Mis Redes Sociales

Mis Redes Sociales.
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok  Sígueme en Twitter
Mostrando entradas con la etiqueta Jodie Comer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jodie Comer. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de agosto de 2025

28 años después (2025)

 

        Han pasado 23 años desde que se estrenara “28 días después” y 18 desde “28 semanas después”, y volvemos a una nueva entrega, la tercera, que por lo visto no la última, de esta saga de zombis británicos post-apocalípticos nudistas, de la mano de Danny Boyle a la batuta y Alex Garland a los bolígrafos y la tecla, que en esta ocasión se ha titulado “28 años después”.

        Estrenada el pasado 20 de junio de 2025, la película retoma aquella sociedad británica, que había sufrido un bote de rabia mutante, como el que puede causar una pandilla de cianobacterias del Guadiana, que los ha transformado a todos en zombis, y que ahora nos presentan una isla que es una enorme prisión en cuarentena donde los europeos se salvaron de la crisis, y mantienen bajo vigilancia tanto a zombis como a la gente que se salvó en pequeñas comunidades fortificadas, como la que protagoniza la película, donde todos se conocen, son felices con su nueva sociedad y la bandera inglesa ondea.


        Avanzo que la película es mala, irregular y bastante infumable por momentos, pero me ha entretenido a pesar de que he llegado a bufar más que un gato mojado.

        Algunas cosas me han llamado la atención de “28 años después” y su hora y cincuenta minutos de metraje. Una de ellas es la reivindicación del arco, del tiro con arco como deporte nacional.


A mí me encanta, de hecho, lo he practicado durante más de veinte años, con carnet de la Federación, y mi vista ya no me deja disfrutarlo, pero aún tengo un arco olímpico de hace con 35 años a las espaldas y un long-bow inglés precisamente. Y conozco bien lo que representó el tiro con arco en Inglaterra, y como los ingleses arrasaron con la caballería francesa en la Guerra de los Cien Años, en batallas decisivas como Agincourt o Crecy, gracias a sus arqueros, e hicieron el mismo tanto contra los castellanos en la Batalla de Aljubarrota, donde mis amigos portugueses minimizan el papel del arco largo inglés cuando hablo con ellos.

La importancia del tiro con arco, su práctica, hacerte tus flechas, practicar, acertar, es algo muy presente en el primer tercio de la película, donde se mezclan imágenes de ese ideario inglés alrededor del arco, algo bastante nacionalista si se hiciera en España.


        Después, afortunadamente, estos simbolismos, guiños continuos, van desapareciendo poco a poco, afortunadamente, pero durante ese primer tercio te vienen hasta referencias de los elfos de Tolkien dando flechazos por los espesos bosques de Inglaterra a orcos y trolls, digo, a zombis, casi inevitablemente. Lo tribal, lo pagano, se mezcla con esa esencia inglesa, medieval, antigua, o eso me ha parecido, y el paisaje de Northumberland contribuye a ello.

        ¿De qué va en esta ocasión “28 años después”? La película comienza en 2002, en las Tierras Altas de Escocia, donde unos zombis atacan a la familia del joven Jimmy, acabando con todos, incluso con su padre, un pastor protestante que cree que aquello es el apocalipsis. Antes de caer, el pastor le entrega a Jimmy un crucifijo, y aquí acaba el arco argumental de este personaje, Jimmy, que no vamos a ver hasta los últimos cinco minutos de narrativa.


Como os decía anteriormente, veintiocho años después del brote zombi, Europa continental ha erradicado el virus y las Islas Británicas permanecen en cuarentena indefinida, fragmentadas en pequeñas comunidades que sobreviven alegres, felices, expectantes y sospecho que con un alto grado de incestos, endogamia y poligamia.

Una de estas comunidades habita Lindisfarne, isla unida al continente por un istmo que desaparece con la marea, y que tiene una puerta de entrada continuamente vigilada. Allí viven Jamie (Aaron Taylor-Johnson) un tipo que está liado con la maestra, su esposa Isla (Jodie Comer) que sufre una enfermedad mental degenerativa y su hijo Spike (Alfie Williams), de doce años.

Jamie y Spike cruzan al continente en lo que se presenta como ritual de iniciación. En su salida, al principio todo va bien, hasta que se encuentran con un Alfa, un infectado inteligente muy fuerte físicamente, y con un intelecto a tener en cuenta, que se las hace pasar canutas y que persigue a padre e hijo hasta las mismas puertas de casa. Una vez de vuelta, Spike descubre la infidelidad de su padre y oye hablar de un doctor-milagro que lo cura todo.


Así que apaña a su madre y se escapa con ella en busca de ese doctor, llamado Ian Kelson (Ralph Fiennes) que pueda curar de sus males a su madre.

Por el camino se encuentran con Erik, soldado sueco, el único superviviente de una patrulla que los va a acompañar en su búsqueda del doctor, hasta que pierde la cabeza literalmente cuando lo pilla un zombi alfa…


Aún así, madre e hijo llegan a localizar al Doctor, llevando consigo a un bebé (de una infectada), y el buen doctor, que vive en un Templo de Huesos, le confirma a Isla, la madre, su enfermedad sin cura, por lo que ella decide acabar con su vida antes de que lo haga la enfermedad y que su cráneo decore parte de aquel templo, donde hay varios miles de calaveras, mientras Spike se decide ir a lo Mad Max por la vida…

En los últimos compases de la película, atacado y desbordado por una docena de zombis, recibe la ayuda de una banda de tipos que visten chándales de colores vistosos y horteras, bisnietos de los tipos de la Naranja Mecánica y los Power Rangers, y uno de ellos resulta ser, nuestro pequeño Jimmy. Si “28 días después” se rodó con una Canon XL-1, aquí se han usado iPhones 15 Pro para tal fin, concretamente de 8 a 20 según escenas y tomas, y el resultado es bastante aceptable, todo hay que decirlo.


