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viernes, 21 de noviembre de 2025

Las Puertitas del Señor López (Astiberri, 2021) Carlos Trillo, Horacio Altuna

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        El tándem entre el guionista Carlos Trillo y el dibujante Horacio Altuna siempre trajo buenos cómics, buen material que, como los vinos, con el paso del tiempo, han mejorado y que yo disfruto muchísimo. Son cómics, muchos de ellos, que ya tienen varias décadas a las espaldas, y que ya hemos comentado por aquí en alguna ocasión, como “El Último Recreo”, “Charlie Moon” o “New York Blues”, por citaros algunos, que son una auténtica delicia, y cuyo disfrute en la lectura está más que garantizado.

        Siguiendo la senda de este dúo, le ha llegado el turno a otra genial colaboración de los dos autores: “Las Puertitas del Señor López”, un cómic publicado por Astiberri en 2021, de tapa dura y 197 páginas, que recoge en una edición muy cuidada las aventuras y desventuras de López.


        López es un tipo cualquiera, un administrativo, un oficinista que lleva una vida bastante aburrida. Casado con una dominante mujer a la que no quiere, (ella tampoco lo quiere a él), sus días pasan de casa a la oficina, donde tiene que aguantar burlas, abusos laborales y el transcurrir de un trabajo que no le llena, y de la oficina a casa, donde la presencia y comentarios de su mujer también lo frustran.

        Porque López es eso, un personaje frustrado, tímido, cobarde, y con una grandísima imaginación que vuela precisamente por encima de esa frustración, y donde intenta hacer realidad sus deseos más profundos, pero ni por esas.

        En parte, y salvando mucho las distancias, podría recordar a “Alicia en el País de las Maravillas”. Alicia trataba con sombrereros locos, conejos y liebres parlantes y despóticas Reinas.


López comienza en las primeras tiras, en sus primeras historias, moviéndose por el surrealismo de mundos imaginados que se abren ante él cuando abre una puerta, muchas veces la del baño, pero esas puertas, según avanzamos en la narrativa que acompaña a López, se transforman en deseos más palpables, muchos de ellos relacionados con el sexo, las mujeres guapas y bonitas, las jóvenes inalcanzables, que no llega ni a palpar ni en sus sueños, ya que el rechazo siempre está presente, a pesar de parecer otra cosa, y López sale de su sopor entre el ridículo, la vergüenza, y la desidia de su vida.

Hay una evolución fantástica en el personaje, que va ganando en matices según pasan las viñetas, las páginas.


Las tiras cortas, humorísticas, surrealistas y picantes rebosan de guiños para una sociedad como la argentina de los años setenta, que bien podría valer igualmente para la española: Referencias cinematográficas, artísticas, críticas a las dictaduras, o guiños históricos, como a la guerra o a Napoleón.

Las puertitas son todo una sorpresa, en la que López acaba buscando una huida, una evasión de su realidad opresiva, y aún así, ni sus deseos más profundos se cumplen, lo que da lugar al guiño humorístico, aunque también hay mucho de tristeza en la insulsa vida de López.


Publicadas originalmente entre 1979-80, me ha parecido una genial crítica contra la dictadura argentina en forma de relatos cortos, donde muchas veces el personaje comunica mucho sin decir palabra. El personaje se atosiga, se ahoga en la falta de libertades que constituyen su vida a través de 38 relatos recopilados por Astiberri en una edición, como os digo, fantástica.

El increíble dibujo de Altuna va evolucionando a lo largo de las historias, y López se va sin decirnos adiós, y dejándonos una reflexión brutal sobre la vida.


        En definitiva: Un cómic que he disfrutado muchísimo. Me ha hecho soltar alguna carcajada, pero también me ha invitado a la reflexión, todos somos un poco López entre lo que pensamos, lo que deseamos, y lo que finalmente hacemos o decimos.

        Ni Trillo ni Altuna con su dibujo, caen en la burla o en lo grotesco, creo que López es un transmisor de la crítica social del momento, de las carencias que sufría la sociedad argentina en ese momento concreto. Un cómic, desde luego, curioso y muy recomendable, que me ha encantado.

        Por cierto, López tuvo una adaptación cinematográfica en 1988, dirigida por Alberto Fischerman, que está bien entretenida y que tenéis disponible en Youtube. Hubiera sido imposible hacer en el 88 una versión fiel al cómic, pero la presentada, capta en mi opinión, bastante bien la esencia de López, su mensaje.

viernes, 17 de enero de 2025

Charlie Moon (Astiberri, 2019) Carlos Trillo, Horacio Altuna

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        Atraído por el tándem, magnífico dúo, que conformaron dos artistas mayúsculos como los argentinos Carlos Trillo y Horacio Altuna, me he hecho con un cómic de ambos al que le tenía ganas desde hace un buen tiempo, y hasta la fecha no me había hecho con él: “Charlie Moon”, un cómic que nos lleva hasta los años treinta, hasta el Estados Unidos de la Gran Depresión, donde acompañamos a un joven, Charlie Moon, un adolescente del que no sabemos nada… No sabemos su Historia, quienes son o eran sus padres, prácticamente nada más allá de sus gustos por el Jazz y la trompeta, y sus esfuerzos por salir adelante con trabajos efímeros y mal pagados en un país donde pagan las consecuencias del Crac del 29, y donde la discriminación social, y racial, están muy presentes, junto a la pobreza y los esfuerzos de una sociedad decadente por sobrevivir…

