
…Si, he de reconocerlo, quizás sea un poco hipocondríaco, y mi médico de cabecera ya es que pasa de mi olímpicamente. Pero es que tengo muchas dolencias, entre lo del Colón Irritable, las moscas volantes (miodesopsias) que veo debido a la miopía, y mil coisas más que me surgen cada vez que alguien me habla de enfermedades… Pues, eso, que las suelo tener todas, que yo sepa, he sido uno de los pocos humanos que ha tenido el Dengue y una gripe a la vez, fue horripilante, pero sobreviví…
Mi médico de cabecera dice que soy un caso de “Ave raris”, una especie de Woody Allen provinciano, que llega a ser, a ratos, insoportable… Aunque él disfruta con su trabajo, no le hace mucha gracia verme cada dos días en la consulta, pero yo no me suelo tomar cualquier síntoma a la ligera, y suelo visitarlo en cuanto veo que me ha salido un grano extraño en la espalda, una migraña otoñal, o alguna infección provocada por alguna extraña fiebre asiática, quizás de haber ido a merendar cacao con leche enriquecida con melanina a un Restaurante Chino, vete a saber…
Michel, por el contrario, odia ir al veterinario desde que lo castré en Abril, la verdad es que fue una mala idea, porque poco después empezó a abrir la boquita y a pedir, y desde entonces hasta ahora… No para de repetir que los veterinarios son unos mata-gatos, y que hay una confabulación judeo-masónica contra los gatos del globo terráqueo. “Hasta la Iglesia está en contra nuestra”, dice pensativo, “¿Cuántas veces se nombra a los gatos en La Biblia?, ni una sola vez…”. Yo intento animarlo y decirle que aquello solo fue una operación de fimosis, pero me mira de reojo, con un ojo en forma de rendija, y en él veo escepticismo y un poco de rencor… Poco después se le pasa el rebote, ahora anda escribiendo misivas a Obama, cree que puede ganárselo para su causa. “El Socialismo, por fin, ha triunfado en Estados Unidos”, no para de repetir una y otra vez…
El caso es que mi médico de cabecera, Asclepio, me tiene que aguantar una y mil veces. Me suele tratar con paciencia a fin de cuentas, me manda hierbajos hirviendo para el estomago, y me da consejos raros, como que no ande nunca bajo una tormenta, no vaya a ser que me mate un rayo… No es mala persona, debe tener casi los sesenta, tiene una enorme barba blanca, como Papa Pitufo, y colecciona serpientes en un terrario, las serpientes son bastante aburridas, siempre acaban enroscándose en un palo y ahí se quedan quietecitas, pero a él parece que le encantan, creo que es soltero…
Vive en la Urbanización Epidauro, y algún que otro domingo lo he visto paseando por allí, mientras observa, curioso, las cornejas y cuervos que pueblan aquella zona. Alguna que otra vez, también he visto al idiota de Apolo corretear y tirar piedras a esas mismas cornejas, el pobre no anda bien de la mollera…

