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domingo, 17 de febrero de 2019

Más fuerte que el destino (2017)





         El 15 de abril de 2013, una bomba cambió para siempre la vida de Jeff Bauman, que estaba entre el público para ver a la chica que le gustaba. La bomba seccionó las dos piernas de Jeff.

        Desde ese momento, la ciudad de Boston le vio como un héroe, pero él comenzó a cambiar. Cambió su físico, cambió su vida, defraudó a la chica a la que quería, y su familia (que parece la típica familia británica que sólo sabe beber cervezas y comer hamburguesas) tampoco ayudaba mucho que digamos (ya sé que son estadounidenses, pero es que son muy típicos, tópicos) con su modo de vida, y de tomarse las cosas.


        “Más fuerte que el destino” (2017) es la película basada en aquel acontecimiento, en Jeff Bauman, y todo lo que le pasó después. A mi no me ha llegado a emocionar mucho, pero me ha parecido una cinta interesante. Hay un momento en que un actor secundario habla de la conspiración de Boston, como un ataque de falsa bandera, algo que se ha oído desde el principio, ya que los supuestos países, grupos terroristas implicados, negaron desde un principio su implicación. Incluso alguno llegó a condenarlo, creo recordar, pero yo no tengo una opinión definida al respecto. Bauman cae en el alcoholismo y en la gilipollez extrema, lo cual le llevaría a que su pareja le acabará dejando en 2016, tras dos años de matrimonio fallido y una nena mediante.


        Desconozco cómo le irá la vida actualmente (algunas cosa se cuenta al finalizar la película). Sé que patrocinó la película junto a Jake Gyllenhaal, que aquí hace un papelón y brilla como solo él sabe hacerlo cuando se lo propone. 

sábado, 16 de febrero de 2019

Los buenos vecinos (dibbuks, 2011) Holly Black, Ted Naifeh



       A Holly Black la conozco, porque hace unos años, bastantes de hecho, se hizo muy famosa con “Las crónicas de Spiderwick”, y todos los chicos hablaban del libro, y de la posterior película. A mi no me llegó a llamar la atención, pero lo poco que sabía, y que sé de ella, es que lo suyo es el género fantástico. Del dibujante Ted Naifeh, creo que, hasta el momento, no conocía nada de su obra.
 
¿DesGGGdichada?

        “Los buenos vecinos” (editado por Dibbuks, 2011) es un cómic que me agencié hace unas semanas porque lo vi muy rebajado de precio. De los 24 euros que marcaba la portada, yo lo compré por mucho menos, casi a un precio ridículo.


         El caso es que me ha parecido un cómic entretenido, aunque extremadamente largo, y con muchos tintes de novela barata. Muy “Teen”, para entendernos. Muy dirigido a un público, o a un lector muy concreto dentro del espectro de personas que pueden llegar a leerlo. Con amores juveniles, giros amorosos y narrativos, pero, como digo, entretenido…


           La historia gira en torno a una chica adolescente llamada Rue Silver. Un buen día, su madre desaparece, y todas las miradas recaen en su padre. Pero pronto, Rue descubre, que, en realidad, su madre es un hada, que se enamoró de un mortal (su padre), y que se debate entre volver al mundo de los duendes y hadas (no salen ni Ben ni Holly, lástima) o quedarse en el mundo de los humanos, donde aparte de tener un marido que engorda y envejece, encima le pone los cuernos con un amor platónico de juventud… Esa misma duda la atormenta a ella, que se debate entre los dos mundos, con sus ventajas y desventajas. Y, muy pronto, duendes y hadas, y humanos, verán sus mundos enlazados por una serie de acontecimientos.

         A la chica le pasa de todo. Durante el cómic, personajes que te parecen buenos, se vuelven unos capullos, y viceversa. La historia da botes de un lado para otro. Los duendes piden crear una ciudad-estado independiente. Los humanos nos roban, y todas esas movidas. Hay revoluciones. Pandillas de adolescentes que son devoradas, asesinadas y enamoradas… No por ese orden, pero más o menos, y, finalmente, un epílogo que explica alguna que otra cosa… En fin, para los que gusten...