        En definitiva: Con un presupuesto de 60 millones y una recaudación de 150, la narrativa quiere tocar muchos palos: Los viajes iniciáticos, la vuelta a lo antiguo, la ausencia de tecnologías, la supervivencia, la filosofía del Memento Mori, el amor de un hijo por su madre, y el aislacionismo y un nacionalismo muy subrayado, entre otras cosas, y termina perdiéndose completamente en un despropósito.

        El final de “28 años después” nos abre el paso a una segunda parte, pues en realidad esta es la primera parte de un proyecto de dos, que vendrá en unos pocos meses, bajo el título de “El Templo de los Huesos”, y no sé por qué, pero sospecho que el Malo lleva chándal y una cruz invertida colgada del cuello.

        Sin embargo: Su ritmo irregular, algunos tramos narrativos lentos, el nene me ha llegado a caer pedante la mayor parte del tiempo, y las numerosas subtramas me lastran a ponerle un 5 raspado. He estado a punto de suspenderla, pero me ha entretenido. No es aquella película de hace 23 años, desde luego.

        Da para analizar más concienzudamente, pero creo que la voy a dejar por aquí. ¿De nota? Un 5 raspadete.

domingo, 18 de agosto de 2024

The Bikeriders: La Ley del Asfalto (2023)


 

       Aunque la serie “Hijos de la Anarquía” no fue el primer producto audiovisual en tratar el tema de las bandas de moteros en Estados Unidos, ahí tenéis películas clásicas como “Salvaje” de Marlon Brandon (1953), “Los Ángeles del Infierno sobre Ruedas” donde salía un jovencísimo Jack Nicholson (1967) o “Easy Rider” de Dennis Hopper (1969), por citar algunas… Si es verdad que la serie ha sido una catapulta para que el personal se interese más por este tipo de género, y es que bandas, motos ruidosas y llamativas, peleas y compadreo, hermanamiento entre iguales y borracheras, suelen formar un cóctel que bien removido, entra muy bien por el ojo cinematográfico.

         En esta ocasión, siguiendo la pauta, y basada en hechos reales, concretamente en el fotolibro “The Bikeriders” de Danny Lyon, publicado en 1967, y que creo que está descatalogado hasta donde sé en España, nos llega la película de 2023, “The Bikeriders: La Ley del Asfalto”, que apuntala una vez más, con su propio clavo, el género motero…


       Al parecer, Danny Lyon, estudiante universitario por aquellos tiempos, pasó cinco años de su vida, entre 1963 a 1967 acompañando, entrevistando y fotografiando al Club del Medio Oeste americano, The Outlaws (los “Fuera de la Ley”), que en la película adoptan el nombre de “Los Vándalos”, y que con sede en Chicago se ramificaron rápidamente, pasando de ser un pequeño Club a uno de los más grandes con representación, o Capítulos como lo llaman en la película, en múltiples Estados.

       En la narrativa, seguimos la historia a través de Kathy (una fantástica Jodie Comer). Una chica que inicialmente queda con una amiga en un bar motero, y que, pronto, no solo los conoce a todos, sino que acaba casada con uno de ellos, el joven Benny (Austin Butler), un tipo imprudente, con continuos problemas con la Ley, y metido en todos los caldos habidos y por haber, que parece no tenerle miedo a nada ni a nadie. El personaje, por cierto, a pesar de llevar el peso de principal protagonista se me ha quedado un tanto plano con tanta pose de por medio.

Danny, Mike en la película, entrevista a Kathy y a otros miembros del Club de “Los Vándalos”, pero el hilo conductor de la hora y cincuenta minutos de metraje es ella, y a través de ella vemos la evolución del Club, que comienza siendo de un puñado de amigos liderados por Johnny (Tom Hardy), para transformarse en un monstruo difícil de controlar que amenaza con comérselos a todos.


         Las concentraciones, las anexiones de los nuevos miembros, las desavenencias dentro del Club y la relación que tenían entre ellos, están perfectamente planteadas en una película con un regusto clásico, y un buen ritmo en una narrativa clásica, sin subtramas y lineal (Esto puede ser bueno, y/o malo, según agarres el día).

         Por el contrario, a las ya citadas poses del personaje de Benny, son Jodie Comer y Tom Hardy los que llevan la batuta del elenco, habría que sumarle que la película no te va a contar realmente nada que no hayamos visto ya en el género mil veces, y creo que en eso no engaña a nadie, si realmente sigue las vicisitudes narradas en el libro. Una de las cosas más curiosas que he visto es que los personajes de Benny y Kathy, para estar casados, ni se rozan, y no me ha parecido que hubiera realmente mucha química ahí, o se la llevó el humo de una Harley, vete a saber. En los créditos finales, por cierto, veréis las fotos de los verdaderos protagonistas, que supongo son las que vienen en el libro.

          De nota le pongo un 6, pero tengo que reconocer que es muy posible que la acabe olvidando más pronto que tarde. Esta es la típica película que gustará a fabricantes de cerveza y cigarrillos, y a vendedores de chupas de cuero, pero que no le va a hacer nada de gracia a gente que se está pensando en abandonar su Club, por lo que le pudiera pasar… Echadle un vistazo y ya me decís.