Posiblemente, una
de las mayores fumadas que me he visto en bastante tiempo, ha sido “The
Surfer”. Película coproducida entre Australia e Irlanda de 2024, protagonizada
por Nicolas Cage, y que seguramente en una década será considerada una obra de
arte, y que de haberla visto hace treinta años, quizás la hubiera visto de otra
manera, pero que hoy por hoy, más allá de la rareza, me ha dicho más bien poco.
Estrenada
mundialmente en el Festival de Cannes de 2024, dentro de la sección Midnight
Screenings, la película mezcla thriller psicológico, drama existencial y un
humor incómodo, muy ida de olla a niveles astronómicos.
Dirigida
por Lorcan Finnegan, director que yo conozco por la película “Vivarium” (que es
otra interesante ida de pinza), tiene una duración aproximada de una hora y
media, que a ratos se me ha hecho un poco cuesta arriba.
Está
protagonizada por Nicolas Cage, acompañado por Julian McMahon, que falleció
poco después de hacer esta película, Nicholas Cassim y Miranda Tapsell, y
rodada prácticamente en un par de escenarios…
De
hecho, se filmó en distintas zonas costeras de Australia Occidental,
especialmente en Margaret River y Yallingup, lugares famosos por sus playas
salvajes y por la cultura surfista que es todo el rollo que tiene la película
como fondo de escenario.
No
he conseguido averiguar el presupuesto de la película, ya que no lo he
encontrado publicado por ninguna parte, pero en algunos foros se habla de entre
5-10 millones de dólares, siendo su recaudación mundial alrededor los 2,1
millones de dólares, una cifra modesta que posiblemente se incrementará un poco
más entre plataformas y cosas parecidas con el tiempo.
Lo curioso es que The Surfer no es, ni pretende
ser una película de surf en el sentido tradicional. De hecho, creo que el tema
del surf es más una excusa que otra cosa. No hay largas secuencias heroicas
sobre olas perfectas ni una glorificación romántica del mar ni cosas parecidas.
El surf funciona aquí como metáfora, como símbolo de pertenencia a un lugar
concreto, de una masculinidad tóxica y violencia pandillera, y la playa es un territorio
en disputa.
La
historia sigue a un hombre, Interpretado por Cage, cuyo nombre nunca llegamos a
conocer, es simplemente “El Surfista”. Regresa a la costa australiana donde
pasó su infancia con la intención de comprar una casa y surfear junto a su hijo
adolescente. El regreso tiene algo de nostálgico y melancólico: el protagonista
quiere recuperar una parte de sí mismo que cree perdida. Sin embargo, apenas
llega a la playa, es rechazado de muy malas maneras por un grupo local de
surfistas viejunos llamados los “Bay Boys” liderado por Scally, el personaje
interpretado por Julian McMahon. La regla del lugar es sencilla y brutal: “No
vives aquí, no surfeas aquí”.
A
partir de ese momento, la película se convierte en una lenta espiral de
humillación hacia nuestro protagonista, que no da pie con bolo y todo comienza
a salirle mal. Lo que inicialmente parece una discusión absurda en la playa
evoluciona hacia una pesadilla psicológica. El protagonista pierde dinero,
dignidad, estabilidad mental y hasta el vínculo con su hijo. Los surfistas
locales funcionan casi como una secta masculina que defiende el territorio
mediante intimidación emocional y violencia.
Nadie
ayuda al protagonista. El único policía del lugar lo ignora, los vecinos lo
observan con indiferencia y el calor sofocante parece empujarlo poco a poco hacia
la locura.
Todo
va degenerando por cada una de las escenas que transcurre, y el protagonista,
que es un tipo muy obsesionado, es incapaz de abandonar la playa aunque todo
indique que debería marcharse. Duerme en su coche, se deshidrata, vaga por
estacionamientos vacíos y comienza a comportarse de manera errática, acentuando
su locura. Y, todo, aderezado con una paleta de colores muy cálidos, muy
claros, donde el sol es parte de la pesadilla.
Cuando
parece que ya no puede rebajarse más, y que ya nada puede ir peor, los
surfistas de la playa lo ponen a prueba y lo aceptan en su secta o pandilla.
Algo que él aprovecha para conseguir lo que quería, surfear con su hijo, a la
par que un viejuno que andaba por allí, descabeza de un tiro a Scally y pone en
pies en polvorosa a la pandilla.
La
película es muy metafórica, muy simbólica, muy psicodélica, y te da para
análisis y para debate largo y tendido, pero yo con el final me he quedado un
tanto frío, y con más preguntas que con respuestas.
Como
curiosidades, os puedo comentar que el rollo de surfistas violentos y
territoriales es, al parecer, real. En ciertas playas australianas y yanquis,
hay grupos de surfistas conocidos por expulsar violentamente a quienes
consideran “forasteros”.
Otra
curiosidad, es que la película se rodó en exteriores reales bajo temperaturas
extremadamente altas. Y, al parecer, Cage sufrió el calorato en sus carnes
realmente.
En definitiva: Película para los muy
cafeteros, que puede llegar hacerse un poco cuesta arriba, un poco excesiva, un
poco pesadilla psicodélica, como os digo, y que personalmente, a pesar del
calor que muestra, me h dejado un tanto frío. Nota: Un 5,5, y la dejo a vuestra
entera elección.