        Charlie Moon nació en 1978, pero se publicó por primera vez, de manera serializada, en la revista argentina “Superhum” entre 1980-1981 en seis números que recoge la Editorial Astiberri en un cómic de tapa dura, y 53 páginas publicado en España en 2019 en una fantástica edición, que es verdad que se lee en diez o en quince minutos, pero que se disfruta para toda la eternidad…

 

        Charlie Moon es un completo desconocido, como os decía anteriormente. No sabemos nada de su vida, como ha llegado a la situación en la que vive, quienes fueron o son sus padres, y por saber, no sabemos ni a ciencia cierta qué edad tiene.

        Tiene la inocencia de un chico con buen fondo, carece de picardía o picaresca, y la ilusión del día a día, del vivir, se choca frontalmente en los cinco capítulos que conforman su existencia con una sociedad que se cae a cachos por diversos lados. Historias que ni siquiera tienen título más allá de su propio nombre.


Charlie Moon nos deja huérfanos pronto, ya que su existencia es bastante efímera: Viene, se tira un breve tiempo entre nosotros, quizás en su lapso temporal sean un par de años, en el nuestro un suspiro, y se va discretamente sin decirnos adiós, pero las viñetas de Horacio Altuna son de las que te dejan huella.

Una gota en aquella Gran Depresión que sumió al país en la desesperación, en una melancólica tristeza y en la ruina. Algunos incluso, han romantizado aquella época, y yo personalmente siempre me acuerdo de “Las Uvas de la Ira” de Steinbeck, cuando rememoro esta parte de la Historia.

 

Charlie Moon podría haber acompañado a los Joad perfectamente en su periplo por la paupérrima y resacosa América, silbando “Red River Valley”, pero nos lo encontramos frente a frente con la crudeza de ver desmoronarse la figura de su trompetista favorito de Jazz, un tipo que le defrauda en su primera historia, haciendo amistad con un chico que es buscado por la Justicia pero que él puede llamar amigo, o sus primeros contactos con las chicas…

Y todo ello, con unas viñetas donde el silencio comunica mucho más que el más rebanado y rebuscado de los diálogos, donde no hace falta decir ni una sola palabra para comprender el mundo en el que vive Charlie y cuáles son las reglas sociales que lo dominan, donde hasta algunos amores está prohibidos, vetados, y esa inocencia tan suya se choca una y otra vez contra una sórdida realidad.


Viñetas de casas de madera, carteles de Chaplin, de películas de los años treinta, de anuncios de refrescos, y carteles, como el de la viñeta final del cómic, que nos recuerda lo bien que se vive en Estados Unidos, en ese sueño americano de familia sonriente, feliz y coche familiar.

¿Cómo acabó Charlie Moon?, ¿Acabó alistándose entre las filas yanquis que lucharon contra los nazis en Europa o contra los japoneses en el Pacífico?, ¿Acabó como mozo de almacén, se casó, tuvo hijos…? ¿O simplemente desapareció entre las brumas de la Historia? Es algo que nunca sabremos, pero a mi me gusta pensar que a este personaje al final le fue bien, y que encontró su lugar… Quien sabe.


En definitiva: Estamos ante otro cómic imprescindible de la pareja artística que conformaron en su día Carlos Trillo y Horacio Altuna, que convendría que no dejarais escapar, como otros que ya hemos comentado recientemente como “El Último Recreo” o “New York Blues”. Una joyita de esas que me gusta recomendaros. ¿Precio?, el precio ubicado en la contraportada reza 14 euros, pero os pondré un enlace de compra para que os hagáis con él a un precio ligeramente más asequible… De todas formas, 14 euros no es precio para lo que vais a leer, disfrutar y atesorar.

sábado, 30 de noviembre de 2024

El Último Recreo (Astiberri, 2017) Horacio Altuna, Carlos Trillo

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       Hablar de Horacio Altuna y de Carlos Trillo es hablar de dos grandes dentro del Mundo del Cómic, argentinos universales, que llevaron el cómic a lo más alto, y que marcaron una etapa brutal, con historias como esta que os traigo hoy, “El Último Recreo”, que aparecida originalmente en 1982, en forma de historias autónomas, independientes, trece en total, en la revista española de cómics de Ciencia Ficción y fantasía, “1984”. Revista, por cierto, que se convirtió en una revista de culto, y que casi cincuenta años después de su aparición, los coleccionistas buscan con ahínco sus números perdidos, y que no estaría mal que fuese recuperada en un integral para nostálgicos, que yo sin duda adquiriría…