Aprendiendo a vivir (2019)




          La verdad es que, cuando veo una película, al poco tiempo, casi siempre al finalizarla, cojo el teclado y me pongo a escribir sobre ella… Sobre lo que he visto, y sobre lo que me ha parecido. Estas pocas líneas a las que os tengo acostumbrados, a los tres o cuatro incondicionales, que, aún, quedáis por aquí.

          Con la película israelí “Aprendiendo a vivir” (2019), he de reconocer que, después de verla, he dejado pasar un día de reflexión, que no me ha servido para cambiar mucho de opinión sobre la misma.


         No me malinterpretéis. La película no es mala, de hecho, me ha parecido muy buena. Pero, algunos de los hechos narrados, los he visto, los he vivido, y me han llegado a cabrear bastante verlos en la pantalla.


          En “Aprendiendo a vivir”, nos encontramos con la historia de Asher. Un joven, supuestamente de 17 años, pero que en la película parece que tiene 25. Asher es el típico alumno maleducado, eternamente castigado, chulo e irreverente, irrespetuoso con sus compañeros (que, al fin y al cabo, son iguales que él), con el profesor de literatura (Ramis) que se desvive por enseñarle a él y a sus compañeros de aula las cuatro cosas que necesitan para pasar la prueba de acceso.  

          Por otro lado, tiene otra cara. Cuando trabaja con su padre, Milo, que ya tiene una edad, en los andamiajes de las obras, como albañil, es un trabajador loable, al que sus compañeros respetan y admiran, y que hace un gran trabajo.


           El suicidio de su profesor, hará que algo, muy pequeño, cambié en él. No será un cambio profundo, pero, algo perceptible, y poco a poco Asher tendrá que elegir por un camino en la vida, casi sin darse cuenta, lo cual traerá consecuencias…

           Me ha llamado mucho la atención que (algunos de) los problemas de los institutos españoles, son casi idénticos a los que tienen en esta cinta israelí. Yo, como os comentaba al principio, he visto situaciones casi calcadas en mis diez años (y trece centros) como docente por la provincia de Badajoz. He conocidos a varios Asher, a varios padres como Milo, e igualmente a profesionales como Ramis que se han dejado las ganas, el tiempo y los recursos (afortunadamente han conservado la vida) para sacar adelante a alumnos que no querían trabajar, y que, para colmo, reventaban la clase desde el minuto uno.

         Es una cinta de la que sales con rabia, reflexión, admiración, y con muchos sentimientos, algunos encontrados. Y, os puedo asegurar, que la cinta no exagera situaciones. Son reales. Ya me diréis que os ha parecido…

martes, 12 de febrero de 2019

Pequeño tratado de las grandes virtudes (Paidós, 2005) André Comte-Sponville



            En mi búsqueda de libros interesantes, relacionados con la filosofía de andar por casa, llegué, por las buenísimas críticas a este “Pequeño tratado de las grandes virtudes (editado por Paidós, en castellano, en 2005) de André Comte-Sponville (filósofo francés, racionalista y humanista). No encontré ni un solo “pero” a este libro, y durante tres semanas me he enfrascado en sus páginas…
(Te has lucido macho, no sé si volveré a leerme algo tuyo...)

           Y, la verdad sea dicha, me ha defraudado mucho. Y, posiblemente, si buscas por internet, esta será la única crítica negativa que vas a leer de esta obra, pero, de verdad… Desde “La princesa prometida” creo que ningún libro me ha defraudado tanto, y se me ha hecho taaaaan cuesta arriba. Tostonazo supremo.

          En cualquier web leía lo que los lectores habían disfrutado de este magnífico libro, un canto a las virtudes como la fidelidad, la prudencia, la pureza, la humildad… A mí me ha parecido un pozo personal, reflexivo, del autor, que se pierde por los Cerros de Úbeda, mientras cita a Montaigne y a Epicuro, y en menor medida, a los estoicos, Kant, Sócrates, Nietzsche…

          … ¿Pequeño tratado?, ¿Pequeño dices?, y te ríes tú. Trescientas páginas a un único espacio, escueto, donde el final de página está más lejos que las costas de Noruega. Inabarcable, soporífero a ratos, insondable en muchas de sus páginas… Lo siento, pero… No me ha gustado.

