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domingo, 17 de agosto de 2025

28 años después (2025)

 

        Han pasado 23 años desde que se estrenara “28 días después” y 18 desde “28 semanas después”, y volvemos a una nueva entrega, la tercera, que por lo visto no la última, de esta saga de zombis británicos post-apocalípticos nudistas, de la mano de Danny Boyle a la batuta y Alex Garland a los bolígrafos y la tecla, que en esta ocasión se ha titulado “28 años después”.

        Estrenada el pasado 20 de junio de 2025, la película retoma aquella sociedad británica, que había sufrido un bote de rabia mutante, como el que puede causar una pandilla de cianobacterias del Guadiana, que los ha transformado a todos en zombis, y que ahora nos presentan una isla que es una enorme prisión en cuarentena donde los europeos se salvaron de la crisis, y mantienen bajo vigilancia tanto a zombis como a la gente que se salvó en pequeñas comunidades fortificadas, como la que protagoniza la película, donde todos se conocen, son felices con su nueva sociedad y la bandera inglesa ondea.


        Avanzo que la película es mala, irregular y bastante infumable por momentos, pero me ha entretenido a pesar de que he llegado a bufar más que un gato mojado.

        Algunas cosas me han llamado la atención de “28 años después” y su hora y cincuenta minutos de metraje. Una de ellas es la reivindicación del arco, del tiro con arco como deporte nacional.


A mí me encanta, de hecho, lo he practicado durante más de veinte años, con carnet de la Federación, y mi vista ya no me deja disfrutarlo, pero aún tengo un arco olímpico de hace con 35 años a las espaldas y un long-bow inglés precisamente. Y conozco bien lo que representó el tiro con arco en Inglaterra, y como los ingleses arrasaron con la caballería francesa en la Guerra de los Cien Años, en batallas decisivas como Agincourt o Crecy, gracias a sus arqueros, e hicieron el mismo tanto contra los castellanos en la Batalla de Aljubarrota, donde mis amigos portugueses minimizan el papel del arco largo inglés cuando hablo con ellos.

La importancia del tiro con arco, su práctica, hacerte tus flechas, practicar, acertar, es algo muy presente en el primer tercio de la película, donde se mezclan imágenes de ese ideario inglés alrededor del arco, algo bastante nacionalista si se hiciera en España.


        Después, afortunadamente, estos simbolismos, guiños continuos, van desapareciendo poco a poco, afortunadamente, pero durante ese primer tercio te vienen hasta referencias de los elfos de Tolkien dando flechazos por los espesos bosques de Inglaterra a orcos y trolls, digo, a zombis, casi inevitablemente. Lo tribal, lo pagano, se mezcla con esa esencia inglesa, medieval, antigua, o eso me ha parecido, y el paisaje de Northumberland contribuye a ello.

        ¿De qué va en esta ocasión “28 años después”? La película comienza en 2002, en las Tierras Altas de Escocia, donde unos zombis atacan a la familia del joven Jimmy, acabando con todos, incluso con su padre, un pastor protestante que cree que aquello es el apocalipsis. Antes de caer, el pastor le entrega a Jimmy un crucifijo, y aquí acaba el arco argumental de este personaje, Jimmy, que no vamos a ver hasta los últimos cinco minutos de narrativa.


Como os decía anteriormente, veintiocho años después del brote zombi, Europa continental ha erradicado el virus y las Islas Británicas permanecen en cuarentena indefinida, fragmentadas en pequeñas comunidades que sobreviven alegres, felices, expectantes y sospecho que con un alto grado de incestos, endogamia y poligamia.

Una de estas comunidades habita Lindisfarne, isla unida al continente por un istmo que desaparece con la marea, y que tiene una puerta de entrada continuamente vigilada. Allí viven Jamie (Aaron Taylor-Johnson) un tipo que está liado con la maestra, su esposa Isla (Jodie Comer) que sufre una enfermedad mental degenerativa y su hijo Spike (Alfie Williams), de doce años.

Jamie y Spike cruzan al continente en lo que se presenta como ritual de iniciación. En su salida, al principio todo va bien, hasta que se encuentran con un Alfa, un infectado inteligente muy fuerte físicamente, y con un intelecto a tener en cuenta, que se las hace pasar canutas y que persigue a padre e hijo hasta las mismas puertas de casa. Una vez de vuelta, Spike descubre la infidelidad de su padre y oye hablar de un doctor-milagro que lo cura todo.


Así que apaña a su madre y se escapa con ella en busca de ese doctor, llamado Ian Kelson (Ralph Fiennes) que pueda curar de sus males a su madre.