        Aquellos trece capítulos, que en un principio, parecían no tener una confluencia entre sí más allá que la de compartir un Universo común, pos-apocalíptico y protagonizado por jóvenes preadolescentes, niños, y algún eunuco loco de atar, venían de la mano de dos autores ya reconocidos no solo en Argentina, si no también en España, y me atrevo a decir (sin tapujos, y sin miedo) que en medio mundo, presentándonos Carlos Trillo una Historia conmovedora, de la que ponen los pelos de escarpia, en la que el Sueño de Peter Pan, se convertía en la pesadilla de “El Señor de las Moscas” de William Golding, teniendo como escenario un Nueva York muy ochentero, que Horacio Altuna a los lápices, supo plasmar perfectamente en este tomo de tapa dura, que nos presenta la Editorial Astiberri en un magnífico integral de 124 páginas, y riguroso blanco y negro, que yo he logrado pillar en su segunda edición, que espero que no sea la última…


       “El Último Recreo” es hijo de su tiempo en gran medida. Los que vivimos los Ochenta recordamos la época de Reagan, la tensión de la Guerra Fría, las películas sobre Terceras Guerras Mundiales en los videoclubs, misiles intercontinentales que apuntaban de aquí para allá, y la gente que huía del paraíso soviético dejándose muchos de ellos la vida en el intento en aquel muro físico, económico y social, que separaba Europa, y gran parte del Mundo, aquel Telón de Acero que bautizara Churchill poco después de concluir la Segunda Guerra Mundial, en dos bloques muy definidos: Capitalista y Comunista… Los países no alienados poco contaban entonces…

        El cómic nos presenta la caída de una bomba. No sabemos quién ha tirado dicha bomba, si el país o medio planeta están en guerra o no. Esos datos no se nos dan por parte de los protagonistas, más allá de que una bomba ha caído y sus efectos lejos de ser la devastación y la destrucción física de las ciudades, las infraestructuras o los edificios gubernamentales o militares, han sido, si cabe, más terroríficos: La desaparición de los adultos, y poco tiempo después la muerte repentina de aquellos jóvenes que comienzan a tener pulsiones o deseos sexuales, al abandonar la niñez y entrar directamente en una adolescencia más madura.


         Este hecho nos presenta una nueva sociedad donde pronto, los más pequeños, los bebés, y los niños que están solos, fallecen ante la soledad y la imposibilidad de sobrevivir en un mundo terriblemente hostil donde se crean bandas, y el robo y la violencia campan a sus anchas.

        Las historias cortas, de apenas unas páginas, pronto se van entrelazando entre sí, y somos testigos de la supervivencia de unos pocos, que conviven con el hambre, los abusos de todo tipo, el miedo y el terror a un mundo o una sociedad completamente nuevo, y a la certeza de que el despertar sexual puede acabar contigo en apenas unos segundos por el efecto secundario y mortífero de la bomba.


       Con un prólogo excelente, de quitarse el sombrero, de Antoni Guiral, que hizo para la Primera Edición del cómic, “El Último Recreo” es uno de esos cómics clásicos, que pronto cumplirá cincuenta años, y que se ha convertido en todo un clásico, en todo un referente del cómic internacional, una auténtica joyita que te recomiendo que leas, y al ser posible, que tengas y que atesores porque en cada lectura, y en cada revisión que le dediques, sacarás nuevas lecturas y puntos de vista, disfrutando del dibujo de un grandísimo Maestro como el de Horacio Altuna, y una historia de película, del maravilloso, siempre presente, Carlos Trillo. Su precio ronda los 16 euros, que no es dinero para lo que vas a disfrutar. ¿Recomendable? No, recomendable no es… Es imprescindible. Lo dejo por aquí.

martes, 24 de diciembre de 2019

New York Blues (reeditado por Wallsen, 2003) Horacio Altuna, Carlos Trillo, Guillermo Saccomano



          Es un gustazo, que, de vez en cuando, caigan en tus manos historietas clásicas del cómic. “New York Blues” (reeditado por Wallsen, 2003) es una de ellas. Nombres como Horacio Altuna, Carlos Trillo (guionista) o Guillermo Saccomano, herederos del gran Oesterheld, son ya, no parte de la historia del cómic argentino, sino universal.


         Y es que los años dorados que vivió el cómic argentino de finales de los sesenta y los setenta, son, a fecha de hoy, aún admirado, y no es de extrañar. Historias en blanco y negro, con guiones originales y narrativas que te enganchan desde el primer minuto, como en una tela de araña, dentro de un mundo que recuerda en muchos aspectos al cine y a la novela negra, de detectives, mafiosos, chicas imposibles, cigarrillos, revólveres humeantes y bombillas de 25 watios.
 Interesante viñeta, donde el representado es el propio Horacio Altuna, revólver en mano.

         Historias cortas, en muchos casos, que te llevan al Nueva York de los setenta, como es el caso, y donde el dibujo y la línea es de un expresionismo vital, las sombras un complemento imprescindible. Son increíbles, marcaron una etapa, que aún tiene una huella muy fuerte, y muy presente, y son de lo más recomendables.