domingo, 10 de febrero de 2019

Fuego en el cielo (1993)



         “Fuego en el cielo” (1993) tiene sus casi treinta años, pero yo no la había visto hasta ahora. La película se toma muchas licencias sobre el libro en que está basada, de Travis Walton (un leñador cuyo caso es archiconocido). Un tipo, que, junto a otros cuatro testigos, aseguró ver un ovni suspendido en un bosque de Arizona. Los testigos huyeron, menos Travis. La gente del pueblo típico americano de Snowflake estaban divididos entre los que se creían la historia del ovni, y los que creían que todo era un bulo para tapar un caso de asesinato. Los hechos están basados en noviembre de 1975.


         El principio de la película es un tanto misterioso, pero después volvemos en el tiempo para conocer la historia de los personajes, que viven (como digo), en el típico pueblo del medio oeste americano: Sombreros vaqueros, primas buenorras con petos, Desdentado Joe en la puerta de la tasca, población blanca un tanto bruta que no ha visto un libro en su vida, country en la radio…


        Tenemos al grupo de Travis cargándose bosques centenarios, sus movidas entre ellos, la narrativa va del presente al pasado, y viceversa. Y, a continuación, la historia de la abducción por parte de los extraterrestres a Travis, que es un gilipollas, y que se pone debajo del ovni para que se lo lleven. Uno de sus compañeros es Henry Thomas, que protagonizó “ET. El extraterrestre”, que, en cuanto ve aquello, se esconde detrás de los demás actores porque pasa del tema mucho, pero que mucho… Y, que, de hecho, es el que se pone más nervioso del grupo. Otro es el Terminator T-1000, Robert Patrick, metido a cortaleños.

        Después tenemos unos cincuenta minutos de metraje, donde no pasa nada, y el espectador se pregunta si el tema del ovni es real o no, hasta que llega el tema del polígrafo.


         El caso de Travis Walton es muy conocido, como os decía, para los aficionados a este tema. Se ha escrito mucho sobre él, se han hecho muchos programas, e incluso por YouTube podéis encontrar entrevistas que le hicieron al tipo hace cuarenta años (y están subtituladas al castellano). Lo que cuenta la película, de la abducción, no tiene nada que ver con lo que contó, en su momento, Travis Walton, que llegó a decir que había dos clases de seres en aquella nava, llena de salas: Los Grises (de color blanquecino) a los que llegó a golpear, y unos con forma humana. Travis Walton estuvo desaparecido cinco días. Superó las prueba del polígrafo en su momento, y en 1993, volvió a superarla. Hay mucha gente que cree que todo fue un fraude para ganar una pasta y repartírsela, pero lo cierto es que, él siguió trabajando en el aserradero de su pueblo. Ignoro si sigue vivo.


        Es una película entretenida, pero no para tirar cohetes. De hecho, a veces se te hace larga…

La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández (Edt, 2013) Ramón Pereira, Ramón Boldú. Prólogo de Joan Manuel Serrat.



         Cada vez que pienso en Miguel Hernández, me acuerdo de una foto, para mí icónica, que define muy bien la persona que era. Es una foto en la que él está en Castuera, con la mano en alto, en un gesto retorcido, con la boca de un fusil delante y su propia boca abierta. Se le intuye la voz fuerte, desgarradora, recitando poemas a los soldados que le oyen, poco antes de entrar en batalla para luchar por los ideales en los que ellos creían, los ideales de la República. Atrás se intuyen unas encinas, o unos olivares, que parecen mecidos por un ligero viento.


          Encontrarme con este cómic, “La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández” (Edt, 2013), de Ramón Pereira y Ramón Boldú, con prólogo de Joan Manuel Serrat, ha sido un auténtico lujazo para mí, ya que, desde mi etapa estudiantil, siempre he leído poemas de Hernández, y me he interesado mucho por su vida, pero en esta gran biografía en cómic hay datos que desconocía: La actitud despiadada de su padre, las palizas, sus viajes a Madrid, su relación con Maruja Mallo, o la trágica muerte del que iba a ser su suegro…


        Otros detalles los conocía: La animadversión que sentía Lorca por él, o el incidente que tuvo con Alberti (y señora) y que le costaría, a la larga, su propia vida… Y aquellos últimos años preso, viviendo un auténtico infierno carcelario. Murió con apenas 31 años.


