Claro
que lo reconozco. Es así, no lo voy a negar. Si no hubiera sido por el bombo y
platillo que durante un mes nos han estado dando los de Mediaset con la
película de Bayona, yo no hubiera leído “Un monstruo viene a verme”. Hubiera
visto la portada, a la que le hubiera dedicado dos segundos, y me habría dicho:
Literatura para jóvenes. Y me habría ido a la sección de Novelas Gráficas,
Poesía Contemporánea o Narrativa Actual, sin pestañear.
El libro, el único ejemplar, lo trajeron a la
Feria del Libro de mi Instituto. El último día, nadie había pagado los nueve
leuros que costaba. Le eché un vistazo y vi que sus poco más de doscientas páginas
me durarían poco más de una hora y media, y llegados aquí, me dije: ¿Por qué no?
Y bueno, cayó.
La idea original es de Siobhan Dowd, autor del
que no he leído nada, aunque sé que en el mercado tiene seis libros, y el
encargado de la narración, por la temprana desaparición de Dowd es Patrick
Ness, el cual ha hecho un libro muy aceptable. Muy sencillo en su desarrollo
narrativo, casi de guion, sin mayores complicaciones y con pocos personajes. Se
trata de tocar la fibra, y lo consigue con poco, quizás en mi caso (que me he
hartado de llorar) porque toca el tema de las enfermedades terminales y su
funesto final, algo para lo que mi educación occidental no me ha preparado (y
hace que tiemble como una hoja de un tejo mientras me sueno los mocos).
Conor es un chico que se enfrenta a la
enfermedad de su madre, con la esperanza de que ella se cure tarde o temprano,
mientras encaja los golpes de los típicos abusones de colegio, la marcha de un
padre que se fugó con alguien más joven y que tiene una nueva familia y el
rechazo de una abuela con la que no congenia. En mitad de esa vorágine, un
monstruo en forma de tejo, un espíritu de la tierra, milenario, viene a verle
todas las noches. Exactamente a las 00:07, el monstruo viene a contarle una
historia a Conor, como en aquel maravilloso Cuento de Navidad de Charles
Dickens… Tres historias, y una última contada por Conor.
Con
prólogo de Bayona, al principio me pareció estar leyendo una versión reformada
de “¿Quién se ha llevado mi queso?”, pero al final no me ha quedado otra que
quitarme el sombrero. Historia sencilla, sin barroquismos, fácil de leer y para
todos los públicos, casi necesaria en esta sociedad que como decía antes, no te
enseña a enfrentarte a determinadas cosas.
Lo
recomiendo, y ahora veré la película, sin prisas, con más pañuelos de papel,
supongo, porque aún me queda mucho que llorar.

