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viernes, 26 de julio de 2019

El Empecinado (Cascaborra Ediciones, 2019) Miguel Gómez Andrea "Gol", Agustín Garriga.


        Ciertamente, yo no sabía de dónde le venía al guerrillero, Juan Martín Díez, el mote de “El empecinado”. Siempre pensé, que, el sobrenombre, le venía de lo perseverante y determinado que era. Al leer este cómic, “El empecinado” (Cascaborra Ediciones, 2019, dentro de su colección “Historia de España en viñetas”) con guion del maestro Miguel Gómez Andrea “Gol” y dibujo y color de Agustín Garriga, me entero que ese apelativo se lo daban a todos los naturales de Castrillo de Duero (aún se conserva su casa en la localidad), ya que el arroyo (el Botijas) que por allí pasa, va cargado de pecina o barro, de esa fusca verde en descomposición, que tanto habita en mi cercano Guadiana, y, a la larga, ese apodo se convirtió en sinónimo de obstinado.

        El cómic se basa en la vida del más famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia española (1808-1814) contra el invasor francés (no, no fue Curro Jiménez). Labrador, desde bien joven, con dieciocho años, se enroló en la llamada Guerra de Convención (1793-1795) contra Francia, luchando en el Rosellón. Vuelto a casa, se casó, y volvió a trabajar la tierra en el pueblo de su mujer, Fuentecén (Burgos), hasta que decidió hacerle la guerra a los franceses cuando se enteró que una muchacha de su pueblo había sido violada por un soldado napoleónico. Pronto organizó un sistema de guerrillas compuesto por familiares y allegados, a los que se les fue uniendo, según sumaba victorias, voluntarios llegados desde diferentes lugares, hasta alcanzar varios miles de hombres.

         Mujeriego, desde el principio defendió la vuelta de Fernando VII, y juró la Constitución de 1812. Cuando durante el Trienio Liberal, Fernando VII incumple su promesa de ser un rey constitucional, y reclama a los Cien Mil Hijos de San Luís para la restitución del Absolutismo, El Empecinado se declara Constitucionalista y lucha contra los realistas. Huido a Portugal, decide volver una vez que Fernando VII le ofrece el indulto, algo que no cumple (claro está). El Empecinado es arrestado en Olmos de Peñafiel, y ejecutado en la horca, sin juicio, en Roa de Duero, aunque previamente fue denigrado e insultado en la cárcel de Nava de Roa.

         El cómic de Gol y de Agustín Garriga es una verdadera pasada. Sigue el estilo de los clásicos cómics de aventuras, basándose en lo más relevante de la historia del guerrillero. Tiene acción, un desarrollo narrativo trepidante, y es pura Historia. De lo más recomendable.

         P.D: El cómic da un dato que yo desconocía. El Empecinado atacó y saqueó Cáceres en 1823 durante su lucha contra Fernando VII.

miércoles, 24 de julio de 2019

Wonder (2017)



        Mira tú por donde, que, de casualidad, he descubierto una de mis futuras películas para mi ciclo de Cine Social en clase: “Wonder” (2017), protagonizada por Julia Roberts, Owen Wilson y Jacob Tremblay (en el papel del protagonista, Auggie).

        En “Wonder”, tenemos la historia de un nene que quiere ser astronauta, tiene una imaginación desbordante, le gusta el espacio, MineCraft y Star Wars. El único problema que tiene Auggie es que ha pasado 27 veces por quirófano, debido a un extraño síndrome con el que nació (Treacher Collins), que se identifica por una extraña deformidad facial.

        Se ha educado, y ha estudiado en casa, debido a sus continuas visitas médicas, disfrazado de astronauta para no mostrar su rostro. Pero, a los diez años, sus padres deciden matricularlo en una típica escuela privada norteamericana, como las de las series, donde su problema no pasará inadvertido… Y Auggie conocerá la amistad, la traición, y, la vida, al fin y al cabo.

        La película es emotiva, y da mucho juego para trabajarla en clase. De hecho, se me ocurren muchas didácticas para usar, desde debates, hasta comentarios y opiniones sobre cómo reaccionan cada uno de los personajes ante el problema de Auggie, búsqueda de información sobre la enfermedad y trabajos para exponer (me tengo que organizar). Creo que es una película un tanto pastelera, pero muy buena para tratar el tema del acoso escolar. La recomiendo.

lunes, 22 de julio de 2019

Cementerio de animales (2019)



        “Cementerio de animales” (2019) no estaba entre mis películas preferentes. Vi la película original, hace mil años, en la que salía Stephen King, y, en la que, además, él mismo hacía el guion cinematográfico de la misma, así que me imaginé que este “reboot” podría ser cualquier cosa.