           Realizado en blanco y negro, este cómic es una maravilla. Me ha encantado, y ciertamente, lo recomiendo. No dejes de leerlo.

sábado, 9 de febrero de 2019

La Brigada Lincoln (Panini, 2018). Pablo Durá, Carles Esquembre, Ester Salguero



        De “La Brigada Lincoln” creo que se ha escrito ríos de tinta desde que tengo conocimiento. Incluso sé que están preparando una serie sobre los acontecimientos que tuvieron que vivir durante la Guerra Civil Española, este grupo de voluntarios norteamericanos, que vinieron a España en 1937 a luchar para defender los ideales de la República.

        En un principio era 450 brigadistas, pero llegaron a ser hasta 3000 los voluntarios estadounidenses que llegaron a España, participando en las batallas de Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, y en la defensa de la carretera Valencia-Madrid, vital para evitar que los territorios controlados por la República se fraccionaran en dos partes incomunicadas.

        Después la de la guerra fueron perseguidos, juzgados, en su propio país durante “La caza de brujas” que aconteció en contra del comunismo, pero siempre se les vio con un halo de romanticismo, que, a fecha de hoy, no han perdido.

       Este cómic (Panini, 2018), es un justo homenaje al recuerdo de aquellos voluntarios que vinieron a España a luchar por unas ideas. Gran trabajo de Pablo Durá, Carles Esquembre (del que ya hablamos aquí hace unos años, por su magnífico cómic basado en la estancia de Lorca en Nueva York) y Ester Salguero. Muy recomendable.

jueves, 7 de febrero de 2019

Caboto. (Glénat, 2004) Lorenzo Mattotti, Jorge Zentner



        ¿Quién fue Sebastián Caboto?, ¿Cómo se llamaba realmente?, ¿Gavotto?, ¿Calbot?, ¿Caboto? ¿Fue un comerciante? Pudiera ser. También fue embajador, liante, cartógrafo, mentiroso, oportunista, explorador, astrónomo, espía…

        Sebastián Caboto (Venecia 1484, Londres 1557) fue un personaje del que realmente sabemos muy poco. El cómic “Caboto” (Glénat, 2004), con dibujo de Lorenzo Mattotti y guión de Jorge Zentner lo dice en su propio prólogo. Este hombre tiene una biografía casi imposible. Casi desconocida. Sabemos que trabajó para la Cara Real inglesa, que, al llegar a España, con una embajada, se puso al servicio de la Monarquía Hispánica. Carlos I le pone a cargo de una expedición para reforzar la presencia española en el Pacífico, concretamente en la ruta de las especias, antes de que los portugueses le ganen a la carrera.

        Pero, al llegar al río de la Plata, conocido en la época como río de Solís, decide remontarlo y explorar la zona, buscando un paso al Pacífico, y, ya de paso, fundar fuertes y destacar la presencia hispana por la zona, mientras que él explora y alimenta la leyenda sobre un supuesto Rey Blanco, cuyo reino, fabuloso y rico, poseía una ingente cantidad de… Plata.
 

        Dibujado con una técnica expresionista, que recuerda mucho al movimiento artístico alemán de principios del S.XX, “Caboto” es un cómic que usa mucho la escena, los silencios, y que se lee en diez minutos, quedándote con las ganas de saber más sobre nuestro personaje… Pero, llegados a este punto, es cuando el lector debe adentrarse en la exploración, y no quedarse quieto…

Cómo ser un estoico. Utilizar la filosofía antigua para vivir una vida moderna. (Ariel, 2017) Massimo Pigliucci



          Leer “Aprendiendo de los mejores” (2013) de Francisco Alcaide Hernández, me llevó a “Todo tiene dos asas” (2018) de Ronald Pies, y de ahí a diferentes referencias bibliográficas sobre el estoicismo. Filosofía en la cual, cada día, estoy más interesado. Por ello, lo normal es que me hiciera con algún libro o manual sobre el estoicismo, que me aclarara algunas cosas sobre el pensamiento estoico. En un principio pensé en recurrir, directamente, a las fuentes primarias: Sócrates, Zenón, Epicteto, Marco Aurelio…
 