Por el camino se encuentran con Erik, soldado sueco, el único superviviente de una patrulla que los va a acompañar en su búsqueda del doctor, hasta que pierde la cabeza literalmente cuando lo pilla un zombi alfa…


Aún así, madre e hijo llegan a localizar al Doctor, llevando consigo a un bebé (de una infectada), y el buen doctor, que vive en un Templo de Huesos, le confirma a Isla, la madre, su enfermedad sin cura, por lo que ella decide acabar con su vida antes de que lo haga la enfermedad y que su cráneo decore parte de aquel templo, donde hay varios miles de calaveras, mientras Spike se decide ir a lo Mad Max por la vida…

En los últimos compases de la película, atacado y desbordado por una docena de zombis, recibe la ayuda de una banda de tipos que visten chándales de colores vistosos y horteras, bisnietos de los tipos de la Naranja Mecánica y los Power Rangers, y uno de ellos resulta ser, nuestro pequeño Jimmy. Si “28 días después” se rodó con una Canon XL-1, aquí se han usado iPhones 15 Pro para tal fin, concretamente de 8 a 20 según escenas y tomas, y el resultado es bastante aceptable, todo hay que decirlo.


        En definitiva: Con un presupuesto de 60 millones y una recaudación de 150, la narrativa quiere tocar muchos palos: Los viajes iniciáticos, la vuelta a lo antiguo, la ausencia de tecnologías, la supervivencia, la filosofía del Memento Mori, el amor de un hijo por su madre, y el aislacionismo y un nacionalismo muy subrayado, entre otras cosas, y termina perdiéndose completamente en un despropósito.

        El final de “28 años después” nos abre el paso a una segunda parte, pues en realidad esta es la primera parte de un proyecto de dos, que vendrá en unos pocos meses, bajo el título de “El Templo de los Huesos”, y no sé por qué, pero sospecho que el Malo lleva chándal y una cruz invertida colgada del cuello.

        Sin embargo: Su ritmo irregular, algunos tramos narrativos lentos, el nene me ha llegado a caer pedante la mayor parte del tiempo, y las numerosas subtramas me lastran a ponerle un 5 raspado. He estado a punto de suspenderla, pero me ha entretenido. No es aquella película de hace 23 años, desde luego.

        Da para analizar más concienzudamente, pero creo que la voy a dejar por aquí. ¿De nota? Un 5 raspadete.

lunes, 3 de febrero de 2025

Nosferatu (2024)

 


           Estas pasadas Navidades, el 25 de diciembre de 2024 se estrenó “Norferatu”, y a pesar de traer unas premisas y un elenco de actores interesantes, me eché para atrás a la hora de verla en cines, porque pensé que se iban a cargar el clásico expresionista de Murnau, y porque sus dos horas y cinco minutos de metraje es algo que mi vejiga difícilmente podría soportar.

        Hoy, que ya la he visto, me arrepiento no haberla visto en pantalla grande, y es posiblemente, y creo que no exagero, una de las mejores películas de terror que he visto en el último año, y puedo decirlo con conocimiento de causa porque veo muchas, y reseño pocas.


        “Nosferatu” nació cuando Murnau a principios de los años veinte se le ocurrió la idea de hacer una versión cinematográfica de Drácula, pero sin que fuera Drácula, y así ahorrarse los Derechos de Autor que le hubiera tenido que apoquinar a la heredera de Bram Stoker fallecido curiosamente cinco días después del hundimiento del Titanic (en abril de 1912) … Dicha heredera era su mujer, Florence, que aun así les demandó después de estrenarse la película “Nosferatu”, y ganó, vaya que si ganó.

        En realidad, Florence se enteró de dicho estreno cuando le llegó información de manera anónima sobre la misma. Así que, aprovechando que estaba en bancarrota y viendo el cielo abierto, demandó y ganó el juicio, ya que el guionista de “Nosferatu” había copiado descaradamente la obra de su marido, Bram Stoker.


        El guionista, el britano-alemán Henrik Galeen, modificó los nombres, cambió Inglaterra por Alemania, eliminó algunos personajes y pasajes y creó a “Nosferatu” que es claramente una versión de “Drácula”, así que era imposible no ganar aquel juicio.

        En la demanda se pedía destruir todas las copias de la película, pero no lo consiguieron afortunadamente, ya que la película ya estaba ampliamente distribuida hasta por Estados Unidos, y nos hubieran dejado huérfanos de una de las grandes genialidades de Murnau. Curiosamente, lo que si permitió Florence fue la adaptación teatral de la obra de su marido. Así que “Drácula”, la obra teatral, se convirtió en un éxito.