        La novela nunca me dio por leerla, y con esta nueva versión, tengo que decir, que no todo es malo. Tiene aires de película de Antena 3 al mediodía, pero un desarrollo narrativo rápido, que juega con los sustos a base de multiplicar los decibelios por cuatro mil en tres segundos y medio. Es decir, te asusta el ruido, no el supuesto susto.

        En esta película, tenemos al Dr. Louis Creed, que se ha mudado con su familia, no se dice el motivo, desde Boston hasta una población de Maine, donde antes había muchos indios, pero los echaron de sus tierras cuando no pudieron matarlos a todos (Ups, Leyenda Negra, y no es española). El caso es que, en las tierras de alrededor de la casa, hay un cementerio de animales, y un poco más allá, según se sigue la linde (cuenta el vecino, que es muy majete, que nos recuerda a Don Quijote), unas tierras corruptas, no urbanizables, donde todo lo muerto que plantas, resucita, pero con mucha mala inquina, como si despertaran de unas de esas siestas de dos horas y media, que no sabes si es de día o estás en Saturno.

        El caso, es que Church, el gato familiar, muere en combate singular con un camión de 2900 toneladas. Y allí que va el buen doctor, que tiene la expresividad de un teleñeco, a plantar al gato, a ver que nos sale. Y, como podéis suponer, el gato vuelve, pero como la mala hostia de un seguidor del Celtic ante un pub cerrado… Y, ya puestos, como ha funcionado con el gato, pues podemos enterrar otras cosas… ¿No?

         La película es entretenida, sin llegar a tener que tirar cohetes. El padre no cree en el más allá, la madre tiene traumas de la infancia, y al gato deberían darle un Oscar a Mejor Secundario. Se deja ver.

Informe sobre Auschwitz, Primo Levi. Reverso Ediciones, 2005



        En mi etapa del instituto, leímos, no recuerdo si en filosofía o en literatura, un extracto de “Si esto es un hombre” de Primo Levi, sobre sus experiencias en el campo de concentración nazi de Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial. Levi había sido un judío italiano, químico, que es arrestado en diciembre de 1943 por su lucha anti-fascista. Entregado al ejército alemán, por judío. Es enviado al campo de concentración de Monowice (en Polonia) que formaba parte del mayor complejo que era el Campo principal de Auschwitz (febrero de 1944).

        El viaje hasta el campo de concentración, junto a otros 650 italianos, duró cinco días, en vagones para el ganado, atestados de personas con maletas y enseres personales. Nada más llegar, los alemanes asesinan a las cuartas quintas partes de los italianos. Levi se identifica, desde el primer día, como químico, y eso le permite sobrevivir al año infernal (diez meses) que va a pasar en el campo hasta que este es liberado por las fuerzas soviéticas en enero del 45.

        Una vez fuera del campo, comenzó a escribir poemas, memorias relacionadas con el campo y sus experiencias personales vividas durante su cautiverio, novelas… Que le granjearon algún premio. “Si esto es un hombre” fue uno de sus textos más conocidos. Yo, esta semana, he tenido la oportunidad de leer “Informe sobre Auschwitz”, pequeño texto que escribió, junto a otro compañero de cautiverio, el médico, Leonardo Debenedetti (fallecido en 1983), en el cual narran las deficiencias médicas del campo de concentración, las enfermedades que sufrían los prisioneros, los malos tratos… Un texto sobrecogedor, desde las primeras páginas.

        En esta edición, (“Informe sobre Auschwitz, Reverso Ediciones, 2005”), que he tenido ocasión de leer, de Philippe Mesnard, hay cuatro partes: Un prólogo de Mesnard de cincuenta y pico de páginas, titulado “Un texto sin importancia”, donde reflexiona sobre la literatura de Primo Levi, excesivo en mi opinión (le sobran 49 páginas, y eso que no tenía “importancia”). El texto en sí, de Levi, que es donde está el meollo, “Informe sobre Auschwitz”. Una tercera parte, firmada nuevamente por Mesnard, que estaba aburrido, que pasaba por allí, titulada “La etiqueta”, en el cual el bueno de Philippe va más al grano, afortunadamente, sobre los hechos y acontecimientos narrados, y la vuelta, por dos veces, de Levi al Campo. Y una entrevista final, de la RAI a Levi, con motivo de su segunda vuelta al campo, en junio de 1982, que es transcrita aquí, y en la que Levi augura la vuelta de ideas que no están muertas (nazismo, fascismo…) en unas pocas generaciones, demostrando la claridad de visión que tenía este señor.