      … Pero, posteriormente, pensé que, lo mejor era buscarle la práctica a la filosofía para mi vida diaria, y que, para los clásicos, siempre tengo o tendré tiempo (ya sé que suena un tanto raro, pero así lo vi en su momento). “Cómo ser un estoico. Utilizar la filosofía antigua para vivir una vida moderna” (Ariel, 2017) del italo-americano Massimo Pigliucci, va por su quinta edición en el día que escribo estas líneas. Me venía como libro recomendado en algunas páginas especializadas, y me pareció un buen ejemplo para comenzar a comprender, y ejercer dentro de mis posibilidades, el estoicismo en una vida del S.XXI.
 

        A Pigliucci lo conocía por haber leído de él algunas entrevistas, en las que niega la existencia del Cambio Climático, o, al menos, que esté producido por el hombre. También tuvo cierto eco en una crítica que hizo al Papa Francisco en la cuestión de dialogar con los No-Creyentes (Pigliucci es ateo), el que el escrito no veía diálogo, sino solo monologo en las palabras del pontífice. Poco más sabía de él.

        Después, me he encontrado que el libro, sin entrar en más polémicas, es justo lo que andaba buscando. El autor se lo toma como un dialogo entre el exesclavo Epicteto, maestro estoico de la antigüedad, y él mismo, haciendo alusiones a ejemplos extrapolables a nuestro día a día, a nuestra vida actual, dividiendo este estoicismo práctico en tres partes, con numerosos ejemplos. Y que resume, perfectamente, en una serie de ideas finales que van desde “examinar nuestras impresiones” a diario, hasta “recordar la fugacidad de las cosas” (memento homo, memento mori) o “hablar poco y bien”, “enfrentarnos a los insultos con humor”, “elegir bien nuestras compañías”, etc.


        No es un libro de auto-ayuda. Es, como dice el propio libro en su portada, usar una filosofía antigua, su ideario, en nuestro pleno siglo XXI. A mí, personalmente, es un libro que me ha gustado mucho y lo recomiendo.

domingo, 3 de febrero de 2019

The Wall (1982)



         Hacía tiempo que no me daba una vuelta por las tiendas de Segunda Mano. Siempre que voy, suelo encontrarme algún pequeño “tesoro” por un leuro, dos como mucho. En mi último viaje de exploración, me he encontrado el dvd de la película “The Wall” (1982), perfectamente precintado, a estrenar, por un leuro…

        Esto está tirado, le he comentado al tipo de la tienda. Este es un clasicazo de los buenos. Pero, el tipo, solo se ha encogido de hombros, y me ha reconocido que al dvd le gana casi el 100% por ese precio. Que ya no se vende ni uno, y que cualquier día de estos los pone todos a cincuenta céntimos… Reconozco que eso me ha hecho sentirme un viejo, en un chasquido.

         En mi vida, he conocido a dos tipos que me dijeron, hace poco menos de cuarenta años, que esta película les había marcado, chocado, como ella sola, durante años. Uno fue un profesor de Literatura en el Instituto, que aseguraba haberse leído, analizado, y por supuesto, escuchado, las canciones de Pink Floyd hasta la saciedad después de ver la película. Creía que era una verdadera obra maestra. La otra persona, fue un camarero, donde, entre cafés y más cafés, me comentó que, después de la música de SuperTramp y Alan Parsons Project, posiblemente este álbum (y película) de Pink Floyd era lo que más le había llenado en los Ochenta.


          Siempre creí que ambos exageraban. La película la vi, por primera vez, a mediados de los Noventa, durante la carrera, y no llegó a marcarme tanto como a estos dos referentes a los que hago alusión, aunque reconozco que si me hizo sentir algo incómodo, por lo directo y claro que era el mensaje, supongo.

         Poco más de veinte años después, la he vuelto a ver. Con otros ojos. Y ahora… Ahora si comprendo lo que me querían decir. Tarde, sí, pero, ya se sabe. Es, tremendamente buena.

