información extra. Entre otras, ocho páginas con lo que era la 7ª División Panzer, a través de la reproducción de todos sus vehículos.

jueves, 20 de junio de 2019

La noche de siempre. Fin de semana (EDT, 2012) Ramón de España, Montesol.

 


        Ramón de España (1956) y Montesol (1952) solo colaboraron dos veces, en su juventud, en la Barcelona de los años Ochenta. Ramón con el guión y Montesol con los lápices, en “La noche de siempre” y “Fin de semana”, que se presenta en un solo volumen (EDT, 2012), con prólogo de Isabel Coixet, y con epilogo del propio Ramón de España, y que originariamente se publicaron en las revistas “Bésame mucho” y “Cairo”.

        El subtítulo del volumen, reza en pequeñas letras blancas mayúsculas: “Los dos clásicos sobre la Barcelona de los 80, por fin en un solo volumen”, y Ramón de España medita, transcendental, con los años, que aquella Barcelona ya no existe… Claro. En estas dos historias se narra, ya se evoca diría, una realidad que ya nos es ajena y distante. La de una sociedad de jóvenes, veinteañeros, que vivió el post-franquismo, la transición, el terrorismo de ETA, del Grapo… El ascenso de los nacionalismos periféricos… Y da igual que el escenario sea Barcelona Madrid o la propia Badajoz (a pesar de ser minúscula y provinciana, me temo) … En mayor o menor medida, estas historias, con alguna que otra diferencia sucedían en las ciudades pobladas de punks, culturetas, borracheras y drogas, pubs y locales, literatos y artistas mediocres, locos y locas, hippies desmadrados y demás fauna que (exageradamente) el primer Almodóvar refleja en sus primeras cintas.

        Umbral escribió mucho sobre ello, y lo vivió. En Madrid le llamaron “La movida”, y aquí tenemos un reflejo en este tomito, a través de la historia de un escritor mediocre que espera escribir su obra maestra, Alfredo, y un profesor desesperado porque a sus alumnos no les interesa la literatura, Eduardo. Es parte de lo que conocimos como “Underground”, y había cientos de fanzines (en blanco y negro, o sepia) y cómics que reflejaban aquella realidad, algunos no llegaban al tercer número, y otros son, a fecha de hoy, cómics y revistas cotizadas por los coleccionistas en los mercadillos de fin de semana (me acuerdo de “El víbora” y “Makoki” a nivel nacional, sin pensar mucho).

        Todo es ir de un lugar a otro, beber, conocer gente, vomitar, drogarse, intentar trincar (follar, vamos) y vivir como se ya estuvieras de vuelta de todo, con Barcelona y sus habitantes de fondo. Si lo viviste, reconocerás muchas cosas, historias y situaciones, personajes, en la lectura de este cómic, y si por el contrario eres demasiado joven, creo que bostezarás… Y no te culparé por ello.

jueves, 28 de marzo de 2019

Apocalipsis (EDT, 2012)



         Pocas veces tengo la oportunidad de leer cosas tan interesantes como “Apocalipsis” (EDT, 2012). Interesante por la temática: El Apocalipsis según San Juan, e interesante por la concepción (en la Salita del Cómic de Extremadura, en Cáceres, durante unas cañas con amigos) y por el trabajo realizado, por varios artistas, que aportan cada uno de ellos, su visión particular a los diferentes pasajes que abordan el último de los libros del Nuevo Testamento.


         En el momento en que se realizó, además, mucho más oportuno: Con el calendario maya reivindicando, por octava vez en el siglo, el fin del mundo, o, al menos de una era.


        “Apocalipsis” es la labor de varios artistas gráficos (algunos de los cuales tengo el placer, y la inmensa suerte, de conocer) como Fidel Martínez (que quizás recordéis por fantásticas obras como “Fuga de la muerte” (2016), o “Cuerda de presas” (2016) por citaros algunas de las obras de las que hemos hablado, y comentado, por el Patio-Lavadero), Borja González Hoyos (“La reina Orquídea”)  o Fermín Solís (“El laberinto de las tortugas”) entre otros…

        Lo he disfrutado mucho este “Apocalipsis”, en riguroso blanco y negro (y la consabida ristra de grises), con sus diferentes estilos y visiones. Me ha encantado, y eso que lo que cuenta es para acojonar, ya que parece estar describiendo, desde el primer momento, el plató de un programa de TeleCinco una tarde cualquiera. Os lo recomiendo, nunca hubo un Fin del Mundo tan ameno.

domingo, 10 de febrero de 2019

La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández (Edt, 2013) Ramón Pereira, Ramón Boldú. Prólogo de Joan Manuel Serrat.



         Cada vez que pienso en Miguel Hernández, me acuerdo de una foto, para mí icónica, que define muy bien la persona que era. Es una foto en la que él está en Castuera, con la mano en alto, en un gesto retorcido, con la boca de un fusil delante y su propia boca abierta. Se le intuye la voz fuerte, desgarradora, recitando poemas a los soldados que le oyen, poco antes de entrar en batalla para luchar por los ideales en los que ellos creían, los ideales de la República. Atrás se intuyen unas encinas, o unos olivares, que parecen mecidos por un ligero viento.


          Encontrarme con este cómic, “La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández” (Edt, 2013), de Ramón Pereira y Ramón Boldú, con prólogo de Joan Manuel Serrat, ha sido un auténtico lujazo para mí, ya que, desde mi etapa estudiantil, siempre he leído poemas de Hernández, y me he interesado mucho por su vida, pero en esta gran biografía en cómic hay datos que desconocía: La actitud despiadada de su padre, las palizas, sus viajes a Madrid, su relación con Maruja Mallo, o la trágica muerte del que iba a ser su suegro…


        Otros detalles los conocía: La animadversión que sentía Lorca por él, o el incidente que tuvo con Alberti (y señora) y que le costaría, a la larga, su propia vida… Y aquellos últimos años preso, viviendo un auténtico infierno carcelario. Murió con apenas 31 años.


           Realizado en blanco y negro, este cómic es una maravilla. Me ha encantado, y ciertamente, lo recomiendo. No dejes de leerlo.