        Levi, no está muy claro, si fue fortuito o un suicidio, murió al caerse por el hueco de las escaleras de su edificio, desde un tercer piso.

domingo, 21 de julio de 2019

El Rey León (2019)



         Fuimos a ver “El Rey León” (2019), en sesión matinal, a sabiendas de lo que íbamos a ver. Y digo bien, porque sabía de antemano que la película digitalizada que hemos visto era, y es, exactamente, casi copiada, de la de 1994. Misma historia, misma situación, mismos personajes y canciones, pero sin el doblaje de Constantino Romero (Q.E.D). Pero, Ojo, está muy bien. Merece la pena, en mi opinión, disfrutar de un chute de ordenador del bueno.

          La película merece la pena irla a ver, como es mi caso, con nenes pequeños. La historia ya la conocemos. Reino de la sabana, gobernado por Mufasa, Rey león bueno, que tiene un hijo, Simba. Scar, su tío, derroca a Mufasa (lo mata, vamos), y Simba, apenas un cachorro, tiene que exiliarse con dos epicúreos (Hakkuna matata resume su filosofía), Pumba y Timón, que lo toman a su cargo, y lo convierten en un estoico al cabo de unos años comiendo bichos y cosas alucinógenas, a las que también es adicto cierto mandril que anda por allí con un “cayao”.


         Con el tiempo, Simba se hace un señor león. Mientras canta los temazos del momento, “Da cera, pule cera”, y eso le fortalece. Una novia de la infancia (cualquiera le dice que no, iba para monje) le convence para que vuelva a su Reino, que está hecho unos zorros (o unas hienas), y que restaure el equilibrio natural de las cosas, ante de que se proclame una República y se acabe la Monarquía para siempre.

         Simba vuelve, con un reducido comando, a dar un golpe de estado a su malvado tío, y de paso, quemar la mitad de la sabana por si hay que edificar, o reurbanizar, algo en un futuro no muy lejano. El mandril loco y drogata les da poderes a todos: Tú la leona, tú el guarro, tú pájaro loco, suricato postrero y tú el carroñero de bichos.

        Hay una batalla final, en la que Scar pasa a la historia, y Simba se proclama nuevo rey, trayendo de nuevo la paz y el equilibrio natural. Meten al Reino en la OTAN, y lo celebran comiéndose al mandril, al pájaro, al guarro y al suricato. Fin.

        Preguntada mi hija qué tal le pareció. Ella entusiasmada contesta que le ha encantado. Ha aprendido una valiosa lección: “Véngate. Tarda lo que tengas que tardar, pero no dejes de vengarte”. Tiene seis años. Lo ha pillado al vuelo. De eso trata, amigos míos, “El Rey León”.

viernes, 19 de julio de 2019

Gloria Victis (Norma, 2015-2018) Juanra Fernández, Mateo Guerrero, Javi Montes



        Bajo el título “Gloria Victis”, se esconden cuatro magníficos cómics: “Los hijos de Apolo”, “El precio de la derrota”, “Némesis” y “Ludi romani” que son la mar de trepidantes, ubicados en el S. II d.c, en la vida ficticia, de un personaje real: Aelio Hermeros, cuya estela funeraria se encuentra en el Museo Arqueológico de Cuenca.

        El personaje, como digo, existió. Fue un auriga, un corredor de carros con caballos en la Roma Imperial, que murió con 33 años. Los autores del cómic, Juanra Fernández (guión), Mateo Guerrero (dibujo) y Javi Montes (color), nos hacen una recreación fantástica, rauda, de la vida de un hombre que pasa de ver morir a su padre en el circo, a ser esclavo, y correr, finalmente, delante del que alguna vez sería el emperador Cómodo, un niño sádico, vengando de paso, en la arena, a su amada y a su padre.

        Los cómics tienen un dibujo fantástico, una maravilla visual en todos los aspectos. La historia no para, la narrativa te lleva de Hispania a la Galia, y de allí a Roma, con todos los derroteros que sufren los aurigas, los esclavos y los gladiadores, donde la vida de muchos tiene escaso valor, en manos de unos pocos. Es muy recomendable, y los cuatro volúmenes se leen en poco más de media hora. Emocionante hasta el final.

Volviendo a ver, una vez más, Trainspotting (1996)...