         Pink es un cantante, con ciertas ideas neonazis, enganchado a las drogas, que se presenta a su público como un dictador clásico (le falta el bigotillo). Se ha casado. Lo han dejado. Su pasado le persigue. La niñez, con un padre muerto en la Batalla de Anzio. Huérfano, solo, incomprendido. La escuela, regida por maestros y profesores malvados, que se reían de él, de sus sentimientos. La sobreprotección de su madre, la difícil relación con prácticamente todo lo que le rodea, su refugio en la televisión (en las viejas películas bélicas)… Todo le lleva a una locura, que, en la cinta se expresa a través de videos musicales, que mezclan, en muchos casos, la imagen con los dibujos animados.

          Es una crítica social en toda regla. Roger Waters lo bordó, con el guion y con las letras del disco (basadas en experiencias personales). Una crítica a la educación de la época, al gobierno, a la guerra, a las falsas relaciones sociales, a la estupidez humana, a los radicalismos, el miedo a la Guerra Fría y a otro conflicto… Pues si… Clasicazo, y Obra Maestra.

sábado, 2 de febrero de 2019

En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras. (Espasa, 2017) Stanley G. Payne



        No voy a mentir. Hasta ahora, no había leído nada del hispanista norteamericano Stanley G. Payne (1934). Pero como hace ya un tiempo me leí, y disfruté una barbaridad, el libro “Imperiofobia y Leyenda Negra” (2017) de María Elvira Roca Barea, pues ver el título, o más bien el subtítulo de este libro, hizo que me lo agenciara en 0,2 segundos, como dicen mis alumnos, cada vez que algo les gusta en demasía.

        Voy a intentar ser muy conciso, y hacer un comentario no demasiado extenso, ya que mi intención no es criticar el libro negativamente (algunas partes me han defraudado, pero no por ello no os voy a decir que no lo leáis para tener, cuantos más puntos de vista, mejor), sino que cada cual que se lo lea, pueda sacar sus propias conclusiones…
 

        El libro se titula: “En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras”, y en el encabezado reza “Premio Espasa 2017”, por lo que el lector, por lo menos yo así me lo imaginé, se cree que se va a ver envuelto en una vorágine continua de mitos, dichos, chismorreos y leyendas negras desmitificadas desde la página uno. Pero… No… Para mi asombro, las cien primeras páginas dan un salto desde los tiempos romanos hasta el S. XX, sin, digamos, desmitificar mucho (ya sabemos que Al-Andalus no era el paraíso que nos han intentado vender), eso sí… Payne al menos, nos alaba en nuestra singularidad, que, a veces dice que no es tanta, pero que sí, pero que va a ser que no… Y llegados al S.XX uno ya se encuentra que no hemos desmitificado mucho, más bien poco, quizás nada… Los veinte primeros años del S.XX ni están ni se les espera. Cita curiosidades en las que coincido: Los españoles rajan de su propio país como ellos solos, los españoles no se han preocupados mucho por conocer su propia Historia, un sector muy concreto (en España) siguen difundiendo la Leyenda Negra española… Posteriormente, no comenta nada que un lector aficionado a la Historia de España no sepa de la Dictadura de Primo de Rivera, y entramos de lleno en lo que es el núcleo en sí de su obra: La Segunda República.

        A la Segunda República le da un baño interesante. La Segunda República ya no aguanta la imagen de lugar idílico en el tiempo patrio, y Payne insiste en los colmillos afilados de unos y de otros (en lo que coincido, aquí había hidep… Por todas partes, lados e ideologías), y se pregunta, algo interesante, por qué aún se siguen manteniendo ciertos exvotos como reales en pleno S.XXI sobre este tema. Franco, a pesar de ser criticado, no parece escapar mal parado según su óptica, por la descolonización sin apenas derramamiento de sangre y por su capacidad de sobrevivir en los tiempos que vivió (creo que podía haber metido más caña en este apartado). La Transición, admirable. Y la política actual, con una Derecha que no llega a mínimos, y una Izquierda que resucita viejos miedos y fantasmas…

        Por conocer otros puntos de vista, no me ha parecido del todo malejo. Aunque me interesan más los mitos y leyendas negras previas al S.XX, que es de lo que no me he encontrado por aquí en mucha cantidad. Aún así, si podéis leerlo, hacedlo, y ya me contáis…