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viernes, 9 de agosto de 2024

La Bestia (2023)

 

       Basada en un texto del estadounidense Henry James, muy conocido en su casa a la hora de comer, y que realizó posiblemente tras echar unas hojas de estramonio seco al té, “La Bestia“ es una película que ciertos críticos profesionales que escucho a las dos y media de la mañana, insomnio mediante, recomendaban hace unos días con vehemencia y solemnidad… Así que me he decidido verla.

       Después de dos horas y veinte minutos de metraje, que dura la coproducción franco-canadiense de 2023, “La Bestia”, me he dicho… ¿Qué carajo he visto?… Me ha subido la tensión ocular, la presbicia, la miopía, el astigmatismo, los niveles de glucosa en sangre y me ha salido un tic en el parpado izquierdo.


        Y es que “La Bestia” es una película que estoy seguro que mi Yo Metafísico de hace 40 años hubiera disfrutado mucho, y hubiera salido del cine ajustándome la bufanda, con los ojos medio cerrados, y diciendo: Claro, claro, es que es filosofía cinematográfica pura, es pura dinamita esta película…

          Pero, Mi Yo Práctico actual dice: Ya no tengo el Cuerpo ni la Mente para estas puestas hasta arriba de estramonio en vena… Va a ser que no, por mucha crítica positiva que tenga de profesionales, nominaciones y pasos por prestigiosos certámenes cinematográficos…


       Comienza la película y vemos al director de la película dándole instrucciones a la actriz principal, Léa Seydoux, con un croma verde invadiendo todo el espacio, algo que también veremos al final de la película.

         Posteriormente, nos vemos en una fiesta en 1910. Gabrielle, pianista, casada, tontea con Louis hablando de viajes pasados en Nápoles, del olor de las nubes y de movidas que al espectador no le parece que tengan mucho sentido, más allá de la seriedad y solemnidad con la que son dichas.

       Entonces nos enteramos que estamos en una fecha incierta de un futuro distópico. Los Polos se han derretido y han convertido París en la Nueva Venecia, pero con más ñorda incluso si cabe en el agua al mezclarse con la del Sena, donde hay gente que asegura haber visto siluros de tres ojos.


       Una malvada, maléfica y diabólica Inteligencia Artificial domina a los Seres Humanos, e intenta que los seres humanos dejen de lado sus emociones, y se conviertan prácticamente en máquinas. El proceso es casi una tortura psicológica, en la que lo mismo te ponen una reposición de “Verano Azul”, que toda la discografía de nuestro admirado Leonardo Dantes para sojuzgarte.

        Pero en el caso de Gabrielle, la vaina irá por visitar tres vidas distintas que su alma ha pasado o vivido. No me ha quedado claro si la reencarnación existe en la película, o todo está en la mente del torturado.


       Las fechas son 1910, 2014 y 2044. En dichas fechas se va viendo con Louis, y ambos se dan la brasa metafísica mutua, con conversaciones que yo solía mantener con un vaso largo de cristal y dos piedras de hielo hace cuarenta años, pero que ahora me parecen una auténtica tomadura de pelo. A Gabrielle de vez en cuando, la Inteligencia Artificial, la mete en un barro negro y le pinchan el oído, cuando no la envía a una discoteca con un pésimo DJ, mientras que ella se barrunta una catástrofe que está por venir, y no sabe si lo que siente en el estómago es amor, o son gases frutos del colon irritable que le produce tanta profundidad cinematográfica…

        En definitiva: Película para los muy cafeteros. Yo me bajé de ese tren hace casi 40 años, y no deja de ser paradójico que lo de bajarse del tren lo diga un extremeño. Si la veis, que sea bajo vuestra propia responsabilidad. Yo no puedo más que darle un 3 de nota a esta sobrevalorada producción realizada por cuatro actores en tres fines de semana que tenían libre. Un ejercicio teatral, entiendo, que a mi no me ha llegado a pesar de la Ciencia Ficción, el drama, y las ganas de comer. No hay que ponerse tan estupendos, y he decidido que la próxima vez que tenga insomnio, me leo un cómic.

martes, 2 de enero de 2024

Miss Shampoo (Netflix, 2023)

 

Ya es casualidad que hace muy poco tiempo, en el último vídeo que preparé para despedir el 2023, revelara que “Las que no importan” fuera mi primera experiencia con el cine taiwanés, y que haya sido otra película de Taiwán, con la que he recibido el nuevo año.


En esta ocasión, ha sido la comedia “Miss Shampoo”, que de comedia tiene poco, y de teatro barato y champú de huevo, mucho.


Ignoro si en Netflix España ahora les va a dar por apostar por el cine taiwanés, igual que ya hicieron con las películas polacas, alemanas y turcas que invadieron nuestras parrillas durante el 2023, pero de ser así, habrá que ir rezándole a todos los santos conocidos, por la que nos pueda caer.