        Pues mi amigo Eduardo, me comentó que había salido la segunda parte de “Trainspotting” (1996), película que vi en su día, y posteriormente, alguna que otra vez más, ya que es de esas que marcan...

        En su día, me encantó. Me gustó mucho. La historia, la música, las movidas de los protagonistas, el pequeño doblaje de Santiago Segura (difícil no imaginarse a Torrente con ese doblaje)… Yo estaba en plena carrera, y a algunos les dio por decir que aquello era mejor que “La naranja mecánica”, o al menos, equiparable.

        Ahora, después de algunos años, la he vuelto a ver. La película me sigue gustando, a pesar de los años, no está nada mal. La historia de aquella pandilla de descerebrados, la mitad metidos en las drogas, o saliendo de ella para volverse a meter, las oportunidades perdidas. No nos sentíamos identificados, ni mis amigos ni yo, cuando la vimos, porque la juventud escocesa, o la británica, poco tiene que ver con nosotros, pero todo aquel surrealismo punk nos atraía, evidentemente. Era como un circo, donde las funciones no paraban, y todo sucedía en una sociedad de cuadros baratos, atracos y palos de todo tipo, colchones en el suelo, papel pintado en las paredes de cartón piedra, sin valores morales de ningún tipo, drogas que la gente se tomaba como caramelos, y anécdotas para enmarcar.

        Eduardo dice que se la pone a los alumnos para que vean el efecto de las drogas. Yo también lo hice alguna vez, pero aquella sociedad, de hace 25-30 años, ya no es la de hoy. Sospecho que ni en Escocia, ni por aquí. Ahora el enganche es el móvil, las redes sociales, que son las nuevas drogas, que no te matan, pero te dejan bastante mermado psicológicamente hablando.

        P.D: En fin, aunque siempre me gustó como acababa, veré la segunda… Ahora que sé que existe.

Alita: Ángel de combate (2019)



          “Alita: Ángel de Combate” (2019) no te ofrece ninguna novedad, ciertamente, más allá del puro y buen entretenimiento. La historia es vieja, mezcla de otras muchas, basada en un manga que no he leído (aunque sí vi el anime en su momento, hace casi treinta años, y, de hecho, creo que debo tener el dvd en el trastero, habrá que rescatarlo…)

          El caso es que nos encontramos a un científico de Iron City (una especie de ciudad cubana, con sus arquitecturas coloniales graffiteadas), que, además es caza-recompensas en sus ratos libres, que se encuentra en un vertedero de la ciudad celestial de Salem (Celestial porque está en el cielo, no por otra cosa), el medio cuerpo de un cyborg, que es una chica. Al recomponerlo, porque le recuerda a su hija fallecida, se da cuenta de que Alita (que es el cyborg) posee habilidades de combate que ríete tú de toda la Legión, los Geos y Ryu y Ken de Street Fighter incluidos.

        Pronto la chica conoce a un chico humano, y la atracción surge entre ellos, así como una serie de malvados tipos que quieren acabar con ella para revenderla en un desguace, como si fuese el faro de un Citroën antiguo. Pero la chica los tiene bien puestos, y lo mismo te monta un combate callejero, que te participa en unos juegos cyberpunks, basados en los circos romanos, donde con la excusa de llevar una bola en las manos, se trata de matar todo lo que se mueva a tu alrededor (me recordó a la mítica “Rollerball”, película setentera, hoy tristemente olvidada)

        Alita, va descubriendo, poco a poco, a base de esclarecedoras hostias, parte de su pasado. Tiene más años que Jordi Hurtado, que ya es difícil, y era parte de un ejército invasor marciano, derrotado en la última gran guerra, llamada “La caída”… Pero, aquello ya pasó, y pelillos a la mar…

         Resumiendo: Visualmente, muy buena, aunque Alita tiene unos ojos como puños que dan cierto repelús. Hay mucha acción, es bastante espectacular, la música es cañera, Jennifer Connelly nos sigue teniendo enamorados… No te cuenta nada nuevo, nada original, te ves venir las cosas a la milla de distancia y deja algunos huecos y preguntas por responder… Pero, se deja ver, y es entretenida.

Período Glaciar (Ponent Mon, 2006) Nicolas de Crécy




          Hace unos pocos años, me leí, en pleno verano, casi por estas mismas fechas casualmente, “Diario de un fantasma” de Nicolas de Crécy. Fue una lectura, que, en su día no me convenció demasiado, por su abstracción y porque no iba, narrativamente hablando, a ninguna parte.