¿Qué te vas a encontrar en la narrativa de esta nueva versión de “Nosferatu”? Estamos en la Alemania de la preunificación, en 1838. Concretamente en la ficticia, y muy ficticia ciudad de Wisborg (curiosamente los Wisborg son nobles luxemburgueses desde hace 120 años, un dato que os doy que no viene a cuento).

El joven Thomas Hutter y su joven esposa viven alegres y felices en dicha ciudad. Thomas trabaja en la agencia inmobiliaria de la época, dirigida por Heer Knock, un viejales que es en realidad un acólito de Nosferatu, nuestro vampiro de turno.


 Ellen tiene ciertas crisis nocturnas que le impiden dormir y llevar una vida tranquila, con pesadillas recurrentes bastante chungas y terroríficas, en las que aparecen sombras oscuras, políticos que prometen cosas y uñas hechas en un Tai de barrio.

Un día, el jefe de Thomas, le dice que tiene que irse de viaje a Transilvania, a la mitad de los Montes Cárpatos, a venderle a un viejo conde una propiedad, y que, como no han inventado internet, tiene que ir él allí personalmente.


Thomas coge el Pony Express, y se hace Alemania-Rumanía en una semana, más o menos lo mismo que Madrid-Badajoz en tren. Cuando llega, se mezcla con los lugareños romaníes que le enseñan las bellas tradiciones del lugar, como montar a tipas en pelotas a caballo, exhumar cadáveres, santiguarse todo el rato y otras chanzas.

Cuando llega por fin al Castillo del Conde Orlok, que es como se llama su anfitrión, cree por un momento que es Jim Carrey haciendo de Robotnik en la Saga de Sonic, pero pronto descubre que es un malvado vampiro que le ha hecho un par de agujeros en el pescuezo y lo tiene más tieso que la mojama.


Robotnik, digo… El Conde Orlok se pilla un pasaje en un barco para ir de Rumania a Alemania. En realidad, él no está interesado en el Chalet de 2500 m2 con piscina, seis habitaciones, tres cuartos de baño y cocina americana que le ha vendido Thomas, sino que más bien va a por Ellen, ya que él es el causante de sus pesadillas, sus malestares nocturnos, sus levitaciones y su colon irritable que hace que se lo haga encima cada diez minutos.

El barco que lleva a Orlok y a sus 2500 ratas de acompañamiento, está dirigido por unos rusos, y salen del Mar Negro, saltan al Mediterráneo, al Atlántico, bajan al Indico a ver como están las cosas por allí, suben otra vez y llegan a Alemania sin tripulación al cabo de tres meses y medio. Thomas vuelve a trompicones a casa en una semana y media, justo para asistir a la Fundación del Bayern de Munich.


Una vez allí, contratan a un viejo profesor terraplanista que colecciona pipas y gatos, el Profesor Albin Eberhart Von Franz, Catedrático en Filosofía y Letras por la Universidad de Extremadura, que enseguida se da cuenta de que lo que les pasa a la pareja Hutter es que, aparte del Spam telefónico que reciben a diario en la hora de la siesta, un vampiro bisexual los acecha.

Mientras se preparan para el combate final, Nosferatu/Robotnik hace de las suyas, cargándose a la familia de un amigo suyo que no creía en vampiros, en vacunas ni cosas parecidas. Aparte que su acólito Heer Knock se vuelve loco, cierra la Inmobiliaria y monta uno de los primeros Kebabs de Alemania con las ratas de “Nosfe”.


Al final resulta que Robotnik/Nosferatu lo único que quería es hacerle a Ellen La Caídita de Roma, pero el amanecer lo fastidia todo, como un lunes de febrero en el que tienes que ir a trabajar.

En definitiva: Buenas actuaciones, buenas interpretaciones de todo el elenco. Bill Skargaard como el Conde Orlok/Nosferatu/Robotnik lo borda, y hay que agradecerle que su personaje no haga Artes Marciales. Nicholas Hoult como Thomas Hutter también fantástico, me encanta la cara de pánfilo de este hombre. Lily-Rose Deep como Ellen también muy bien, y Willem Dafoe haciendo de sí mismo, que os puedo contar…


La película tuvo un presupuesto de 50 millones y ha recaudado al mes y medio del estreno 160 millones de dólares. Rodada en gran parte en la República Checa, está dirigida por Robert Eggers, que también se encarga del guion.

¿Nota? Pues de nota le voy a dar un 7. Me ha gustado mucho, se me ha pasado volando las dos horas de metraje y creo que merece (y mucho) la pena su visionado.