En la narrativa tenemos a una aprendiz de peluquería, Fen, que es una especie de Cindy Lauper de su barrio, y cuya peluquería está ubicada en un callejón random, cuyo milagro ya es que entre alguien por allí. Una noche normal y tormentosa, Fen estaba haciendo lo típico, practicar cortes de pelo con un busto masculino, mientras habla con amigos invisibles y ve un partido de beisbol en el móvil, que para eso es su deporte favorito y ella anda enamorada de cierto jugador.


En un callejón cercano, una banda de mafiosos cose a navajazos a los miembros de otra banda rival. Tai, uno de los mafiosos afectados por la lluvia de cuchilladas, se refugia en la peluquería de Fen, y a pesar de que los miembros de la banda rival, con su jefe a la cabeza, revisan los diez metros y medio de local, y Tai chorrea más sangre que agua lleva el Guadiana, no encuentran al tipo, e incomprensiblemente se van, dejando a Fen la papeleta de tener un mafioso acuchillado allí tirado.


Desde ese momento, Tai, que se queda prendado de Fen, vuelve continuamente a la peluquería, llevándose a sus esbirros también, agasajando a la chica, y haciéndole gasto continuamente, ya que cambia de estilo cada tres días, igual que los esbirros, y los pobres desgraciados a los que obligan a ir a aquel callejón meadero de gatos que ellos llaman peluquería.


Entre los dos, media un abismo social, pero poco a poco parecen ir acercándose, hasta llegar a enamorarse, algo que les llega a costar la vida, ya que tienen diferentes puntos de vista para enfocar la vida, hechos y milagros que se suceden a lo largo de la cinta.


Y es que durante una hora tenemos toda una ristra de situaciones, aparentemente graciosas, con las compañeras de trabajo de Fen, familiares, mafiosos y todo lo que se mueve, que a mi me han hecho bostezar lastimeramente con tanta sobreactuación y uso de clichés de todo tipo.


Finalmente, hace aparición el mafioso rival en la vida de Tai, y lejos de arreglar en algo la narrativa, es cuando te haces la tila para intentar sobrellevar la media hora final de este tostonazo épico.


Con dos horas de duración, a la que le sobra, como mínimo y me quedo corto, su medias hora de rigor, “Miss Shampoo” parte de una premisa que podría funcionar en otras manos, con otro planteamiento, pero la teatralidad y la sobreactuación de sus actores, que hacen de patéticos mafiosos, y la propia música que cobra demasiado protagonismo, y cuya presencialidad es igualmente excesiva, termina por hundir una trama prescindible, al menos que estés muy aburrido o hayas abusado de algunos psico-fármacos prohibidos en España.


El doblaje es hispano-americano, pero yo no tengo nada en contra en lo referente a esta cuestión, Dios me libre, ya me conocéis. Para finalizar os diré que hay unas escenas finales, mientras salen los créditos, que en tres o cuatro minutos intentan rematar algunas subtramas sueltas que el espectador podría llegar a plantearse sino fuera porque el desprendimiento de retina lo tiene pensando en otras cosas más importantes… Yo, que hoy me siento benevolente, le doy un 3 y la dejo a vuestra entera disposición.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Down with the King (Netflix, 2021)

 

“Down with the King” (Netflix, 2021), es una película estadounidense que me he encontrado como “Recién llegada” a la plataforma Netflix España, y que me ha llamado la atención por no haber sido traducido su título, algo que no suele ser habitual en nuestro país, y por ser el título de una canción de los RUN DMC, grupo rapero del que tuve un vinilo durante los años noventa con idéntico título. Después, cuando comienzas a ver la película, entiendes el detalle.


En la narrativa: Un rapero que está pasando una crisis existencial, vital y de falta de inspiración, de tres pares de narices, se traslada a un ambiente rural, en mitad de un bosque de Massachusetts, para lograr encontrar la inspiración que parece habérsele ido, una nueva motivación, una musa musical que le dé un aire nuevo, mientras nota que algo está cambiando dentro de él.


La situación quizás no sea muy original, porque este tipo de reinicios o nuevos comienzos vitales, ya los hemos visto en otras películas… Un rapero en una casa alquilada en mitad de un bosque, un pingüino en mi ascensor o un tuareg de turismo por Nueva York es el choque de dos elementos que en teoría no deberían cuadrar, y se juega a ese descuadre durante toda la historia. El rollo es ese.


Y quizás, para pasar por dicha situación no hace falta ser famoso, rapero o los Rolling Stones, un reinicio como el de la película lo puede necesitar cualquiera, sin necesidad de muchas explicaciones, y el espectador puede encontrar cierta conexión o empatía en ese aspecto.