           Esta semana, he tenido la oportunidad de leer otro cómic del francés Nicolas de Crécy, “Período Glaciar” (Ponent Mon, 2006), y, al contrario de lo que me pasó con mi primera experiencia con Crécy, este cómic lo he disfrutado, pero se me ha quedado corto…


            En el cómic, nos situamos en lo que una vez fue Francia, unos milenios en el futuro. El continente, (el planeta no sabemos), sufre un periodo glaciar, por el cual (presumimos) la humanidad ha retrocedido en algunos conocimientos, aunque en otros, como genética, se ha avanzado muchísimo. Las ciudades han desaparecido bajo el manto glaciar.

        Una expedición científica, busca restos de la antigua civilización. Está integrada por humanos, y por perros con rasgos porcinos, modificados genéticamente con el fin de que puedan expresarse y razonar. Dicha expedición se da de bruces con lo que un día fue el Museo del Louvre, y ante aquellas obras de arte, que cobran vida ante sus ojos, los científicos intentan imaginar cómo fue el pasado de sus ancestros… Con las más absurdas y disparatadas teorías…

       Me he reído mucho con este cómic, tiene unas referencias y unos puntos muy buenos (como pensar que Hulk o Spiderman eran dioses del pasado, venerados por los humanos, o las referencias a Delacroix, al que consideran prácticamente un tipo raro). Lo cual te hace pensar, ¿Qué pensarán de nuestros días dentro de un milenio?: Es imposible saberlo, porque no habrá vida, posiblemente, de ningún tipo... El dibujo, pues Crécy con su peculiar estilo que parece pastel, de trazo fino y raudo. Pero, con el cómic en general, me he quedado con ganas de saber más, ya que el final es un tanto surrealista, y De Crécy se pierde un poco, y es una lástima, ya que la historia es francamente buena…

jueves, 18 de julio de 2019

Dalí y yo. Una historia surreal (Ediciones B, 2008) Stan Lauryssens



        Dos veces me salió la bola, en las oposiciones, “Picasso, Dalí y Miró”, y dos veces aprobé dichas oposiciones (pero sin plaza, en aquella ocasión). Los tres artistas siempre me han interesado mucho, y tengo varios libros sobre ellos en mis estanterías. El pasado verano me arrepentí de no haber comprado, en el tenderete de libros de segunda mano de Matalascañas, la biografía de Llongueras y Dalí, por 2,50 leuros.

        Pero, este verano, he comprado (por un precio similar), un libro que hace unos años fue polémico, pero que no me interesó en su momento: “Dalí y yo. Una historia surreal” (Ediciones B, 2008), del escritor belga Stan (“Están”) Lauryssens.

        El autor, que él mismo reconoce ser un mentiroso y un estafador, nos habla de situaciones y anécdotas del último Dalí, muchas de ellas ya conocidas, ya que le sucedieron a otras personas, y no precisamente a él.

        Con 22 años comenzó en el negocio de la falsificación de cuadros y grabados de Dalí, hasta los 45 en los que acabó recluido en varias cárceles españolas. Durante ese tiempo, presumía de ser solo vendedor de cuadros y obras dalinianas, aunque no había visto, ni hablado nunca con el pintor surrealista (solo lo vio una vez, ya anciano, en silla de ruedas). Pasó de hacer agujeros en los quesos (que era su profesión) a coger aviones transoceánicos como el que bebe café. Inmensamente rico, supo rodearse de los nuevos millonarios de los años ochenta, y sacarle los cuartos (dinero negro a mansalva), algo que lo llevaría, finalmente (como digo), a la cárcel. 
        Según "Están", hay miles de falsificaciones de "El barco", por todo el mundo... No me extrañaría.

         Escritor, periodista, falsificador… El libro es interesante, pero no para tirar muchos cohetes, se lee en un rato, y para mí, lo más interesante, ha sido la reproducción de algunos diálogos dalinianos, y la confesión de que casi toda la producción de los últimos años de la vida del artista, pertenecía, en realidad, a la mano de los pintores Isidoro Bea, y de Pujol Baladas (conocido como el Joven Dalí, se fue a México en los ochenta, y creo que no ha vuelto), junto a otros dos “negros” artísticos (un francés y un norteamericano)… Sus excesos onanistas, sus fiestas sexuales, sus rarezas y su amor por el dinero, ya son hartos conocidas. Era una máquina de hacer, y de gastar, dinero, solo superada por Gala, que era una brutal manipuladora. Ya me contaréis, si llegáis a leerlo.