La hora y cuarenta minutos de película se me hacen excesivas en un metraje donde realmente no sucede nada interesante hasta quizás el final. El protagonista descuartiza cerdos con un granjero local setentero interesado por el rap, da paseos, caza mofetas y recibe visitas de amigos, familiares y allegados que no comparten su decisión por irse a inspirar en mitad de la nada, pero sin demasiados sustos más allá que beneficiarse a una chica local que conoce en la ferretería del pueblo. Por lo que llegas a la conclusión de que mi premisa de que a toda película le sobra media hora, aquí cobra más fuerza y razón de ser que nunca.


Le sobran secuencias del lugar, de la naturaleza, planos largos donde no pasa absolutamente nada más allá de la mirada bovina ante el entorno… Ya tenemos claro cuál es el escenario como para recrearse tanto, y al final concluyes que estamos ante otra cinta independiente más, que por mucho que se haya estrenado en no sé qué festivales internacionales de cine, con algún premio incluido, puede llegar a tener el poder de dormir a las moscas en vuelo, con algunas situaciones tan teatrales, que no llegar a ser creíbles, como el uso del insulto cada dos por tres para cualquier cosa o situación, por poneros otro ejemplo: Hay una escena en la que nuestro protagonista, enamorado del bucólico mundo rural, decide dejar vía Twitter su carrera musical, y su manager se presenta en la granja, discuten y el rapero le simula una pistola con dos dedos de la mano en las sienes… No sé, cosas por el estilo, diálogos de besugos, típicos, por cierto, del género, en las que uno comienza una frase casi repitiendo la última palabra que le ha dicho su interlocutor, en situaciones casi dadaístas.


El final te deja un tanto seco. El tipo descubre que su vida no le gusta, corta en pleno concierto, y se vuelve a su bucólica casa alquilada en mitad del bosque. Total, hay un momento en que le confiesa a su manager que es asquerosamente rico. Solo, rodeado de sus cosas, pero con el único interés de cazar una mofeta, que merodea la propiedad, para después dejarla libre en mitad de la naturaleza… Debe tener un significado profundo, muy profundo, pero no seré yo quien lo analice…


Esta es la clase de películas que dejo a vuestra entera elección. Yo no le doy más de un cuatro de nota. Si la llego a ver en pantalla grande, después de haberme gastado 20 euros en la entrada, el café, las palomitas (que son mis mortales enemigas), y el refresco, os garantizo que arde el cine hasta los cimientos.

sábado, 19 de agosto de 2023

La Sirenita (Disney, 2023)

 

        La nueva versión de “La Sirenita” vino con polémica sobre el uso de actores negros (o de color) en papeles que tradicionalmente han sido blancos o de otras razas. La verdad es que a mi eso me enfada en series o películas basadas en hechos históricos o reales, y no tanto en versiones de cuentos como es este caso, en el que me da un poco igual, aunque el producto resultante tengo que reconocer que es un tanto raro, no por la protagonista sino por la corte que la acompaña, tan “multi” que resulta muy poco creíble.


        Dejando de lado la polémica, la película y sus dos horas y cuarto de metraje, me han parecido larga, aburrida y un tostonaaaazo de muchísimo cuidado. Un verdadero aburrimiento, con canciones malas y poco pegadizas (salvo una) y un alargamiento narrativo innecesario que acaba convirtiendo la cinta en un verdadero suplicio.


       En la narrativa, ya de por sí edulcorada por Disney en su momento en la cinta de animación, tenemos a Ariel, hija del Rey del Océano Tritón, que, fascinada por los humanos, y enamorada de uno de ellos, nada más y nada menos que un Príncipe adoptado por una reina insular negra (menudo culebrón), decide sacrificar su voz a su malvada tía Úrsula, a cambio de un par de piernas.


        Con tres días por delante para camelarse al Principie, antes de volver a convertirse en ser marino, Ariel hará lo imposible por lograr su objetivo, algo que no va a lograr, convirtiendo a Úrsula en su dueña, y ya de paso dándole alas para dar un golpe de Estado debajo del Mar, no sabemos si con la intención de seguir con la opresora Monarquía protagonizada por Javier Bardem, pero en su regia persona, o con los deseos de instaurar una bella y sana República igualitaria donde pulpos, calamares, peces y tiburones convivan en paz y armonía.


        El caso es que Ariel consigue revolverse de su tía, matarla con el tridente de su padre, haciendo perdurar su gobierno y de paso convertirse en humana para poderse quedar con su humano.


        P.D. Supongo que a las tres semanas de aguantarlo, lo acabaría dejándolo.

        P.D.D. Excesivo metraje, un CGI muy maaaaalo, malas canciones… Lo dicho, no me ha gustado por todo eso, lo demás es secundario.